MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL
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domingo, 17 de junio de 2018

ELECCIONES FRANCESAS EN CÁDIZ


Una mañana esperando el autobús para ir al trabajo me sorprendí mucho al ver colgado de una farola un cartel de propaganda electoral donde un candidato se postulaba para elecciones ... en Marsella.






Para mi sorpresa no era el único, y ya empecé a flipar cuando vi que se habían cambiado los paneles indicativos de lugares cercanos. Supe luego que se trataba del atrezo para una película llamada The Rythm Section que se iba a rodar en Cádiz, y que exigía la transformación de parte del centro histórico en la ciudad de Marsella.













Lamenté entonces el hecho de que esto no fuera más que una ficción, y que los gaditanos no puedan disfrutar, como los ciudadanos de Marsella, de la posibilidad de elegir directamente a su representante en elecciones de distrito uninominal a doble vuelta, donde cada candidato acude (como puede verse en el cartel de la última fotografía) con un suplente, que le sustituye en caso de imposibilidad de mantenerse en el cargo por cualesquiera razones.


Aquí en Cádiz, en cambio, como en el resto de España, no podemos elegir directamente ni siquiera a nuestro alcalde, sino que los súbditos pueden solamente refrendar listas de partido de obediencia debida de parte de los candidatos al jefecillo de partido que les ofrece un sueldo a cargo del Estado, donde pastan los partidos de este régimen que han secuestrado la representación popular.

sábado, 13 de junio de 2015

EL ASTILLERO


En la novela homónima de J. C. Onetti el astillero es presentado como un lugar de decadencia, el espejo del pasado y del presente de la obra humana sometida al juicio de Cronos. Tal presentimiento me embargaba en la visita que hicimos al museo Navantia, sito en en la antigua factoría de los astilleros de Matagorda, cerrados en 01977, por la apertura de los nuevos astilleros de Puerto Real, y convertidos en museo no hace muchos años. Tras el recorrido en barco, durante cuya travesía pudimos admirar la obra feneciente del nuevo puente, fuimos recibidos por José María Molina, director del museo, que nos sirvió de inmejorable guía de las instalaciones. Antes de visitar el museo propiamente dicho, visitamos la capilla de la factoría, sita tras la estatua a Antonio López, fundador de los astilleros, y los comedores, y salas de los ingenieros. Esta obra, de comienzos del siglo XX y de estilo ecléctico, contiene curiosidades como una pila coronada de una concha fósil, y unos confesionarios confeccionados por las carpinterías de Matagorda, que aprovisionaban también de éstos, así como de bancos, a las iglesias de Cádiz.
Acto seguido, visitamos otra de las instalaciones remozadas, que contiene el elenco de los barcos construidos en el astillero desde su fundación, donde podían encontrarse navíos como el submarino de Peral y El Elcano.
Retrocediendo al desembarcadero pudimos observar la obra de ingenieria estrella de la factoría, el dique seco construido por Antonio López, que doblaba en calado a los ingleses de la época, y entrar en las dependencias del museo que guarda curiosidades, y elementos de la vida fabril del astillero de enorme interés. El sr. Molina nos comentó que el museo cuenta con más de 5.000 cajas de documentación del astillero de Matagorda, así como de otros astilleros españoles que fueron cerrando sus puertas al paso de la malhadada reconversión industrial iniciada en los años 80 del siglo XX. El director del museo nos fue explicando gracias a las piezas expuestas el trabajo de los ingenieros de una época en que los ordenadores eran un mero proyecto, y el cambio radical en la manera de construir barcos que se produjo a partir de 01942. En la última sala pudimos contemplar una maqueta a escala de las instalaciones, y del antiguo astillero que contaba con más de 20.000 m2, y se comentó el triste destino de la inmensa mayoría de los trabajadores de los astilleros gaditanos, cuya discontinuidad laboral, ha provocado que sean remplazados, en ocasiones, por trabajadores especializados extranjeros.
Un bello recorrido, sin duda, por un pasado que se asoma, mudo y ominoso, a una bahía, cuyo futuro ignoto se diluye en los bellos perfiles de la ciudad volcada al mar.