MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL
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lunes, 5 de octubre de 2020

LA CABALGATA


 

Benozzo Gozzoli, La Cavalcata dei Magi, pared oeste, 1459-60, fresco, capilla del Palacio Medici-Riccardi, Florencia


"[...] El bailoteo de unos pocos cirios alumbraba, como si los fuera pintando, los frescos de Benozzo Gozzoli que cubrían totalmente los muros del pequeño oratorio. No he visto jamás una cabalgata de tan bella fantasía. El juvenil Lorenzo, el emperador de Bizancio y el patriarca de Constantinopla, representaban a los Reyes Magos en el séquito triunfal. Clarice Strozzi me había explicado a quiénes retrataban los otros personajes: Pandolfo Malatesta, señor de Rímini; Galeazzo Maria Sforza, hijo del duque de Milán; los Médicis; Victorino da Feltre, Nicolás da Uzzano, el propio Gozzoli... Desfilaban, metálicos, multicolores, ataviados con lujoso capricho, sobre caballos de jaeces espléndidos, en un paisaje de cipreses y torres -Careggi, San Gimignano-, de rocas, de bosques, de jardines, como si se encaminaran centelleando hacia una fiesta en la corte florentina. Camellos y animales feroces contribuían a la extravagancia. Volaban los pájaros misteriosos. Y quien me impresionaba más era ese muchacho que lleva un leopardo a la grupa del corcel [...]" 

Manuel Mújica Láinez, Bomarzo, Planeta, 1980, p. 171


viernes, 3 de julio de 2020

TÁNGER





Nicolas Comment


Una mujer cruza la puerta a su verdadera identidad en Tánger, ciudad natal del escritor Tahar Ben Jelloun, autor de L'enfant de sable, libro que he leído con mis alumnos de Bachibac durante cuatro cursos. La historia de Ahmed, nacido mujer pero obligado por su padre a vivir como hombre para que no se perdiera la herencia familiar según la ley coránica, hasta que en su juventud decide liberarse de esa carga esquizofrénica y asumir su verdadera identidad sexual, que tampoco le proporcionará la felicidad.

Aunque lo que más me impresionó del libro fue la aparición de J.L. Borges como personaje cuando el hilo de la historia se pierde, o mejor dicho, se bifurca en las versiones aportadas por varios personajes. La novela deviene, así, un homenaje al "intrincado" escritor hispano, modelo de la ruptura narrativa de la obra del escritor marroquí, convertida en poética ruina circular. 

Cuando preguntaba por Borges, sólo uno o dos alumnos, como mucho, por curso lo conocían (el lector con un mínimo conocimiento lingüístico, e insumiso a la imposición totalitaria y acientífica del lenguaje inclusivo entenderá que eran chicos y chicas). Me parecía, por más que llevo años en la enseñanza siendo testigo del grado creciente de ignorancia de todo, increíble que no conocieran a uno de los autores más importantes del siglo XX. Había que hacer algo. Así que me puse a explicar las numerosas referencias y citas borgianas en la obra de Ben Jelloun, e ilustrarlas con audiciones de cuentos de Borges, y pequeños documentales y dramatizaciones, que explicaran también el cambio de estructura narrativa de la obra en estudio.

Recuerdo que el título del programa Bachibac para esas dos promociones era "La francofonía abierta a las culturas del mundo". Eso hace pensar que no existe una "Hispanofonía", pues no es necesaria, el castellano, luego español, fue asimilado como lengua madre de forma rápida en sus territorios de Ultramar, mientras que el francés quedó como la lengua administrativa de los colonizadores. La Francofonía como institución y precario proyecto de influencia neocolonial es un ejemplo de lo que Gustavo Bueno llamaba la diferencia entre los imperios generadores, como el español, que pretendió asimilar a los indígenas a su cultura, hecho variablemente censurable, pero que está en la base de la cultura híbrida de Hispanoamérica, y los imperios depredadores, como el francés, basado en la mera explotación de recursos y el racismo cultural estanco.

Tal explícita pasión borgiana sería, en fin, más extraña en un autor nacido en Francia, que suelen sobre todo leerse entre ellos, y permitía lanzar un anzuelo misterioso a los alumnos (¡uf! casi escribo 'alumnado') de lengua española, para lo que me tocó aportar el cebo.

domingo, 29 de septiembre de 2019

BABELISMOS




Marcantonio Bassetti



La inercia de las cosas ayuda a sobrellevar la existencia; es como en el autobús en el momento en el que alguien quiere pasarte, y sabes que si te mueves, la inercia te hará perder el equilibrio; que espere quien sea. Así también en la vida cotidiana: hay alguien que quiere sumarte a su carro de la escoba, pues a exigirle cosas a su vez, que nadie es perfecto, y todo va mejor. Esa misma firmeza distante te ayuda también con el cínico cobardón, con el desastre andante, y con el desagradecimiento palmario e incluso rencoroso.

De esta manera me siento bien incluso en el trabajo, no dejando que me lleven por donde no quiero, o volviéndome yo mismo ventanilla y exigiendo requisitos. Con los alumnos la cosa, empero, no puede funcionar de la misma manera: este curso, aunque mi horario es peor, no estoy descontento con los grupos; soy profesor de francés y de latín, y en el grupo de 4º de ESO de latín que tengo ha aparecido este año una chica francesa que apenas habla español. La pobre está un poco (bastante) perdida en este darwinismo académico, y en clase le doy instrucciones en francés, para que pueda seguirme (indicaciones que pueden entender perfectamente, por otra parte, el resto de alumnos, pues estamos en un centro bilingüe de francés). Nunca ha dado latín, y le he dicho que aprenderlo le ayudará a aprender español, pues estudiamos la evolución de las palabras, y su equivalente con lenguas como el francés y el italiano. Espero que le vaya bien.

Me he dado cuenta, por otro lado, de que cada vez tengo menos tiempo para leer (y aún menos para escribir), ante los afanes cotidianos, que siempre son más de uno; ver alguna película el fin de semana se me torna, pues, problemático, pues es tiempo que robo a la lectura, prácticamente confinada a la mesilla de noche; por ello, cierta dosis de azar en la elección de las lecturas que se me amontonan me supone un cierto alivio, dentro de ese río del tiempo que Hawking describe como más lento o más rápido en sus incognoscibles meandros y remolinos de pasado y futuro. Vacar es necesario.

domingo, 18 de agosto de 2019

DESASOSIEGOS VERANIEGOS




Martin Parr



Se dice que el verano es la época en la que, debido a la forzosa convivencia vacacional, afloran conflictos larvados en la pareja, y provocan que septiembre sea el mes con mayor registro de divorcios del año. Aunque a veces no hay ni que esperar a septiembre; así, un amigo ha tenido que irse solo de vacaciones al extranjero tras una ruptura sentimental de última hora, por lo que no le queda otra que ajustar cuentas consigo mismo, y vivir el mágico extrañamiento de recorrer solo un país culturamente diverso, cosa que no deja de tener su lado positivo. Otro amigo me confesaba que, tras años de matrimonio, estaba pensando en el divorcio, que estaba harto de la situación (para mi sorpresa, pues nunca me había hablado mal de su relación ya de años), y que desde hacía unos meses estaba apuntando todo lo que de malo según él su pareja le hacía, pues a él se le olvidaba, mientras que su mujer le recordaba constantemente cosas malas de él del pasado. Recordé entonces un pasaje de Los demonios de Dostoievski donde un personaje decía con sorna que si la prometida descubría algún asunto turbio de su novio, se le recordaría un año después de casados, y no dejé de sentir curiosidad por el particular cahier de doléances de mi amigo, y por saber si se atrevería alguna vez a utilizarlo. 

Había quien decía, creo que Nietzsche, que no hay perdón sin olvido, y, según le escuché a un psiquiatra, las mujeres tienen más difícil eso de olvidar de acuerdo a su estructura cerebral, por lo que viven más prolongadamente situaciones de rencor, sobre todo entre ellas. No sé en qué medida habrá en esto un mecanismo de autoafirmación o de defensa en el seno de una sociedad que las ha tenido mayormente en segundo plano; no creo que sea ajeno a esto la afirmación del propio Dostoievski en la misma obra de que lo que no perdona nunca la mujer es la humillación.

De las intensas sesiones de natación que me pego por las mañanas en este lapso de buen tiempo que vivimos tengo hoy dolores musculares, a los que se suma cierta inquietud, pues hace casi dos semanas que no veo por la playa a Pedro, al señor ochentañero que me invita desde hace dos años a dejar mi ropa junto a sus cosas; le he preguntado a uno de sus amigos y me ha dicho que está enfermo de la garganta, y que no viene. Sin duda, para antiguos enfermos del corazón como él los catarros son un verdadero problema; espero, con todo verlo pronto, pues su vitalidad algo malhumorada son un acicate par mí cuando pienso en mi ignoto futuro.

domingo, 11 de agosto de 2019

RITORNELLO




Bartolomeo Passarotti




Las vacaciones a veces hacen que estés en sitios donde no dispones de ordenadores para escribir, o que el ajetreo de modo aparentemente paradójico te lo impida; aunque por otra parte no está mal esta pausa medio forzada, pues tomas cierta distancia de la rutina de escribir.

Los recuerdos se acumulan, mas se diluyen como los sueños cuando intentas inventariarlos. Algo así pasa con las lecturas: de un clásico del siglo de Oro como "El Diablo cojuelo", que, como otras tal que la obra de Vicente Espinel, te desilusionan un tanto por la escasa crítica social que, por el contrario, se magnifica tanto en contrasolapas. Las primeras páginas de aquella novelita te cautivan por su surrealista exuberancia metafórica y de ingenio, por más que luego se malogra por la escasez de esa descripción satírica de la sociedad de la época que promete el diablillo, sustituida por catálogos de nobles que lisonjear y fintas y molinetes literarios. En Sanlúcar compré, como hago todos los veranos, algún libro en las ferias y mercadillos benéficos; esta vez ha sido "La marcha Radetzky" de Joseph Roth y "Bomarzo" de Manuel Mujica Láinez, un libro que llevaba esquivando hasta ahora bajo las múltiples encarnaciones en que se me ha presentado siempre en tenderetes, mercadillos y librerías.

Al parece Mujica Láinez decía que no necesitaba escribir ninguna autobiografía, pues él siempre estaba presente en sus obras; en este "Bomarzo" podría haber quizás trazas de una infancia dolorosa y convalenciente, dada la posible identificación del autor con el protagonista, duque minusválido del Renacimiento italiano, que consigue prolongar, al menos como voz narradora, su relato vital hasta el presente, volviéndose así un alter ego del escritor argentino, experto en arte y apasionado de tal época, que convierte, en mi opinión, la falsa autobiografía del deforme Orsini en un medio feliz de volcar sus conocimientos, obsesiones y amor por ese periodo histórico y artístico. En las escasas cien páginas que llevo leídas se ofrece el retrato prototípico y adverso de un español adusto, y fanático religioso, paje del protagonista. Resulta más chocante esto en una persona extremadamente culta como Mujica, y si se piensa que hace poco más de 200 años los argentinos eran también españoles, "españoles de ambos hemisferios" como rezaba la Constitución de 1812, y la tendencia de aquéllos a considerarse "un pueblo de europeos exiliados" como creo que decía Borges, pero italianos, franceses o ingleses antes que españoles. Probablemente, consecuencia de la necesidad apresurada de construir apresuradamente Estados artificiales sobre una población sentimentalmente dividida.

Ando un tanto preocupado en este frío verano de mar rizada que estorba mi nado diario, y no sé muy bien a qué achacar esta inquietud; tal vez me siento culpable de la tregua que he dado a ciertos problemas, que, en parte, no depende de mí. Por otra parte, como profesor, siento que nunca desconecto del todo ni del pasado ni del futuro inmediato que me espera a la vuelta de pocas semanas, que te hace juguete del artificioso calendario escolar. Revisando entradas antiguas, he visto que vivía con cierta amargura esta realidad; ahora, acepto, como Monica Vitti en Il deserto rosso que todos estos -digamos- microtraumas forman parte de mi vida, y que no me son externos.


domingo, 30 de junio de 2019

EL VIOLÍN DE INGRES




Ceri Richards



Este fin de junio termina en un día nublado y frío, mala antesala para el verano. La intensidad de trabajo se fue desprogramando ella sola, hasta reducirse al hábito de estar alerta, y el cerrar los oídos a los cantos de sirena de la burocracia compulsiva: todos los años la cosa finaliza con la amable amenaza de que se profundizará en la "evaluación por competencias" el curso siguiente, un engendro que evalúa procedimientos (como "aprender a aprender") en vez de conocimientos, y que si se queda como único sistema evaluación será el desastre definitivo para la escuela pública. Ha habido algunos encuentros con amigos y despedidas a las que se asiste con tristeza, y el aturdimiento de no sentirse más concernido, así como cuando ves correr una cucaracha en la cocina de un amigo, y no haces nada.

Reinaldo Arenas hablaba en su autobiografía de los poetas de Miami como un estrecho círculo local que se indignaba si no asistía a sus tertulias de mesa camilla, y que eran objeto del desprecio de escritores también exiliados de muchísimo más valor como Lydia Cabrera, que los llamaba "poetiesas". Este marco intelectual de casino decimonónico al estilo de La Regenta se da mucho en ciudades pequeñas, donde se jactan de tener a "su" pintor, a su poeta, a su artista. Incluso se riza el rizo de este adocenamiento si alguno de estos artistas, como el conocido pintor Ingres, desarrolla alguna segunda actividad artística, y se ve doblemente reconocido en su círculo a pesar de su carácter meramente amateur.

¿Qué traerás, verano? ¿me darás alguna tregua en mi angustia?, ¿relajarás ficticiamente mi percepción de la cotidianidad para lanzarme de nuevo en septiembre a una vorágine de actividad de olvido inmisericorde? Lapso iluso entre ciclo de repeticiones que no tienen más valor que el sobrevivirse a sí mismas.


domingo, 23 de junio de 2019

"ANTES QUE ANOCHEZCA" DE REINALDO ARENAS




José Santos Mingot


Descubrí la figura de Reinaldo Arenas a través de la película "Antes que anochezca", homónima de su autobiografía, finalizada poco antes de su muerte en 01990. La obra escrita comienza con una introducción llamada "El fin" y fechada en agosto de 01990, 4 meses antes de su muerte, y en ella Arenas habla de su experiencia como enfermo terminal de SIDA, desde que se le diagnosticó en 01987, y su deseo desesperado, expresado ante el retrato de Virgilio Piñera, otro escritor homosexual represaliado por el régimen castrista, de terminar la redacción de su obra.

En un lenguaje crudo a la par que poético, veteado de ternura, acidez y humor, el escritor narra su pobre infancia como guajiro, y el despertar temprano a una sexualidad desaforada, contagiada por una naturaleza exuberante.

Siendo sólo un adolescente, intenta hacerse guerrillero contra Batista, y vive con exaltación esos primeros momentos de la Revolución Cubana, como otros tantos, al tiempo que traba sus primeras relaciones en el mundo literario isleño, entre las que destaca a Virgilio Piñera y a José Lezama Lima, escritores homosexuales como él, quienes actuaron como sus padrinos literarios en sus inicios.

Una promiscua vida homosexual, cuya exaltación nostálgica ocupa parte de la obra, le sirve de acicate creativo, mientras, empero, el régimen, fuertemente homofóbico, estrecha el cerco sobre "antisociales" como él.

Esa intensa actividad homoerótica que se desarrolla, según él, en la isla a finales de los años 50, como desafío al régimen, se ve duramente reprimida posteriormente, y Arenas señala el encarcelamiento y la denuncia y autoinculpación de Heberto Padilla en 01971 como una paralela condena al ostracismo de los escritores opuestos a la dictadura castrista, a quienes la sexualidad homosexual suponía un delito añadido.

Prohibido de publicar en su país, y sin trabajo por su condición sexual -al artista parametrado como homosexual sólo le quedaba la salida de los trabajos forzados-, Arenas sobrevive como puede, viendo que parte de sus antiguos amigos se han convertido en confidentes de la policía, y ocultando sus manuscritos, que perdió en varias ocasiones y se vio obligado a rehacer, de los registros periódicos de la policía, aunque a través de ciertos amigos consigue hacer llegar algunos al extranjero donde sí se ven publicados, por más que él nunca tuviera acceso a un ejemplar.

Tal cosa provoca el furor del castrismo, que lo persigue, hasta detenerlo, en una huida por la isla que Arenas describe con tintes alucinantes, y da con sus huesos en la cárcel durante unos años, lugar que describe con los más tétricos tintes.

De vuelta en la calle, enfermo y sin sus manuscritos, Arenas se obsesiona con la idea de salir de la "ex paradisíaca isla antillana convertida en campo de concentración flotante" como escribía Juan Goytisolo en "Señas de identidad". Aprovechando los sucesos de la embajada de Perú -donde llegaron a refugiarse 10.800 personas-, consigue salir hacia Miami tras la apertura del puerto del Mariel en 01980, falsificando su apellido.

Ya en los EE.UU. vive con cierta angustia su condición de exiliado, que le lleva, según afirma, a intentar olvidarse de sí mismo; allí se encontrará, por un lado, con los que llama "comunistas de lujo", e "izquierda festiva y fascista", que encarna en figuras que llamará "testaferros de Castro" como García-Márquez, Juan Bosch, Julio Cortázar -aunque en otro parte de su libro recuerda que éste defendió a Lezama Lima de la condena que hizo el régimen de su novela Paradiso-, y Eduardo Galeano -la defensa de esta dictadura homofóbica era propia de gran parte de la izquierda anterior a la caída del muro de Berlín, la que ahora se envuelve en la bandera arcoiris para sobrevivir en nuestro paraíso socialdemócrata-; y, por otro lado, se encuentra con el mundo del exilio en Miami, que lo decepcionará profundamente por su mediocridad, su mercantilismo, y su desinterés por otros grandes escritores exiliados que languidecían allí como Lydia Cabrera, Enrique Labrador Ruiz y Carlos Montenegro.

Asqueado de tal ambiente y de sus pueblerinos círculos literarios, Arenas se traslada a Nueva York, donde reescribe sus obras perdidas, y produce otras nuevas, siempre por la obsesión del tiempo menguante tras conocer su enfermedad irreversible. Nunca acabó de adaptarse a la vida en los EE.UU:

Mi nuevo mundo no estaba dominado por el poder político, pero sí por ese otro poder también siniestro: el poder del dinero. Después de vivir en este país por algunos años he comprendido que es un país sin alma porque todo está condicionado al dinero. (op.cit., p. 332).

Reinaldo Arenas, antes de quitarse la vida, dejó una carta en la que justificaba su decisión ante el estado de postración en lo que lo había dejado su enfermedad en su fase final, y que es reproducida como apéndice de la edición de Tusquets.




domingo, 9 de junio de 2019

HORACIO QUIROGA, "CUENTOS DE LA SELVA"




Jiri Dokoupil




Horacio Quiroga es uno de mis escritores favoritos. Me he encontrado con sus obras en varias etapas de mi vida, y siempre me ha dejado una honda impresión. El último libro que leí fue sus "Cuentos de la selva", escrito para niños, aunque en ellos aflora la grandiosa zooépica que he encontrado en otros relatos suyos. En este volumen se dan batallas desaforadas como la de los yacarés (caimanes) contra un buque de guerra, y la de las rayas contra los tigres que intentan rematar a su amigo humano. Aquí los animales entran en diálogo y simbiosis con el hombre, con el que intentan convivir, e incluso aliarse contra un enemigo común que en varios cuentos resulta ser el tigre. 

En otras partes he leído otros cuentos de animales donde los zooagonistas quedan asimilados plenamente a héroes épicos como en el magnífico "Anaconda", en la que se dan incluso catálogos de serpientes con sus epítetos como los propios de guerreros en la Ilíada homérica, aliadas ante un nuevo enemigo, el Hombre, y prestas a duelos singulares.

Esta dignificación mítica del animal de la selva contrasta con el afán de vida civilizada de otros como el perro. Recuerdo así con cariño la historia de unos perros que intentan avisar en vano a su amo de la presencia de la muerte, para acabar, como temían, como chuchos de indios, pulgosos y famélicos.

La selva, ese mundo natural, promesa de dicha pero también de peligros, ayudó en periodos pasajeros de su vida a sobrellevar el horror de lo cotidiano social que asaltó con demasiada frecuencia a Quiroga, y que trasluce, por ejemplo, en alguno de los sombríos relatos de "Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte"

sábado, 13 de abril de 2019

"EL ENFERMO IMAGINABLE" EN TAPA BLANDA






Ya está disponible en tapa blanda en Amazon mi nuevo libro de relatos "El enfermo imaginable". Estas fotos me las ha enviado un amigo, que se lo ha comprado, pues yo todavía espero mis ejemplares de autor, que llegan al parecer mañana a casa.

Es cierto que el libro físico es otra cosa, a pesar de sus problemas de ocupar espacio, y ser un foco de polvo, que, como los malos efluvios, son siempre molestia ajena. Tener una biblioteca, aunque sea pequeña, es una manera de reconciliarse con la vida, como eso de que Bach lo es con Dios; marea un poco pensar en que los libros, igual que los discos contienen tiempo almacenado, aunque no de la misma manera; digamos que ese tiempo newtoniano de los discos se contrapone al tiempo flexible y curvo eisensteiniano de los libros, que, a veces, durante la lectura, te lanza a una paradoja espacio-temporal, donde, en ocasiones, la memoria te devuelve como un niño a un futuro en que la muerte y el desánimo eran el único horizonte observable.

Escuché ayer hablar a un científico en una radio chilena del siglo XXII, y uno que sólo se lanza a pensar a veces en 02039, centenario del comienzo de la segunda guerra mundial, ya dejado atrás el centenario de la primera. La Humanidad, por más que nuestras generaciones agónicas y apocalípticas no lo quieran, tiene muchos siglos y milenios delante de sí, y su horizonte inevitable es la exploración y colonización del cosmos extraterráqueo, con el espíritu con que hace cinco siglos tres cascarones de nuez cruzaron un océano tenebroso e ignoto.

Es siempre un placer leer el blog Bonnet d'âne de Jean-Paul Brighelli. Recuerda un poco a Ignacio Ruiz Quintano en su capacidad de mezclar lo extremadamente refinado y lo popular, o incluso vulgar, y de dar vida a términos desusados o poco frecuentes, al menos para mí, como "lactescente", "candaulismo" o "filópigo".

domingo, 17 de marzo de 2019

FASES




Un imposible selenita desde su atormentada luna podría observar las fases de la tierra. Vería así desvelarse y ocultarse en crecientes y menguantes nuestro azulado planeta. Este dramático cambio de punto de vista no debería sernos tan extraño en nuestra vida cotidiana. Del papel de culpable podemos pasar de víctima, y viceversa, y tal vez la perspectiva del Otro es uno de los ingredientes de nuestros temores cotidianos.

En el terreno literario y docente me veo con mis alumnos intentando explicarles el cambio que se produce en la novela L'enfant de sable ("El infante de arena") de Tahar Ben Jelloun cuando introduce, sin dar su nombre expresamente, a Jorge Luis Borges como personaje de la obra. Yo no conocía la obra del escritor marroquí pero la del argentino sí, y fue un verdadero choque para mí: me entusiasmó la idea de transmitir a mis, malhadados, alumnos la necesidad de conocer a Borges, citado por doquier en la novela. Asistí a una conferencia de Ben Jelloun en diciembre del año pasado en Sevilla dentro del marco del programa Bachibac (programa internacional que permite a los alumnos, en este caso andaluces, conseguir el doble título de bachillerato español y francés en una prueba externa (falsa, pues la Junta de Andalucía, por ahorrarse dietas de desplazamiento de profesores examinadores de una provincia a otra, obliga a los profesores de los mismos institutos a evaluar a estos alumnos alcanzado así cotas de ignominia difícilmente superables). Esquivo y antipático, Ben Jelloun respondió que introdujo a Borges en su novela como homenaje a un gran escritor, aunque la realidad es muy otra: Borges es quien justifica el cambio de una trama narrativa lineal, simbolizada en las puertas que atraviesa el narrador de la historia en su narración, a otra circular que acumula distintas versiones de la suerte de la protagonista. La historia se vuelve una calle circular (las ruinas circulares), parte, en realidad de un laberinto (otra imagen borgiana), donde el Homero bonaerense se encuentra con la protagonista, que afirma serlo de otra historia (desdoblamientos de El Mismo en Otro), aparecen el espejo que promete el infinito concebido como repetición, y la arena, símbolo de lo indefinido de la materia literaria, todas ellas imágenes borgianas que dan sentido -o lo privan de él- a esta obra de Ben Jelloun.

La conciencia, pues, de la alteridad, de la Otredad, como diría Octavio Paz, nos inquieta, pero al mismo tiempo debería aliviarnos del maniqueísmo y la tendencia natural al gregarismo sectario, que destruye hermosos proyectos, cuando alguno, convertido en ἰδιώτης, idiōtēs, se encarama a éstos, dispuesto incluso a quedarse solo en su necia autosuficiencia intelectual y su negación del Otro como posibilidad problemática.



Imagen: Camille Flammarion.

domingo, 17 de febrero de 2019

GUERRAS Y RETAGUARDIAS





Esta semana fui con un compañero a ver la película Der Hauptmann, "El capitán", basada en la historia real de Willi Herold, un soldado alemán que en los últimos estertores de la guerra se hace pasar por un capitán de la Luftwaffe y encabeza un grupo de desertores, que se dedican al pillaje, (al modo de las bandas de nuestra guerra civil descritas por Manuel Chávez Nogales en su A sangre y fuego), y que incluso, apelando a una falsa autorización directa del Führer, obtiene el mando directo de un campo de detención de desertores donde se dedica a aplicarles la "solución final" con el beneplácito de los elementos locales del partido y la indiferencia burocrática de las autoridades judiciales. Detenido por la policía militar germana tras la destrucción del campo en acción de combate aliada, es levemente castigado en consejo de guerra, para ser posteriormente detenido por los ingleses, identificado y ejecutado como criminal de guerra. Me comentaba mi amigo que en las organizaciones humanas se dan esos casos de gente que da en presentarse como intérprete, portavoz o encarnación de ciertos principios u orden, y cómo para la gente es más cómodo seguirlos sin cuestionarse nada aunque el tal individuo los lleve al desastre, y los sacrifique en el altar de su propia soberbia.
Fuimos luego a un pub a tomar una copa. Allí me quedé unos momentos magnetizado observando a una chica de unos treinta años que estaba a escasos metros, sin que ella se percatara en absoluto de mi presencia. Me impresionó la elegancia y encanto de sus gestos, cómo movía de un lado a otro su ondulada melena hablando con una amiga, mientras brillaban sus ojos al par que esbozaba continuamente una media sonrisa sin dejar de mirar a ésta. Totalmente concentrada en una conversación aparentemente banal, se me antoja a posteriori una imagen de inocencia o de generosidad. Era San Valentín. Flechas de oro y de plomo. Vuelta a casa.
El viernes fui a ver a los amigos de la Asociación Astronómica M13. Tomando un café con ellos en una terraza me señalaron en el cielo deslumbrante de la media tarde un par de parhelios, que fotografiamos. Es verdad que ser consciente del cielo, te da una perspectiva diferente de cuando estamos, como en la mayor parte del tiempo, proni terrae, inclinados a la tierra de nuestros afanes y rutinas tal que los animales que no pueden erguirse.
Ayer sábado me lo pasé pendiente de los comentarios de grupos de whatsapp como si fuera un adolescente cualquiera colgado del móvil, que me robó el sosiego. Maldita técnica que facilita el trabajo de los que quieren tirar de uno como de un ronzal.


Imagen: Herbert Ploberger

domingo, 10 de febrero de 2019

FEBRILIDAD




El catarro y la gripe han marcado el fin de la semana pasada y el comienzo de ésta. Recluido en casa, he vivido una especie de suspensión en el tiempo. La rutina del trabajo interrumpida, y adobado de soledad, tomo conciencia del fino hilo del que depende la cordura. Estuve, además, viendo los capítulos de la primera temporada de una teleserie americana, True detective, que ha empeorado este estado de ánimo perverso. Uno de los atormentados protagonistas se sitúa al margen de la realidad convencional, siempre al filo de la navaja de su síndrome postraumático de exinfiltrado de Narcóticos, y filosofa y divaga sobre la fatal circularidad del tiempo (Nietzsche barato) mientras investiga los crímenes rituales de un grupo de pedófilos sudestadounidenses. Todo esto sucede mientras leo de noche As I lay dying de Faulkner, novela basada en la técnica del monólogo interno o "corriente de conciencia" (ya de un color de época muy ajado) situado en el mismo ambiente. He estado varias veces a punto de dejarla, pero me he propuesto terminarla leyéndola a la velocidad del pensamiento de los protagonistas que Faulkner pretende reproducir. Tal cosa me pasa porque decidí hace algún tiempo que fuera el azar el que determinara los libros que voy leyendo de mi biblioteca, veteada de libros en alemán, griego, inglés, italiano, y latín.
Lo que es normal para mí para otros no lo es. Cada día ganado a la muerte es una victoria. Al fin, el desenlace de la serie es forzado, introduciendo con calzador y en un entorno sórdido la reconciliación del personaje aludido con lo trascendente, al ver éste "la luz al final del túnel" en la guarida del asesino, desenlace destinado, a la postre, al gran público, y yo vuelvo a la calle y al trabajo como la nave espacial que sale al espacio a exponerse a la radiación libre de los rayos cósmicos, sabiendo que si no hay verdaderas ataduras, no hay necesidad de sumisión.
En la calle, ¡ay! me volví a encontrar con la marea creciente de los chaquetones, anoraks, y abrigos acolchados con capucha, que podría ser el uniforme ideal para las castas inferiores imaginadas por Aldous Huxley en su Brave New World, hasta tal punto muestra el adocenamiento, la uniformidad y falta de variedad de modos de vida y pensamiento de una sociedad que vive sometida, en este caso, a las estrategias de venta de las compañías textiles que aumentan sus beneficios utilizando así las mismas cadenas de producción para la ropa deportiva y la de línea.


Imagen: anónimo, colección ABCD, vía Art Blart blog.

domingo, 27 de enero de 2019

SUFRIMIENTOS Y OBRAS




Esta semana ha estado marcada por la agitación y una ira larvada que ha explotado en un par de ocasiones; otras veces la he encauzado como ironía hiriente. Entrometidos familiares han querido importunarme con sus proyectos de negocio, y algunos alumnos egoístas y cínicos me han sacado de mis casillas. Lo que pasa es que el enfado me deja un poso que se prolonga varios días, y todo eso en un paisaje urbano de obras extendidas, para crear una red de carriles bici en una ciudad estrangulada por la falta de espacio, para que sea usada, en los tramos ya construidos, por cuatro gatos. Así debo ahora, por ejemplo, coger el autobús en dirección contraria para llegar al trabajo, y un trayecto de unos 7 minutos se convierte en 20 minutos con un poco de suerte. Pero no hay mal que por bien no venga, como decía Franco tras la muerte de Carrero Blanco, y aprovecho el largo recorrido para leer Los demonios de F. Dostoievski en traducción al francés de Victor Derély, reputado traductor del ruso, de 1886 que me he descargado en el móvil. Lo he hecho así porque es sabido que hasta hace poco las traducciones de los clásicos rusos al español se hacían normalmente a través del francés, y no de la lengua original. Otro motivo añadido ha sido saber que Dostoievski revisaba las traducciones contemporáneas que se hacían de sus obras, aunque no estoy seguro de que sea éste el caso. La obra es veramente luenga, pero las obras se anuncian igual, por lo que lo comido por lo servido. Mi interés por esta obra nació después de leer hace poco Moravagine de Blaise Cendrars, en la que el antihéroe epónimo y el deuteragonista narrador pasan un tiempo en Rusia como miembros de una célula terrorista y revolucionaria, que permite a Cendrars darse a una bella escritura expresionista y futurista en su dinamismo narrativo. Quiero ver, pues, cómo la obra del ruso ha podido influir en la del francosuizo vagamundo y enamorado de Rusia.
Por otra parte, mi mujer planea una serie de pequeñas obras en casa hasta verano, y apela a mi sensatez para que vivamos tranquilos, pues no tenemos grandes problemas ahora. Es verdad que la ansiedad prospectiva me ha dado más de un disgusto, pero la pasión de tranquilidad, tan propia de los españoles según Antonio García-Trevijano, me inspira la mayor desconfianza. Y prefiero, como el vigía de Esquilo, seguir oteando el horizonte, (y el cielo, dicho sea de paso).


Imagen: René Maltête

domingo, 20 de enero de 2019

ECLIPSE TOTAL




Para la noche de este domingo al lunes está anunciado un eclipse total de luna, fenómeno que se produce con una frecuencia bianual, que coincidirá además con una llamada "superluna" o luna llena particularmente brillante al hallarse relativamente cerca de la Tierra en su órbita elíptica, y que recibe también el nombre de Luna Lobo en algunas culturas. El sufrir un eclipse total le dará además un tono rojizo, producido por una mayor dispersión de la luz azul del sol en la atmósfera.
El deseo de conocer las fechas de los eclipses y controlar el miedo ancestral que producen ha llevado a la Humanidad a desarrollar su conocimiento, como, por ejemplo, en la antigua civilización maya (objeto del minicuento "El eclipse" de Augusto Monterroso, donde hace burla de la pretendida superioridad científica occidental en este dominio) y en la griega, (véase el sorprendente descubrimiento de la máquina de Anticicera, artilugio mecánico destinado a cálcular eclipses y otros eventos astronómicos).
En la mañana de este domingo ventoso y desapacible, me pregunto si será posible ver algo de este fenómeno. Anteanoche, una luna envuelta en un brumoso halo me permitió ver sus manchas y su configuración rocosa. Recuerdo que en mi infancia aprendí que los presuntos habitantes de la luna se llamarían selenitas, de Selene, uno de los varios epónimos de la diosa Diana, a pesar de su imagen de astro inerme. Selenitas, venusinos, mercurianos, neptunianos, saturnianos, plutonianos, jupiterinos, uranianos... razas imposibles como las sacrificadas en el altar de nuestras guerras, objeto del poema de George Trakl.




Imagen: William y Frederick Langenheim, "Eclipse de sol", daguerrotipos, 01854, vía Art Blog

domingo, 30 de septiembre de 2018

ESCRITORES Y PARTIDOCRACIA




Hace ya casi 60 años de la muerte de Albert Camus. Modelo de escritor comprometido, y hombre de izquierdas, como él mismo se llamaba, "a pesar de ella y de mí mismo" siempre quiso mantener su independencia intelectual, lo que le acarreó violentos ataques por parte de la intelligentsia de la época, encabezada por Jean-Paul Sartre, de obediencia debida a los dictados de la U.R.S.S., a la que Camus llamaba "horrible sociedad intelectual" en un discurso que todavía produce un nudo en la garganta cuando se lo escucha en boca de su autor:

"Yo sé, en todo caso, solitario o no, hacer mi oficio, y si lo encuentro a veces duro, es porque se ejerce en esta horrible sociedad intelectual en la que vivimos, donde se hace un punto de honor de la deslealtad, donde los reflejos han sustituido a la reflexión, donde se piensa a golpes de slogan, y donde la maldad intenta hacerse pasar demasiado a menudo por inteligencia. Yo no soy de esos amantes de la libertad que quieren adornarla de cadenas redobladas, ni de esos servidores de la justicia que piensan que se sirve bien a la justicia, cuando se entrega varias generaciones a la injusticia. Vivo como puedo, en un país desdichado, rico en su pueblo y su juventud, provisionalmente pobre en sus élites, lanzado a la búsqueda de un orden y de un renacimiento en el que creo. Sin libertad verdadera ni un cierto honor yo no puedo vivir. Ésta es la idea que me hago de mi oficio".

Camus muere en 01960, cuando los Estados de partidos que surgen de la 2ª Guerra Mundial se están consolidando bajo el manto excusador de la Guerra Fría, y cuando él podía alzar su voz, llena de autoridad moral, contra ese mundo intelectual y literario que tomaba sectariamente un claro partido político. Su pensamiento, empero, estaba destinado al fracaso, pues la ingenuidad de su pretensión de sustituir la política por la moral suponía que Montesquieu, entre otros, no había pasado a su lado.

En la Europa de nuestros días, y más concretamente en un país como España, estos apasionamientos y estas muestras de dignidad y honor parecen cosa de otro planeta. El mundo literario es más bien un mundillo donde sobrenadan ambiciones y soberbias aisladas, que pretenden no ver el mar de indiferencia que les rodea hasta más allá del horizonte. El escritor tipo no tiene, y lo que es peor, no quiere tener un peso como referente intelectual y moral en esa "búsqueda de un orden y de un renacimiento" en el que sí creían artistas como Camus. No hay escritores, pues, que participen siquiera en esta farsa de política que es el Estado de partidos, ni la degradación moral y política de la sociedad española tras la Transacción del 78 es objeto de sus creaciones (algunos, empero, pretenden presentar sus obras como una crónica de esta época, aunque no hagan más que memorias privadas); la partidocracia sostiene así una hegemonía cultural tan férrea a través de sus medios de comunicación de masas castradores y ocultadores de cualquier brote de reflexión intelectual o creación artística, que el escritor, que no siente ni concibe la necesidad de esa "libertad verdadera y un cierto honor", vegeta en su solipsismo a la sombra de un poder al que no suele criticar más que bajo retratos costumbristas y difusos, sólo atento a las presentaciones de sus obras, a la recepción de éstas entre sus amigos del oficio, a poder entrar en la corrupta rueda de los premios literarios como premiado y jurado y viceversa, y atento, en fin, a mantener su precario e ilusorio status mediante el endiosamiento y la envidia preventiva.

domingo, 9 de septiembre de 2018

ADONIS Y ATALANTA





Amigo lector:

Han pasado varias semanas desde mi última carta abierta. Debo reconocer que este verano ha sido particularmente movido, y ha puesto a prueba mis nervios, más templados de los que yo creía al principio. Mi participación en las asambleas de julio del MCRC y mi elección como vocal de la Junta Directiva de dicha asociación, -sorprendido aún por la actitud de los traidores al pensamiento de Antonio García-Trevijano que pretenden destruir el movimiento creado por él-, un grave problema familiar que me ha dado quebraderos legales de cabeza hasta que ha quedado encauzado, algún problema de salud, y una obra en casa han configurado la carta sísmica de mi ánimo. Espero, amigo, amiga, que a ti te haya ido mejor, aunque hay que desconfiar de las Tebaidas veraniegas, que, al poco de volver al trabajo, se desvanecen en el olvido, o peor en quejumbroso recuerdo. Seré muy raro, pero no para mí no supone ningún trauma volver a mi trabajo. Yo lo elegí, y hay millones que no lo tienen, los parados, que han desaparecido si os fijáis de los discursos políticos. Por otra parte, es cierto que mi colectivo, el de los profesores de secundaria, es uno muy machacado a la par que sumiso, y eso puede explicar muchas actitudes. Pero la verdad y la dignidad siempre por delante, y las cosas no serán lo mismo, os lo aseguro.

En un reciente desplazamiento en coche por la provincia, me vino el recuerdo de viajes similares realizados siendo niño en autos de familiares: el sol de la tarde que restallaba vivaracho o ya moribundo en los campos baldíos y cansinos, los meandros de la ruta colgados de la espera tediosa, el tropel de imágenes que eso desencadenaba en mi mente vagarosa: espejos, mujeres, más carreteras, ansias de infinito, cursos de agua, indefinida angustia... Nunca he hecho uso de mi carnet de conducir, y la carretera a veces me vuelve a colocar en ese estado de trance inane pero conmovedor al cabo. ¿Qué más podría esperar, yo, pobre sombra rodada?

En mi mesilla de noche me ha acompañado parte de este verano el libro décimo de las Metamorfosis de Ovidio. Siempre da éste la impresión de utilizar el leit-motiv de las transformaciones según el hilo temporal de la cronología mítica, tan determinada en la Antigüedad para ilustrar tabúes sexuales como la transexualidad en el caso de Ifis (aunque este mito pertenece al final del libro noveno, vv. 704-797), la pederastia en el Orfeo desencantado por el suceso de Eurídice (Ille etiam Thracum populis fuit auctor amorem / in teneros transferre mares citraque iuuentam / aetatis breue uer et primos carpere flores [10, 83-85]), quien será el encargado de cantar los amores homosexuales de Júpiter y Apolo por Ganímedes y Jacinto, el fetichismo de Pigmalión, el ansia incestuosa de Mirra, el peor de los pecados, -la prohibición universal señala por Lévi-Strauss que impedía el intercambio de mujeres entre las poblaciones primitivas-así afirmado por el propio Orfeo (...Scelus est odisse parentem; / hic amor est odio maius scelus... [10, 314-315]), de acuerdo con la sobria y conceptuosa expresión poética del poeta sulmonense, tendente al paralelismo, y a la construcción quiástica; también canta Orfeo al fruto de ese amor prohibido, Adonis, condenado a un triste final, así como la bella y veloz Atalanta, víctimas de la imprudencia y de la impiedad.





Imagen: Bartholomeus Breenbergh, Venus mourning the death of Adonis, 01646

domingo, 29 de julio de 2018

BRUJA SANLUQUEÑA





Amigo lector:

Llevo ya algunos años veraneando algunos días en Sanlúcar de Barrameda, localidad gaditana por la que mi mujer y yo sentimos debilidad. A pesar de ser muy visitada en verano, no está masificada, y siempre que estoy allí le descubro algún aspecto nuevo. La gente allí es muy amable, no he estado en ningún sitio en el que haya comido mal, y tiene una luminosidad muy particular que se me antoja la mariposa de un paraíso impalpable. Olores y sabores de manzanilla y productos del mar te envuelven desde su Barrio Alto hasta Bajo de Guía, y te hacen soñar con vivir en el apacible trajín de sus calles.

El año pasado asistimos a la presentación de la edición española de "La bruja de Sanlúcar" escrito por el alemán Hans Krüger-Welf en 1925, autor semidesconocido que aparentemente pasó por la ciudad. 



Desgraciadamente perdí el libro en Cádiz, y, el penúltimo día de mi estancia, reconocí en "La herrería", una de esas tabernas recónditas del Barrio Alto que se debe visitar, al cotraductor de la obra, Per Kühne, residente en Sanlúcar, quien me indicó amablemente que el editor de la obra, Juan Alcón Atienza, propietario de Forum Libros, podía contarme con detalle la historia del libro original.



Ese mismo día fui a verlo para reponer mi libro perdido, y amablemente me mostró un ejemplar del libro original en alemán (Die Hexe von San Lucar) que posee, y que le estimuló a realizar la edición; concienzudamente se trasladaron de una edición a otra las xilografías originales de estilo expresionista, y resultó en un bello y cuidado libro. Queda ciertamente en el misterio la mayor parte de la vida de este autor, traductor al alemán de Bécquer, que debió pasar alguna temporada en Sanlúcar en esos ya remotos años veinte, y de donde se inspiró para escribir esta novela breve en la que confluye, como afirman los traductores, los "mitos de Eros y Tánatos".

Espero que la historia de esa bruja te resulte, amigo lector, como para mí, promesa de vivencias e intuiciones futuras que estoy seguro que esta ciudad me va a regalar.



Imagen: George Krause

domingo, 15 de julio de 2018

ICONOGRAFOLATRÍA




Amigo lector:

Esta palabra, iconografolatría, la he leído en el libro Asturias: catorce meses de guerra civil (01975) del semiolvidado escritor y periodista asturiano Juan Antonio Cabezas, donde el autor la empleaba para hacer referencia a los personajes de actualidad que aparecían en los semanarios gráficos de la época, cuando él, condenado a muerte, se encontraba en la presión madrileña de Porlier trabajando como redactor para la publicación carcelaria, Redención, gracias a lo cual consiguió salvar su vida de chiripa. El libro es de un extraordinario mérito literario y testimonial en la evocación de esos meses de guerra en Asturias, en el retrato de personajes y actitudes de los dos bandos, y en la descripción de la suerte de los presos republicanos, así como de la angustia de la muerte inminente. Es, ciertamente, una lástima que libros como éste no se reediten (me lo prestó un amigo que lo tenía en un destartalado chalet familiar), en estos tiempos aparentemente paradójicos de Memoria Histórica. Quizás su lirismo, su bonhomía, y su equidad no casen con la necesidad de modelos maniqueos que la partidocracia actual, hija vergonzante del franquismo, quiere imponernos para hacernos olvidar su verdadera naturaleza y origen.

En 02015 escribí un texto en Facebook sobre la crisis griega que me parece interesante recuperar:

Dentro del tumultuoso asunto de la crisis griega, se oyen opiniones despreciativas hacia la nación griega, como presunto subproducto del imperio turco, sin verdaderos lazos con el occidente europeo. Me indigna tanta ignorancia y tanto desprecio. Grecia -o mejor dicho, la Hélade, el conjunto de los territorios griegos en el continente europeo y la antigua Asia menor- mantuvo vivo el milenario imperio romano de Oriente hasta la desgraciada caída de la capital del menguado imperio, Constantinopla, abandonada a su suerte por Occidente a mediados del siglo XV, a manos de los turcos, que jamás produjeron culturalmente nada comparable a lo griego. Es cierto que casi durante 5 siglos vivieron bajo la bota turca, y no conocieron ni el Renacimiento ni la Ilustración (pero tampoco los conoció Rusia y nadie la desprecia culturalmente), aunque fue precisamente el legado clásico conservado por los bizantinos el que promovió el Renacimiento europeo, como es sabido, y ya antes de la toma de Constantinopla, como señalaba Steven Runciman; y, por otra parte, el espíritu griego resistió la dominación de los invasores, y luchó tan heroicamente por su independencia que creó un movimiento de apoyo en Europa que venció a los intereses geoestratégicos de las naciones de entonces, dadas a la no intervención (recuérdese, pues, la muerte de Byron, yendo a Grecia para sumarse a los luchadores por su independencia). Se critica, asimismo, enormemente el presupuesto militar griego, pero todos esos desinformados obvian la difícil historia con su conflictivo vecino, y antiguo explotador. No se puede despreciar la cultura griega, por tanto, sin ser un ignorante o un miserable (o las dos cosas al tiempo); así, nombres como los de Cavafis, Theodorakis o Xenakis deben sonar a cualquier persona medianamente culta. Que viva Grecia, y la perdida Hélade.

Cuando tienes varios intereses operando al mismo tiempo, si te llega un golpe grande, su efecto queda aminorado, por esa misma diversificación de la atención, lo que te impide, en fin, caer en la narcisista obsesión depresiva.

Vale.


Imagen: Conda da Satriano, Narcissus.

domingo, 22 de abril de 2018

LOS ÚLTIMOS LIBERTINOS




Hacía tiempo que un libro de historia no me encandilaba y absorbía tanto como la última obra de Benedetta Craveri, especialista italiana en los siglos XVII y XVIII franceses, Gli ultimi libertini, que he leído en la edición francesa de Flammarion publicada en 02016 (existe una traducción española que acaba justamente de aparecer para quien no lea ni en francés ni en italiano). Supe de este magnífico libro por una emisión del programa Répliques de France Culture, y opté por comprarlo en la versión francesa, pues pensé que dicha versión, plagada de citas de obras y documentos de la época y revisada por la autora, me permitiría acercarme más al espíritu del tiempo y personajes descritos.

Efectivamente, como indica la autora en su prefacio, "este libro traza la historia de siete aristócratas cuya juventud coincidió con el último momento de gracia de la monarquía francesa. Una élite entera creyó posible conciliar un arte de vivir fundado en el espíritu de casta y los privilegios con la exigencia de cambio inscrita en los ideales de justicia, tolerancia y ciudadanía que vehiculaba la filosofía de la Ilustración. "Es siempre una cosa bella tener veinte años", escribió Saint-Beuve sobre ellos, pero era "cosa doblemente bella y feliz" tenerlos en 1774, cuando la llegada al trono de Luis XVI parecía ser preludio de una nueva época que permitía a estos "príncipes de la juventud", como los llamaba Fontanes, "encontrarse de la misma edad que [su] tiempo, crecer con él, sentir armonía y concordia" con lo que los rodeaba.

Estos hijos de la nobleza francesa consideraban natural acceder a los primeros puestos en el ejército y a los más altos cargos en la corte y los ministerios, y vivir de rentas, pero parecían haber olvidado las razones históricas de tal prerrogativa. En todo caso, no se preguntaban hasta qué punto estas ventajas eran compatibles con las reformas de las que se hacían heraldos. "Risueños ridiculizadores de las modas antiguas, del orgullo feudal de nuestros padres y de sus graves etiquetas, todo lo que era antiguo nos parecía aburrido y ridículo", escribirá a posteriori el conde de Ségur. "Libertad, realeza, aristocracia, democracia, prejuicios, razon, novedad, filosofía, todo se reunía para hacer nuestros días felices, y nunca un despertar más terrible fue precedido por un sueño más dulce y por ensoñaciones más seductoras" (op. cit. p. 9).

Todos ellos, el duque de Lauzun, el vizconde de Ségur, y su hermano uterino, el conde de Ségur, el conde de Narbonne, el caballero de Boufflers, el conde de Vaudreil, y el duque de Brissac, por otra parte, y eso explica el título del libro, se dieron al libertinaje que caracterizaba a una sociedad aristocrática donde el matrimonio de conveniencia era de rigor, y el adulterio era tolerado siempre que se atuviera a las reglas del galanteo elegante. Aunque ciertamente no del mismo modo; así podemos encontrarnos con el retrato de un auténtico don Juan sentimental y apasionado, como el duque de Lauzun, junto al de un frío y despiadado seductor como el vizconde de Ségur, que usaba de sus encantos para vengarse de sus rivales en sus esposas y amantes, y que fue modelo para el vizconde de Valmont de Chordelos de Laclos, pasando por otro señero seductor como el conde de Vaudreil, conocido como "el Encantador" que usó de los propios para medrar en el entorno de la reina, al lado de personajes que acabaron siendo modelos de fidelidad y entrega conyugal como el conde de Ségur y el caballero de Boufflers; sin olvidar al malhadado duque de Brissac: este miembro de la más rancia nobleza, al tiempo que francmasón y filántrofo, pensaba que el amor lo redime todo, y perdió el favor real por abandonar a su esposa y entregarse a su amor por la condesa du Barry, antigua prostituta y favorita del difunto Luis XV.

De hecho, las memorias de alguno de estos personajes, todos de pluma fácil salvo Brissac, no pudieron ser publicadas por su contenido libertino en la época de la Restauración, donde ya imperaba la nueva moral burguesa que no quería toparse con nada que cuestionase la imagen idealizada de la aristocracia víctima de la Revolución.

Tras trazar la semblanza de estos personajes y de su época crepuscular, la autora dedica un capítulo titulado "1789" al cambio radical que la Revolución -tan profusa y profundamente estudiada en España por D. Antonio García-Trevijano- supuso para estos aristócratas como inapelable punto final no sólo de una época histórica sino de un modo de vida. Unos como Lauzun, que había participado en la Guerra de Independencia norteamericana, se unieron a la revolución para acabar ingratamente guillotinado en el Terror, otros como Vaudreil y Boufflers, del bando realista, partieron rápidamente para el exilio, al que también marcharon para salvar la vida monárquicos constitucionalistas como Narbonne. Entre los que se quedaron, unos, como el conde de Ségur, lo hicieron por falta de recursos, su hermano el frívolo vizconde lo hizo porque pensaba que los acontecimientos políticos no le afectarían, aunque acabó compartiendo prisión con el posteriormente guillotinado André Chénier, y Brissac, por su parte, se sintió atado a su juramento de fidelidad al rey, convencido, asimismo, de que las reformas políticas necesarias conllevarían irremediablemente desórdenes. Este último, contra el carácter dócil a la vez que estoico con el que compañeros de casta afrontaban el cadalso, vendió cara su vida a la turba asesina que asaltó el carro en que iba preso. En este sentido, la posterior muerte patética de su amante, la condesa du Barry, que pidió piedad hasta el último momento -al fin y al cabo, como dice Craveri, una hija del pueblo humilde que se había visto obligada a prostituirse-, conmovió al público asistente, y contribuyó a cambiar la actitud popular ante las ejecuciones sumarias.

Nos hallamos, pues, ante un libro extraordinario, en el que la autora, nieta de Benedetto Croce, sabe aunar a la perfección el rigor del erudito con la perspicacia psicológica del literato que sabe dar la palabra justa a sus personajes. Es incomparable, en este aspecto, la descripción que hace de las razones de la amistad surgida hacia 01785 entre el intrigante cortesano conde de Vaudreil, al tiempo que generoso y sensible mecenas, y el moralista revolucionario Chamfort, hijo no reconocido de una alta dama criado por padres adoptivos humildes, y que no me resisto a traducir como ejemplo del tenor de toda una obra:

"Nacida de una fascinación recíproca, la amistad entre Chamfort y el Encantador fue el espejo donde cada uno intentó resolver sus propias contradicciones buscándose de manera narcisista en la imagen sublimada del otro. A pesar de sus divergencias de carácter, de ideas y de status social, los valores que compartían -orgullo, sentido del honor, espíritu de independencia, generosidad- los empujaron a una emulación constante que selló su entendimiento" [...] [A Vaudreil] Paris le permitía quitarse la máscara del cortesano, marcar distancias con las intrigas, las bajezas, los compromisos, e imponerse la admiración de un público exigente por sus solas cualidades: el gusto, la elegancia, el ingenio, el encanto de la palabra. El interés que tenía en la vida artística y la posibilidad de hacer al cabo un homenaje desinteresado al mérito lo reconciliaban con su amor propio. Para este Vaudreil hombre de bien la conquista de la estima de Chamfort constituía una confirmación de su propio valor [...] A ojos de Chamfort, Vaudreil encarnaba la quintaesencia del estilo aristocrático en su dimensión mítica, fuera del alcance del juicio de la historia. Bello a pesar de las marcas dejadas por la viruela, representaba por su elegancia, su brío, su desprecio del dinero y su reputación de libertino todo lo que Chamfort habría querido ser a los veinte años, cuando había ganado el sobrenombre de Hércules Adonis. Ahora que había llegado a los cuarenta, no podía dejar de admirar su mecenazgo ilustrado, su búsqueda de la perfección estética, y la cortesía exquisita de sus maneras. Concediéndole su amistad, Vaudreil realizó su encantamiento más poderoso. Ofreciéndole a Chamfort una imagen idealizada en la que reflejarse, permitió a su amigo exorcizar el abandono materno y levantar acta sin rencor de lo que podría haber sido, si el destino no hubiera decidido de otra manera" (op. cit. pp. 379-384).



Imagen: portada de la edición francesa.

viernes, 2 de junio de 2017

ROBINSONES




Esta mañana ha venido a buscarme un grupo de mis alumnos de 2º de Bachibac para hacerme un regalo. Era una foto enmarcada de la ceremonia de graduación en la que posábamos casi todos. Unos me abrazaban, dándome las gracias, y me emocionó su detalle. Atrás ha quedado un largo curso, en el que ellos y yo hemos arriesgado mucho; ellos, porque eran la primera promoción que se presentaban a la prueba para obtener el título Baccalauréat con el actual tema de estudio "Viajes y viajeros", y yo, porque me comprometía a prepararlos sin tener la más mínima idea de cómo sería el contenido del examen al que se presentarían (pues, por otra parte, la Junta de Andalucía se desentiende de ofrecer una formación adecuada a los profesores Bachibac -ayer me dijeron que en Torre Triana hay cuatro personas que se dedican exclusivamente al programa Bachibac; si esto es verdad, resulta verdaderamente escandaloso-). Por ello, el verano pasado me dediqué a leer las dos obras principales del programa, Vendredi ou les limbes du Pacifique de Michel Tournier, y Mon voyage en Amérique de Blaise Cendrars, así como otras tales como el Robinson Crusoe de Daniel Defoe en una traducción al francés, por la necesidad evidente y tan reveladora de conocer las fuentes, y Tristres Tropiques de Claude Lévi-Strauss, no sólo porque Tournier hubiera sido discípulo de éste, sino, sobre todo, por la dimensión más amplia de comprensión del tema del descubrimiento del Otro que yo precisaba, y que llena, sui generis, la novela de Tournier. Leí, asimismo, la escasísima bibliografía que existe en francés sobre la literatura de viajes que me era asequible; ese verano me trajo también el descubrimiento de una genial y reciente robinsonada como es Ce qu'il advint du Sauvage blanc de François Garde (02012), y que utilicé en el 2º trimestre como libro de lectura, para profundizar en ese tema de la Alteridad desde otros puntos de vista complementarios al de Tournier, demasiado marcado por el color de época de paso de los años 60 a los 70. Cendrars era, por otra parte, para mí un viejo y querido conocido desde mi lectura adolescente de La mano cortada, que volví a leer en esta ocasión en francés, así como L'homme foudroyé que leo en la actualidad.
Me devané los sesos para buscar el nexo común entre la solipsista utopía insular sesentera de Tournier y el diario de un dandy baudelaireniano de viaje voluntariamente solitario a Nueva York, y la hallé en la idea del viaje iniciático que, de diferentes maneras, aparece en ambas obras. Así, el viaje fallido del náufrago Robinson le lleva a iniciar un viaje interior caracterizado por múltiples y dolorosas pruebas en una primera lucha contra la tentación de la locura producto de la forzosa soledad, que le lleva a construir una sociedad para él solo según las reglas de la ética protestante precapitalista (como afirmaba el propio Tournier en alguna entrevista haciendo hermeneusis de sí mismo) descrita por Max Weber, y que variará definitivamente de rumbo ante la presencia avasalladora de Viernes, personaje de tesis construido como revulsivo antirracista y anticolonialista, que le ayudará a devenir un "ser solar", ingenioso y artificioso trasunto orientalizante de los Gemelos de la Ciudad solar del tarot; tal soledad será, por otra parte, la conditio sine qua non que el joven y aún imbuido de efluvios literarios decimonónicos Cendrars se impone para llegar a una catarsis aderezada por la contemplación de lo sublime de la naturaleza desatada que le conduce al pleno compromiso con su vocación artística.
En fin, todo esto queda a beneficio de inventario, y lo más importante es que espero haber servido de ayuda a mis alumnos en este curso, que, salvo una indeseada e indeseable sorpresa de última hora ajena a mi voluntad y que ha comprometido el carácter externo que deben tener estas pruebas, ha sido una muy grata experiencia para mí.

Hasta siempre, chicos y chicas, no os olvidaré.



Imagen: Winslow Homer