MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL
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domingo, 14 de agosto de 2016

ESTRELLAS





Se habla mucho estos días de las estrellas fugaces, ese enjambre de meteoritos visibles conocidos como Perseidas. Dada la llamada contaminación lumínica de las ciudades, es necesario ir a un descampado para observarlas en su fugaz esplendor. También pueden observarse desde un barco en alta mar; ver un cielo estrellado en la casi más profunda oscuridad fue una de mis mejores experiencias de un crucero que realicé años ha. La proa estaba completamente a oscuras, con algunos escasos pasajeros sentados en hamacas contemplando ese helada negrura tachonada de miríadas de puntos luminosos de sobrecogedora belleza.
Hubo un tiempo en que me interesaba mucho por las constelaciones. Compré, pues, hace poco, los Astronomica de Manilio de la Loeb Classical Library, y sigue en la lista de espera de mis lecturas latinas, pues sigo saborendo el Lucrecio de Agustín García-Calvo. Últimamente, empero, ese decorado fijo que luce sobre mi terraza me atrae menos en su absurdamente lejana certitud. Abismáticas distancias que hacen ociosa cualquier consideración sobre visitas de OVNIs. Dice Claude Lévi-Strauss en sus Tristes Tropiques que la humanidad sólo viviría una experiencia similar a la del descubrimiento de América si se descubriera vida inteligente en algún planeta. La gran diferencia -afirma- está en que esas distancias son teóricamente superables, mientras que los hombres de Colón temían dar con la nada exterminadora. Por otra parte, C. S. Lewis en su libro Los milagros defendía que el descubrimiento de vida racional en otro planeta no invalidaría el principio de la Redención: sólo probaría, en su opinión, que la Providencia divina habría dispuesto de otra forma de Salvación para estos seres. Retruécanos del ingenio o no, ese tan deseado giro copernicano de la humanidad no le serviría de mucho a un planeta tan alejado en siderales años-luz de cualquier posibilidad de contacto, dejándonos durante siglos aún en nuestra prístina deriva solitaria, enamorados, a la par que hastiados, de nosotros mismos y de nuestra angustia exploradora.





Imagen: Joseph Cornell, 01954, vía Art Blart blog.

viernes, 25 de marzo de 2016

PULSIONES DEL FUTURO




Desde tiempos remotos el hombre sueña con prever el futuro, como un modo de controlarlo, y construirse un remedo de eternidad. así, el estudio del cielo devino ciencia del futuro. Paradójicamente, el avance de la astronomía y sus instrumentos tecnológicos nos ilustran sobre el pasado del universo a través de los fantasmas que nos llegan desde los abismáticos años-luz. Por otra parte, los primeros trabajos de electrodinámica cuantística de Feynman (01946) permitieron albergar durante breve tiempo la fantasía teórica de construir un máquina del tiempo como la imaginada por H. G. Wells que permitiría a un crononauta un viaje al pasado físicamente imposible.
A pesar de que el tiempo sea una creación cultural, como señalaba Agustín García-Calvo, el hombre se ha revuelto paradójicamente contra su destino mortal reafirmándose en conceptos como el milenarismo, convertido en una venganza contra la posteridad. Fue precisamente la superación de ese milenarismo medieval lo que abrió las puertas al optimismo temporal asociado a la idea del progreso propia de la modernidad.
En cambio, la llamada postmodernidad, caracterizada por la ideología socialdemócrata, es decir, por la banalización, vía relativación, de los valores, y la nivelación cultural de las obras del espíritu, ha extendido un cortoplacismo vital que ha traído de nuevo el catastrofismo y un espíritu de final de ciclo como inconfesada afirmación envalentonada de la propia inopia existencial.
Resultada, pues, en este sentido, gratificante la creación de organismos como la Long Now Foundation, fundada en 01996, con el objetivo de fomentar el pensamiento a largo plazo en un horizonte de 10000 años. Su hábito de colocar un 0 delante de la unidad temporal se me antoja revolucionario, pues, aparte de permitirnos no hacer referencia a la raíz religioso-cultural de nuestro cómputo temporal, nos abre a una perspectiva de vertiginosa, al par que generosa, amplitud mental (aunque la organización afirme que se trata de evitar un decamillenium bug, como el ocurrido en el año 02000).
Sea como sea, nuestra idea del futuro será siempre, como afirma Antonio García-Trevijano, una proyección del presente, que irá encadenándose al de las futuras generaciones, que seguirán cayendo como las hojas de Homero.






Ilustración: Marcel Bovis (vía blog Fantomatik)

Balilla Pratella, L'aviatore Dro, John Prine, Living in the future, Téléphone, Un autre monde, Chiara Galiazzo, Il futuro che sarà.