MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

sábado, 22 de febrero de 2014

ALIAS CARACALLA




Ayer tuve la suerte de ver en TV5 la primera parte de un telefilm llamado Alias Caracalla, basado en la obra homónima autobiográfica de Daniel Cordier (n. 1920). Joven militante de Action française con 17 años, es, al comienzo de la guerra, acérrimo partidario de Charles Maurras, filofascista, antisemita, anticomunista y ultranacionalista. A pesar de su militancia de extrema derecha, su profunda pasión por la verdad y un insobornable patriotismo le impiden caer en el colaboracionismo, al contrario que Maurras, rechazando el armisticio de Pétain, e intentando pasar a África del Norte. Su barco, no obstante, es obligado a desviarse a Inglaterra, donde se une a las fuerzas de la Francia Libre. En 1942 es lanzado en paracaídas sobre Francia, y llega a convertirse en secretario del mítico líder de la Resistencia interior, el republicano Jean Moulin, cuyo ejemplo le hará evolucionar hacia posturas de izquierda. Después de la guerra, se convierte en pintor y marchante de arte, y hacia los años 70 produce una magna obra histórica reivindicativa de Jean Moulin, frente a ciertos ataques y críticas de la época.
El telefilm recoge los hitos principales de esta etapa de la biografía de Cordier, presentándolo como un joven entusiasta e idealista, ingenuo en la exposición de su ideología radical (sorprende verlo sorprenderse sinceramente, tras su primer encuentro con Moulin, de que éste considerara que Dreyfuss era inocente, lo que no empece que el joven confiese la admiración inmediata que le ha suscitado el izquierdista), que le lleva a disputas con compañeros de armas como Stéphane Hessel, aunque siempre dispuesto a la reflexión y al análisis. Su homosexualidad es tratada de modo tangencial, sobre la que el nonagenario aunque activo Cordier tratará en un segundo volumen de sus memorias.
La tensión en la película no es creada por escenas de acción prototípicas, sino de modo sutil, como la manera rápida, nerviosa y firme del joven protagonista de atravesar las traboules del viejo Lyon y de visitar sus pequeños restaurantes tradicionales, constantemente pendiente de todo alrededor. Entonces pensé que Francia es eso: algo viejo y digno, y que esa es una de las razones por las que amo a ese país. Tan distinta su realidad a la de la España actual, que se niega a sí misma y se quiere de anteayer. Una de las culpas mayores de la casta política partitocrática es, como señala Antonio García-Trevijano, haber arruinado la conciencia nacional por sus intereses de clase, materializados en el Estado de las Autonomías que sirvió como imponente agencia de colocación de sus cachorros (sólo tendría sentido restituir aquellas autonomías que fueron eliminadas por la fuerza de las armas). Se dice que un crimen se borra con otro mayor, y vemos cómo la casta política nacionalista se lanza a la aventura independentista en la esperanza de tener un régimen propio en el que ocultar y eternizar su inmensa corrupción. Se repiten, ahora bien, los mantras del consenso y de la reconciliación, prueba de fuego de la corrupción que quieren sellar las oligarquías de distinto pelaje que la propugnan, y que ha hecho, por ejemplo, del franquismo una nebulosa indefinida de maldad, en la que no se quiere profundizar para no mostrar que el régimen actual no es más que una mera continuación de aquél, antidemocrático, sin separación de poderes, sino mera división de funciones del poder, y no representativo de los ciudadanos, secuestrados en su representatividad por unos partidos estatales que cumplen la misión, propia del fascismo, de integrar a las masas en el Estado, ahogando a la sociedad civil, de la que deberían haber surgido. Y todo eso sancionado por el indigno personaje que ostenta la corona, heredero de Franco y traidor a todos a sus juramentos, sólo preocupado por su fortuna y sus placeres, y del que el ojalá fallido heredero se está mostrando únicamente como un pelele sin carácter ni dignidad.


sábado, 15 de febrero de 2014

ARTE SOBRE PAPEL






En la central de arte PRÁCTIKA de Cádiz (c. Parlamento, 11) se expone hasta el próximo siete de marzo una muestra de la obra del pintor y grabador gaditano Javier Molina bajo el título genérico de "Sobre papel". Así, pueden contemplarse acuarelas sobre papel,




grabados en talla dulce,



y grabados calcográficos al aguafuerte, prendas del completo dominio que posee el artista de esta difícil técnica.









Junto a estas obras se exponen acuarelas y óleos sobre cartón,







La exposición cuenta asimismo con una muestra de obras al óleo de mayor tamaño del autor, como las tituladas "Tarde lluviosa", y "viernes".



Es un placer añadido poder disfrutar de la conversación del artista, dotado de una gran capacidad discursiva y de una profunda pasión artística y humana que transmite en el acto cuando habla de arte.





jueves, 6 de febrero de 2014

SOBRE PAPEL




Mañana es el vernissage de una exposición de obras sobre papel del pintor y grabador gaditano Javier Molina. Una excelente ocasión para reencontrarse con las densas atmósferas creadas por este artista singular.

sábado, 25 de enero de 2014

HOMENAJE A ALAN TURING




Hace un par de meses, llevado por la nostalgia, me dio por buscar música de esa que uno escuchaba en los primeros 80 en la mina que es Youzeek. El hecho es que recuperar un grupo tan singular y ecléctico como La Mode -quizás el mejo- me llevó a Vainica Doble, pasión del otrora líder de aquella formación, Fernando Márquez, de errática carrera y obnubilantes postulados políticos. De los años 70 en la música pop española yo amaba intensamente parte de lo que se llamó de manera demasiado genérica "rock andaluz" (Imán, Triana, Guadalquivir, Azahar), y las maravillosas Vainica eran una referencia desgraciadamente demasiado marginal para mí en aquella vuelta de calcetín musical que supusieron los años 80, que prácticamente barrieron con todo lo anterior, con lo malo, ciertamente, pero también con lo bueno.
Y es así que esas viejas canciones de Vainica me transportaron, a través de Carlos Berlanga, a otros grupos, ya del nuevo milenio, que cultivan en sus canciones un humor más o menos tierno y/o juguetón similar, salvando las lógicas distancias, al de Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen; me refiero, así, a formaciones como Single, Hidrogenesse, y Chico y Chica.
Concretamente, Hidrogenesse (los catalanes Genís Segarra y Carlos Ballesteros) parece haber configurado toda una tendencia dentro del electropop español a través de la creación del sello discográfico Austrohúngaro. Dicho nombre, de tan sonoras evocaciones literarias -pues hace pensar en esa Viena decadente y magnífica tan bellamente recreada por Joseph Roth-, da razón en parte del estilo deliberadamente ecléctico y del humor y la ironía referencial que salpican las composiciones de Hidrogenesse y de los grupos que publican en su sello, como Chico y Chica.
Sorprende ciertamente en Hidrogenesse la variedad de referencias culturales, que les lleva, por ejemplo, en su primer CD de 2002 (Gimnàstica Passiva) a musicar dos estrofas de la Fábula de Polifemo y Galatea en la canción Góngora, junto a recreaciones paródicas del sonido disco ochentero, y al retrato idílico de la vida familiar de Kurt Cobain y Courney Love. Planteamientos programáticos a través del leit-motiv del mundo animal alberga también su siguiente disco, Animalitos (2007), en el que letras entreveradas de agridulce ironía se combinan con acordes de la más variada índole, que aúnan resonancias que se me antojan mediterráneas con otras puramente electrónicas.
Su último disco, también conceptual, Un dígito binario dudoso. Recital para Alan Turing (2012), supone un homenaje a Alan Turing (1912-1954), matemático inglés precursor de la informática moderna, de reciente actualidad por haber recibido el indulto de su Majestad respecto a la condena que sufrió en 1952 por prácticas homosexuales, acompañada como fue de una campaña de descrédito público que precipitó su suicidio dos años después. Precisamente, en el disco, que hace un recorrido por la vida y la obra de Turing, se pone en evidencia la paradoja vital del padre de la computación, quien recibió la más alta condecoración del Imperio Británico por contribuir decisivamente a descifrar el código secreto de la máquina encriptadora nazi enigma, hecho, sin embargo, obligado a quedar en secreto por las exigencias de la política de la Guerra Fría, mientras que se aireaba en la prensa su vida privada homosexual ("Los méritos públicos son secretos./Los detalles personales son públicos.", Enigma). Sin duda este disco excepcional, sabiamente medido y construido con un admirable afán perfeccionista quedará como un hito no sólo en la historia de este dúo musical sino también en la de la música pop española de principios del presente siglo.



Imagen: Genís Segarra y Carlos Ballesteros sostienen un retrato de Alan Turing




sábado, 18 de enero de 2014

TIEMPO DE ENFERMEDAD (II)




"Similar a estos sueños enajenados es el tratamiento del tiempo que puede hacer la narración, así "trata el tiempo". Ahora bien, si puede "tratarlo", está claro que el tiempo, que constituye un elemento del relato, igualmente puede convertirse en su objeto; y si sería ir demasiado lejos afirmar que se puede "narrar el tiempo", después de todo, no constituye una empresa tan absurda como nos había parecido de entrada el querer evocar el tiempo en la narración, de manera que podría atribuirse un doble sentido, muy relacionado con el soñar, al término de "novela de nuestro tiempo".
Sólo hemos planteado la cuestión de si es posible narrar el tiempo para reconocer que ésa era precisamente nuestra intención en la historia en curso [...] lo que nos interesa es que se participe de los sentimientos de nuestro héroe, y el mismo Hans Castorp ya tampoco estaba muy seguro sobre ello desde hacía bastante tiempo. Eso forma parte de su novela, de esa "novela de nuestro tiempo", entiéndase en un sentido como en otro". T. MANN, La montaña mágica, trd. de Isabel García Adánez, p. 793.

Tal declaración programática tardía hace Mann no lejos de la parte final de su magno Zeitroman, del que ya traté en otra entrada. El autor de Muerte en Venecia elige a Castorp como representante del joven alemán medio de la primera década del siglo XX, "mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más honrosos del término" (Ibidem, p. 51) para someterlo, por una parte, a las enseñanzas de los "pedagogos" Settembrini, liberal racio-ilustrado, y Naphta, medievo-reaccionario providencialista, dentro de un marco de referencia irónica de Bildungroman en el entorno del sanatorio de alta montaña para enfermedades pulmonares de Davos, adonde acude Castorp de vacaciones para visitar a un primo enfermo, y donde permanecerá siete años por voluntad propia; y, por otra parte, para servir de hilo conductor de las reflexiones de Mann sobre el Tiempo (cf. pp. 151, 165, 317, 346, 417, 502, 505, 523, 583, 597, 800, 1035), desde su altura inasequible de narrador omnisciente, que me parece uno de los escasos deméritos que alejan la obra de una sensibilidad literaria actual.
Castorp, huérfano a muy temprana edad y que sufriría también la pérdida de su abuelo-tutor, se confiesa habituado a la muerte, y consigue así adaptarse al ambiente del sanatorio y a sus habitantes, que forman un mundo aparte frente a "los de abajo", en el que el tiempo parece fluir de un modo distinto, que hechiza al joven Hans, tempranamente hastiado de la vida morigerada y milimetrada que le espera fuera de aquella extraña isla de lindes austeros.
Esta percepción del tiempo está relacionada con la enfermedad, que Mann señala como desmitificable, ya que, siendo una dimensión en sí extraordinaria, no tiene nada de heroico, unida como está a una insensibilización al dolor, y a las alertas que erizan, fortalecen -y secuencian- la vida activa.
Las fricciones entre tiempo absoluto y narrativo parecen enconarse en la parte final de la obra de Mann, que da la impresión de sufrir de la "tremenda sed de cambios" y la "febril impaciencia por que el tiempo pasara lo más rápido posible" que el autor atribuye a "quienes sólo viven el momento presente" (Ib. p. 523). Los acontecimientos, así, se precipitan tras la vuelta al sanatorio de Madame Chauchat (nombre ya por sí parlante, objeto de los amoríos fugaces de Castorp, y único personaje femenino de relieve de la novela, aunque no sea más que el avatar secundario de un referente amoroso masculino de la infancia del joven Castorp, quien encarna de tal suerte las tensiones homosexuales del propio Mann), con la introducción de personajes casi fallidos como Peeperkorn, que pone en evidencia la artificiosidad de las relaciones entre Castorp y Chauchat. Por otra parte, la vida del sanatorio se acelera por la introducción de modas como el cultivo de la fotografía o la aficion al fonógrafo, así como por la práctica del espiritismo, que, según Mann, contribuye a enrarecer la convivencia del centro, dando lugar a episodios de violencia, de los que no quedan excluidos brotes de antisemitismo. Asimismo, el creciente ambiente prebélico del mundo de abajo -no se olvide que Mann sitúa su novela en los años previos a la primera guerra mundial- contagia, a través de la insidiosa prensa, al propio Castorp, que recibe aldabonazos premonitorios en la muerte por enfermedad de su primo Joachim, joven militar malogrado, y en el suicidio de su comentor Naphta.
No ha de sorprender en este punto la precipitada decisión final del joven alemán de abandonar el sanatorio suizo para incorporarse a filas, diferente así de las acciones ejecutadas en el resto del libro, precedidas siempre de sesudas conversaciones con sus mentores intelectuales: en la época que Mann escribe su relato mantiene posiciones nacionalistas pangermanistas que abandonará poco después de publicar esta obra.
En la escena bélica final resuena la música de Lindenbaum, lied de Schubert que, en un momento no muy anterior de la novela, actúa como punto de inflexión en la actitud racio-vital del joven Castorp, quien tiene la intuición de que tal pieza musical encarna una belleza sublime, pero deletérea, la del mundo en el que se ha movido ese septenio, pero a la que hay que renunciar por el amor a la vida del compromiso con la realidad.

"¿Pero cómo era posible? ¿qué tenían de "enfermo" la adorable canción nostálgica de Hans Castorp, la esfera sentimental a la que pertenecía y el amor hacia ella? ¡Nada en absoluto! Eran lo más gozoso y sano del mundo. Sin embargo, se trataba de un fruto que, aún hallándose fresco y esplendoroso -o todavía fresco y esplendoroso- en aquel mismo instante, poseía una extraordinaria tendencia a la descomposición y a la podredumbre; y aun siendo la mayor delicia para el alma, siempre aue se probase en el momento oportuno, a partir de ahí se difundía la podredumbre y la perdición entre los hombres que quisieran probarlo. Era un fruto de la vida engendrado por la muerte y que producía la muerte. Era un milagro del alma, tal vez el más alto desde el punto de vista de la belleza desprovista de conciencia y bendecido por ella; no obstante, por razones de peso, era contemplado con desconfianza por quien amase la vida en su sentido orgánico y tuviese conciencia de su responsabilidad para con el mundo que le rodeaba. Era un objeto al que, escuchando la voz de la conciencia, convenía renunciar.
[...] Merecía la pena morir por ella, en realidad, ya no moría por ella y sólo se convertía en héroe porque, en el fondo, moría por algo nuevo, por la nueva palabra del amor y del futuro que presentía su corazón..." (Ib. pp. 957-958).



Imagen: Davos (Suiza).





sábado, 11 de enero de 2014

EL NIÑO




El niño señala con el dedo aquello que le llama la atención; abre mucho los ojos, y suelta un "¡oh!" de su boquita toda sonrisa ante las luces del techo que se encienden como porque sí, y vuelve a señalar en la calle el lejano creciente de la luna con su dedito. Es un pequeño guardián de lo sagrado, héroe del descubrimiento instantáneo de lo para él siempre nuevo. No puedes más que envidiarlo, y desear acompañarlo en la formación de sus recuerdos crecientes y mágicos, que sustituyan a los de tu propia infancia ya tan menguantes.


  

sábado, 4 de enero de 2014

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS




Pero alguien más había en la cabaña:
Un niño entre sus brazos la mujer guardaba.
Esperamos un dios, una presencia
Radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia,
Y cuya privación idéntica a la noche
Del amante celoso sin la amada.
Hallamos una vida como la nuestra humana,
Gritando lastimosa, con ojos que miraban
Dolientes, bajo el peso de su alma
Sometida al destino de las almas,
Cosecha que la muerte ha de segarla.

Nuestros dones, aromas delicados y metales puros,
Dejamos sobre el polvo, tal si la ofrenda rica
Pudiera hacer al dios. Pero ninguno
De nosotros su fe viva mantuvo,
Y la verdad buscada sin valor quedó toda,
El mundo pobre fue, enfermo, oscuro.
Añoramos nuestra corte pomposa, las luchas y las guerras,
O las salas templadas, los baños, la sedosa
Carne propicia de cuerpos aún no adultos,
O el reposo del tiempo en el jardín nocturno,
Y quisimos ser hombres sin adorar a dios alguno.


LUIS CERNUDA, La adoración de los Magos, 139-160.





sábado, 28 de diciembre de 2013

"MACBETH" EN LA VERSIÓN RÍTMICA DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO




Disgustaba a Nietzsche la mezcla de lo elevado y lo vulgar que detectaba en Shakespeare, por comparación con los Trágicos griegos. Es esa variedad de tonos, empero, la que da razón de la modernidad imperecedera del dramaturgo inglés. Y no podía encontrar traductor más atento a sus filigranas lingüísticas y estilísticas el autor de Macbeth que el añorado maestro zamorano, fallecido hace poco más de un año. No compartir sus ideas políticas no debería ser óbice para reconocer su inmenso mérito científico y literario, tan poco apreciado por estos pagos. Ciertamente, la figura de García Calvo se antoja ciclópea en el panorama de la mesocracia intelectual, moral y artística actual alentada por nuestra Monarquía de Partidos o Partitocracia socialdemócrata, y, por lo tanto, silenciable bajo el peso de la cultura mediática.
Así, frente a los egos tumultuosos que produce el mundillo literario, con tipos como el del censor gallináceo, platonista del tres al cuarto, e hipócrita expendedor de títulos de poeta, y el de la figurita literaria que ejerce la más rastrera de las envidias, la dirigida hacia el que está "por debajo" en el "escalafón" literario, ambos tipos símiles (asinus asino pulcherrimus), y concordes (inter inhonestos similitudo morum), García Calvo niega su identidad individual de literato, para profundizar en la razón común del lenguaje, que yace en la pluralidad anónima del "pueblo"; y, por ende, contra la poética normativa hepta-endecasilábico-sonética, García Calvo desarrolla nuevos moldes métricos y estróficos en español (véase, por ejemplo, su pródigo Libro de conjuros).
La traducción que publica el maestro zamorano en 1980 procede de una refundición de la que hizo 25 años antes para representarla con una compañía ambulante por su provincia natal. Se trata, pues, de una versión apta para el oído y las tablas, ajenas a las convenciones prosaicas de la Literatura, y su sierva, la Traducción, como señala García Calvo en su Introducción:


Así como apenas puede esperarse que la simple lectura entienda debidamente la virtud del ritmo de estos versos por los que discurre lo más del drama (un ritmo que, siguiendo en lo principal la tradición del verso inglés, pero con alteraciones que mi propia tradición me ha venido deparando, trata de dar, sin ajustarse a esquemas silábicos literarios, lo justo de medida y compás para hacer palpitar la voz del comediante y alejarla del desmayo de la prosa), virtud que sólo también la recitación por actores bien articulados y sonoros podría poner a prueba, técnicos y enamorados de la voz, de las ondas y vibraciones temporales, en contra de la vergonzante reproducción del habla natural que el imperio de la Literatura (y de su prolongación, el cinematógrafo) impone de ordinario a los comediantes de nuestros tiempos. Tal vez encuentre este Macbeth una tropa de gentes animosas y sensitivas que se sientan tentados a la aventura de hacerlo andar sobre la escena.

Es, sin duda, un placer que sólo puedo encarecer el degustar la sombría belleza aliterante del original inglés, al tiempo que se la compara con la traducción de García Calvo, fruto de un finísimo oído, extremadamente sensible a estos rasgos, que guía firmemente una sabia mano que sabe trasponerlos  con gracia al español. Así, algunos ejemplos podrían ponerse al azar:

"Nada se tiene, todo se ha gastado, / cuando el deseo lo logramos sin contento. / Mejor es ser aquello que uno destruía / que por la destrucción morar en casa / de dudosa alegría" (Naugth's had, all's spent, / Where our desire is got without content: / 'Tis safer to be that we destroy, / Than, by destruction, dwell in doubtful joy", Act III, scene II).

"Rebelión mortal, no te alces hasta que la foresta / de Bírnam se alce, y ya Macbeth en su alto asiento / vivirá su arriendo a vida y pagará su aliento / al tiempo y la mortal costumbre. Pero aún tiemblo / una cosa por saber: decid, si a tanto alcanza / vuestro arte: reinará jamás la descendencia / de Banquo en este reino? (Rebellion's head, rise never, till the wood / Of Birnam rise, and our high-plac'd Macbeth / Shall live the lease of nature, pay his breath / to time and mortal custom. -Yet my heart / throbs to know one thing: tell me, -if your art / Can tell so much, -shall Banquo's issue ever / Reign in this kingdom?, Act IV, scene I).

"Mañana, y mañana, y mañana, avanza / escurriéndose a pasitos cada día, hasta / la sílaba final del tiempo computado, / y todos nuestros ayeres han alumbrado, necios, / el camino a la polvorienta muerte, ¡Fuera, fuera, / breve candelilla! No es la vida más que una / andante sombra, un pobre actor que se pavonea / y se retuerce sobre la escena su hora, y luego / ya nada más de él se oye. Es un cuento / contado por un idiota, todo estruendo y furia, / y sin ningún sentido" (To-morrow, and to-morrow, and to-morrow, / Creeps in this petty pace from day to day, / To the last syllable of recorded time; / And all our yesterdays have lighted fools / The way to dusty death. Out, out, brief candle! / Life's but a walking shadow; a poor player, / That struts and frets his hour upon the stage, / And then is heard no more: its is a tale / Told by an idiot, full of sound and fury, / Signifying nothing, Act V, scene V).