MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL
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domingo, 21 de octubre de 2018

LITERATURA CIPOTUDA





Recientemente leía en el digital El Español la siguiente noticia sobre el Festival Eñe, que en su décima edición se celebra el próximo noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: "El Festival Eñe ya no es cipotudo: ahora reinan mujeres y gays". La autora de tal artículo, Lorena G. Maldonado, se felicitaba de que "El Festival Eñe -la gran fiesta de la literatura- ya no es cipotudo: esa fue la gran crítica que se le hizo al evento en su pasada edición, que en plena explosión del movimiento feminista volvió a apostar por el hombre hetero como sujeto literario para copar su cartel (masculino en un 80%). A pesar de la brillantez y la trayectoria de los autores que asistieron, no dejaba de resultar curiosa la sordera de la organización ante la reivindicación de las creadoras, ante su deseo de dejar de ser ignoradas. Sin ellas, los lectores pierden la mitad de la mirada ante la vida".

En consonancia con esto, el director del Festival afirma que en esta edición el Festival cuenta con "una representación mucho más ecuánime del mundo", con un 55% de hombres, que permitirá hablar de la vida: "de barrios, de lesbianas, de feminismo, de qué es ser de izquierdas hoy, entre otras muchas cosas". El director -cuyo nombre ahorro por vergüenza ajena- se queja asimismo de la falta de paridad en las publicaciones editoriales, signo de desigualdad que empieza ya por el número de manuscritos recibidos en las editoriales, y en lo tocante a la ideología señala que "La literatura ayuda a entender el mundo, a no ser tan tajante en algunas decisiones… y a compadecer y conmoverte ante el dolor, que es lo único que es políticamente útil”, reflexiona. Pero la cultura de España ¿es de izquierdas? “Sí. No sólo es de izquierdas en España, sino que la cultura en general es de izquierdas. Y creo que España es de izquierdas, que lo sigue siendo, a pesar de que en los últimos años se hayan producido confusiones demoscópicas y electorales. España es un país de izquierdas todavía y mi generación, hasta que muera, lo seguirá siendo por razones históricas”, sostiene. “La izquierda y la empatía tienen mucho más que ver que la derecha y la empatía."

Lo único interesante de este penoso artículo y de las declaraciones del director del evento exliterario es lo revelador que resulta de cómo la ideología socialdemocrata, al servicio de la partidocracia, en sus variadas manifestaciones (ideología de género, feminismo misándrico, y corrección política) se pretende apoderar de una manifestación artística como la literatura, en la que han destacado hombres y mujeres -cierto que en menor número- a lo largo de la historia (Puede señalarse que en otras artes como la pintura o la música la brecha parece aún mayor). 

Por una parte, creo que les hubiera resultado extremadamente chocante a escritoras como Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro comprobar que se establece una cuota de participación en un congreso literario por los atributos sexuales del artista, y no sólo esto, sino también en relación inversamente proporcional al tamaño de éstos; en efecto, se desdeña la participación de escritores "cipotudos", es decir, los dotados de un buen "cipote" al modo del "cipote de Archidona" celiano, con lo que la autora del artículo se amolda a la vulgaridad rijosa del Nobelado autor gallego, espejo en su tiempo de un machismo desacomplejado. Contradicciones del feminismo de cuota.

Por otro lado, el director del Festival, cuya expresión escrita espero que no sea tan anacolútica como la oral, nos descubre, en sus declaraciones, que la literatura sirve, según él, para fomentar el relativismo -tan opuesto a la vieja ortodoxia marxista- paralizante en lo intelectual y lo moral, que desemboca necesariamente en un sentimentalismo irreflexivo y fácilmente manipulable desde los poderes estatales. "Conmoverte ante el dolor, que es lo único que es políticamente útil", dice, pero, ¿útil para quién?; pues, sin duda, para esa "izquierda" que identifica con la "cultura", términos que no alcanza a precisar, sino a repetir como un mantra de su indigencia intelectual. Esa "izquierda" que aparece en su balbuciente discurso no es más que la falsa izquierda de la partidocracia actual -a la que el director pide, cómo no, más subvenciones para una próxima edición-; izquierda aliada de la clase reinante económico-financiera, que ha eliminado a los parados de sus discursos, y que pretende vestir falsos ropajes de progresismo para ocultar que lo único que le interesa es perpetuar sus intereses oligárquicos tras haberse apoderado e identificado con el Estado.



Imagen: Manfred Hirzel

sábado, 17 de junio de 2017

¿ESPAÑOL LATINO O ESPAÑOL CASTELLANO?




En Youtube puede encontrarse vídeos con la advertencia "español latino", por hispanoamericano, o "español castellano", para indicar que se trata del español peninsular. Ambas denominaciones me parecen detestables, por imprecisas y por racistas.

Hace unos días quería poner a mis alumnos uno de esos vídeos y algunos dijeron que no lo querían ver en "español latino". Aquello me sulfuró, y les dije que ese acento que desprecian y que les resulta irrisorio, será el del español que se enseñará en el futuro en el mundo (De hecho, México, con sus 50 millones de habitantes, se afirma como modelo de tal español). Luego pensé que podría haberles dicho que es también el acento de muchos héroes que han luchado y luchan cotidianamente contra la tiranía y el crimen organizado (como ahora en Cuba, Venezuela, y otros países hermanos), y viven situaciones en las que mucha gente de aquí se cagaría literalmente de miedo. Pero aquello era ya a toro pasado, como el esprit d'escalier francés.

Por un lado, puede afirmarse que la denominación "español latino" proviene de la rechazable para mí (aunque la recoja la RAE) "Latinoamérica", término racista con la que los norteamericanos se quieren diferenciar de todos los hispanoamericanos e iberoamericanos, y que le hace pensar a uno en cuatro tipejos "fumaos" cantando "reguetón". Es, por otra parte, un término que goza de gran predicamento en la España actual, donde lo hispano resulta un anatema frente a la tiranía del sometimiento políticamente correcto a la oligarquía política nacional-estatalista periférica.

Es ese sometimiento el que está en el origen, por otro lado, del monstruoso término "español castellano". El castellano, como le digo a mis alumnos, es la lengua que se hablaba en la vieja Castilla, y el español es la lengua que se habla en todas partes. A nadie se le ocurre, por ejemplo, llamar hoy en día toscano al italiano porque hubiera nacido en esa región. En España, empero, es esa tiranía la que obliga en todas partes a hablar de "castellano", a no usar los topónimos "La Coruña", "Lérida", "Vizcaya", "País Vasco" o "Vascongadas", y a que los alumnos aprendan "lengua castellana", como si lo hicieran con los textos del Arcipreste de Hita.


Imagen: Francisco Mata.

viernes, 11 de noviembre de 2016

LECCIONES DE EE.UU.




Este cuadro de 02008 de la pintora británica Dawn Mellor titulado "Hillary" parece premonitorio del destino de la candidata del partido demócrata, así como un reflejo de su espejo de Dorian Gray particular. Frente a otras obras de la artista donde retrata a celebridades, cuyos retratos deforma a posteriori con añadidos grafiteros, en este caso la deformidad del retrato es directa. Los ojos saltones de la político resaltan en su cara hinchada y terrosa de maquillaje, y su desconcierto ante el agua que le sube al cuello resulta acentuado por el gesto de su mano en la nuca.
El triunfo de la candidata del établissement político-económico y de la intelligentsia progresista se daba obligatoriamente por descontado desde la práctica unanimidad del conglomerado mediático frente al zafio aventurero y oportunista Trump. Su fracaso clamoroso ha sido, en cambio, el de lo políticamente correcto como vehículo intelectual de unas élites pseudoizquierdistas cristalizadas en una clase política que, aliada como la derecha con la oligarquía económico-financiera, se ha alejado de la sociedad civil que afirma representar, identificándose por compensación con la defensa de unos valores, los de la socialdemocracia relativista, que no han calado sin duda en el pueblo llano norteamericano. No ha habido, pues, un voto femenino, ni hispano, ni negro, ni musulmán, como complacería al comunitarismo preciado por esas élites que querrían así administar la disolución de un sentimiento nacional en este identitarismo de minorías que aseguraría su poder in aeternum. Y todo eso frente al proclamado machista, racista, e incluso fascista Trump.
Así, en España todos los medios se rasgan las vestiduras con el monstruo Trump. Sus tertulianos, los del credo ut intelligam, dudan del futuro de la democracia norteamericana, mientras rehúsan ver la falta de democracia que existe en nuestro país, una monarquía de partidos en la que no hay separación de poderes ni representación política, secuestrada al modo fascista por los partidos de una oligarquía que nada en la ciénaga de la corrupción incontrolable.



Imagen vía Weimar art blog


domingo, 12 de octubre de 2014

VIRULENCIA PARTITOCRÁTICA



La crisis del Ébola en España es una muestra del nefasto funcionamiento para la sociedad del Estado partitocrático, y que cualquier funcionario puede ver reflejado sin sorprenderse en su sector de la administración. Así, igual que se ha pretendido descargar en el cuerpo sanitario la responsabilidad de cuidar de unos enfermos repatriados de esta enfermedad sin contar con los medios ni la formación adecuada, al cuerpo profesoral se le carga con la tarea de hacerse cargo de programas internacionales sin tener medios ni formación adecuada. Se cuenta para ello con los mismos profesionales que imparten la enseñanza ordinaria, a los que se les proporciona ni medios adicionales ni la formación específica precisa en tiempo y espacio; es más, pueden sufrir la reducción cicatera de estos recursos, sin que los altos cargos políticos de la Administración renuncien a los objetivos de prestigio propio que se han propuesto, siempre dispuestos a descargar la responsabilidad de lo que ocurra en los funcionarios que están a pie de obra, con el chantaje mafioso de que "serán entre ustedes que evaluarán los resultados de su trabajo". Por ende, el reconocimiento a estos funcionarios de base no vendrá de la Administración partitocrática, que los trata como meros subalternos de los que desconfía, por haber accedido al Estado por principios de mérito y capacidad. De tal suerte, vemos que se ha descargado la responsabilidad del contagio a la persona infectada, que debía haber recibido una formación de entre 30 y 60 horas en vez de un cursillo de media hora sobre el traje protector -inadecuado por ende para el nivel de riesgo-, recibir una ducha desinfectante y contar con ayuda de otra persona a la hora de quitarse dicho traje, del que tuvo, en cambio, que despojarse ella sola sin ninguna medida profiláctica previa.
Ocurre en ocasiones que en sectores de la Administración que tienen contacto con la población y cierto contenido vocacional, como la sanidad o la enseñanza, el funcionario se acostumbra a estos abusos por cierto sentido de fatalismo, en el que no se sabe muy bien dónde termina el heroismo y empieza el sometimiento voluntario. Pero esta realidad humana no hace sino resaltar la brutal brecha existente entre los grados inferiores de la administración del Estado y los superiores, los cuadros partitocráticos, dotados de un agudo sentido de casta. Así, el Consejero de Sanidad de la Comunidad implicada se permite hacer declaraciones de una repulsiva inhumanidad, que él ya no siente, anestesiado moralmente como está después de décadas de pertenencia a la casta política partitocrática, costra incrustada en el Estado, del que forma parte y monopoliza. La soberbia desmedida de individuos como éste actúa como efecto del autoengaño compensatorio de la conciencia reprimida de pertenecer a una oligarquía parasitaria de la sociedad civil, a la que explota y, en el fondo, desprecia.




Ilustración: Goya, Murió la Verdad, "Los desastres de la guerra". 

sábado, 22 de febrero de 2014

ALIAS CARACALLA




Ayer tuve la suerte de ver en TV5 la primera parte de un telefilm llamado Alias Caracalla, basado en la obra homónima autobiográfica de Daniel Cordier (n. 1920). Joven militante de Action française con 17 años, es, al comienzo de la guerra, acérrimo partidario de Charles Maurras, filofascista, antisemita, anticomunista y ultranacionalista. A pesar de su militancia de extrema derecha, su profunda pasión por la verdad y un insobornable patriotismo le impiden caer en el colaboracionismo, al contrario que Maurras, rechazando el armisticio de Pétain, e intentando pasar a África del Norte. Su barco, no obstante, es obligado a desviarse a Inglaterra, donde se une a las fuerzas de la Francia Libre. En 1942 es lanzado en paracaídas sobre Francia, y llega a convertirse en secretario del mítico líder de la Resistencia interior, el republicano Jean Moulin, cuyo ejemplo le hará evolucionar hacia posturas de izquierda. Después de la guerra, se convierte en pintor y marchante de arte, y hacia los años 70 produce una magna obra histórica reivindicativa de Jean Moulin, frente a ciertos ataques y críticas de la época.
El telefilm recoge los hitos principales de esta etapa de la biografía de Cordier, presentándolo como un joven entusiasta e idealista, ingenuo en la exposición de su ideología radical (sorprende verlo sorprenderse sinceramente, tras su primer encuentro con Moulin, de que éste considerara que Dreyfuss era inocente, lo que no empece que el joven confiese la admiración inmediata que le ha suscitado el izquierdista), que le lleva a disputas con compañeros de armas como Stéphane Hessel, aunque siempre dispuesto a la reflexión y al análisis. Su homosexualidad es tratada de modo tangencial, sobre la que el nonagenario aunque activo Cordier tratará en un segundo volumen de sus memorias.
La tensión en la película no es creada por escenas de acción prototípicas, sino de modo sutil, como la manera rápida, nerviosa y firme del joven protagonista de atravesar las traboules del viejo Lyon y de visitar sus pequeños restaurantes tradicionales, constantemente pendiente de todo alrededor. Entonces pensé que Francia es eso: algo viejo y digno, y que esa es una de las razones por las que amo a ese país. Tan distinta su realidad a la de la España actual, que se niega a sí misma y se quiere de anteayer. Una de las culpas mayores de la casta política partitocrática es, como señala Antonio García-Trevijano, haber arruinado la conciencia nacional por sus intereses de clase, materializados en el Estado de las Autonomías que sirvió como imponente agencia de colocación de sus cachorros (sólo tendría sentido restituir aquellas autonomías que fueron eliminadas por la fuerza de las armas). Se dice que un crimen se borra con otro mayor, y vemos cómo la casta política nacionalista se lanza a la aventura independentista en la esperanza de tener un régimen propio en el que ocultar y eternizar su inmensa corrupción. Se repiten, ahora bien, los mantras del consenso y de la reconciliación, prueba de fuego de la corrupción que quieren sellar las oligarquías de distinto pelaje que la propugnan, y que ha hecho, por ejemplo, del franquismo una nebulosa indefinida de maldad, en la que no se quiere profundizar para no mostrar que el régimen actual no es más que una mera continuación de aquél, antidemocrático, sin separación de poderes, sino mera división de funciones del poder, y no representativo de los ciudadanos, secuestrados en su representatividad por unos partidos estatales que cumplen la misión, propia del fascismo, de integrar a las masas en el Estado, ahogando a la sociedad civil, de la que deberían haber surgido. Y todo eso sancionado por el indigno personaje que ostenta la corona, heredero de Franco y traidor a todos a sus juramentos, sólo preocupado por su fortuna y sus placeres, y del que el ojalá fallido heredero se está mostrando únicamente como un pelele sin carácter ni dignidad.


sábado, 14 de diciembre de 2013

DE LA GRAVEDAD ESPAÑOLA




"Nous devînmes véritablement amis sans que ce sentiment prît chez le duc aucun caractère de protection ni chez moi quelque teinte d'infériorité. L'on reproche aux Espagnols une certaine gravité qu'ils mettent dans leurs manières, mais c'est pourtant en évitant la familiarité que nous savons être fiers sans orgueil et respectueux avec noblesse" J. POTOCKI, Manuscrit trouvé à Saragosse (version de 1804), ed. de F. Rosset et D. Triaire, p. 464.

"Nos volvimos realmente amigos, sin que ese sentimiento adquiriera en el duque ningún carácter de protección ni en mí ningún viso de inferioridad. Se reprocha a los españoles una cierta gravedad que introducen en sus maneras, pero, justamente al evitar la familiaridad, sabemos ser orgullosos sin soberbia, y respetuosos con nobleza".

Esta imagen tradicional de la gravedad española que da el conde Potocki, del que es sabido que sitúa su obra en una mágica Sierra Morena del siglo XVII, y que él mismo viajó por España, fue estudiada por la crítica alemana del s. XIX interesada por Calderón de la Barca y el Siglo de Oro.
No obstante, esta gravedad tópica es revisada desde un punto de vista negativa en una obra fundamental de la literatura alemana del s. XX, La montaña mágica de T. Mann (1922), que retrata la sociedad centroeuropea de vísperas de la primera guerra mundial:

"En fin... España estaba igual de lejos que el Cáucaso del centro humanista... ¡pero en la dirección opuesta! No hacia el extremo más laxo, sino hacia el más rígido; España no era ausencia de forma, sino exceso de forma; la muerte considerada como forma, por así decirlo... Allí la muerte no era sinónimo de liberación, sino de rigor absoluto... Negro riguroso, honor y sangre, la Inquisición, la gola almidonada, Ignacio de Loyola, El Escorial..." (ibidem, trad. de Isabel García Adánez).

Este tópico literario ha sucumbido casi totalmente al tópico popular septentrional actual que ve en los españoles un pueblo festivo, juerguista e indolente, imagen asociada a lo "latino". Estimo que ha contribuido a esta perspectiva la cultura socialdemócrata impuesta desde la llamada Transición. Así, si se vuelve al texto inicial de Potocki, se observa que esa reserva de trato tiene su sentido en la vida social, al asegurar, por ejemplo, a una persona en desventaja concreta frente al superior jerárquico en el trabajo, que la distancia respetuosa que marca el "Usted" le permite, de modo aparentemente paradójico desde los parámetros actuales, exigir con naturalidad y energía sus derechos y reclamar respeto, frente a la exigencia del tuteo que le suelen hacer esos mismos superiores, y que actúa como paralizante moral, e instrumento de manipulación del jefe, que con esa falsa familiaridad realiza un chantaje moral sobre el subordinado, al que, si vuelve a tratar de usted al superior, se le acusará de pérdida de confianza.
El tuteo, pues, que se ha extendido por todas las capas sociales, esa falsa familiaridad que busca una complicidad indefinida e incondicional, es inconcebible en una sociedad de tradición democrática cimentada como la francesa. Esa campechanería despreocupada que pretende inundar el trato social español basado en el tuteo -que se presenta incluso como rasgo del carácter del Jefe del Estado- es también propia de la corrupción político-económica y moral que se siente impune en nuestra partitocracia, y que se ofrece como modelo al conjunto de la sociedad -cuius regio, eius religio-. Así, el camarero te tutea, el tendero te tutea, los alumnos te tutean, tu jefe te tutea, es decir, todos lo que quieren conseguir algo de tí. Esperan que "te enrolles", que no protestes, porque "eres colega, enrollao", que los apruebes sin exigirles que trabajen y estudien, que sean responsables, de acuerdo con esa pedagogía de la frivolidad y del igualitarismo ramplón de la que habla G. Luri, impuesta por decreto.



Ilustración: OPS

lunes, 2 de diciembre de 2013

23-F



D. Antonio García-Trevijano y D. Diego Camacho, capitán del CESID en la época, hablan sobre Alfonso Armada y el 23-F



martes, 20 de agosto de 2013

CRISIS DE RÉGIMEN


Las últimas noticias de la actualidad política parecen confirmar de modo creciente la impresión de que nos hallamos en un período de fin de régimen; desafortunadamente, en la historia de España es patente que los regímenes se enquistan durante décadas, y a su final no suele ser extraña la violencia, o un gran perjuicio para el pueblo. Es, pues, en este punto interesante detenerse en la distinción que hace el politólogo español García-Trevijano entre lo político y la política; lo político para él es lo público, lo del Estado, mientras que la política es lo perteneciente al gobierno. Así, el consenso, base intelectual del actual Estado de Partidos o Partitocracia, asegura el no traer a la política asuntos como la corrupción o la situación económica desesperada de la gente.
Y es que la corrupción política es causa mayor de la ruina de la población; de tal suerte que, cuando se propone desde instancias financieras internacionales y europeas reducir un 10% los salarios, se obvia siempre, aparte de rechazar esta barbaridad abusiva, que la crisis y su manifestación más sangrante, el paro, tendrían pronto alivio si se libraran a la economía productiva los 100.000 millones de euros que cuesta el Estado de las Autonomías (manteniendo las que sí lo han sido históricamente, y fueron eliminadas por la fuerza de las armas, Cataluña y País Vasco), creado por el Sucesor de Franco y sus nuevos partidos estatales para asegurar cargos y prebendas a su clientela, que no ha hecho más que crecer (resulta, en este aspecto, muy sintomático el que el gasto de las CC AA se haya disparado un 20% durante la crisis, en vez de reducirse en proporción, al menos, a los sacrificios fiscales y salariales que se les exige a los españoles); ha sido, por otra parte, un gran éxito de la casta política el derivar parte del disgusto larvado de la gente respecto al sistema hacia la clase funcionarial, de la que los políticos y sus sindicatos neoverticales desconfían por sus principios constitutivos de mérito y capacidad, totalmente ajenos a su esencia corrupta y clientelista.
Dicho afán de crear división y tensiones ha sido una constante del régimen actual, como modo de ocultar sus miserias (véase muy recientemente el conflicto de Gibraltar, que, a pesar de evidentes motivos para ello, es ahora cuando se reactiva como cortina de humo ante la corrupción y la crisis económica); pero, mientras que en la sociedad civil sí existe derecha e izquierda, en los partidos políticos -que deberían constituir la sociedad política, entendida como intermediario entre la sociedad civil y el estado, pero que son estatales, pues viven de él y con él se identifican-, sólo hay socialdemocracia, que ha engañado durante muchos decenios a la gente con su siniestro señuelo del Estado del Bienestar; en cambio, cuando las cañas se tornan lanzas, por haber favorecido aquélla la conversión de la economía productiva en financiera, creando deuda para sostener el mastodonte presuntamente benéfico, no tiene empacho en cargar el peso del esfuerzo económico sobre los hombros de los ciudadanos (perdón, súbditos); cualquier cosa, pues, antes que la casta política recorte sus privilegios y gabelas así como los de los grupos financieros y empresariales oligopólicos de los que van de la mano (ha sido muy triste comprobar una vez más esto con el golpe de gracia dado al autoconsumo eléctrico vía energía solar en beneficio del oligopolio eléctrico). El Estado, en suma, está asumiendo su verdadero rostro de enemigo de gran parte de la gente, y es evidente que su reforma no va a surgir ni de la Monarquía, espejo de corrupciones, ni de los partidos estatales que viven de él, sino de un proceso de libertad constituyente que traiga un régimen auténticamente representativo y una democracia formal que, con sus reglas de juego de control mutuo entre poderes, ponga coto a tantos abusos.


Ilustración: Jorge Galindo y Santiago Sierra, "Los encargados".

sábado, 22 de junio de 2013

LA CORRUPCIÓN COMO FACTOR DE GOBIERNO


Decía Aristóteles, escribiendo sobre las formas de gobierno, que la dictadura degenera en oligarquía; ésta posee dos virtudes, una moral, la tolerancia -frente al respeto, virtud de la democracia (pues el que tolera a otro lo hace desde un sentimiento de superioridad)-, y otra intelectual, el consenso, que asegura la coexistencia de las castas dominantes -frente al juego de mayorías y minorías propio de la democracia. De tal suerte, la sociedad española desde la época de la Transición se ha preciado de ser tolerante, y tanto en la esfera pública como en la privada hay un sincero afán por llegar a consensos -del que no se excluye últimamente ni al fascismo -cómo no, nacionalista- terrorista-; todo ello son elementos de la hegemonía cultural impuesta por la Oligarquía neofranquista que rige nuestros destinos (pues, al igual que en el Franquismo o en cualquiera otra dictadura no existe control sobre el poder ejecutivo); con la salvedad, como señala Antonio García-Trevijano, de que el Franquismo no necesitaba de la corrupción como factor de gobierno a diferencia del Régimen actual. La Transición, pues, fue un proceso destinado a la supervivencia del Régimen franquista, con su Sucesor a la cabeza, integrando en éste a los partidos de la oposición; para ello se creó, primero, un sistema electoral proporcional de listas -dando igual que sean abiertas o cerradas desde el momento en que los múltiples candidatos no representan al elector sino al jefe del partido que los coloca en aquéllas- que otorga el poder alternativamente a unos partidos estatales, que no cumplen su función de intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, su enemigo natural, sino que forman parte de Éste y a éste defienden pues es quien los subvenciona -es un hecho inaudito en cualquier Constitución que se establezca en ella el sistema electoral, con el fin de blindarlo, como en la del 78, ajena por ende que fue a un proceso constituyente-; luego, se habilitó un entramado institucional, el Estado de las Autonomías, no destinado a descentralizar o desconcentrar la Administración, sino a multiplicarlo en torno a 17 centros, para colocar a los cuadros de los partidos y a sus henchidas clientelas. De tal manera que el partido que accede al poder en España, cumpliendo con su función de integrar a las masas en el Estado como preconizan los totalitarismos, cuenta con el ejecutivo y con el control del poder legislativo y de los órganos de poder de los jueces, a cuyos miembros se ha arrogado, con el consenso de las otras fuerzas mayoritarias, el poder de elegir. Sin representatividad ni separación de poderes, que garantiza la fiscalización del poder, la corrupción es el carburante del sistema, que a todos sus beneficiarios mantiene contentos, generándoles privilegios a los que no están dispuestos a renunciar, a costa de exprimir y explotar a la sociedad civil hasta lo insoportable de acuerdo con su espíritu de casta política, egoísta y cerrado, e indiferente, por tanto, a su responsabilidad suma en la ruina económica, educativa, cultural y moral de nuestra desorientada sociedad.
Parece por recientes encuestas que la corrupción ha pasado a ser la primera preocupación de los españoles; en tal caso, resulta sintomática la de la Casa Real, que no es para nada casual, pues es la clave de bóveda del sistema, como demuestra el hecho de que los poderes del Estado se lancen de una manera desvergonzada a ocultarla o minimizarla llegando al esperpento, como en el caso reciente de las presuntas propiedades de una las Infantas, en el que la actuación de Hacienda resulta extravagante, pues su brazo, como es sabido, es de hierro con cualquier otro ciudadano que no declare o declare incorrectamente el aumento de su renta.
Ante tales situaciones el ciudadano (en nuestro caso, súbditos de una Monarquía corrupta y degenerada, garante de este Estado de Partidos) se queda descorazonado, y frente a las actitudes serviles y cortesanas de muchos medios de comunicación siente la tentación de un ostracismo interior ilustrado, con el convencimiento de que votar en un sistema como éste es corromperse y contribuir a la corrupción. La única manera pacífica, pues, de socavar este régimen es la abstención activa, que acelerará su desligitimación, que es también la de la socialdemocracia surgida en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la cristalización de sus élites, en palabras de Giovanni Pareto.


Ilustración: OPS

sábado, 2 de marzo de 2013

PARALELISMOS HISTÓRICOS


Escuchaba ayer a Antonio García-Trevijano en un programa dedicado al 23-F trazar unos curiosos paralelismos históricos entre ciertos episodios de la Revolución Francesa y el fallido golpe de estado de 1981. Recordaba el politólogo español que la fracasada huida del rey Luis XVI, detenido en Varennes en junio de 1791, lo que le suponía en virtud de un decreto de la Asamblea de marzo previo la pérdida de sus poderes reales, fue disimulada por los diputados de dicha Asamblea, que perderían consecuentemente sus diputaciones y estatus, en un secuestro, paradójicamente realizado por los mismos monárquicos acérrimos que formaban el numeroso séquito real en su fuga. Llegaron, así pues, las dos partes a un pacto secreto, por el que los diputados no revelarían al pueblo la felonía del rey, y éste aceptaría renunciar a su derecho de veto constitucional y a sancionar el fin de los privilegios feudales. Fue la posterior aprobación de la inviolabilidad de la persona real, la que provocó la división de los jacobinos, de los que una parte, en la que descollaba Condorcet, abogó claramente por la institución de la república, y fueron subsiguientemente represaliados. Éste fue, según el historiador François-Auguste Mignet, el comienzo de una segunda fase en la Revolución, que, a diferencia de la primera que había consistido en la revuelta de las clases medias contra la aristocracia, radicó en la insurrección del pueblo contra las clases dirigentes, encarnadas en los políticos profesionales de la Asamblea y el Rey. Posteriormente, al ser descubiertas las intrigas reales para acabar con la revolución favoreciendo la invasión de tropas absolutistas extranjeras, fueron esos mismos diputados que habían, primero, ocultado la huida del monarca, y, luego votado su inviolabilidad, como el propio Robespierre, los que se apresuraron a condenarle a muerte, pues se verían comprometidos en su caída, mientras que los que votaron en contra de dicha inviolabilidad, se limitaron a pedir su destierro.
Según García-Trevijano, quien dice basarse en el testimonio de Sabino Fernández Campo, el golpe habría sido promovido por el propio rey, quien deseaba formar un gobierno de concentración nacional, dada la escalada terrorista y la incapacidad de Suárez para resolver la crisis, presidido por el general Armada, y en el que entrarían miembros de las fuerzas políticas, incluidas el PSOE, quien habría dado su aprobación al proyecto. Fue, en cambio, la precipitación del coronel Tejero, quien no habría aceptado la participación del PSOE en el gobierno, lo que hizo dar la vuelta a la tortilla, y que se acabara presentando al propio soberano como víctima de los acontecimientos, igual que en Varennes. Asimismo, la inviolabilidad real recogida en la constitución de 1978, incompatible según García-Trevijano con las reglas de una democracia, demuestra, en paralelo con la aprobada para Luis XVI, la corrupción e indignidad de una clase política, constituida en casta privilegiada bajo el manto protector del rey, -que se siente más legitimado, frente a su condición de sucesor consentido de Franco, instaurador de una nueva monarquía que se saltó el principio de sucesión dinástica encarnado por el padre de Juan Carlos-, al apoyarse en gobiernos de presunta izquierda, como el PSOE, quien será el primero en pedir su abdicación, por ser de los más comprometidos con el régimen actual. La situación presente, en fin, se asemeja a la de la segunda fase revolucionaria señalada por Mignet, en la que el pueblo es cada vez más consciente de la corrupción de la actual monarquía de partidos.
Sea como fuere, produce estupor, antesala de la indignación, la constatación de la corrupción de la Casa Real, y el inmenso egoísmo del indigno personaje que ostenta la corona, dedicado a patrocinar el régimen antidemocrático y corrupto de la partitocracia, y sus tentáculos autonómicos, a cambio de que se le haya dejado hacer con sus negocios privados (el New York Times le atribuyó recientemente una fortuna personal de 2.300 millones de dólares, sin que nadie lo haya desmentido), sus amistades peligrosas, y sus amantes.
Por tanto, para mí que he creído mucho tiempo que la constitución era garante de nuestras libertades, que la monarquía era una garantía de estabilidad, y que había partidos mejores que otros, es evidente que seguir votando en este sistema actual es corromperse, y que es necesaria la apertura de un proceso constituyente, que desemboque en una república presidencialista, sustentada en la representatividad real de los ciudadanos, basada no en el sistema proporcional de listas abiertas o cerradas fijadas por los jefes de los partidos estatales, sino en la elección de diputado uninominal a doble vuelta en pequeño distrito, y en una auténtica separación de poderes, es decir, en una verdadera democracia.

sábado, 22 de septiembre de 2012

EL BENEFICIO DE UNO ES DAÑO DE OTRO


Le profit de l'un est dommage de l'autre, es el título del capítulo 22 del libro I de los Essais de Michel de Montaigne, donde esboza este idea, tomando ejemplos de distintas profesiones y clases sociales; cualquier beneficio en la esfera de lo personal o de lo profesional se realiza a expensas de otro. La veracidad de esta afirmación resulta especialmente sangrante en el terreno de la política, que es la síntesis de todo.
Recibo, en este sentido, la noticia de que a los funcionarios nos costará dinero de nuestra nómina la llamada enfermedad de corte duración; los derechos laborales parecen retroceder rápidamente a la altura del s. XIX, aunque esto probablemente no será más que un juego de niños cuando advenga el segundo rescate. No oigo, sin embargo, que la clase política se vaya a aplicar la misma medida, cuando los diputados varios, y concejales no acudan a su puesto de trabajo, o que vayan a renunciar a sus pagas extraordinarias, extremo que se ha confirmado taxativamente en el gobierno de Murcia; ni tampoco regresan a su puesto de trabajo los liberados sindicales, aunque, por ejemplo, digan que en la Universidad no hay dinero para pagar a los alumnos acogidos al programa Erasmus: será que quieren tener comprado el silencio de aquéllos para futuros desmanes, y que sigan funcionando los sindicatos mayoritarios como la administración paralela y parasitaria que son. Es, en mi opinión, un ejemplo más de la distancia que separa a la casta política de la ciudadanía, y del fracaso que ha supuesto la partitocracia en todos los terrenos, democrático, institucional, económico, educativo, y social.
La democracia representativa no existe en nuestro país, ni tampoco la separación de poderes, limitada a una mera separación de funciones como bajo el franquismo, características necesarias para la constitución de una democracia formal. Nuestra Constitución del 78 consagra a los partidos como intermediadores entre la sociedad civil y el Estado, de un modo no muy diferente a como el fascismo y el comunismo concebían al Partido como un medio de integrar a las masas en su Estado totalitario. Se coarta así la pluralidad social, y la libertad de pensamiento con la mordaza añadida y falsamente panaceica del "consenso", o acuerdo entre las fuerzas políticas dominantes que se plantea poco más o menos que como nuevas Tablas de la Ley. Estos partidos resultan, además, de carácter estatal, son subvencionados por el Estado y a él se deben, y con él se identifican frente a la sociedad civil, que yace inerme y engañada. No es de extrañar, pues, que los sucesivos gobiernos, todos socialdemócratas -en el sentido de tener al Estado como Dios, aunque usen un diferente lenguaje político escorado tendenciosamente sea a la derecha, sea a la izquierda- aprieten y apretarán las tuercas a funcionarios, pensionistas y ciudadanos en general, antes de tocar un pelo a sus privilegios económicos, y a la estructura elefantiásica del Estado que asegura la extensión de su corrupta red clientelar de colocación de afines, como hacía el antiguo caciquismo, llamado ahora nacionalismo; el Estado aumenta, por consiguiente, su poder y omnipresencia recortando las libertades de los ciudadanos -en nuestro caso súbditos del máximo valedor de este sistema corrupto-, de un modo tan efectivo como reduciendo su renta real con las subidas abusivas de impuestos.
El sistema de listas hace que los diputados no se deban a sus electores sino al jefe del partido de turno que los pone a dedo en su puesto, y es al que deben obediencia. El elector, pues, carece de una libertad política efectiva, y no está representado por el diputado, a diferencia de otros sistemas como el francés de elección uninominal de diputado por pequeño distrito a doble vuelta, que asegura que éste represente convencionalmente a la totalidad del electorado. Frente a esta situación, se plantan movimientos como el del 15-M, que piden una democracia real, o deliberativa en la terminología de Habermas, de caracter asambleario, lo que resulta un imposible en las sociedades modernas, y que sólo era aplicable en pequeñas ciudades como la Atenas antigua. Esa es una de las razones de su fracaso, aparte de su inoperancia intelectual.
La abstención activa, y la reactivación de la sociedad civil parecen los únicos medios posibles, lo cual no significa que sean probables, de empezar a cambiar este estado de cosas tan negativo para todos.

martes, 3 de agosto de 2010

EDUCACIÓN PROGRESISTA Y DEMOCRÁTICA

"La Reforma Educativa de 1990 -puesta en marcha mucho antes de tal fecha, no por solicitudes de adhesión, como solía decirse, sino en la mayor parte de los casos por imposiciones puras y netas- reunía grandes ventajas: cumplía con el requisito Comunitario de generalizar la enseñanza obligatoria y gratuita hasta los dieciséis años, facilitaba grandemente la manipulación partidista de la cultura y ofrecía a la galería y al consumo interno de los correligionarios revolución sin revoluciones, igualitarismo, asistencia social, aparcamiento juvenil y diploma automático. Se trató de un gran fraude que carecía de fondos específicos y desviaba la atención de enriquecimientos súbitos, negocios turbios y gestiones ruinosas. En ella tenían promoción y acomodo clientelas no precisamente caracterizadas por su formación, valía intelectual, espíritu crítico ni respeto por el saber. El diseño no se presentó, naturalmente, entre sus fieles como un desguace y reparto del sistema anterior; se cubrió el andamiaje de clichés verbales de inevitable adhesión, pero, sin la oferta de puestos a la clientela del Partido y a sus dos sindicatos, la Gran Reforma no hubiera existido jamás [...] Debe mantenerse blindada, sin concesiones ni fisuras, por un silogismo simple: es igual a defensa de la enseñanza pública, igual a progresismo, igual a socialismo y, por lo tanto, inatacable.
[...] Dice mucho de la perversidad (o estupidez; no son incompatibles) sectaria del revolucionario de nómina y prudente distancia del socialismo real que se haya llegado a sacrificar a una juventud, entre la que pueden encontrarse los propios hijos, dándoles el más envenenado de los regalos: la cultura de víctima, de perpetuo asistido en un sistema en el que sólo cabe enorgullecerse de la existencia marginal, interpretar el mundo en términos que siempre exculpan al individuo y culpan al sistema y mirar con desdeñosa envidia las naciones fuertes y el progreso ajeno.
Mucho peor que la ignorancia es el hecho del adiestramiento negativo en el que claramente han sido formados los jóvenes durante su etapa anterior [la Primaria]  y que se materializa en la agresiva imposición de la infancia prolongada y en el rechazo, o en el uso activo del acoso y de la violencia, contra el profesor del nuevo nivel [...] Es un alumno que sabe pocas cosas  pero que, como es natural, conoce a la perfección las que conciernen a sus intereses inmediatos. Y éstos se resumen en la resistencia a unas aulas en las que pasan, por obligación, más de seis horas diarias, de las que esperan distracción y la tibieza vegetativa que haga soportable el confinamiento y que les garantice los pases y notas que contenten a sus padres [...] Llevan mucho tiempo teniendo clarísimo que pueden dejar en barbecho materias enteras porque se les dará el pase por el conjunto de su obra, manejan los límites del insulto al docente y el sabotaje de la clase con el virtuosismo de quien no ignora su status dominante frente a un asalariado de desdeñable categoría al que dirección servil, asociación vecinal e inspección se encargarán de humillar y al que sus padres y él, sentado, a la mesa que se entretiene en pintar, procuran la subsistencia. [...] Acuden porque es el único sitio en que pueden estar y les obligan a ir, pero van sin la más mínima conciencia de que esa actividad sea el lote de trabajo que les corresponde en una sociedad en la que todo bien sale de alguna parte y es procurado por la labor de alguien. [...] La enseñanza como divertimento, la extensión a edades provectas de la alborozada bulla infantil, son nociones que les han empapado y constituyen, probablemente, el rasgo más nocivo de su escolarización, implican la exigencia del circo continuo, permiten la identificación de reflexión y aprendizaje maduro con el tedio, eliminan al profesor capaz y exaltan al maestro histriónico y maternal que sigue la corriente infantiloide y priva a los jóvenes del alimento intelectual que corresponde legítima y biológicamente a su desarrollo [...]
El Compañero Docente suele aferrarse a la fast food de adaptaciones y claves sistemáticas de comentario, es amigo de un aprobado por trabajos caseros que elimina en el alumno el trabajoso proceso del aprendizaje y le permite utilizar innumerables lápices de colores, ama el rodillo de pseudoliteratura que incluye invariablemente antiimperialismo, héroes ecológicos y minorías étnicas [...] El Docente Ejemplar (que ya ha creado peligrosas subespecie de filisteo) funciona a cliché y piñón, más que fijo, soldado por el método, en pleno vigor, de inquisición profiláctica [...] De ahí resulta un mundo tan puerilmente polar, tan elemental, insípido y previsible, que las facultades cerebrales de crítica, exploración, perplejidad, duda, selección, imagen del mundo y construcción del propio criterio quedan en barbecho. Se ven sustituidas por la inmediata jaculatoria propia del pensamiento totalitario, [...] y ahí constituyen mojones secos buenos tan sólo para irrazonadas adhesiones, respuestas reflejas, gritos y conductas viscerales (excelente formación, sin embargo, para la cultura de la pancarta) [...]
Pero los alumnos no se merecen esto. Ninguno de ellos. Ni la privación de estudio para quienes sí lo deseaban, ni la imposición de una mediocridad generalizada que es el precio del buen vivir y medrar de adultos cuya única oportunidad de elevarse es triturar y rebajar su entorno. Pese a la inercia del ambiente, al halago del mínimo esfuerzo y a la tentadora tibieza de la infancia indefinidamente prolongada, llega hasta los adolescentes a veces el sabor de lo que son el conocimiento, la textura de abstracciones, conceptos, hechos lejanos en el tiempo y en el espacio que forman la masa de su presente, insospechadas herencias y horizontes de un mundo en el que creían flotar sin más sentido, razón ni arraigo que la arbitraria disposición de los objetos de su estuche. [...] Y el profesor observa ese momento irremplazable en el que primero comprenden y después le contradicen, ese instante de aprendizaje verdadero, descarnado de todo utilitarismo, en el que, solos, al borde de la idea, baten por primera vez las alas y echan a volar. No merece ese trato el que, pese a los localismos y diversificaciones, halla en clase un contacto con temas, objetos y materias cuya envergadura es ajena a cuanto en su hogar y en su medio existe; no merece la miseria intelectual y vital preceptiva el silencioso y obstinado que, en su confuso fondo, aspira a tener un porvenir, no es digno el confinamiento humillante en el aula para el que prefiere actividad, ni para el que vegeta en la indiferencia permisiva de sus familiares y el cobarde paternalismo del sistema escolar. Se trata de una sangría temporal irreparable que, tras el prolongado engaño, les deja aturdidos e inermes, agresivos e inútiles, dependientes y pretenciosos, en la jungla que, tras la guardería, les espera".

cf. MERCEDES ROSÚA, Las clientelas de la utopía, Unisón, Madrid, 2006, pp. 37-38,42-43,53-58.
La precisión entre corchetes es mía; la ilustración de OPS.


Mercedes Rosúa se marchó al comienzo de los 70 a la China Popular desde la España franquista de entonces para actuar como cooperante. Militante comprometida, pero a la par valerosa e inteligente mujer, fue expulsada de China al cuestionar los métodos totalitarios de la Revolución Cultural. Trabajó luego como Catedrática de Lengua y Literatura de Instituto en Madrid, y allí pudo vivir los primeros pasos de la Reforma educativa y sus consecuencias. Pienso que sus obras El Archipiélago Orwell (2001) y Las clientelas de la utopía (2006) son claves para comprender lo ocurrido en este viejo país desde el comienzo de la Transición, y no sólo en el terreno educativo, sino también en el político y cultural. Época que ella define como "tiempo de chantaje", en tránsito a un "tiempo de miedo", como comenta al final de su último libro. Los acontecimientos creo que, desgraciadamente, no hacen más que darle la razón. Sus libros, así como los de otros como Mercedes Ruiz Paz, Alicia San José, Alicia Delibes, Javier Orrico, etc., sacuden las conciencias, y nos colocan, por lo pronto, a los de este gremio docente ante la disyuntiva de apuntarnos a uno de esos cursos de relajación que organizan los inefables CEPs, o de luchar por nuestra dignidad, como dice J. Orrico en su La enseñanza destruida.




martes, 15 de junio de 2010

POLÍTICAMENTE CORRECTO (I): Antiamericanismo.


"Hay que distinguir entre el antiamericanismo y la crítica a los Estados Unidos. La crítica a los Estados Unidos -vuelvo a insistir al respecto- es legítima y necesaria, a condición de que se apoye en informaciones exactas y se refiera a abusos, errores o excesos que existen realmente, sin pasar por alto, deliberadamente, las decisiones oportunas, las intervenciones provechosas o bien intencionadas, las acciones coronadas por el éxito [...] El antiamericanismo se basa, por su parte, en una visión totalizante, si no totalitaria, cuya ceguera pasional se reconoce, en particular, en que esa censura universal reprueba, en el objeto de su execración, una conducta y su contraria a pocos días de distancia o incluso simultáneamente [...]
La izquierda, deshonrada por su participación en los genocidios comunistas -o por su indulgencia complaciente y cómplice para con ellos-, se inventa permanentemente una versión de esa historia según la cual el único totalitarismo que parece haber existido en el siglo XX ha sido el nazismo y, de forma más general, el fascismo en sus múltiples formas. A eso se debe el martilleo incesante sobre Hitler, el Holocausto, Mussolini, Vichy, mientras que la crónica de los crímenes del comunismo, que, además, se siguieron y se siguen perpetrando, en cambio, mucho después de 1945, es siempre objeto de una censura vigilante [...] Así pues, no es de extrañar que los estudiantes, en sus declaraciones y manifestaciones públicas, se refieran a una historia mutilada: esa historia expurgada es la que predomina en las enseñanzas secundaria y universitaria [...] Así pues, se comprende el papel fundamental del antiamericanismo en el centro de ese dispositivo. Europa en general y su izquierda en particular se absuelven de sus propias faltas morales y sus grotescos errores intelectuales vertiéndolos sobre el gran chivo expiatorio que es América. Para que la estupidez y la sangre desaparezcan de Europa, es necesario que los Estados Unidos, a contracorriente de todas las enseñanzas de la historia verdadera, pasen a ser el único peligro que amenaza a la democracia. Incluso en la época de la guerra fría, de nada servía que la Unión Soviética o China se anexionaran la Europa central o el Tíbet, atacasen a Corea del Sur, esclavizaran a los tres países de Indochina, satelizasen a varios países africanos o invadieran Afganistán, de ello resultaba para los europeos, de Suecia a Sicilia, de Atenas a París, que el único "imperialismo" existente era el americano.
Por motivos en parte diferentes de los de la izquierda, la derecha europa comparte en gran medida esa visión acusadora de América [...] La derecha europea procesa a los Estados Unidos para no tener que explicar con sus propias equivocaciones el surgimiento de su superpotencia. A juicio de la izquierda, el antiamericanismo tiene, además, la virtud de permitirle proseguir su lucha contra el liberalismo. Así, L'Humanité del 27 de abril de 2002, en modo alguno desalentado por la "caída final" del Partido Comunista en las elecciones del 21 de abril, escribe que la batalla contra el Frente Nacional es la batalla contra "el fascismo, el racismo y el ultraliberalismo". Por consiguiente, no ha cambiado el asunto: se trata de asimilar el liberalismo al fascimo y los Estados Unidos son, naturalmente, la fortaleza del liberalismo y, por tanto, del fascismo. Observemos, además, de pasada, que incluso moribundo, con su 3,4 por ciento de votos, el Partido Comunista tiene la mentira tan clavada en el cuerpo, que no puede por menos de permanecerle fiel incluso en el momento de la defunción: en efecto, Le Pen en absoluto es liberal, sino antiliberal, aunque de extrema derecha o por ser de extrema derecha, y es tan antiamericano como la izquierda. Por lo demás, Mussolini y Hitler fueron violentamente hostiles al liberalismo, tanto como Stalin y por la misma razón: conocían el vínculo único que une al liberalismo a la democracia. En su época, la democracia británica era el blanco principal de su execración. Para los totalitarios de hoy, ya se llamen Laguiller [política troskista francesa, líder del partido Lutte Ouvrière] o Le Pen, América es la que desempeña la función de cabeza de turco".

cf. Jean-François Revel, La obsesión antiamericana, Urano, 2003, pp. 203, 221-224 (La aclaración entre corchetes es mía).