MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

domingo, 12 de mayo de 2019

CARMONA




La semana pasada fui con un compañero y nuestros alumnos de latín (lo que enseño en mi instituto junto con el francés) al conjunto arqueológico de Carmona y al museo arqueológico de Sevilla. El día apuntaba a un calor sofocante con su luz deslumbrante. Llegamos temprano, no obstante, a Carmona, y visitamos la necrópolis, en la que destacan, como se sabe, la tumba de Servilia y la del Elefante, llamada así por la escultura cuyo original se encuentra en el pequeño museo del Conjunto. Es siempre difícil hacerse una idea del esplendor de las cosas a través de sus ruinas, que te hacen pensar a veces en un campo de trincheras. Es cierto, empero, que las reproducciones digitales y los medios audiovisuales, junto con las visitas guiadas y/o dramatizadas, ayudan al visitante a situar los dispersos y truncos restos del naufragio del tiempo que suponen los yacimientos arqueológicos.









Luego, fuimos a la capital par visitar el museo arqueológico. Recorrerlo me retrotrajo a mi época de estudiante hace décadas en Sevilla, pues tal fue la impresión de antiguo que sus instalaciones me dejaron. No cesan, sin embargo, de impresionar sus amplias y altas salas de exposición de esculturas y mosaicos, que se antojan ya inseparables de las piezas expuestas.










domingo, 5 de mayo de 2019

ENTREVISTA SOBRE MI LIBRO "EL ENFERMO IMAGINABLE"




Buenas amigos y seguidores de La Voz De Un Repúblico. Hoy lunes, 29 de febrero del 2019, La Voz De Un Repúblico abre de nuevo sus puertas para recibir a una gran persona, a un extraordinario amigo y colaborador repúblico, José Miguel Domínguez Leal que nos viene a presentar su tercer libro, "El Enfermo Imaginable: Relatos de la crisis."


No se pierdan otra interesante emisión de La Voz De Un Repúblico. Muchas gracias a todos por ganar un ratito de vuestro tiempo escuchándonos.
Escuchadla aquí.

domingo, 28 de abril de 2019

DOVLÁTOV




Fui esta semana a ver la película Dovlátov con un amigo estudiante de ruso, y un compañero suyo de clase. Yo, aficionado al cine ruso a través de Tarkovski, me sorprendo siempre de las enigmáticas entonaciones de esa lengua, casi salmódicas, y que difícilmente dejan traslucir las inflexiones emotivas que los personajes vierten en su decurso hablado. Mis amigos afirmaron entender bastante de los diálogos de una película que narra unos días de la vida del escritor Serguei Dovlátov en los años 70, etapa previa a su emigración a los EE.UU.

La película goza de una buena recreación de esos años de sovietismo, con interiores desvencijados y abigarrados, y exteriores grises de cemento y cristal anodinos, aderezados de nieve y neblinas nocturnas, que contribuyen en gran medida a recrear el ambiente opresivo y circular que preside la obra. Dovlátov y sus amigos artistas se reúnen para beber, leer poemas, escuchar música y hablar sobre cuadros y arte, sobre obras ajenas y propias sistemáticamente censuradas por un régimen que exige formar parte de un sindicato o unión de artistas o escritores para tener siquiera la posibilidad de ser publicado. La sorda desesperación que estos personajes ahogan en alcohol o en sueños de emigración da lugar a algunas escenas impactantes, como la enésima visita de Dovlátov a las oficinas de la revista literaria donde le piden recurrentemente que escriba de forma optimista sobre los "héroes del pueblo", encarnados por obreros del metro o de extracciones petrolíferas; allí se entera de que los manuscritos recepcionados están siendo entregados a una escuela anexa para ser utilizados como papel de borrador por los alumnos, y baja al patio, donde, entre los montones de papeles, descubre obras de sus amigos y suyas propias, al tiempo que una mujer le pide que le ayude a acarrear los montones de papel, acusándole de no tener corazón al verlo titubear. Es en esas mismas oficinas donde un amigo suyo intentará suicidarse cortándose las venas, recibiendo el posterior reproche de una redactora ante lo que considera la banalidad de un gesto frente a la realidad de que la inmensa mayoría de los textos que reciben no son publicados.

Otra gran escena de la película se desarrolla en un mercadillo, donde un hombre aborda a Dovlátov ofreciéndole obras prohibidas, como "Lolita" de Nabokov. Éste se hace pasar por un agente de la policía secreta, acusa al hombre de estar borracho, y le exige traerle una lista la semana siguiente de la gente que busca obras de Nabokov. Cosa que hará el individuo, y pide a Dovlátov, a cambio, que le facilite el conseguir una lavadora, que exige dos años de lista de espera. Éste le responde que vaya a la Estación Central y pregunte allí por los agentes Malevich o Kandinski. Referencias a artistas como éstos y escritores abundan en el film, como el caso de Mandelstan, Solchenitzin o Pasternak, escritores mal vistos por el régimen, en comparación de quienes los compañeros de Dovlátov se consideran como "la última generación capaz de salvar la literatura rusa".

La película hace, en conclusión, evidente cómo una de las características de los regímenes totalitarios es el desperdicio del talento, sentido como una amenaza por la casta en el poder y sus adláteres sectarios. En las partidocracias de nuestra Europa, y, concretamente en la española, este malbaratamiento del talento, tan pernicioso para el progreso de la sociedad, se manifiesta no sólo en el terreno político, donde las personas honradas y capaces son relegadas o excluidas frente a los mediocres obedientes a los jefecillos de los partidos que los ponen en sus listas, sino también en el universitario, donde no son desgraciadamente muchas veces los candidatos más cualificados científicamente los que acceden a los puestos de docencia sino los apadrinados, y en el intelectual-artístico, donde unos pocos "mandarines" controlan, a través de editoriales y premios literarios, la vida cultural de un país.

domingo, 21 de abril de 2019

PASCUA



Orazio Gentileschi


Ha llegado el Domingo de Resurrección, y el final de las vacaciones de Semana Santa, con un tiempo irregular. Esta semana de Pasión la he pasado en mi ciudad, Cádiz. Pensé que iba a hacer muchas cosas, pero al final la realidad se impone y no queda tanto tiempo como parece.

He estado promocionando mi libro "El enfermo imaginable": ya se está comprando y he recibido las primeras críticas favorables. Mañana se producirá el reencuentro con el trabajo y cuestiones pendientes de resolver parece que positivamente.  Me sorprende ahora a mi mismo el grado de indiferencia religiosa en que me encuentro: orillo y circunvalo las procesiones, y sólo me conmueve algo la música procesional, si es buena. El ambiente tampoco ayuda mucho, pues ves a un montón de gente, entre esos mismos espectadores, que pasan totalmente del evento, gritando, charlando, y pasando por entre los penitentes como un ciclista reivindicativo entre los paseantes. Es en ese momento cuando siento cierta tristeza y admiración por esas personas que intentan mantener viva la transmisión de una tradición contra mundum, como la escuela.

Es triste ver como la ley de hierro de la oligarquía y la servidumbre voluntaria se extiende por organizaciones que pretenden luchar precisamente contra ella. Surgen así nuevos santones barbudos ante los que hay que prosternarse para recibir la imposición de manos que asegure la adecuación a los principios, cuando no son más que unos mediocres sectarios, que, como todos, sólo encuentran seguridad en el control y la censura, al tiempo que destruyen lo que dicen defender.

Pienso en lo que soy, y en lo que seré, en mi futura y progresiva decadencia física, así como aquello que dejaré tras de mi, la memoria postrera. Pienso que todo lo que hago, poemas, relatos, artículos son como flechas sioux, lanzadas al futuro, cuyo alcance no puedo, ni me interesa, controlar.


sábado, 13 de abril de 2019

"EL ENFERMO IMAGINABLE" EN TAPA BLANDA






Ya está disponible en tapa blanda en Amazon mi nuevo libro de relatos "El enfermo imaginable". Estas fotos me las ha enviado un amigo, que se lo ha comprado, pues yo todavía espero mis ejemplares de autor, que llegan al parecer mañana a casa.

Es cierto que el libro físico es otra cosa, a pesar de sus problemas de ocupar espacio, y ser un foco de polvo, que, como los malos efluvios, son siempre molestia ajena. Tener una biblioteca, aunque sea pequeña, es una manera de reconciliarse con la vida, como eso de que Bach lo es con Dios; marea un poco pensar en que los libros, igual que los discos contienen tiempo almacenado, aunque no de la misma manera; digamos que ese tiempo newtoniano de los discos se contrapone al tiempo flexible y curvo eisensteiniano de los libros, que, a veces, durante la lectura, te lanza a una paradoja espacio-temporal, donde, en ocasiones, la memoria te devuelve como un niño a un futuro en que la muerte y el desánimo eran el único horizonte observable.

Escuché ayer hablar a un científico en una radio chilena del siglo XXII, y uno que sólo se lanza a pensar a veces en 02039, centenario del comienzo de la segunda guerra mundial, ya dejado atrás el centenario de la primera. La Humanidad, por más que nuestras generaciones agónicas y apocalípticas no lo quieran, tiene muchos siglos y milenios delante de sí, y su horizonte inevitable es la exploración y colonización del cosmos extraterráqueo, con el espíritu con que hace cinco siglos tres cascarones de nuez cruzaron un océano tenebroso e ignoto.

Es siempre un placer leer el blog Bonnet d'âne de Jean-Paul Brighelli. Recuerda un poco a Ignacio Ruiz Quintano en su capacidad de mezclar lo extremadamente refinado y lo popular, o incluso vulgar, y de dar vida a términos desusados o poco frecuentes, al menos para mí, como "lactescente", "candaulismo" o "filópigo".

domingo, 7 de abril de 2019

MI NUEVO LIBRO DE RELATOS "EL ENFERMO IMAGINABLE"




"Una señora mayor que se queda sin vecinos, un empleado de notaría en paro, un dudoso heredero, una pareja en busca de piso, una disputa por puestos en una lista electoral, un escritor sin rumbo, una avería de ascensor que hace extraños compañeros, un desahucio de inesperado desenlace, un colegio que recibe a unos inauditos alumnos... todos ellos forman parte de "El enfermo imaginable", un libro de relatos en los que se hace, por un lado, un retrato de hechos y personajes típicos de la grave crisis económica que estalló en España en la primera década del siglo XXI, y cuyas consecuencias aún vivimos, y, por otro lado, se describen experiencias humanas de soledad, buscada o forzada, injusticia y amor en entornos a veces nostálgicos, a veces distópicos. La burbuja inmobiliaria al estallar reveló las miserias de un régimen político basado en la mentira, y que llevó a que el sueño de prosperidad de muchos, basado al cabo en el endeudamiento, se tornara en pesadilla. Estos a modo de microepisodios nacionales se ven entreverados de relatos donde la nostalgia y el humor se dan la mano para dar cuenta de vidas marcadas por la búsqueda del amor, que no la felicidad."

Este es el texto que he preparado para la presentación en Amazón de mi nuevo libro, en este caso de relatos, titulado "El enfermo imaginable" según el título de uno de ellos. No hubiera podido ponerlo a disposición de los lectores en esta plataforma sin la inestimable ayuda de mi hermano Óscar Domínguez Leal, diseñador gráfico. Gracias a él estará también en breve disponible la versión en libro de papel en tapa blanda.

Este libro está dividido en dos secciones, "Retratos de la crisis" y "Desconexión", aquélla más volcada hacia la realidad exterior, ésta más introspectiva, pero en ambas, como dijo alguien, he dejado jirones de mí mismo. Espero que lo disfruten.

domingo, 31 de marzo de 2019

NUBES Y LIBROS



John Constable


El día se muestra nublado y se anuncia tormentoso, aunque son varias veces ya que la lluvia elude su líquida visita. Este paisaje que se asoma a mi ventana no contribuye a despejar mi dolor de cabeza y cansancio acumulado después de dos semanas de intenso trabajo por las evaluaciones tan perecederas como el calendario irreal que nos imponen, rematado por este nefando cambio de hora, marcado por la partidocracia europea, ansiosa de controlar el tiempo, materia demasiado humana, de nuestras precarias vidas.

Este domingo me he prometido, pues, no hacer nada del trabajo, y concentrarme en dar un último repaso a mi libro de relatos, El enfermo imaginable, que colgaré esta semana en Amazón, si no hay mayores problemas,  con la ayuda de mi hermano Óscar Domínguez, informático y diseñador gráfico, después de experiencias desilusionantes con tres editoriales. El que se pueda comprar no sólo en formato de libro electrónico, sino también en el de impresión bajo demanda, alivia un poco del prejuicio de que no se lo halle en librerías físicas. Aunque, y el caso es curioso, en mi caso particular, apenas compro ya libros en librerías, sino en internet o en librerías de viejo o mercadillos, pues de la actualidad editorial hay poco que me interese, y no todo llega a la librería urbana, cuyo personal, al menos en el centro de Cádiz donde vivo, no es precisamente la alegría de la huerta, ni está particularmente formado (una vez escuché a una de las no sé si llamarlas dependientas de uno de estas tiendas decirle a un cliente que tenía "dos modelos" de un mismo libro) para aliviar esa "adustez en el ademán"; y en cuanto a las reeediciones de obras, no me compensa comprarlas en una reimpresión actual, si no ha habido un cambio en la edición original (disfruté mucho en este aspecto la visita de algunas librerías de viejo en Madrid).

Tácito, cuyo libro II de los Anales estoy releyendo ahora, por no poder ese íntimo contacto con el latín para mí tan querido, se muestra, como es sabido, como un maestro de la concisión expresiva, no ajena al estro poético, que en él se manifiesta en el empleo de un léxico y giros propios de la gran poesía romana (no en vano su obra comienza con un hexámetro: Vrbem romam a principio reges habuere). El disimulo y la doblez del príncipe Tiberio recuerda el lenguaje políticamente correcto de nuestra partidocracia socialdemócrata, y las denuncias de algunos senadores sobre los lujos excesivos y la petición de la vuelta a una vida más frugal me traen a la mente las campañas de la falsa izquierda -solo socialdemócrata en cuanto estatal- contra el turismo, el tráfico urbano, y el cuestionamiento y acoso de la propiedad -aunque sea modesta- en tantos aspectos.

domingo, 24 de marzo de 2019

EL NIÑO Y LA LUNA



Andrew Wyeth


A Óscar Domínguez




La luna oculta sus cicatrices lechosas al niño.

Ella, esquiva, rechaza mostrarse en el telescopio.

Erguido en sus plantas el niño orienta el instrumento,

mientras la bola luciente se embarca en distantes tejados.

No cabe ya ladrarle ni mirar ningún dedo,

sólo esperar que la vieja burlona se muestre otro día.

El niño aprende que lo que está no está por buscarlo,

y lo que se busca no vemos si la ilusión no acompaña.

domingo, 17 de marzo de 2019

FASES




Un imposible selenita desde su atormentada luna podría observar las fases de la tierra. Vería así desvelarse y ocultarse en crecientes y menguantes nuestro azulado planeta. Este dramático cambio de punto de vista no debería sernos tan extraño en nuestra vida cotidiana. Del papel de culpable podemos pasar de víctima, y viceversa, y tal vez la perspectiva del Otro es uno de los ingredientes de nuestros temores cotidianos.

En el terreno literario y docente me veo con mis alumnos intentando explicarles el cambio que se produce en la novela L'enfant de sable ("El infante de arena") de Tahar Ben Jelloun cuando introduce, sin dar su nombre expresamente, a Jorge Luis Borges como personaje de la obra. Yo no conocía la obra del escritor marroquí pero la del argentino sí, y fue un verdadero choque para mí: me entusiasmó la idea de transmitir a mis, malhadados, alumnos la necesidad de conocer a Borges, citado por doquier en la novela. Asistí a una conferencia de Ben Jelloun en diciembre del año pasado en Sevilla dentro del marco del programa Bachibac (programa internacional que permite a los alumnos, en este caso andaluces, conseguir el doble título de bachillerato español y francés en una prueba externa (falsa, pues la Junta de Andalucía, por ahorrarse dietas de desplazamiento de profesores examinadores de una provincia a otra, obliga a los profesores de los mismos institutos a evaluar a estos alumnos alcanzado así cotas de ignominia difícilmente superables). Esquivo y antipático, Ben Jelloun respondió que introdujo a Borges en su novela como homenaje a un gran escritor, aunque la realidad es muy otra: Borges es quien justifica el cambio de una trama narrativa lineal, simbolizada en las puertas que atraviesa el narrador de la historia en su narración, a otra circular que acumula distintas versiones de la suerte de la protagonista. La historia se vuelve una calle circular (las ruinas circulares), parte, en realidad de un laberinto (otra imagen borgiana), donde el Homero bonaerense se encuentra con la protagonista, que afirma serlo de otra historia (desdoblamientos de El Mismo en Otro), aparecen el espejo que promete el infinito concebido como repetición, y la arena, símbolo de lo indefinido de la materia literaria, todas ellas imágenes borgianas que dan sentido -o lo privan de él- a esta obra de Ben Jelloun.

La conciencia, pues, de la alteridad, de la Otredad, como diría Octavio Paz, nos inquieta, pero al mismo tiempo debería aliviarnos del maniqueísmo y la tendencia natural al gregarismo sectario, que destruye hermosos proyectos, cuando alguno, convertido en ἰδιώτης, idiōtēs, se encarama a éstos, dispuesto incluso a quedarse solo en su necia autosuficiencia intelectual y su negación del Otro como posibilidad problemática.



Imagen: Camille Flammarion.

domingo, 10 de marzo de 2019

MADRID




Madrid nunca se agota: siempre hay rincones que descubrir, y promesas de nostalgia que soslayar. En estos últimos años lo hemos visitado varias veces, y siempre queda el espejismo en la distancia del oasis realmente existente. Rompeolas de las Españas, como dijeron, y del espacio-tiempo, Madrid te lanza redes que te dejan escapar en el acto para hacerte aún más cautivo de su esquivo encanto. Tras el amargo desencanto de un sábado por la mañana, visité varias librerias de viejo cuyas puertas se me mostraron obstinadamente cerradas en otras ocasiones, y alguna que encontré de paso. Es raro el libro que compro ya de actualidad (hicimos en esta ocasión una visita más exhaustiva del rastro). Cómo me gustaría desmontar esas pilas de libros o explorar el fondo de los anaqueles, pero el factor tiempo siempre es determinante, y ese mismo tiempo que sería necesario para leer todos esos libros maravillosos, otras tantas mortajas futuras con las que envolverse, es el que empieza a contar los dedos delante de mis narices.

Estuvimos en el Museo Thyssen (en noviembre pasado visitamos ese maravilloso espacio cerrado que es el Museo Cerralbo, que también se nos resistía) para ver la exposición de Balthus y la parte de la general que no vimos la última vez, ansioso por ver a los modernistas alemanes que alberga tal pinacoteca, y no pude menos que admirarme ante el fondo antiguo de dicha pinacoteca. Balthus es un pintor de técnica depurada y enigmática, transido a la par de clasicismo y de influencia surrealista, alimentada de sus propios fantasmas, donde forman curiosa alianza la pasión por la belleza y un perverso escrutinio psicológico (sus admirables retratos de niñas de labios fruncidos, ensimismadas en sus mundos de afanes sobredimensionados). Al ver cuadros de Ghirlandaio, Bellini, Cranach, Durero, Holbein, sus rosadas bellezas femeninas, entendí que en sus cuadros de desnudos adolescentes, en parte irónicamente alegóricos, Balthus rendía homenaje a tantas Venus y Evas del pasado, a despecho del escándalo del neopuritanismo del nuevo feminismo socialdemócrata.

De paseo, cansados por las grandes diferencias de temperatura y de la emoción de reencontrar viejos amigos de Cádiz, Robinsones de la Meseta, caímos en el café Gijón, donde nos llevó en el pasado nuestra querida amiga Aurora Pimentel, y allí encontré el rincón de una vieja foto de los cincuenta donde aparecen García Nieto y Torrente-Ballester entre otros. Cosas también de la nostalgia (en este caso de lo no vivido, la más peligrosa), y de la poesía.