MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

sábado, 25 de abril de 2015

AL BORDE DEL GARONA



Una chica al borde del Garona, aparentemente extática ante el reflejo del sol en el agua ondulante; tan lejana, tan misteriosa en esa vislumbre de una paz condicional. Bajo el puente el río sigue fluyendo, baña sus riberas, y proporciona el consuelo del solaz ajeno.

sábado, 11 de abril de 2015

LEONARDO PADURA EN TOULOUSE





El pasado 20 de marzo, en el marco de la vigesimo séptima edición del Festival CINÉLATINO, el escritor cubano Leonardo Padura ofreció una conferencia en la librería Terra Nova de Toulouse para presentar la traducción francesa de su última novela, Hérétiques (2014), en la que aparece su alter ego, el ex detective Mario Conde, convertido ahora en marchante de libros antiguos, y que se sitúa tras la pista de un cuadro de Rembrandt, desaparecido en la Habana en 1939, lo que le permite ofrecer un fresco verista de la Amsterdam del siglo XVII.
He de confesar que Leonardo Padura me resultaba una figura literaria desconocida, hasta que gracias a una profesora francesa de español que trabajó un año en mi instituto, me pidió ayuda para corregir ciertas expresiones del texto que redactaba para preparar su oposición de Agrégé, y que versaba sobre Padura. El retrato paduresco de Cuba resulta, ciertamente, atrayente y cautivador sobremanera, y esta compañera me regaló un libro del autor cubano, Adiós, Hemingway, donde reconstruye, quizás como un exorcismo de la memoria, la huella del escritor norteamericano en la Habana.
En esta ocasión, instigado por las compañeras francesas del colegio con el que realizaba un intercambio lingüístico de alumnos, asistimos a la conferencia de Padura. La sala estaba llena de un público entregado y, sin duda, conocedor de la obra del autor. Éste dio un tono distendido a su discurso, plagado, aunque no exclusivamente, de anécdotas personales sobre su vida, que intentaba constantemente relacionar con la peripecia vital de Mario Conde, protagonista mayor de su obra literaria. Hizo, asimismo, referencia a su primera visita a España, a los 40 dólares de los que disponía para costear toda su estancia, y a la frustración por no poder comprar libros en los mercadillos de libros de segunda mano, subsanada en parte por un amigo que le regaló una obra de Manuel Vázquez Montalban, por quien confesó su admiración.
Su tono era pausado y reflexivo, propio de un hombre acostumbrado a buscar la palabra justa y a orillar la polémica, incluso ante las preguntas sobre el no estreno en Cuba de la película Retour à Ithaque, de la que es coguionista. Así, sus referencias a la realidad cubana, sin eludir la amargura, carecían de cualquier alusión política. Con todo, su reflexión sobre la condena de Spinoza por la sinagoga de Amsterdam le llevó a concluir que en Cuba se había llegado al refinamiento en el cultivo de la envidia, pecado típicamente español.

sábado, 28 de marzo de 2015

ESTACIÓN FINAL: VENECIA

Por mucho que se sepa de antemano de ella, Venecia no deja de provocar estupor y maravilla en el viajero que por primera vez la visita. La inaudita sensación que le sobreviene a uno, por ejemplo, cuando sale de la estación de tren, y observa ante él un irreversible mundo de canales y la imposibilidad del coche. Una sensación de zozobra, de vértigo remiso me inundó durante toda la estancia en Venecia, al ver los portales musgosos que daban directamente sobre el canal, así como las tiendas y restaurantes; tal que el efecto combinado de las lluvias y las mareas que desbordaban los canales, y obligaban a imprevistos voluntarios a colocar pasarelas de fortuna en las entradas de la Plaza San Marco. Las callejuelas de piedra, y sus meandros de tiempo reculante nos llevaban a antiguas mercerías y droguerías, como uno sólo las recordaba de su niñez remota.
Bares familiares con carteles de tarifas de antiguas casas de lenocinio, y carteles de rechazo a la mafia, que sube como negra marea del sur al norte, junto al puente Rialto, asendereado de las procesiones de ida y vuelta de los turistas, y Charlots más anacrónicos que cualquier exultante escultura decimonónica ante el fulgor milenario de la Serenissima.
Venecia, ciudad de los mil secretos, cuya sombra apenas he llegado a vislumbrar, ni como rompeolas de la nostalgia.
























sábado, 28 de febrero de 2015

ANTE LA TUMBA DE TORELLO SARAINA EN VERONA

Gracias al magno filólogo decimonónico Theodor Mommsen pude averiguar la fecha de fallecimiento de Torello Saraina (8 de mayo de 01550), y gracias a él y a otros autores locales pude saber de su sepulcro en la iglesia de san Fermo Maggiore de Verona. Según las noticias, dicho sepulcro, extante, descansa sobre dos toros (alusivos a su nombre) y bajo una inscripción honorífica encargada por la ciudad. Dediqué así una parte de mi última jornada en Verona con mi mujer a visitar dicha iglesia, digna de por sí de ser visitada, pues cuenta con una estructura doble, casi especular, dado que existe una iglesia exterior, que mezcla elementos góticos, renacentistas y barrocos, y otra subterránea que conserva su antigua estructura románica. En la entrada de la iglesia pude comprobar la veracidad de las afirmaciones de nuestro amigo Silvano Bassi sobre la ignorancia de los veroneses sobre su pasado, pues el vendedor de los tickets no supo decirme si existía todavía dicha tumba, y en qué parte de la iglesia. Entramos, pues, buscando cualquier elemento taurino en el templo (¡curiosa búsqueda!), y mi sorpresa fue enorme al encontrar en la parte izquierda de la única nave, junto al altar erigido por Saraina a sus expensas en 01523, su sepulcro, los toros y la inscripción en un estado de conservación que mis perspectivas más optimistas no podían imaginar. Fue muy emotivo apoyar la mano sobre el frío mármol, y darme cuenta de que ese gesto representaba una manera de reconciliarme conmigo mismo, de aceptar mis propios méritos después de tantos años de zozobras y peregrinación interior. Luego, visitamos la iglesia inferior, a la que se accede por una angosta escalera cerca del altar, y sobre el mismo plano izquierdo. La belleza del rojo sobre la piedra, tan primigenio, tan rupestre si se quiere, me dejó transido, y deseoso de volver.