Esta novela de Padura está basada en la tan literaria relación de amor-odio que se da entre su sosias novelesco, el ex policía Mario Conde, metido a librero de lance y escritor durmiente, y el escritor norteamericano afincado durante años en Cuba, a partir de una intriga detectivesca nacida del desenterramiento de un cadáver en el jardín de la casa-museo de Hemingway en La Habana.
Las pesquisas del Conde se entrelazan con sus opiniones sobre su antaño modelo de escritor, y el flash-back literario que presenta a Hemingway en 01958 en su casa habanera en las horas previas al suceso que da lugar a la investigación, logradísimo retrato del escritor en decadencia vital y literaria.
Padura señala el lado oscuro del escritor (su vanidad, prepotencia machista, sectarismo político, su violencia...), al tiempo que su recorrido por las estancias de la casa-museo, y el apropiamiento fetichista del blúmer de Ava Gadner con que el escritor envolvía su 22, junto con el desentrañamiento final del misterio del cadáver llevan a Conde a, mejor quizás que a reconciliarse con su antiguo ídolo, a integrarlo como coadyuvante en una reconciliación consigo mismo, y su circunstancia, marcada por la melancolía y la nostalgia en medio de "esa zona oscura donde sólo es posible ver algo con los ojos de la memoria y el deseo".
Tal es el título de la película que fui a ver con mi mujer el sábado pasado. La primera vez que oí hablar de ella fue en una conferencia del coautor del guión, Leonardo Padura, en Toulouse. Allí fue preguntado por la exclusión del film del Festival de Cine Internacional de La Habana del diciembre pasado, y Padura repitió prudentemente la excusa dada por el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), y la promesa hecha al director de la película, Laurent Cantet, por parte de dicho organismo de que ésta sería distribuida en la isla.
Ciertamente, el visionado de la obra podría explicar, que no justificar, la censura de ésta. Un grupo de amigos se reúne para recibir a uno de ellos, Amadeo (Nestor Jiménez), que vuelve a la isla tras pasar 16 años de exilio en España. La fiesta que organizan en una terraza de la vieja Habana pasa rápidamente del ejercicio de nostalgia de los años mozos (incluida la música de Fórmula V y Serrat), al sajamiento propio y ajeno de viejas heridas y frustraciones, desencadenada por la confesión de Amadeo de su intención de quedarse definitivamente en Cuba, aserto que es rechazado enérgicamente por sus antiguos amigos, que lo tratan de iluso e idiota.
Amadeo, escritor falto de inspiración y cuyas razones para el exilio no quedan del todo claras, se ve así confrontado a sus amigos, una colección de personas que rezuman frustración y desencanto, en una vuelta de tuerca irónica a la referencia homérica, Ulises que regresa a una Ítaca ruinosa y caótica, donde su Penélope ha muerto hace años de cáncer, y es rechazado por sus antiguos correligionarios, que le exhortan a marcharse ante la situación de la isla: Rafa (Fernando Hechevarría), vieja promesa de la pintura, pero "bocón" reprimido por el régimen castrista, caído en tiempos en el alcoholismo, al tiempo que hace pintura para turistas, Tania (Isabel Santos) oftalmóloga y ex cuñada de Amadeo, que vive prácticamente de la caridad de sus pacientes, y amargada por la marcha de sus hijos a los Estados Unidos, con los que ha perdido el contacto, al tiempo que ataca a Amadeo por haber dejado morir sola a su hermana , Eddy (Jorge Perugorría), que renunció a su talento de escritor, para prosperar a la sombra del régimen, aunque con la permanente espada de Damocles de la corrupción sobre su cabeza, pues como dice en un momento dado "para hacer cualquier cosa en Cuba, hay que mancharse las manos", y finalmente Aldo (Pedro Julio Díaz Ferrán), ingeniero industrial, el más comprometido políticamente en su juventud, hasta el punto de enrolarse voluntario en la guerra de Angola, y que malvive en la actualidad fabricando baterías con piezas robadas, al que su mujer ha abandonado por un tipo mejor situado, y cuyo hijo, Yeonnis (Rone Luis Reinoso), sin estudios ni futuro, amenaza con arriesgar su vida como balsero para llegar a los Estados Unidos; a pesar de todo, Aldo mantiene su "necesidad de creer".
En un in crescendo dramático que no llega, empero, a convertir la noche cubana en shakespeareana, poblada de música chocarrera, disputas y brisas, los personajes hacen una denuncia sorda de un régimen que cohibió su juventud, y que arruinó sus expectativas de futuro, que sólo uno de ellos, Eddy, consiguió parcialmente superar, a costa de la renuncia a sus ambiciones artísticas, y de la degradación moral, "pues es el silencio lo que esperaban de ti", y cuya víctima más conspicua fue Rafa. Es ante la desolación de éste y su ruina vital que Amadeo revela la verdadera razón de su marcha a España: el no querer convertirse en delator de su viejo amigo. Al encontrar fortuitamente en España a su viejo contacto de la policía secreta convertida en otra exiliada, Amadeo perdió el temor, ese jodido temor que han bebido todos hasta las heces, y decidió volver a su país, a luchar, y quizás, encontrar la inspiración perdida.
La película se cierra con una imagen al amanecer de Amadeo y Tania inclinados sobre la varanda de la terraza ante el malecón de La Habana, en un tópico de esperanza, que redime a este Ulises desaventurado.
El pasado 20 de marzo, en el marco de la vigesimo séptima edición del Festival CINÉLATINO, el escritor cubano Leonardo Padura ofreció una conferencia en la librería Terra Nova de Toulouse para presentar la traducción francesa de su última novela, Hérétiques (2014), en la que aparece su alter ego, el ex detective Mario Conde, convertido ahora en marchante de libros antiguos, y que se sitúa tras la pista de un cuadro de Rembrandt, desaparecido en la Habana en 1939, lo que le permite ofrecer un fresco verista de la Amsterdam del siglo XVII.
He de confesar que Leonardo Padura me resultaba una figura literaria desconocida, hasta que gracias a una profesora francesa de español que trabajó un año en mi instituto, me pidió ayuda para corregir ciertas expresiones del texto que redactaba para preparar su oposición de Agrégé, y que versaba sobre Padura. El retrato paduresco de Cuba resulta, ciertamente, atrayente y cautivador sobremanera, y esta compañera me regaló un libro del autor cubano, Adiós, Hemingway, donde reconstruye, quizás como un exorcismo de la memoria, la huella del escritor norteamericano en la Habana.
En esta ocasión, instigado por las compañeras francesas del colegio con el que realizaba un intercambio lingüístico de alumnos, asistimos a la conferencia de Padura. La sala estaba llena de un público entregado y, sin duda, conocedor de la obra del autor. Éste dio un tono distendido a su discurso, plagado, aunque no exclusivamente, de anécdotas personales sobre su vida, que intentaba constantemente relacionar con la peripecia vital de Mario Conde, protagonista mayor de su obra literaria. Hizo, asimismo, referencia a su primera visita a España, a los 40 dólares de los que disponía para costear toda su estancia, y a la frustración por no poder comprar libros en los mercadillos de libros de segunda mano, subsanada en parte por un amigo que le regaló una obra de Manuel Vázquez Montalban, por quien confesó su admiración. Su tono era pausado y reflexivo, propio de un hombre acostumbrado a buscar la palabra justa y a orillar la polémica, incluso ante las preguntas sobre el no estreno en Cuba de la película Retour à Ithaque, de la que es coguionista. Así, sus referencias a la realidad cubana, sin eludir la amargura, carecían de cualquier alusión política. Con todo, su reflexión sobre la condena de Spinoza por la sinagoga de Amsterdam le llevó a concluir que en Cuba se había llegado al refinamiento en el cultivo de la envidia, pecado típicamente español.
TORELLO SARAINA, "Origen y engrandecimiento de la ciudad de Verona".
Introducción, edición crítica, traducción del latín, anotaciones e índices a cargo de José Miguel Domínguez Leal. Reseña: Patrizia De Corso, Giornale storico della letteratura italiana, vol. CLXXXVI - Fasc. 614, 2009, p. 315
Doctor en filología clásica y profesor titular de Francés en el IES Drago, es autor de varios libros y artículos, y mantiene los blogs "Memoria métrica", "La poesía macarrónica en España", y "Cádiz por la democracia representativa". En 2023 ha publicado la novela "Crónicas de Zibelterra" y en 2024, "La poesía macarrónica en España", en dos volúmenes publicados por la colección universitaria PALMYRENVS