MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

domingo, 25 de enero de 2026

GROENLANDIA

 


An-My Lê 


Groenlandia está actualmente de moda por razones políticas: los EEUU la reclaman para sí por "razones de seguridad", aunque el verdadero objetivo es disputar el control del Ártico a Rusia y a China. La colonizada UE ha mostrado su verdadera naturaleza servil, ya que todos forman parte de la OTAN, y es el jefe, el que aporta el 75% de todo, el que quiere quedarse ahora con parte de uno de sus países aliados, mientras los siervos de la UE aventaban la mentira de la "amenaza rusa" para todos, la de un dictador imperialista, Putin, dispuesto a llegar a Lisboa en breve, cuando avanzan a paso de tortuga en Ucrania para hacer frente a la amenaza -esta sí verdadera- de la expansión imparable de la OTAN hacia el este desde 1991. ¿Alguien piensa que invocarán estos corruptos globalistas el manido artículo 5 de dicha agresiva organización para defender a Dinamarca? Todo probablemente acabe en el paripé de ceder sin aparentemente hacerlo.

La falsa Tierra Verde surgió de improviso en mi mente cuando pensaba en el destino y la causa de la desaparición de uno de los personajes de mi novela Crónicas de Zibelterra. Groenlandia, la vieja ultima Thule romana, ese mítico territorio septentrional, que me vino como paródica tierra -ahora Trump comete el mismo error con los pingüinos que mi alcalde de Zibelterra- de purificación e ignota redención, hasta el final de aquella novela:


Blanca cerró los ojos, apoyando su frente contra sus muslos, sobre el filo de la carpeta allí colocada. Se sintió tranquila, en paz, como si nada malo pudiera ya ocurrirle [... iba a incorporarse, cuando sonó su móvil [...] ¿Por qué la llamaría Fofi?

            -Hola, Fofi, ¿qué tal? -dijo Blanca con tono indolente, como si acabara de despertarse. 

            -¿Que qué tal?, mal. ¿No sabes lo de Elvira?

            -¿La concejala de Eventos Artísticos y Festivos?, no, Fofi. Llevo un par de días desconectada de todo. ¿Le ha pasado algo malo?

            -No, nada malo, salvo que se ha ido, la tía.

            -¿Cómo que se ha ido, Fofi?, no puede irse así como así, es la concejala…

            -Sí, es la concejala de su puta madre; se ha ido de su casa, del ayuntamiento, y de la ciudad.

            -¿Pero a dónde? -preguntó Blanca, que guiñó al perrito que había vuelto su cara para observarla.

            -A Groenlandia, cojones. Su marido, Luis, mi amigo, me llamó para decirme que había llegado a casa, que faltaba una maleta pequeña, y que de los altillos habían sacado alguna ropa de invierno; tampoco veía por ningún lado su documento de identidad ni su pasaporte. Su móvil no contestaba, así que llamó a su madre y a sus hermanas y no estaba con ellas. Extrañado, le dio por abrir el ordenador y allí había un correo de Elvira, diciéndole que lo dejaba todo, y que no la siguiera, que se iba a Groenlandia…

            -¿Pero por qué a Groenlandia? -preguntó Blanca ahuecando la voz, pues desde que empezara a hablar el alcalde, se había tapado la boca haciendo un esfuerzo sobrehumano por contener una risa, que si explotaba, sería incontrolable e inextinguible.

            -¡Porque está loca!, dice que en Groenlandia hay una altísima tasa de suicidios entre los jóvenes, que son víctimas del alcoholismo y la falta de perspectivas (aparte de que tiene que hacer un frío del carajo), y que, como su vida no tiene sentido aquí, iba allí a ayudarlos promoviendo la música, el arte y el teatro (loca perdida).

            -¡Qué fuerte, Fofi, no doy crédito! -dijo Blanca, frunciendo el ceño exageradamente, mientras acariciaba la cabeza de la perrita que había venido a sentarse a su lado.

            -Pero eso no es lo peor, ¿no sabes de verdad lo que ha hecho? Además de mandarle el mail al marido, dejándolo hecho polvo, ha enviado un comunicado a la prensa. Se ha publicado esta mañana. Me ha jodido, la hija de puta.

            -¡Joder, Fofi!, lo siento. ¿Pero qué dice de tan malo?

            -Mira, además de decir la carajotada de lo de Groenlandia, lo que ya de por sí la descalifica, dice que el puesto que ha ocupado no se ha debido a su capacidad, sino mayormente a ser la guapa mujer de uno de los mejores amigos del alcalde (podría haber dicho también que le robó el marido a otra, ya por decirlo todo, cabrona), y a su servil obediencia al partido; no obstante, dice que se ha sentido superada por las obligaciones del cargo (¿pero qué obligaciones?, carajota, si no hacías nada, sólo seguir las líneas que le daba... tú principalmente, en este caso, Blanca) y el peso de su conciencia de haber sido inmerecidamente recompensada. Escucha, escucha, lo que escribe esta capulla que no sabe juntar cuatro letras: “No puedo ser cómplice un minuto más de un régimen político antidemocrático como el que existe en España, donde no hay una constitución que garantice la separación de poderes (¡vaya con la politololóloga!), ni existe la libertad política colectiva, pues los ciudadanos no pueden elegir libremente a un representante político, sino que tienen que escoger entre los comisarios políticos (¡fina la niña!) que ponen en sus listas electorales los cinco jefecillos de los partidos del régimen, a los que deben obediencia, y cuyo único objetivo es formar facciones del Estado, monopolizando su poder, y explotando a la sociedad como casta privilegiada fomentando una interesada y fingida división ideológica (¡uf, casi me quedo sin aliento!). Tanto es así, que el ciudadano no puede ni siquiera elegir directamente a su propio alcalde (¡qué lista, la tía!), sino que tiene que seguir votando listas, y quedar al albur de los pactos entre partidos, que, mediante el instrumento de corrupción llamado consenso se repartirán el poder municipal, como ha ocurrido en el caso de nuestro alcalde, Adolfo Mondoro, ocupando cargos remunerados, creando otros nuevos y asegurándose una clientela electoral, sin prestar atención a las verdaderas necesidades del votante, pues ante él no se sienten obligados, sabiendo como saben, que no se representan más que a sí mismos” ¡ole, ole, la artista, haciéndose la estupenda a mi costa!; pero, ¿de qué va?, ¿quién le habrá escrito estas palabricas?, pues suyas seguro que no son. Ya me enteraré.

            -Lo siento mucho, Fofi. Entiendo que te sientas traicionado. Es muy fuerte todo esto -dijo Blanca mientras acariciaba la barriga de la perrita que se extendía, morosa, a su lado.

            -Gracias, Blanca. Debo decir que el director del periódico me llamó antes de que se publicara, y le dije que no tenía problema en que saliera tal cual (así queda más evidente lo colgada que está si aparece todo), que la situación personal de Elvira era problemática hacía algún tiempo, pero que no podía imaginar este desenlace. He hablado con Luis, su marido, para que hable de enajenación mental de su esposa para explicar el discursito, si sabe lo que le conviene, y luego si quiere, que vaya a buscarla a Groenlandia, y quedarse allí si le parece, al gilipollas. Ya manejaremos este asunto, Blanca. Ya veremos. Por lo pronto, se me han ocurrido unos memes para Twitter y Facebook con la cara de esta tía, unos témpanos y unos pingüinos votando, ¡je, je!, democracia en Groenlandia. Dejándonos ya de bromas, Blanca, necesito verte hoy para redactar un comunicado oficial, asegurando y justificando la labor de la concejalía en manos de personas de acrisolado prestigio… y presentándote como la nueva concejala, ¿qué me dices?

            -¿Estás seguro de que hay pingüinos en Groenlandia, Fofi? -dijo la mujer, sofocando la risa-Bueno, claro que sí, Fofi, esta tarde a las 4 voy a tu despacho. Muchas gracias por tu confianza.

J.M. Domínguez Leal, Crónicas de Zibelterra, 2023, pp. 125-130

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