MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL

lunes, 2 de mayo de 2022

REVISTA DE MEDIOS DE ABRIL DE 2022


 

Henri Cartier-Bresson [Fantomatik blog]


Víctor Lenore analiza una campaña publicitaria, donde, en su opinión, se presenta una glamurización de la pobreza: «Más que proponer una condena moral, resulta interesante analizar el vídeo porque recoge cierto espíritu de época, una versión persistente de las élites económicas y culturales de nuestro tiempo. En 2030 no tendrás nada y serás feliz», reza una de las frases más inquietantes y repetidas en el Foro de Davos, concretamente en el documento «Ocho predicciones para el mundo en 2030», publicado en noviembre de 2016. No esconden que existe un plan corporativo global para ofrecer «servicios en vez de productos», sin modificar el hecho de que las grandes fortunas globales sigan acaparando las infraestructuras materiales. Este enfoque es parte de la famosa Agenda 2030, el plan simbolizado en esa chapita que exhiben varios miembros del gobierno de España. Cualquier lector fiel de El País y de otras cabeceras progresistas sabe que no se trata de un hecho aislado, sino de una tendencia extendida y reiterada que fomenta la resignación en la vida de los pobres (o de la clase media venida a menos). Tras analizar algunas manifestaciones de esta tendencia, adobada de anglicismos, Lenore se plantea una inquietante conclusión: «¿Tan loco es pensar que detrás de todo esto existe, si no un plan, sí una ideología dominante interesada en el conformismo social? ¿Por qué solo defienden estas tesis gente rica que -como mucho- abandona sus privilegios durante unas horas o días con objeto de airearse? Estamos, sencillamente, ante el reflejo cultural de un proceso político, económico y empresarial global, que no parece que vaya a remitir a corto plazo.»

Un anuncio publicitario lleva a Ignacio Ruiz Quintano a reflexionar sobre la naturaleza totalitaria del Estado moderno: «El Estado: Todo en el Estado, todo por el Estado, nada sin el Estado» anuncia una caja negra (¡como la de los aviones!) para el coche. Es su derecho de pernada: poseer, grabadas, nuestras últimas voluntades. […] Y quien anunció este fascismo prêt-à-porter de la caja negra que engorila a los estatalistas con utilitario fue Walter Lippmann, periodista (cuando el oficio requería de conocimientos) que puso en circulación el concepto de Guerra Fría, y que en A Preface to Morals, una recogida de platos rotos del liberalismo, describe, ¡en 1929!, los rasgos característicos del totalitarismo contemporáneo, infinitamente más opresor que el absolutismo de las monarquías en la modernidad. No importa, dice Lippmann, el origen del derecho a gobernar: «Un Estado es absoluto en el sentido que tengo en mente cuando reclama el derecho a un monopolio de toda la fuerza dentro de la comunidad, para la guerra, para la paz, para reclutar, para cobrar impuestos, para establecer la propiedad y para privar de ella, para definir el crimen, para castigar la desobediencia, para controlar la educación, para supervisar la familia, para regular los hábitos personales y para censurar las opiniones. 

– El Estado moderno reclama para sí todos esos poderes y, por lo que respecta a la teoría, no hay ninguna diferencia real en el alcance de esa reclamación entre comunistas, fascistas y demócratas.»

El mismo Ruiz Quintano recuerda el papel de la guerra como principal instrumento de expansión del Estado: «La guerra, dice Cavanaugh, es el instrumento de expansión del Estado. Guerra y Estado poseen idéntica conexión que religión e Iglesia. América era una Nación sin Estado (esto lo explica Dalmacio Negro, que aquí sólo contamos con un folio), y la guerra le ha proporcionado un Leviatán que ni soñó Luis XIV. La absorción de la sociedad civil por el Estado en la América contemporánea se produjo, según Cavanaugh, de tres maneras: crecimiento (por la guerra) del Estado, debilitamiento de las asociaciones intermedias y simbiosis entre Estado y empresa. En 2011, 11 de los 16 gabinetes ministeriales y todos los organismos federales habían salido de la guerra. La IGM incrementó un mil por ciento los gastos del gobierno. Después de la IIGM, el Estado burocrático fue el rasgo del paisaje, y siguió creciendo… con Reagan. La “guerra contra el terrorismo” supuso un Departamento de Seguridad Nacional con 170.000 agentes, segunda institución tras el Pentágono, cuyo programa Total Information Awareness reúne información sobre cada ciudadano a partir de los datos de las tarjetas de crédito, historiales médicos, multas, registros de viviendas… 

– El Estado-nación realiza la reivindicación que el Estado absolutista sólo podía formular: acceder a gobernar la vida cotidiana dentro de un territorio determinado

A vueltas con la naturaleza del Estado, y la negativa del «Estao» español a bajar impuestos, concluye que: «Nadie mejoró aún la descripción del Estado-nación moderno que hizo en los 90 el sabio escocés MacIntyre (por Dios, no confundir con Innerarity) en “Una respuesta parcial a mis críticos”: sea cual fuere su disfraz, decía, el Estado-nación moderno “es una institución peligrosa y de trato imposible, puesto que, por una parte, se presenta a sí mismo como un proveedor burocrático de bienes y servicios que siempre está a punto de dar a sus clientes una buena relación calidad-precio, pero de hecho  nunca lo hace; y por otra, como el depositario de unos valores sagrados que de vez en cuando nos invita a dar la vida por él…

 – ¡Es como si se nos pidiera dar la vida por la compañía telefónica! 

El Estado, desde luego, es una máquina tan artificial como la compañía telefónica, y su triunfo en Europa se debió, según Charles Tilly, a su formidable capacidad para extraer recursos de la población local y, a la vez, para contener los esfuerzos de esa población por resistirse a esa extracción. El español es estadólatra, y cuando se pone culto habla del “Estao” como un griego hablaba de la “Estoa”. Para decir “Estao”, Marlasca, un trepa de provincias que llegó a ministro de la porra en la capital, pone boca piñonera de aristócrata homérico, muy “vieux jeu”, y fascina a los pazguatos. El “Estao” se adapta como un guante a nuestra cultura católica porque el Estado absorbió a la Iglesia (como el felipismo al franquismo), y por eso su salmodia “no se pueden bajar los impuestos” nos suena. El estatalismo es la fanática religión del españolejo, con sus clerizánganos, sus pasioneros, sus capigorrones, sus curitas y sus frailones de misa y olla pasando por las televisoras del “Estao” el cepillo para el culto, que será Bolaños, que una vez ganó unas oposiciones al “Estao”. Ofenderían menos diciendo que es para la compañía telefónica.»

En el caso de la denuncia contra la ministra Margarita Robles por blanqueo de capitales y fraude fiscal, Luis Escribano señala que «La prescripción de delitos es otro ejemplo claro del VELO DE IMPUNIDAD con el que se protegen los políticos en este régimen partidocrático, abusando de su facultad de legislar. Si la nación pudiera controlar a los diputados, estas aberraciones no ocurrirían».

El analista Francisco Lázaro reflexiona en su muro de Facebook sobre la guerra de Ucrania y su cobertura informativa (Ucrania y la quiebra informativa en Occidente): «A lo peor estamos en guerra y no nos hemos enterado El súbito desplome de los niveles de calidad en la práctica informativa de los medios occidentales, en cuanto a contenidos, narrativa y ética profesional, hace pensar en un sistema de propaganda dirigido por el Estado y no en esa infraestructura cotidiana que sirve para traer la noticia al ciudadano de a pie. Videos trucados procedentes de redes sociales, intervenciones micrófono en mano de becarios con casco alemán de la Segunda Guerra Mundial, flashes, escenas, opiniones, eslóganes, aclamaciones públicas, titulares y retórica sensacionalista por doquier. Del otro lado no sabemos lo que se está haciendo, porque Google y otras redes sociales no lo difunden. Todo lo relacionado con fuentes informativas rusas está bloqueado por mandato de los gobiernos europeos en estrecha colaboración con las grandes empresas de Internet. Algunos usuarios influyentes que ponían en entredicho un discurso oficial al estilo Tarzán-Zelensky bueno, Rusia mala- han visto cómo sus cuentas en Facebook y Twitter eran canceladas, sin explicación alguna o con veladas insinuaciones de haber incumplido condiciones de uso. También se ha mandado al exilio interno a periodistas de renombre. No por difundir propaganda del Kremlin, sino por limitarse a hacer lo que cualquier corresponsal mínimamente cualificado ha hecho toda su vida: informar desde posiciones imparciales y contrastadas. Si esto no es el montaje típico de un país movilizado, poco le falta. A una escala sin precedente, los medios informativos públicos y privados están siendo utilizados con finalidades de adoctrinamiento. Más preocupante todavía es la polarización que semejante estado de cosas induce entre la ciudadanía. Internautas, parroquianos de bares, compañeros de trabajo e incluso gente normal durante las celebraciones familiares se rompen los cuernos discutiendo sobre si la matanza de Bucha es tan real como muestran las imágenes del telediario, o tan solo un montaje propagandístico de EEUU. Situaciones que por cierto ya se habían vislumbrado durante la pandemia. De hecho, podemos considerar este ambiente de crispación en torno a la guerra de Ucrania como una prolongación de aquella paranoia colectiva existente durante estado de alarma del Covid-19, y que los gobiernos europeos no pudieron o no quisieron impedir. Está claro que Europa tiene en este conflicto intereses que nos afectan a todo. Pero, ¿el fin justifica los medios? ¿Resulta coherente el uso de la más burda propaganda visual y del sentimentalismo barato con nuestro ideal democrático y de libertades ciudadanas? En otras guerras de nuestro tiempo (Kuwait, Los Balcanes, Irak y contra el Estado Islámico) hubo un sistema de información cualificado, basado en crónicas serias hechas por periodistas profesionales y en la libertad de expresión. Y aquello funcionaba. Lo que vemos tiene también mucho que ver con las limitaciones de nuestra clase política, de su falta de preparación y su incapacidad de ir más allá de sus funciones meramente representativas para abordar la resolución de los problemas que verdaderamente importan. Es precisamente para distraer de estos problemas por lo que se ha resuelto implantar una estrategia informativa sensacionalista, maniquea y populachera, censurando opiniones divergentes y presionando a los medios para que se hagan eco del interés político, al peor estilo de William Randolph Hearst y la voladura del acorazado Maine en vísperas de la Guerra de Cuba en 1898. Llegados a este punto, solo queda saber si la propaganda rusa es de mejor calidad que la nuestra.»

En su informe mensual sobre la situación del Covid (balance de marzo) Miguel Sebastián analiza las variadas estrategias de actuación (de la cero covid a la de «covid infinito») y comenta con preocupación el caso de España: «El Ministerio de Sanidad sorprendió al anunciar que dejaba de publicar los datos de diarios de incidencias. Ni siquiera Ucrania, en plena guerra, ha dejado de publicar datos.  Además, se ha decidido que los test no se tendrán en cuenta, excepto para casos de personas en grupos de riesgo. Desde el 28 de marzo, tampoco se exigirá la cuarentena de los infectados asintomáticos o de los casos «leves», aunque nadie ha definido qué es un caso «leve». ¿Se trata de una percepción subjetiva, de la capacidad de aguante de una persona contagiada o hay algún criterio objetivo para definir esos casos? La pregunta es ¿por qué se dejan de publicar los casos si las cosas van relativamente bien, al menos en relación con otros países? Probablemente porque se temen que pueda repuntar, como ha ocurrido en Reino Unido o Alemania. Lo mejor es no hacer test y, de hacerse, no publicar los resultados. La medida tiene una mezcla de autoritaria y paternalista. Autoritaria, porque parte de la base de que los datos son de los gobiernos o de los funcionarios. Pero, en una democracia consolidada, los datos son de los ciudadanos. Paternalista, porque la premisa es que los datos pueden crear «alarma social», cuando la gravedad de la pandemia se ha reducido significativamente. Que se haya reducido la letalidad es evidente, como recoge la Tabla 3. Pero sigue siendo muy alta. Recientemente, un conocido periodista decía que la «situación de China (alarmante) no tenía nada que ver con la de España».  Estoy de acuerdo con él. En el mes de marzo, en China se han registrado casi 40.000 infectados. Una barbaridad, para los estándares de ese país. Pero es que en España en ese mismo mes se han contagiado 516.000 personas. En cuanto al número de fallecidos por Covid, en España en marzo se han contabilizado 2.728. En China, 2. Y todo ello sin dividir por población. Por tanto, la mayor o menor gravedad de la situación también es algo subjetivo, como lo es la sensibilidad social hacia los fallecimientos. Por todo ello, la «alarma social» es un derecho de los ciudadanos, como lo es la disponibilidad de los datos. ¿Se imaginan que un gobierno deja de publicar el IPC porque crea «alarma social»? ¿O que deja de publicar el IPC general y sólo da a conocer la «inflación subyacente» porque es más que suficiente para lo que los ciudadanos necesitan en su vida cotidiana?»

Víctor Lenore analiza una tribuna de Daniel Bernabé en El País llamada «el momento Berlinguer» en la que «criticaba cariñosamente a Pablo Iglesias por haber retomado la retórica antisistema y pedía un regreso al enfoque institucional.» como síntoma de «la creciente comodidad de la izquierda del PSOE con las instituciones del Régimen del 78, a las que ahora pretende “demostrarse útil” (para su «pervivencia» y para “aportar estabilidad”)». A tal «momento Berlinguer» (en referencia al eurocomunista italiano) opone Lenore un «momento Polanyi»: «El antropólogo húngaro Karl Polanyi, autor del clásico La gran transformación (1944), ha sido señalado como clave para interpretar las crisis del presente, entre otros por intelectuales de referencia en la izquierda del PSOE tan diferentes como Jorge Tamames, Manolo Monereo, César Rendueles, Alberto Santamaría y Rafael Poch (que prologa la última publicación del maestro en España, Europa en descomposición, en la editorial Virus). Por supuesto, Bernabé está hablando de un referente político que conviene a la mera supervivencia institucional de Unidas Podemos, que es la mentalidad instalada en el partido hace tiempo. Por el contrario, la lista de cinco autores que destaco se —todos ellos sin salario del partido— se centran en analizar la batalla política popular (que la izquierda va perdiendo por goleada). La tesis fuerte de Polanyi es que el capitalismo es una utopía política extrema, ya que la normalidad histórica consiste en que el mercado siempre ha sido un espacio subordinado en las sociedades humanas, cuyo centro está en lazos distintos al intercambio económico (familiares, religiosos, derivados de la costumbre, etcétera). El caso es que Polanyi se ha vuelto un referente incómodo para la izquierda del PSOE porque son los partidos de derecha radical —basándose en pensadores tradicionalistas— quienes han comprendido y aprovechado este enfoque mejor que ellos, disputándoles amplias capas de votantes. Lo explicó, de manera cristalina, Manolo Monereo, exdiputado de Unidas Podemos, tras el triunfo electoral de Donald Trump: «La ‘hipótesis Polanyi’ es que hay un movimiento cíclico, lo que llamaríamos un ciclo antropológico-social, caracterizado por la implementación de políticas radicales promercado y la reacción de la sociedad ante ellas y, sobre todo, a sus enormes sufrimientos sociales. Habría un ciclo A de ejecución y un ciclo B de respuesta. La globalización capitalista vive ya en este ciclo. Ha habido una primera etapa de globalización triunfante, de liberalización progresista y de una coalición cosmopolita de clases en favor de ella. Desde la crisis del 2007 estamos viviendo una fase B, es decir, una insurrección global plebeya, nacional-popular (de nuevo, perdóneseme el esquematismo) contra una globalización percibida ya como depredadora, alienante y crecientemente incompatible con los derechos sociales, con la democracia y, más allá, con la dignidad humana”, resumía en noviembre de 2016. Más claro todavía: “Lo que está en crisis es la globalización capitalista y, como siempre, esto tiene, al menos, dos salidas: hacia el autoritarismo oligárquico o hacia la democratización social. En medio, no hay ya nada, solo las lamentaciones de unas viejas izquierdas sindicales y políticas que se hicieron neoliberales y que ya no son capaces de entender la sociedad y, mucho menos, de transformarla”, remata Monereo. Aunque el texto de Bernabé tiene tono propositivo, más bien resulta notarial: hace tiempo que el partido morado está por «aportar estabilidad» al sistema. Mientras el pueblo rechaza la globalización y sufre sus estragos, los altos cargos del gobierno de coalición lucen la chapa de la Agenda 2030.»

Luis Escribano sigue denunciando las ilegalidades de la administración en Andalucía: «El ayuntamiento de Torrox es el ejemplo claro de lo que nunca debe hacerse en una organización pública, financiada con dinero de todos los contribuyentes, con pluses fijos de hasta 27.000 euros para algunos funcionarios, en un municipio con menos de 19.000 habitantes. Y si ocurre sin consecuencias para los responsables, es porque en este régimen partidocrático nunca pagan los culpables, sino todos, gracias a los votantes de unos y otros partidos que perpetúan la partidocracia.»


Vox pide a concejales de Ciudadanos que dejen el partido ya si quieren ir en sus listas en 2023. La noticia señala crudamente que el partido-agencia de colocación de la casta política partidocrática exige a los aspirantes de otras marcas en previsible bancarrota que dejen sus actuales puestos de trabajo, si desean colocarse en la empresa que parece prometerles un futuro más estable. En esta pura transacción comercial no cabe hablar de programas, ideologías, o ¡qué cosas dice usted! de representación política del elector. La misma información se cierra sintomáticamente indicando que dicha empresa de la industria política de reparto del poder y de cargos a costa de los ilusos votantes prohibirá las «primarias», vano paripé que no hace que estorbar las decisiones inapelables de un Comité Ejecutivo destinado a «supervisar y dirigir» a su «personal». Que aprendan, pues, de eficacia en Inditex, aunque esta empresa, a diferencia de aquélla no pretende decidir sobre la vida y hacienda de sus «accionistas». Pero, ¿quién se atrevería a decir que esto no es una democracia representativa?
Moreno Bonilla anunciará esta tarde que las elecciones andaluzas se celebrarán el domingo 29 de junio. Luis Escribano comenta certeramente esta nueva fiesta de las facciones del Estao partidocrático para colocar y colocarse cuatro años más a cargo del iluso votante: «Se acerca la campaña de las grandes mentiras de todos los partidos. Les puede el ansia por llegar, conservar o ampliar el poder. Y lo digo bien en singular, porque los tres poderes del Estado están fusionados en uno solo, y como ocurre en todas las elecciones, nadie controla al personal eventual, laboral y funcionarios que pudieran dedicarse, desde la disolución del Parlamento hasta el día de las elecciones, a elaborar informaciones que soliciten los cargos públicos de los partidos gobernantes de la Administración de la Junta de Andalucía para su uso en la campaña electoral, en vez de dedicarse a trabajar para la Administración que paga sus nóminas. El personal eventual y el resto de los empleados públicos no trabajan para los partidos políticos, sino para los ciudadanos.»
Deseamos, pues, desde aquí a todos los andaluces una feliz fiesta de la abstención electoral activa, una de las formas pacíficas conocidas de fomentar la democracia representativa.

domingo, 3 de abril de 2022

REVISTA DE MEDIOS DE MARZO DE 2022

 



Wikimedia Commons


Ante el comienzo de la guerra en Ucrania, Hughes en ABC ironiza sobre la manera de no ser considerado rusófilo: «A continuación, unos humildes consejos para no ser considerado rusófilo. Para empezar, no diga intervención, como si Ucrania fuera Iraq o Afganistán, ahora sufren seres humanos a las puertas de Europa, que duelen más, ni diga guerra, diga invasión, pero de Putin, no de Rusia, una invasión de Putin, del «tirano», del «sátrapa», del «asesino», ¡del «genocida»! Ese es un buen punto de partida: una invasión genocida del tirano, pero tampoco acertará si se limita a mencionar Ucrania. Es contra Europa, es contra «todo lo que somos» (lo que entre todos nos dimos). Es un ataque contra el «orden liberal».

Como Putin es irracional, Rusia no tiene razones. No trate de entrar en detalles. No busque comprender. No justifique lo injustificable. No será necesario que repita el argumentario ruso de la «desnazificación», para ser sospechoso de rusófilo le bastará con recordar que la OTAN no ha dejado de ampliarse hacia el Este desde que el Muro cayó. No se pare en argumentos históricos, por secundarios que sean, ni en la existencia de espacios de influencia o esferas imperiales, conceptos ya todos sospechosos de raíz.»

Miguel Sebastián indica que la esperanza de que febrero marcara el fin de la pandemia ha fallado: «Hemos acabado febrero con un millón y medio de nuevos casos diarios en el mundo y con más de 7.000 nuevas muertes al día. Con estas cifras, resulta casi grotesco afirmar que «la covid se ha acabado». Y, a pesar de que fueron muchos los que a priori se apuntaron a esos vaticinios, a posteriori, nadie ha salido a explicar el fracaso de estas previsiones.» Y señala un curioso fenómeno: «En resumen, aunque no hemos conseguido derrotar al virus, ni con las vacunas ni con ningún tipo de medida de contención, al final hemos decidido olvidarnos de él, despedirnos de él. Aunque sigue físicamente presente, la covid ha sido desterrada de nuestras conversaciones, de las noticias en los medios de comunicación y de las preocupaciones de los ciudadanos.» Sebastián concluye expresando un temor al respecto: «Pese al “despido” del virus, continuaré con mis informes mensuales, aunque sólo sea por respeto a esos 100.431 fallecidos, sus familiares y amigos. Otra cosa es que los datos dejen de estar disponibles en algún momento. Pero eso serían palabras mayores, en una democracia en la que los datos deberían ser propiedad de los ciudadanos, no de los gobiernos ni de los funcionarios.»

Nacho Camino denuncia una escandalosa muestra de cómo el Leviatán partidocrático intenta triturar a un servidor público como un profesor: «Lo escandaloso de este asunto es que un profesor sea golpeado y que desde la Inspección no solo se omita el protocolo de asistencia psicológica y jurídica a que obliga la ley, sino que además se convierta a la víctima, por arte de birlibirloque, en presunto culpable. El claustro del Instituyo de Enseñanza Secundaria Burguillos ha reaccionado a esta actuación con la dignidad debida, firmando de forma unánime un escrito de protesta dirigido al Servicio de Inspección. No hemos recibido más argumentos que esa desfachatada respuesta pública recogida por la prensa en boca de la delegada. Nuestro objetivo como profesionales de la enseñanza es alertar a la opinión pública de estas medidas correctoras, cuya consecuencia fatal es la de responsabilizar al profesor de la violencia ejercida por los alumnos sobre su persona. Baste imaginar que se justificase la paliza a un médico por no emitir un diagnóstico del agrado del paciente, o que las injurias a un magistrado se disculparan por la sencilla razón de que el fallo no nos fue favorable.»

Alberto Iturralde y Emilio Triviño entrevistan a Paco Flores, exmiembro del partido comunista en la época de la Transición, expulsado por criticar la deriva del partido para integrarse en la naciente partidocracia. Flores analiza la futilidad de movimientos como el 15-M, y aboga por la unidad de acción de las distintas asociaciones que defienden la libertad política colectiva.

Ignacio Ruiz Quintano se pronuncia también sobre la censura de medios prorrusos por parte de la UE: «Los liberales defendían la libertad de expresión porque la libre discusión conduciría a la victoria de la opinión más acertada. La experiencia enseña luego que la libertad de expresión y la libertad de pensamiento son excluyentes, cosa que no saben los jóvenes. Y, sin embargo, la generación más complaciente con la censura que se recuerda es la más joven, que acepta que sea la Comisión Europea quien defina verdad y mentira, señal de que el país ya está listo para el gobierno de Gran Coalición que merecemos, aunque su llegada, si la guerra se alarga, nos pillará a todos en una casa de orates. […] En España pasamos políticamente de la opinión única de la dictadura a la opinión unánime del consenso. Pero un periódico sin opiniones encontradas es un catecismo.»

El mismo Quintano analiza el «centrismo» del nuevo-viejo jefe del PP, como prenuncio de la gran coalición de fuerzas partidocráticas: «La política es conflicto: si no quieres conflicto, no hagas política. Y sin política, todo es centro, un espacio entre la “derecha intensa” y la izquierda comunista. La socialdemocracia (ni socialismo ni democracia) de Feijóo, que representa el triunfo del colectivo frente al individuo, de la igualdad frente a la libertad, de la “gestión” frente a la “política”. El centrismo de Feijóo es la garantía de que su partido no cavará trincheras para combatir al gobierno, que en tanto que gobierno ya ocupa el centro, y de lo que se trata es de ampliarlo con una Gran Coalición, si consigue trepar por la escala de gato del nuevo navío. Una parodia de la “dictadura inglesa” que en enero del 49 anticipó Donoso en las Cortes: la dictadura que se establece mediante la suspensión sin más del principio constitucional “England abhors coalitions” al aliarse el gobierno y la oposición, con la atenuante, en Inglaterra, de que sus diputados sí son representantes.»

Juan Ramón Rallo critica la prohibición de Rusia Today y Sputnik, medios estatales del Gobierno ruso, por parte de la UE, basándose en tres razones: primero porque no está claro lo que se pretende obtener (no existe una opinión pública prorrusa, que es muy minoritaria en todo caso, y lo que se busca es utilizar la censura como arma contra un enemigo externo). Segundo, por el aspecto formal (no estamos oficialmente en guerra contra Rusia, y sería deseable que estas medidas la tomaran los tribunales y no los gobiernos) y tercero, por la pendiente resbaladiza donde nos introduce (se da cancha libre a la arbitrariedad censora de los distintos gobiernos partidocráticos contra particulares). Concluye que la libertad de expresión existe para defender la posibilidad que se den enfoques que no nos gustan, incluso en tiempo de guerra.

Ander Gómez Alonso analiza en el Catoblepas ciertos aspectos inquietantes de la Universidad española: «La universidad se ha vendido gratuita y lúdicamente a las inquisiciones de la posmodernidad. Metastatizan dentro del cuerpo universitario ciertas camarillas corrompidas ideológicamente que ostentan el poder. En uso de un cinismo repugnante, se pregonan una serie de derechos y libertades que no son tal en la medida en que, para ejercerse real y efectivamente, han de circunscribirse al marco de lo políticamente correcto. Ello provoca, para los «no aureolados», ora rechazo frontal –como es el caso de una minoría–, ora indiferencia –tal y como acontece con una amplia fracción de la comunidad universitaria–. Afirmamos que en el campus no hay «debate», «contraste de ideas», o «espíritu crítico» alguno. Y no hay tal porque se pondría en jaque el marco ideológico imperante, amenazando la legitimidad de sus élites; cosa que, como es lógico, no están dispuestas a admitir. La universidad pública, en general, y la Universidad Pública de Navarra como caso particular, no constituyen «espacios de pensamiento libre y abiertos». Aseverar tal cosa es manifiestamente falso. El posmodernismo castiga todo ataque contra el vigente establishment. Las universidades públicas no construyen una «sociedad abierta, cohesionada y crítica». Muy al contrario, lanzan al mercado laboral hordas de jóvenes incompetentes cuyo único blasón es la ideología que profesan; ingenuos e inconscientes, creen seriamente entablar una suerte de «batalla revolucionaria» contra las mismas élites que los han parido, ignorando que ambos se alimentan recíprocamente. Y, tras las monsergas de ambos, se erige la sombra de una clase trabajadora cada vez más desposeída, dividida por las ideologías de turno.»

Como indica Mercedes Serraller, «Los sindicatos españoles no han anunciado movilizaciones por la escalada de los precios hasta ahora, que han fijado para el 23 de marzo, justo el día antes del Consejo Europeo en el que el presidente del Gobierno confía en que se solucionen todos los males que afectan a los precios de la energía. La movilización sólo se dirige contra las empresas energéticas, el blanco de todas sus críticas, un «oligopolio», el que realmente «se está forrando», han subrayado, en alusión a las declaraciones del futuro líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que ha dicho que es «el Gobierno» el que se está forrando. Se movilizan contra las empresas y contra un ente abstracto: «el alza de precios». El Gobierno no es el receptor de sus críticas, al contrario, UGT y CCOO han secundado todas y cada una de las medidas que el Gobierno ha puesto encima de la mesa –que no aplicado todavía–. Las movilizaciones, que todavía no han detallado, serán en principio en los centros de trabajo por la mañana, aunque quedan por fijar marchas en pueblos y ciudades por la tarde que no parece que apunten al Ejecutivo. Este escenario contrasta vivamente con el papel que están desempeñando las centrales sindicales de otros países, que además están muchos de ellos aplicando medidas de emergencia desde hace semanas. sindicatos británicos, franceses, portugueses e italianos están exigiendo a sus respectivos gobiernos más ayudas y se están movilizando en este sentido.» Esta situación es la enésima confirmación de que los sindicatos, al igual que los partidos políticos, son órganos del Estado, en cuyo presupuesto pastan, convirtiéndose en enemigos de los trabajadores por su defensa de la clase política partidocrática de la que son gustosa parte.

El economista Juan Ramón Rallo señala que tras sufrir un encarecimiento de 45 céntimos por litro de gasoil, el Gobierno desvela su plan para aliviar la situación financiera del transporte: una compensación de 3 céntimos por litro, que no ha conseguido acabar con el paro en el sector, sino más bien enconarlo. Las razones de esta cicatería en las compensaciones están, según Rallo, en una deuda pública del 120% del PIB, que resulta inmanejable junto a un déficit público desbocado, por lo que el gobierno partidocrático va a tener muy escaso margen para ofrecer ayudas y reducir impuestos, y dado que el gobierno no desea realizar fuertes recortes en el sector público, el empobrecimiento que experimenta la sociedad española será trasladado íntegramente a empresas y familias, ya que el sector público no tiene margen paras absorberlo, porque los gobiernos, desde 2008, se han negado a poner orden en las cuentas públicas, para comprar votos, y esa enorme hipoteca acumulada nos está aplastando.

El politólogo Santiago Armesilla analiza el cambio de postura del gobierno español respecto al Sáhara desvelado por Marruecos: «Siguiendo instrucciones de Estados Unidos, Pedro Sánchez ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en forma de autonomía. El viraje histórico de España en esta cuestión tiene explicaciones geopolíticas. La invasión rusa de Ucrania sirve de excusa al gobierno del PSOE y Unidas Podemos para tratar de convertir a España en el nudo de la política energética de la Unión Europea, a través del gas de Argelia y de EEUU. Sin embargo, la subordinación geopolítica de España a la UE, EEUU y Marruecos, pues se ha puesto sobre la mesa de negociación con Mohammed VI la integridad territorial de España y su soberanía sobre Ceuta, Melilla y Canarias, evidencia la cobardía y debilidad de las elites españolas. España no tiene rumbo en política exterior, mientras Marruecos camina lento, pero seguro, a la consecución de su imperialismo particular: el «Gran Marruecos». Estos tejemanejes geopolíticos los pagaremos los trabajadores españoles en nuestros bolsillos si Argelia, en represalia a la traición de España a los saharauis, decide cortar el gas del que depende nuestra electricidad.» En el mismo sentido, Fulgencio del Hierro señala que lo que ha hecho España es copiar palabra por palabra los posicionamientos de Estados Unidos, cediendo a cambio de nada en su responsabilidad histórica hacia una antigua provincia española, y aceptando su ocupación de facto por parte de un país, Marruecos, del que nunca formó parte. Marruecos sigue, pues, con su proyecto imperialista, sin dar, en contra de lo que se ha dicho, ninguna garantía escrita a España, cuyo gobierno abraza posturas plenamente muniquesas de que sus ambiciones irredentistas se detengan ahí.

Jorge Sánchez de Castro define como «Guerra Helada» la nueva situación geopolítica occidental tras la invasión de Ucrania: «Si el bloqueo a Rusia se hubiera planteado como un método político no violento para reforzar la posición negociadora de Ucrania o como una forma de parar la agresión, todas las medidas criminalizadoras de lo ruso (expulsión de sus estudiantes, castigo a la promoción de su cultura…) hubieran sido superfluas por inútiles. Además, si no se hubiera convertido a Rusia en el Mal, cabría discutir la idoneidad de la batería de sanciones económicas que ya están teniendo un efecto bumerán en el nivel de vida de los europeos. Pero no. ¿Por qué entonces? ¿Qué consecuencias políticas tiene para el mundo la forma que ha escogido Occidente para tratar la agresión rusa a Ucrania? La más importante es poner en evidencia que no se va a permitir la vuelta atrás. O lo que es igual, Rusia (y sus eventuales aliados) han desaparecido formalmente para el autodenominado «mundo libre». La prueba de lo anterior será la continuación del bloqueo a Rusia luego del fin de la guerra que hoy se libra. Acaba de declararse una nueva Guerra Fría o la primera Guerra Helada.»


domingo, 6 de marzo de 2022

REVISTA DE MEDIOS DE FEBRERO DE 2022

 


Alfred Stieglitz [Spencer Alley blog]


Luis Escribano señala que «El Gobierno andaluz (PP y Ciudadanos) actuó en contra de los intereses de los españoles, al no solicitar su Letrado la responsabilidad civil (tres millones de euros) a los responsables de uno de los casos ERE enjuiciados, que, menos mal, sí solicitó la Fiscalía. El rapapolvo del Tribunal al gobierno andaluz del PP y C’s es colosal. Una vez más queda probado que, al igual que ocurría con el PSOE, al PP y C’s les importa una mierda luchar contra la corrupción y defender los intereses de los ciudadanos, lo que viene siendo habitual en esta partidocracia. Pido a los votantes que lean la noticia y nos den espléndidas explicaciones, a los que no votamos en esta partidocracia tóxica, sobre lo maravillosos que son esos políticos a los que adoran».

Alberto Iturralde y Emilio Triviño analizan con el policía y sindicalista Mariano Vicente la posible reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, y señalan aquellos aspectos más perjudiciales para los ciudadanos —perdón, súbditos—, y que responden a razones de cálculo político del partido ahora en el poder y sus aliados.

Paula Fraga afirma en una tribuna en El español que «una nueva religión recorre los países occidentales, el fundamentalismo queer, en manos de un lobby que persigue, acosa, agrede y silencia a las mujeres feministas que denuncian las tesis acientíficas y misóginas de las leyes de identidad de género». Denuncia la persecución que sufren algunas mujeres feministas (en un caso, incluso, instigado por la Junta de Andalucía). «Y -concluye-todo ello por cuestionar el dogma acientífico y sexista de la identidad de género. Por criticar su asunción en la norma jurídica. Y por rechazar la creencia transgenerista de que los varones pueden ser mujeres. A pesar de todo, seguiremos oponiéndonos a las creencias irracionales del fundamentalismo queer. Seguiremos enfrentándonos a su feligresía sectaria e inquisitoria. Y siendo críticas. Porque la crítica no es odio ni pecado de fobia. Sabemos, como decía Nawal Al Sadawi, que decir la verdad en un mundo que miente es peligroso. Asumimos el riesgo. El feminismo y la razón aplastarán a esta Santísima Inqueersición». Estas ideologías biologicistas e identitarias son un perfecto instrumento en manos de las partidocracias para crear miedo dentro de la sociedad civil, censura «virtuosa», clientelas y división social al servicio de los intereses de los partidos del régimen.

El economista Juan Ramón Rallo realiza uno de los mejores análisis sobre la calificación que da la revista The Economist a España como «democracia defectuosa». Revisa, pues, los indicadores y señala que aquellos en los que estamos peor son los que atañen al funcionamiento del Estado: 1. La insuficiencia de separación de poderes y control externo sobre el poder ejecutivo. 2. La corrupción generalizada. 3. Consecuente desconfianza de la sociedad hacia los partidos políticos, que instrumentalizan unas instituciones insuficientemente controladas. No cabe, pues, —concluye—, que la solución venga desde dentro (léase «reformismo»).

Alberto Iturralde y Emilio Triviño entrevistan al economista y escritor Guillermo Rocafort, con quien analizan la desastrosa gestión del Sareb (conocido como «banco malo») comparada con su equivalente irlandés, (que aumentará la deuda del Estado, sin que nadie pague por sus responsabilidades) y la función de los llamados «fondos buitres» (entidades financieras sin regulación dedicadas a la compra y reventa de activos) —de los que los bancos españoles actúan a menudo como pantalla— en la depredación de España, en alianza con el poder partidocrático, que no funciona como gestor, sino como liquidador de los bienes del Estado.

Con motivo de la gala de los premios Goya, Víctor Lenore expone el detrimento artístico sufrido en el cine español por su acomodamiento a las directrices del poder político: «El caso es que el enfoque artístico del cine español también recibe sólidas críticas desde la izquierda. Mi preferida son dos columnas publicadas en la web CTXT, firmadas por Luis E. Carrasco y Luis Parés, bajo el título de Confort y conflicto. La tesis es que el cine español se volvió acomodaticio tras la Ley Miró – en realidad, un decreto de 1983- y que nunca nos hemos recuperado del todo. Un fragmento muy explícito: “La mayor pérdida que sufrió el cine de esa década fue la de dejar de relacionarse críticamente con la sociedad a la que pertenecía, cosa que no había pasado ni durante el franquismo -piénsese en el cine de los cincuenta, con películas como Surcos, Esa pareja feliz o El inquilino-. El cine español de los ochenta pasó a ser un cine acrítico, más centrado en un esteticismo consensuado (las prácticas de vanguardia fueron desterradas) o en la accesibilidad de las narrativas antes que en contar su propio tiempo o el pasado reciente”, lamentan los autores. Esta noche veremos a un montón de personas satisfechas y acomodadas, envueltas en trajes carísimos, dándonos lecciones blandas de moral tipo Mr. Progreful. Hace más de treinta años, en plena apoteosis cultural del PSOE, la mayoría del gremio decidió que prefería el confort a cualquier conflicto artístico sustancial. Siempre es más sencillo escribir una fábula sobre malos patrones ficticios que plantarse ante empresarios ‘progres’ de carne y hueso que se llenan la boca de trotkismo pero guardan sus millones en paraísos fiscales y tratan a sus empleados igual o peor que unos marqueses de toda la vida».

Ignacio Ruiz Quintano comenta la ocurrencia de un diputado de la oposición de llamar «déspota» al presidente Sánchez: «¿Sánchez, déspota? Sánchez es soberano, cuya soberanía nada tiene que ver con la Nación. Rajoy, su predecesor, para defender la soberanía española, envió al puerto de Barcelona la nao “Piolín”, señal de que nada iba en serio, igual que ahora Sánchez envía al Mar Negro la nao “Meteoro” en defensa de una soberanía ucraniana que al parecer también sería española, aunque todos sabemos que en España no hay más soberanía que la de Sánchez, que mueve barcos que ningún español ha pedido para hacer méritos ante Sleepy Joe y ser mejor tratado en la cumbre de la Otan en Madrid para celebrar los cuarenta años de la adhesión, ratificada por el pucherazo felipista del 86 que sirvió para encumbrar a Sabina, que lo apoyó, y “ostraconear” a Krahe, que tuvo la juguetona idea de cantar “Cuervo ingenuo” en TV. Sánchez (y quien ocupe ese puesto en un Estado de Partidos) es un soberano déspota y usurpador, en el moderno lenguaje con que Benjamin Constant juzga a Bonaparte (viene en la Wikipedia, Bolaños). Constant entiende por despotismo “un gobierno donde la voluntad del amo es la única ley, donde las corporaciones, si es que existen, no son más que instrumentos suyos”. –Para establecer la tiranía, dice Maquiavelo, hay que cambiarlo todo; también podría decirse que para cambiar todo es necesaria la tiranía. Déspota, y además, usurpador, “aquél que, estando investido de un poder limitado, traspasa los límites que le han sido prescritos”. Pero, de todas las calamidades políticas, la más temible para Constant es una asamblea que se limite a ser el instrumento de un solo hombre. El Senado de Tiberio, el Parlamento de Enrique VIII… y el Congreso de Sánchez. O del que venga».

Luis Escribano incide en la corrupción como factor de gobierno en el Estado de partidos, sostenida por los votantes del régimen: «Cualquier ciudadano medio sabe que, si produce algún daño a la Administración pública (impago de impuestos o de una sanción, no justificación de subvenciones, participación en algunos de los delitos contra la Administración Pública previstos en el Código Penal, etcétera), la Administración y, en su caso, la justicia, actuarán contra él, recibiendo el castigo oportuno incluso con recargos e intereses, dada su habitual condición de desigualdad y debilidad que presenta cuando se enfrenta al exorbitante poder del Estado. Pero cuando el daño lo produce un político de cualquier partido, esa condición de desigualdad no tiene ni siquiera la ocasión de aparecer, porque ni la Administración ni la Justicia suelen actuar. Las pocas acciones que llegan a conocerse públicamente son tan sólo una mínima representación de lo que realmente existe de corrupción, dado que las instituciones públicas españolas que deben velar por el cumplimiento de la Ley son los principales vulneradores de la misma, al estar en manos de los partidos gobernantes. […] Pero nadie debería sorprenderse por ello, porque la corrupción sistémica es algo inherente al sistema partidocrático que rige en España, el cual es perpetuado por una mayoría de españoles que sigue refrendando -que no eligiendo a sus representantes- las listas de candidatos que elaboran las oligarquías de los partidos y grupos allegados, beneficiándose de la torpeza de esos votantes españoles que no pueden controlar a los que creen que son sus representantes».

La Hemeroteca del Buitre recoge la crónica mediática de la caída en cinco días del jefe del PP, Pablo Casado —presentada como humillante— tras sacar pecho en su intento por acabar con un rival emergente en su propia formación, Isabel Díaz Ayuso, y la respuesta de ésta. Esta historia ejemplifica, más allá de los lances navajeros propios de la lucha por el poder que caracteriza a la política, el verdadero carácter de los jefes de los partidos de la partidocracia, que no son en absolutos líderes políticos que se nutren de las raíces de la representación popular que los sustente, sino jefes sin principios ni sentido de la responsabilidad hacia la sociedad civil, repartidores de cargos, puestos en listas electorales y prebendas, cuyo clientelismo es su verdadero sustento. Así, la oposición de parte de los medios, el abandono de sus secuaces directos y la movilización de partidarios de la otra parte, puede hacerles, primero, desistir de su «cruzada», y luego, dimitir suplicando al nuevo jefe que se les mantenga una nómina a cuenta del contribuyente.


lunes, 31 de enero de 2022

REVISTA DE MEDIOS DE ENERO DE 2022

 



Piet Zwart [Dennis Cooper blog]


Francisco Rubiales apunta que sólo conocemos un diez por ciento de la corrupción política en España: «Si usted se siente asqueado ante el robo mafioso de los EREs y del dinero de los cursos de formación por los socialistas andaluces o si vomita ante el comportamiento del PP en el caso Bárcenas, amárrese los machos porque apenas conoce el diez por ciento de la enorme masa de suciedad, abuso de poder y violaciones de los derechos y normas básicas perpetrados por los grandes partidos españoles. Si llegara a conocer al menos la mitad de lo que realmente ha ocurrido en las tres últimas décadas, quizás decidiría abandonar su pasividad de borrego, juraría que nunca más votaría a esos partidos corruptos y tal vez dejara de creer para siempre en los políticos y en eso que llaman “democracia”, un sistema noble y justo pero que en España no es otra cosa que una asquerosa letrina llena de suciedad y vergüenza.». Tal corrupción tiene sus consecuencias: «¿No sabía usted que España es uno de los países que más rápidamente avanzan en todo el mundo hacia las cotas más altas de corrupción y pobreza? Pues ya lo sabe. También es de los que más rápidamente agrandan la distancia que separa a ricos y pobres, de los que más despilfarran, de los que cobran impuestos más indecentes y confiscatorios y de los que más rápidamente se endeudan. Quizás no sepa tampoco que España está en los primeros puestos del ranking mundial de alcoholismo, tráfico y consumo de drogas, corrupción institucional, blanqueo de dinero, trata de blancas, prostitución, desempleo, desamparo de los débiles, enchufismo, privilegios injustos para los políticos, nepotismo y decenas de otros vicios, todos ellos producto del deterioro de los valores y de la corrupción». Que tienen también unas causas políticas: «España no cumple ni una sola de las reglas básicas de la democracia. No existe separación de poderes ni una justicia igual para todos ni respeto al ciudadano ni funcionamiento libre de la sociedad civil ni elecciones realmente libres ni una prensa libre garantizada capaz de fiscalizar a los grandes poderes. Los diputados y senadores no representan a los ciudadanos sino a sus propios partidos y no se avergüenzan de ello, como tampoco lo hacen los políticos cuando nombran a jueces y magistrados, violando las normas básicas de la democracia. El país es lo más parecido a una enorme cloaca, pero nuestros políticos y periodistas nunca hablan de las grandes carencias y vicios del sistema español y se dedican en las tertulias a promocionar a unos partidos políticos que, si existiera una justicia decente, quizás habrían sido precintados por acumulación de delitos y salvajadas».

Ignacio Ruiz Quintano reflexiona así sobre el sofisma del «Estado compuesto» esgrimido por el ministro Bolaños, y característico del nuevo consenso separatista: «La histeria antifranquista de quienes no movieron un dedo contra la dictadura en vida del dictador responde a lo que la idea de unidad defendida por el general tiene de estorbo mental para la feroz campaña de fragmentación: una veintena de impotentes nacioncillas peninsulares como parodia de la veintena de impotentes republiquillas hispanoamericanas, que fue el gran triunfo de Inglaterra. Fragmentación nacionalista, lingüística e indigenista. ¿Europa, “la solución”? Creyendo que íbamos a jugar al dominó en un honorable club social, no vimos, dice Gullo, que nos sentaban a una mesa de póker con algunos jugadores exconvictos que tenían una ambición de dominio dormida y oculta, que esperaba el momento oportuno para renacer.».

Medios mayoritarios como El País y El Español publican estas fechas encuestas, cuyo fin principal parece ser el del recordar al súbdito votante de la Monarquía de partidos, igual que al forofo del fútbol, que la liga continúa y que hay que seguir jaleando los colores, igual que los antedichos hinchas van a los estadios para gritar al contrario y olvidar así sus miserias cotidianas. La gran diferencia en beneficio de los futboleros es que los equipos del balompié no son los causantes de muchos de sus males, a diferencia de los partidos del régimen, que usan lo que llaman «democracia», en realidad dictadura partidocrática, para presentar a los votantes como últimos responsables de su irresponsabilidad legal y moral, sus privilegios de casta, y su mala gestión inseparable de su corrupción como factor de gobierno.

«Una vez más —señala Luis Escribano—, este régimen partidocrático demuestra lo que les cuesta entender a tantos votantes de listas cerradas elaboradas por las cúpulas de los partidos: estos pueden mentir cuanto quieran en las campañas electorales, dado que no tiene ninguna consecuencia negativa para ellos». Tal ha ocurrido con la promesa de limitación de mandatos y la eliminación de aforamientos en la Junta de Andalucía del PP: «La conclusión es evidente: no les importa lo más mínimo la regeneración democrática. El teatro y la estafa de los partidos políticos a la ciudadanía se revela cada día con sus aberrantes comportamientos, tratándonos como simples marionetas que intentan manejar a su antojo. Y a pesar de todo, lo más grave es que aún hay españoles creyentes (y nunca mejor dicho) que se identifican ideológicamente con los partidos políticos, manteniendo una confianza -que es traicionada con reiteración- mediante el voto a esas aberrantes listas cerradas de candidatos elaboradas por sus cúpulas, para mayor gloria de estas. Y esos ciegos votantes siguen sin ver que el problema que nos va a hundir a todos, incluidos a los que sacan provecho de los partidos, es el sistema político instituido en la Constitución de 1978: la partidocracia. Votar a partidos en este régimen partidocrático es perpetuarlo sin cambios que beneficien a la nación (pueblo). Sin democracia formal, estamos abocados al fracaso como nación».

Irene González analiza la aparición del partido llamado «España Vaciada» (concepto en sí estúpido, en lugar del adecuado apelativo «despoblada», pero, como decía Antonio García-Trevijano, la corrupción del lenguaje revela la del hombre): «La España Vaciada se constituye como partido político con la única finalidad de crear una sobrerrepresentación regional para determinar el Gobierno nacional, del PSOE a ser posible, y a través de pactos secretos disponer del presupuesto común y decidir sobre lo que han de pagar los demás para que ellos, desde su coto privado de poder en su autonomía, apoyen a Sánchez», y alude al papel del sistema electoral (proporcional): «El sistema electoral incentiva crear partidos regionales que obtengan representación en el Congreso (en teoría para eso está el Senado) y chantajeen al Gobierno sin escrúpulos de turno. Así dejan de atenderse necesidades en educación, infraestructuras o sanidad en muchos territorios y cuestiones que son estratégicamente nacionales, para contentar las exigencias de quien sólo tiene incentivos por su interés personal, ni siquiera territorial. La España Vaciada es el último invitado a este banquete de las hienas en el que se ha convertido el Congreso y las leyes de Presupuestos, pues destrozan impune y aleatoriamente los recursos al no destinarlos a los fines para los que fueron recaudados, mientras dejan famélico a quien ha puesto la mesa. El problema es que la barbarie de destrozar lo común parece ser otra de las normas de la casa».

En este tema incide Gregorio Morán: «Un bulo según la Real Academia es una mentira emitida con un objetivo. Nosotros vivimos en una nube de bulos. La última invención de Sánchez y su séquito consiste en “gripalizar” el coronavirus. Cumple la regla: es mentira y además tiene el objetivo de minimizar los efectos de una pandemia que está llevándoselo todo por delante. 90.508 muertos, 125 anteayer. Si la “covid” acabará teniendo los rasgos de una gripe es algo que ahora está fuera de lugar, porque los hospitales parecen lazaretos y los muertos ya no salen en las estadísticas, hay que buscarlos. Mienten y además con intereses muy obvios: porque estamos en campaña electoral permanente, porque no tienen ni idea de cómo abordar el enfrentamiento de una sociedad individualista y autosatisfecha ante una crisis económica y social de largo alcance».

Alberto Iturralde y Emilio Triviño entrevistan a Alejo Moreno, director del documental «Hechos probados», que, a través del caso de Agapito García, analiza la actuación como un agente de la razón de estado de la Monarquía de partidos. Tal ratio status consiste en conseguir dinero sin límites para un Estado elefantiásico y corrupto, y se sirve de un derecho tributario ante el que el súbdito contribuyente se ve indefenso como un delatado a la Inquisición (no necesariamente española, pues hubo otras mucho más mortíferas), obligado a demostrar su inocencia. Para ello, esta Inquisición moderna, a las órdenes de la Monarquía de partidos, que trata a la gente como objetos dilectos de exacción, se sirve del principio inaudito de solve et repete, es decir, paga para poder reclamar, lo que es, en sí, un atentado a la presunción de inocencia. Si el sufrido penitente tiene dinero para pagar la deuda imputada, la multa y los intereses que taimadamente se dejan correr, podrá recurrir a los tribunales y obtener, con más frecuencia de lo que se cree, la restitución de lo aprehendido (desquitando honorarios de abogados); pero si no tiene solvencia económica, se verá embargado sin piedad, y arruinado quizás de por vida.

Unas declaraciones de Trudeau sirven a Ignacio Ruiz Quintano  para recordar la naturaleza de las constituciones: «Una Constitución son las cuatro reglas de la democracia política, sistema de gobierno ideado para garantizar la libertad política colectiva que pone y depone gobernantes como fórmula para atenuar la indignidad de la obediencia. Debe ser, pues, un acto de libertad constituyente (nunca un pacto de poderes constituidos). Así surgió el milagro de la de Filadelfia, y desde entonces todo han sido revoluciones para volver al antiguo régimen. En realidad, nunca hubo otra Constitución que esa. “La soberanía del pueblo americano, única que existe en toda la extensión de la palabra, y de la que las de la Europa no son más que un simulacro”, dice el cardenal Romo a nuestra Isabel II, a quien anticipa la sinvergonzonería política de Macrones y Trudeaus: “Para que subsista el simulacro del sistema representativo introducido en Europa aun en el miserable estado que está figurando en nuestra época, se necesita infringir su reglamento, y observar una práctica enteramente opuesta a su teoría”. Lo que llamamos constituciones son cartas otorgadas que niegan la libertad colectiva a cambio de libertades individuales que te dan con la misma arbitrariedad que te quitan, juego que engorila a nuestros liberalios, que pasan de Stuart Mill a Scott Morrison, su nuevo ídolo, como del franquismo a la democracia. –El negocio del gobierno es, y debe ser, el negocio de los ricos, que lo obtendrán por las buenas o por las malas —dejó dicho el señor padre de Mill. Una Constitución, lo dice Trudeau, es loo roll»

Nacho Camino reproduce el testimonio sobre un profesor, cuya agresión por parte de un alumno lo único que le ha valido es una Inspección educativa para fiscalizar su labor docente: «A día de hoy, sucede en España que un profesor cualquiera puede ser objeto de vejaciones e, inmediatamente, pasar a engrosar la nómina de los sospechosos y los inadaptados. A día de hoy, sucede en España que los adultos a los que se les confía la instrucción de los jóvenes no son merecedores siquiera de la presunción de inocencia, incluso cuando todas las pruebas y testimonios demuestran que ellos han sido las víctimas. A día de hoy, sucede en España que ciertos miembros de la inspección educativa tratan a sus empleados como súbditos y a los alumnos como clientes. A día de hoy, sucede en España que los equipos directivos están renunciando a cualquier facultad autónoma de juicio para plegarse a los dictados de unas normativas delirantes y populistas. A día de hoy, en España, si te pegan tienes que pedir perdón y encasquetarte el capirote cónico confeccionado por los nuevos inquisidores». La Monarquía de partidos utiliza a los funcionarios de primera línea de contacto con sus súbditos como don Tancredos de su demagogia, lo cual resulta particularmente nocivo para la sociedad en su conjunto si se trata, como en este caso, de la enseñanza.

El politólogo Santiago Armesilla trata del concepto de la Iberofonía: «¿qué es la Iberofonía? Es el conjunto de naciones y de personas que en el Mundo hablan español y portugués, las dos únicas lenguas universales mutuamente comprensibles a grandes rasgos. El grado de intercomprensión mutua entre lusoparlantes e hispanoparlantes es, según los lingüistas, de un 89%. La más alta en idiomas que se hablan en los cinco continentes, y prácticamente el único caso existente. […] A gran escala histórica, es un espacio civilizatorio en que lo ibérico (hispano y luso), lo precolombino y lo africano se ha entretejido de una manera muy sólida, mediante el mestizaje cultural y, por supuesto, sexual. Pues el primero es imposible sin el segundo. Todo ello mantenido con instituciones culturales grecorromanas y judeocristianas, sin exclusiones y mediante procesos profundos de aculturación y sincretismo […] cuyo antepasado histórico más importante fue la unidad de los Imperios Español y Portugués acaecida entre 1580 y 1640, la cual controló tres océanos (el Índico, el Pacífico y el Atlántico Sur) y conectó con la China de la Dinastía Ming, mediante el Real de a Ocho, a las dos mayores civilizaciones del momento, tanto a nivel comercial como cultural, la Iberófona y la China».

 Critica el concepto reduccionista de Iberosfera reciente e infructuosamente defendido en el parlamento partidocrático español, y concluye que «no es posible reconstruir los Imperios Español y Portugués. Pero nos encontramos desde hace años, y sin hacer mucho ruido, en el proceso a la construcción de un espacio de cooperación multinacional e intercontinental iberófono, sin exclusiones geográficas. Una Iberofonía cuyo centro geopolítico y geocultural no es, ni puede ser, España, ni Portugal. Es en Iberoamérica y en la Iberoáfrica (los PALOP más Guinea Ecuatorial) donde podemos encontrar el núcleo irradiador (que diría Errejón) de la Iberofonía».

El régimen de Maduro crea una comisión para pedir compensaciones económicas a España por la Conquista. Iniciativas de este tipo demuestran, como señala Santiago Armesilla, que la Leyenda Negra es una ideología desarrollada, primero, por los enemigos del entonces Imperio español (Holanda, Francia e Inglaterra), luego aceptada obligatoriamente por las élites españolas tras la llegada al trono de los Borbones franceses, y, finalmente, asumida por las oligarquías políticas hispanoamericanas (llamarlas «latinoamericanas», sería adoptar el lenguaje del enemigo, como dice el propio Armesilla, creado por la diplomacia francesa decimonónica) para distraer en otros (como con la alusión al inexistente genocidio) la atención a su propia desastrosa gestión política, marcada desde la Independencia por la subordinación ideológica y económica al Imperio británico.