Carone Walter, "Colette", 1952
Los jóvenes más miedo a muerte debieran tener que los viejos,
y éstos no convertirse en unos seres miedosos.
Cierto es que los unos actúan ajenos a Parca,
indiferentes a la niebla densa de lo venidero,
los otros viven la angustia del tiempo que se les tasa,
pues todo se siente definitivo, oportunidades
segundas no se conciben, y cansa pensar en futuro;
se atasca lo rutinario, al tiempo que la tristeza
se enseñorea del corazón de todo proyecto.
Sólo queda al que viejo se vuelve hacerse del tiempo
amo y señor, deshojando consciente sus hojas palmarias,
y dando portazo al vano sentir de tanta nostalgia,
sin que exista, de hecho, seguro de desesperanza.
y éstos no convertirse en unos seres miedosos.
Cierto es que los unos actúan ajenos a Parca,
indiferentes a la niebla densa de lo venidero,
los otros viven la angustia del tiempo que se les tasa,
pues todo se siente definitivo, oportunidades
segundas no se conciben, y cansa pensar en futuro;
se atasca lo rutinario, al tiempo que la tristeza
se enseñorea del corazón de todo proyecto.
Sólo queda al que viejo se vuelve hacerse del tiempo
amo y señor, deshojando consciente sus hojas palmarias,
y dando portazo al vano sentir de tanta nostalgia,
sin que exista, de hecho, seguro de desesperanza.


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