Clarence H. White, What shall I say?, 1896
Las palabras se ausentan de sí mismas
y el poema resulta mero signo.
El fracaso su regla fija dicta
a miles de poemas previsibles;
cicatriza el papel que ya no absorbe
la tinta del bolígrafo robado
a otros menesteres mas sensatos.
Queda un sabor inane a mayúsculas,
que piérdense en las nubes de los tachones.
y el poema resulta mero signo.
El fracaso su regla fija dicta
a miles de poemas previsibles;
cicatriza el papel que ya no absorbe
la tinta del bolígrafo robado
a otros menesteres mas sensatos.
Queda un sabor inane a mayúsculas,
que piérdense en las nubes de los tachones.


No hay comentarios:
Publicar un comentario