MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

domingo, 25 de marzo de 2018

DE MARTIO HORRIBILI





Este mes de marzo está resultando horrible en diversos aspectos. Emma, Félix, Gisele, Hugo son los tontamente eufemísticos y paritarios nombres de las borrascas que se han sucedido sin solución de continuidad para asolar las costas, y el ánimo y los nervios de más de uno. Montesquieu señalaba que el clima determinaba la forma de gobierno más conveniente para un pueblo u otro; de esta teoría política periclitada me quedo con la idea de que el tiempo condiciona tremendamente nuestra cotidianidad. Así, la tempestas latina, en su sentido originario de lapso de tiempo ha pasado a ceñirse exclusivamente a su segunda y tercera acepciones de "tempestad" y "desdicha". Casi un mes entero de viento martilleante y de lluvia racheada me han hundido, primero, en un humor de perros, luego, en un desconcierto mental, y, finalmente, en una gripe que me ha tenido una semana en casa sin salir, después de un catarro mal curado por haber seguido yendo al trabajo para hacer frente al expediente de los exámenes finales de trimestre y las extenuantes sentadas de las evaluaciones.
La inmovilidad en casa para una persona acostumbrada a una rutina de trabajo resulta lacerante, y crea zonas muertas de tiempo indeciso que provocan ramalazos depresivos. A eso no ayuda tampoco el sentimiento de culpa sobrevenido por estar en tal situación y no poder ir al trabajo ni salir a la calle a resolver las contingencias cotidianas; tampoco el estar pendiente del toldo de la terraza que ha estado a punto de salir volando, y que tuve que desmontar enfermo bajo la lluvia y Eolo enconado.
Cuatro fines de semana ya bajo el viento y la lluvia parecen, en fin, para la comprobada pequeña escala de mi paciencia, una plaga bíblica a la que no se ve fin, sin que se vea claramente que la Semana Santa traiga una tregua.


Imagen: Gustavo Doré

domingo, 18 de marzo de 2018

REFLEXIONES SOBRE EL FUTURO DEL Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional





En este cuadro de Umberto Boccioni, La strada entra nella casa (01911) uno de los pintores apreciados de D. Antonio García-Trevijano, se representa a una mujer asomada al dinamismo de la calle, que el pintor revive en la agitación poliédrica de las formas arquitectónicas, en la febril actividad de los obreros multiplicada por los postes y los escorzos de los caballos, forma clásica de representar el movimiento. Con todo ello, Boccioni rechazaba la mímesis estática de la realidad del arte figurativo académico, y hacía evidente la simbiosis del sujeto sensible y del objeto percibido.

Tras la muerte de D. Antonio, fundador y alma del Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional, éste no puede esperar asomarse a la ventana de la realidad, y que ésta sea más amable (los recientes ataques a su figura de un olvidable Tartufo malicioso e hipócrita, cuya mediocridad intelectual quedó en evidencia gracias a sus propias insidias, sólo demuestran la grandeza de su legado). Todos aquellos a quienes D. Antonio nos ha cambiado la vida debemos ser conscientes de ello. Pues uno de los efectos más profundos de su enseñanza es que nos ha dotado de unos recursos intelectuales y éticos para interactuar con el entorno social, y no sólo en el terreno de lo político stricto sensu, transformando nuestra visión del mundo sin que haya posibilidad de vuelta atrás, a menos que como el hipócrita descrito por François de La Rochefoucauld, queramos con el vicio rendir un homenaje a la virtud.

Es por ello que el MCRC debe ahora profundizar en su aspectos prepolíticos y culturales, aumentando, por un lado, su presencia en la calle, conferencias, actos públicos, las redes, y, por otra parte, en el mundo de la cultura, el pensamiento y la ciencia. Pienso, en este último aspecto, que debería promoverse contactos con personas de estos sectores, de dentro y de fuera del MCRC, organizando, como hacen algunos clubs de ideas en otros países, conferencias semanales o quincenales que fueran ocasión de debate y reflexión sobre la imbricación de estas actividades e iniciativas individuales con el ideal de una auténtica democracia. No estaría por ello mal recuperar a algunas de esas personas que acudían antaño a la radio cuando emitia en abierto, arquitectos, economistas, museístas y escritores, cuyo discurso resultaba intelectualmente estimulante, para eventos de este tipo.

No habría que olvidar tampoco a aquellas personas de buena voluntad de los partidos del régimen que estuvieran dispuestas a colaboraciones concretas, de acuerdo con la magnanimidad intelectual que caracterizaba a D. Antonio. El MCRC, en fin, sin renunciar a ser lo que es, no debe -y sé que no lo hace- quedarse en la nostalgia de lo vivido en Somosaguas, y mantener abierta esa ventana a la realidad multiforme, siendo conscientes de que si uno protesta, como decía un antiguo activista del 68 francés, Jean-Pierre Le Goff, puede que no le salga gratis.



Imagen: Umberto Boccioni.

sábado, 10 de marzo de 2018

LA MUERTE DE ADÁN





Piero della Francesca, "La muerte de Adán" (detalle)






El viejo imposible ya no respira, ya no se mueve.

Los jóvenes semidesnudos que lo rodean se agitan;

las hembras lloran sin saber muy bien el motivo,

los hombres miran absortos el cuerpo escarificado,

las pieles que cubren el gigantesco pecho menguado,

y elevan la vista a las cañas que tejen la mísera choza,

mientras una angustia indecible trabaja sus mentes,

igual que el viento que azota sus cuerpos en el labrantío.

Sienten pavor de pensar que nunca más sus oídos

oigan esa voz primordial que llenó de palabras

y nombres la pertinaz soledad del mundo reciente.

Vuelven entonces los ojos hacia la madre de todos,

la del doliente misterio, la de los ojos hermosos:

ella sale, y les señala la tierra compacta

que debe guardar el secreto de su gigante dormido.




domingo, 4 de marzo de 2018

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO...Y YO





El pasado veintiocho de febrero falleció de manera inesperada D. Antonio García-Trevijano, insigne jurista y pensador político, fundador y presidente del MCRC. Un gigante de su energía y determinación parecía imposible que se muriera, pero la vida es así de frágil y precaria, y pende del hilo sutil de la Parca. Prefiero en esta ocasión hablar de D. Antonio a través de mi experiencia, pues me ha acompañado en diversos momentos de mi perecedera existencia. Conocí a D. Antonio a través de esos inolvidables debates del programa La clave cuando era un adolescente, y, aunque no era capaz de medir consecuentemente el alcance de sus palabras, quedé magnetizado por esa figura que habla con tanta autoridad sobre "La vida de las abejas" de Maeterlinck. Comentaba yo años después y rememoraba con un amigo, que había venido a pasar temporadas en invierno en la casa de verano de la familia, aquellos programas en su jardín, sin que él ni yo fuéramos tampoco capaces de sondear la profundidad de su mensaje.

Tiempo después D. Antonio reapareció en mi vida en forma de libro, "El discurso de la República", libro que devoré, sin ser siquiera entonces capaz de sintetizar su pensamiento, y extraerme completamente del Zeitgeist de la partidocracia ambiente, y sus medios de comunicación. Pero, por así decirlo, la semilla de la sospecha estaba ya sembrada en mi (habría que añadir a D. Antonio a la famosa tríada de maestros de ésta), aunque el libro cayera de mis manos.

Finalmente, en torno a 02012 descubrí en internet una entrevista a D. Antonio en la que hablaba de la existencia de una radio suya en abierto, Radio Libertad Constituyente. La sintonicé, y su discurso me galvanizó, y atrapó de inmediato: todas las piezas encajaban por fin, y ya no pude alejarme mucho de su voz rotunda. Vinieron de seguido más lecturas, y la búsqueda en Cádiz de oyentes y lectores de García-Trevijano. Conseguimos aglutinar un pequeño grupo que empezó a reunirse con cierta asiduidad, y consideramos necesario trasladar esta iniciativa de formar grupos provinciales y estables a D. Antonio. Entré en contacto con su secretaria, y, aprovechando un viaje con mi mujer a Madrid en invierno de 02016, fui invitado con ella a asistir como público a la grabación de una de sus emisiones de radio en su casa de Somosaguas. Para un modesto amante del arte entrar en aquella mansión fue un verdadero choque: ver aquel Donatello colgado en el vestíbulo era más de lo que podía imaginar (luego me dijeron que es su única obra que se encuentra en colección privada), pues aquella vivienda era en sí un museo: las distintas estancias estaban amuebladas y decoradas con piezas de mobiliario, cuadros y esculturas que venían desde la antigua Grecia, hasta, por ejemplo, Dalí; muebles del siglo XVII (este tipo de coleccionismo revela la finura de un verdadero coleccionista de arte), cuadros de la escuela flamenca, del Barroco, del s. XIX -aquel cuadro parece un Fortuny, me acerco, ¡y es un Fortuny!-, aparte de una doble biblioteca en una planta subterránea. Un espacio creado por un especialista en arte para su propio disfrute; algo, sin duda, extraordinario, pero que, con todo, palidecía ante la presencia de D. Antonio, que se encontraba sentado en la mesa de grabación frente a la cristalera, gracias a la que comentaba los colores del día y los sentimientos que le inspiraba -quise yo también ver ese paisaje que había tantas veces oír descrito, y lo fotografié como se puede ver arriba-. Me dio casi vergüenza ofrecerle mi edición en tapa dura de El origen y engrandecimiento de la ciudad de Verona de Torello Saraina que le traía como obsequio, y, comentamos algo sobre la ciudad, que D. Antonio había visitado. Con un gesto anunció que continuaba la grabación del programa, que escuché con otros invitados sentados en aquel saloncito con vistas al exterior. Era un día de mucho ajetreo, pues había un equipo rodando el documental Maverick sobre la vida de D. Antonio, y preparaban una entrevista con él; por todo lo cual no pude hablar mucho; algunas palabras sobre arte, aunque pude, en cambio, observar su energía infatigable y su concentración absoluta en lo que hacía. Un rato se tumbó en la chaise longue que se ve en la fotografía de abajo, y se adormiló. Pude ver como sólo entonces relajaba la tensión de su barbilla bajo el cobertor que le tendió encima su secretaria. Asimismo, tuve oportunidad de conocer a otros repúblicos por aquellas salas y jardines, y me despedí de D. Antonio cuando iniciaba la grabación de una entrevista con Paco Bono para el citado documental.

Volvimos a Madrid en diciembre con Fulgencio del Hierro para asistir a la Primera Asamblea de Repúblicos, que fue la apoteósis de D. Antonio. Se acusa a D. Antonio de soberbia, aunque, en su caso, me parece que se trataba más de rechazo a la falsa modestia de aminorar la expresión de la propia valía. Una anécdota al respecto: señaló en la asamblea por lapsus memoriae que Étienne de la Boétie era amigo de Descartes, y, yo, cuando subí al estrado para que me firmara un ejemplar que había comprado de "El discurso de la República" que yo había donado a la biblioteca de mi instituto en su día, le recordé que era Montaigne y no Descartes el amigo; me lo agradeció infinitamente, reflejándolo en la dedicatoria que me hizo. Nada más impropio, pues, de un soberbio pagado de sí mismo.

Lamento, en fin, inmensamente, que se haya vuelto invisible, pues no puedo decir que haya muerto, dado que el virus de la libertad que inoculó en mi y en otros mucho más dignos que yo no tiene, afortunadamente, cura, y sólo nos cabe vivir en simbiosis con él, como el protagonista de La montaña mágica, obra que él tanto admiraba.