MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 31 de diciembre de 2010

CUENTA ATRÁS

La imagen que acompaña estas líneas muestra un analema, que es la curva que describe la posición del Sol en el cielo, observada a la misma hora de día y desde el mismo lugar durante un año, en este caso, 2010. Esta imagen, tomada en Veszprém (Hungría) y que aparece en la web de National Geographic, es extremadamente compleja de conseguir por el tiempo y la precisión que requiere. De hecho, según informa la publicación online, sólo hay unas veinte personas en todo el mundo que han logrado obtener una instantánea semejante (Fuente: abc).
Más difícil aún me parece describir en breve espacio lo que ha ocurrido en todo un año, que, además, cierra una década, la primera del siglo XXI, que quizás tenga como hecho liminar el atentado de las Torres Gemelas, especie de Pearl Harbor de lo que analistas franceses han llamado naziislamismo o islamo-fascismo, que, junto a la proliferación de armas nucleares en estados como Irán y Corea del Norte, configuran muy negros nubarrones en el horizonte. Por otra parte, oí decir a un tertuliano que el 2011 se presenta tan malo, que el gobierno está pensando en prorrogar el 2010. Y eso me hace pensar lo poco que me gustan estos últimos días de cada año, llenos de trasiego impropio de un día de vacaciones, y todo para celebrar la artificial caída de una hoja de calendario. Mañana será otro día más en ese tiempo cuadriculado y artificioso que asenderea nuestras vidas, y lo único de que me alegraré será de poder deleitarme con el concierto de Año Nuevo, y con la certeza de que este año no iré a la comida organizada por algún familiar político, que no tiene bastante con el atracón de Noche Vieja, y quiere seguir hinchándose como en un remake de la Grande bouffe.
Son días de salidas, chantajes y compras, rendido a la fiebre consumista, porque hay niños pequeños, y no quieres ver su carita el día de Reyes sin regalos. Pero maldita la gracia que me hace ir a esas tiendas llenas de cachivaches de plástico y colores chillones, pagados por su peso en oro, y atendidas por dependientas que parecen en ocasiones al borde del histerismo en su devoción sobreactuada al pequeño cliente. Un sobrino, por ejemplo, me ha pedido que le compre gormitis. Tengo experiencia ya con estos bichos horrendos, pues la última vez que fui a Bilbao a casa de mi amigo Fernan, sus hijos pequeños los tenían. Cuando me quedaba a solas con ellos, organizaba peleas de muñequitos: yo cogía un Superman muy colorido, y ellos sus gormitis. Ni decir tiene que Superman, a pesar de su caracolillo, resultó miserablemente derrotado por estos muñecajos feísimos, que se reproducen como una saga infinita. La muñeca Dora, Hello Kitty, El patito feo, Hanna Montana son entes que te asaltan sólo en Navidades como los fantasmas al avaro Sr. Scrooge, recordándote que apoquinar, tienes que apoquinar. (y suerte de ti si encuentras lo que piden los niños en su carta a los Reyes, y no se lo ha llevado ya algún otro pardillo).
Para más inri, creo que hoy no voy a poder disfrutar mucho de la cena, ya que al ir a curarme ayer por la mañana una herida en un dedo, la ATS me tomó también la tensión y me dijo que tenía la mínima alta. Fatal oxímoron. A L., que venía conmigo, se le encendieron todas las alarmas de las prohibiciones alimentarias. Y ella y la ATS se pusieron de acuerdo para que yo fuera la semana que viene todos los días a tomarme la tensión, y llevarle los resultados a mi médico de cabecera. Se me ocurrió comentar que hace años fui a hacerme un chequeo a un cardiólogo, quien me dijo que en el futuro sería hipertenso. Entonces la ATS me dijo: "el futuro parece que ya está aquí". Frase que ni para una novela, vamos. Bueno, paciencia, y, en todo caso, brindaré con lo que me dejen tomar por todos vosotros, queridos amigos y amigas, que os pasais por el blog de este vuestro humilde funcionario -y a mucha honra, que todo se lo debo a mis codos- poeta, o viceversa. Que nos sigamos leyendo por mucho tiempo. 

miércoles, 29 de diciembre de 2010

ATRAPADO EN EL TIEMPO

Escuchaba ayer en un programa de TV que la saga de Harry Potter tiene ya 17 años. Tal cosa me hizo pensar que desde comienzos de los años 90 para acá me he quedado estancado en gustos musicales (apartado de música pop) y literatura. Efectivamente, la música de los 90 dejó de interesarme, me quedé colgado a finales de los 80 (décadas anteriores inclusive), mientras algunos de mis amigos escuchaban grupos como Oasis, que me importaban un pito. Visitaba yo una página web, hasta que se cayó hace poco, donde se podían escuchar (que no descargar) discos de pop organizados por décadas; de los 90 no conocía a nadie; y pude verificar que la calidad de la música de los 80 era en general inferior a la de los 70, aunque eso no es un secreto para casi nadie.
En cuanto a la literatura, apenas he leído nada que haya estado de moda de unos 20 años para acá; así me pasa con autores ignorados para mí como Muñoz Molina, De Prada, Javier Marías, Pérez Reverte, Eduardo Mendoza, Almudena Grandes, Antonio Gala, Saramago, etc. y con los extranjeros, tres cuartos de lo mismo. 
Atrapado en el tiempo estoy. Probablemente me estoy perdiendo cosas de mucho interés. Pero pesa sobre mí, quizás, el complejo de lo clásico. En los 80 sí me guiaba por las críticas literarias de novedades que se publicaban, por ejemplo, en Babelia. Ocurría, no obstante, en ocasiones que, tras cerrar el libro, mi valoración era muy distinta de la del crítico de turno, y, ante tal desorientación, opté, cada vez más, por leer libros más antiguos, al tiempo que me alejaba progresivamente del género de la novela, volcándome en la lectura de poesía y ensayo, y la relectura. Es inútil pensar que se va a leer todo lo que hay de interesante en la literatura en una vida, (y quizás no valga ni la pena), y me dedico a leer libros que me hayan tirado antes alguna especie de "red" sentimental o intelectual, y que me hagan creer que hay alguna continuidad en mi devenir de lector, afianzándome en mi idea de que ser culto consiste realmente en saber descubrir y trazar relaciones entre el arte y la vida.

Imagen: Father Time de Howard Pyle

lunes, 27 de diciembre de 2010

EL ENFERMO IMAGINABLE


El enfermo, al principio, echaba de menos su casa. Estar en un hospital tiene ciertas semejanzas con el paso por un hotel: la pulcritud de las habitaciones, con sus relucientes baños y su tamaño estándar constituyen una advertencia de lo transitorio del paso por ellas. No se puede tener realmente sensación de confort por muy cómodo que se esté. En el hospital, además, se lleva gotero, y vienen enfermeras a despertar al paciente en plena noche con una sonrisa indulgente (cuando la esbozan) para darle medicinas o cambiarle el gota a gota.

El enfermo se sentía, incluso, deprimido: la enfermedad es un parón forzoso en la rutina diaria, y en los primeros momentos se sintió desorientado, como el niño que juega a la gallina ciega, y le quitan la venda después de hacerle dar vueltas sobre sí mismo. Tras este primera fase, el enfermo se sentía desalentado y desvalido, pero tremendamente lúcido, a cambio. Pensó que había entregado su vida al futuro, entreverado de lo que se llama deber. Siempre tenía la mente atenta a lo por venir: la promoción en el trabajo, las próximas vacaciones, la cada vez más lejana jubilación, la familia... ¿Qué era realmente él -pensó-, salvado por los pelos en una operación a tumba abierta, sino un pingajo recurrente? No, ya nada podía ser como antes, o, al menos, necesitaba creer eso.

Las discontinuas visitas le hablaban del buen aspecto que estaba recuperando, y, algunas, incluso, le recordaban sus obligaciones y quehaceres, diciéndole que se sentiría mejor cuando retomara su vida habitual. Pero el enfermo sentía que algo se le había roto por dentro. Y ni siquiera era capaz de encontrarlo en los ojos de su mujer, que se le antojaba el pegamento de la realidad.

Cuando le quitaron los goteros y las sondas, comenzó a moverse por la habitación, y, luego, tímidamente, por el pasillo, amargo de su luz fluorescente. Al principio, su cabeza estaba llena de lo que se le antojaba una miríada de post-it, que le recordaban lo que debería estar haciendo en ese momento si estuviera sano. A medida que caminaba día tras día, esos pensamientos se iban aquietando, e iban siendo sustituidos por otras sensaciones. En su desvalimiento y debilidad se sentía casi heroico. Se sentaba en un sillón a mitad del pasillo, observando a los otros pacientes que andaban cabizbajos y a sus impacientes parientes, y reflexionaba sobre esa vergüenza tan usual ante la desgracia ajena, sentida como amenaza; estaba tan tranquilo, a la par que cansado, que no le cabía lugar siquiera para el remordimiento, sólo, en todo caso, para el estupor. Al final del corredor había una ventana, que daba a una populosa avenida, y allí se dirigía cada día. Veía como extraños a la personas diminutas que se afanaban ahí abajo, como si los viera siempre por primera vez, y le aturdía esa corriente humana, al tiempo que le embargaba una tristeza avasalladora. Hubiera dado en esos momentos cualquier cosa porque todo eso se anegara en lágrimas. Pero éstas nunca venían, y esa sensación de extrañamiento no hacía más que crecer en su interior, hasta que llegó a verla como algo natural. Pensó que, quizás, debería hacerse menos de lo que era, menos de lo que todos esperaban de él para sostener mutuamente la techumbre de sus vidas. Un poco de felicidad... había leído que Dios no quiere que seamos felices, sino conscientes. ¿Qué había sido, pues, su vida hasta entonces? Esa lucidez ensordecedora se le hacía a veces muy pesada; lo único que le consolaba era, curiosamente, recordar sus fracasos: el trabajo que no consiguió, la mujer que amó desesperadamente, y que perdió, el hijo que no tuvo... como si fueran las ocasiones en que había sido más real, más él mismo.

Todo el mundo empezó a hablarle de su próxima alta; eso, sin embargo, no le hacía en absoluto feliz, sino que lo llenaba de más angustia si cabe. Su mujer le proponía hacer un viaje juntos cuando saliera del hospital, pero él la sentía como una extraña, sin atreverse a decírselo. Ya no se reconocía en nadie. No tenía ganas de hablar, ni de ver a ninguno, sólo quería pasar las tardes junto a aquella ventana del corredor, e imaginar la vida de los transeúntes. Se sentía acabado, incapaz de retomar lo que había sido, y, al mismo tiempo, se encontraba esperanzado; la vida se le había coagulado, mas un sentimiento desconocido para él palpitaba en su interior.

Un día el médico convocó a los familiares más cercanos en la habitación del enfermo, y les dijo que los últimos análisis confirmaban la necesidad de una nueva operación, eso sí, con las máximas garantías. Todos se miraron intentando evitar las señales de alarma; por eso, nadie reparó en la sonrisa de alivio del enfermo.
 
Imagen: fotografía de Paco Gómez

viernes, 24 de diciembre de 2010

BELÉN

Monto despacio mi viejo Belén

con sus figuras acurrucadas,

la Virgen, el Niño, las bestias, José,

que es lo mínimo que se despacha.

Para pastores no tengo lugar,

y para los reyes el hueco me falta.

Virgen y vaca pegadas están,

más una oveja que se colara.

José vigila con su candil,

-no ‘san’ José pues aún no lo es-

y enchufo la luz que está incorporada,

e imita un fuego de leña vivaz

sobre la madera conglomerada.

Mi corazón se llena de paz,

como si acaso participara,

al volver a encender esta luz,

en el Misterio que a todos nos salva.

martes, 21 de diciembre de 2010

LOS BLOGUEROS Y LA SELECCIÓN NATURAL

No me siento identificado con ninguno de los tipos representados en este árbol genealógico de los blogueros, cada vez más visuales. Ni la inmensa mayoría de los blogs que visito me encajan aquí. Será que sois unos tíos raros. Dicen que los blogs que sobrevivirán serán los especializados, pero ésa es una mentalidad empresarial, que me parece de dudosa aplicación en este caso. Cierto es que cuando uno busca información en la Red sobre cualquier asunto, y principalmente literario o histórico, uno se topa primero con la wikipedia y/o un blog. Tengo una formación muy académica, y desconfío de entrada de lo que no trae una bibliografía y notas a pie de página. Ahora bien, este tipo de artículos no abunda en internet (en el que no está todo, sino sólo lo que alguien tiene a bien colgar, contra lo que suponen los defensores de la Red como fuente íntegra de información), y cuando los encuentro, me canso, y tengo menos tolerancia de lectura que ante un artículo en papel, por muy largo que sea. El blog es el reino de la subjetividad voluntariosa, no exenta de rigor lacónico y, en ocasiones, epigramático. El David que anida en cada blog multiplica su fuerza por los inesperados vericuetos de la Red.
Lo que más me preocupa es la dependencia tecnológica de blogger, que puede liquidar este tinglado gratuito en un segundo. He incorporado por cierto, el gadget de entradas más leídas y me he llevado algunas sorpresas: en primer lugar me figura una entrada que no entiendo por qué ocupa el primer lugar ("De búhos y un poeta nocturno"), y una segunda que publiqué este verano sobre fantasmas, como mero divertimento. Misteriosos caminos los de internet. Si tienes un blog, tienes también un emisor de señales vitales, y esto resulta extremadamente atractivo, y adictivo.
Aprovecho, amigos, para ir felicitándoos la Navidad, y si es con jamón mejor.

Imagen: www.flowtown.com

viernes, 17 de diciembre de 2010

"MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD" DE STEFAN ZWEIG

Stefan Zweig (1881-1942) es, en nuestros días, un autor semiolvidado. Ciertamente, no encaja en nuestra época de tan cacareada postmodernidad, relativista en lo moral y lo cultural, y, por lo tanto, sectaria. Nacido en el seno de una rica familia judía austríaca, fue un eximio representante del Humanismo y el sentido de la identidad europeos, en cuyos ideales creía fervientemente, como el valor superior de la cultura y el pacifismo. Nacido en la mágica Viena del cambio de siglo, fue sin duda parte de ese "fermento de la alta cultura europea" como denominaba Hermann Tertsch a los intelectuales judíos, que bullían en esa decadente capital imperial. En su exilio brasileño, sintió que ese mundo de cultura libresca, de excelencia, y arte, que había elevado al Hombre a cotas insuperables, había perecido en el océano de la barbarie embrutecedora de la guerra, y decidió suicidarse junto a su esposa. Fue otra víctima indirecta del nazismo, y su actitud contrasta con la de otro intelectual como Georges Bernanos (tan poco conocido en nuestro país, primero, durante el Franquismo, por haber denunciado sus crímenes en la Guerra Civil, y luego, en Democracia, por su carácter de escritor católico, malvenido para la progresía prejuiciada que ha dictado el who's who de nuestra vida cultural), que también compartía exilio por aquellos lares, pero al que quizás su fe cristiana, le hizo perseverar, y seguir en la denuncia de esa civilización destruida, tal como lo hacía antes de la guerra.
En esta obra que comento, Zweig habla metafóricamente de la Historia como de un artista, que en los breves momentos de inspiración puede conformar su obra maestra. Así, la Historia (entendida de modo providencialista) concentra en un breve período de tiempo acontecimientos cuyas consecuencias se dejarán sentir durante siglos. Zweig dice que no pretende fabular, pues allí donde la Historia se muestra como "poetisa" o "dramaturga" ningún escritor puede arrogarse el derecho de superarla. Esta metáfora -y voluntad- estética es, sin duda, la gran contribución del autor austríaco, que se superpone a la idea ciceroniana de la Historia como magistra uitae, y la embellece, dotándola de dramatismo, y nervio literario. No parece, pues, casual, que sea Cicerón el protagonista de la primera de las "catorce miniaturas históricas" que subtitulan la obra de Zweig. La caída de Constantinopla en manos turcas (the greatest tragic drama of all time, según Antony Beevor) es la segunda miniatura, en la que destaca cómo un detalle fortuito, el olvido de una pequeña puerta abierta en una muralla ciclópea, cambia la Historia, y permite que un "fatal poder destructor" atenace Europa durante siglos. Zweig combina estos relatos históricos (la hazaña de Balboa, Waterloo, la fiebre del oro, el tendido del cable telefónico entre América y Europa, el descubrimiento del polo Sur con la muerte de Scott, el viaje a Rusia de Lenin, y el fracaso de las iniciativas de paz del presidente Wilson en 1919), con otros centrados en artistas (Händel, Rouget de Lisle, Goethe, Dostoievski, Tolstoi), que son presentados sometidos a penosas encrucijadas vitales, que superan y subliman gracias a su arte (Händel, Goethe, Dostoievski), convertido en regalo para la Humanidad -aunque a veces este mismo arte puede convertirse en un peso insoportable si se trata del "genio de una sola noche" (Rouget de Lisle, creador de "La Marsellesa"), o de un espejo que, al final de una vida, presenta al artista ante sus propias contradicciones (Tolstoi).
Es una obra donde Zweig muestra unas extraodinarias dotes de narrador, sobrio y evocador. La lectura te absorbe y llena de emoción (Constantinopla, Händel), y tiene la genialidad de hacerte asistir con toda verosimilitud al proceso de creación del artista (Händel, Goethe), que justifica por sí sola la grandeza de ese mundo tan añorado y querido por Zweig, un mundo en vías de extinción, un "mundo de ayer" para el propio autor, que uno, como lector, no puede tampoco dejar de añorar, mientras oye a su alrededor hablar de Alianzas de Civilizaciones y otras estupideces.

Imagen: Stefan Zweig, Momentos estelares de la humanidad, El Acantilado, (14ª reimpresión), Barcelona 2010.

martes, 14 de diciembre de 2010

DE ESPEJOS Y MÁSCARAS

Al borde, siempre al borde

la vida, insomne, empuja.

Señal el animal brillo en los ojos

del que ha perdido el miedo a enfrentarse

al Horror de uno mismo.

Solo, mortalmente, desnudo, alerta,

listo para jugar, ansioso niño

ya al tanto de las reglas:

El pasado rehecho es su palanca,

la alegría su máscara y su espejo.

(1992-1995)

martes, 7 de diciembre de 2010

MANERAS DE MORIR

Sí, resuena en mi cabeza la vieja canción de Leño, maneras de vivir. Pero in malam partem. Estoy enfermo y de baja por un proceso neumónico. Tengo que hacer reposo, y no salgo de casa desde el jueves pasado. Se fastidió el puente (compadezco, de paso, a los pobres viajeros que se han quedado atrapados entre el chantaje de los controladores aéreos y la incompetencia del gobierno). Me hubiera gustado ir a Sevilla (saludos también a los amigos blogueros sevillanos) , pero no va a poder ser esta vez. Sí estoy teniendo tiempo, en cambio, para leer, ver películas y preparar alguna cosa de la edición de mi tesis y del trabajo. También he escrito un par de poemas, que es tiempo ciertamente ganado. Me fastidia, sin embargo, no poder salir de casa, y en situaciones como ésta, se empieza a divagar y a perder -gracias a Dios- el sentido de la rutina.
Dispongo de una biblioteca que cuenta con una mesa-escritorio, donde escribo todas estas tonterías, y en el trozo de pared frontero, a la altura de mis ojos, tengo colgado un dibujo que me hizo un compañero en una de esas largas reuniones-río vespertinas propias de los institutos. Llegados a cierto momento de saturación, unos a veces desconectamos interiormente, y otros entran en paranoia. El compañero en cuestión se puso a dibujar muertes. Muertes de profesores por especialidad. Por ejemplo, a la profesora de biología la hacía perecer atada a una silla y dentro de una pecera, y al profesor de gimnasia en una picadora de carne. De acuerdo, estas muertes pueden responder a una lógica perversa, pero no entiendo por qué al profesor de matemáticas le pegaba morir en la silla eléctrica. Sigo sin verle el sentido, aunque él dijera que lo tenía. A mí como soy el de francés, me hacía sucumbir, obviamente, bajo la guillotina.
La muerte da para mucho: el Humanismo (cristiano, o no) afrontó la reflexión sobre la muerte como necesaria para la comprensión de la vida, y la muerte adquirió un valor ejemplarizante, positivo o no, como culminación de un consecuente proceso vital. Ahí están en clave de humor los impagables gags llamados "muertes famosas", que hacían los inolvidables Faemino y Cansado, con su mezcla de falsa ingenuidad y cultura literaria (que se hace cada vez más huidiza), o los llamados Darwin awards, "Premios Darwin", que algunos tipos con mucho humor negro dan en EE.UU. a las muertes más estúpidas, y que -dicen- contribuyen a la Selección Natural eliminando del fondo genético a estos finados (dieron lugar estos premios a una muy divertida película homónima, con una resucitada Wynona Ryder). La perversidad eugenésica es aquí subyacente.
Lo malo es que de la muerte se huye cada vez más, con lo que se acaba por frivolizar la vida, y poner el control de ésta en manos de los políticos, que facilitan, por un lado, la muerte cada vez más temprana en el vientre materno, y, por otro, la aceptación progresiva de la eutanasia, disfrazándola de "muerte digna". Si todos somos animales, ¿que más da que alguien decida lo que es bueno para tí?
Creo recordar que en el Bushido se aconsejaba a los samurais imaginarse cada mañana al despertar muriendo de diversas maneras para perder el miedo a la muerte. Yo ya tengo algo que mirar todos los días, aunque es muy improbable que muera de esta manera, o que pierda el miedo a morir. Aunque sí aprendes a quitarle importancia a ciertas cosas, y a reírte de la estupidez circundante, empezando por la propia.

viernes, 3 de diciembre de 2010

LA POLÍTICA, EL MERCADO Y EL FIN DE FUTBOLISTAS Y PARADOS (I)


¿Quién dice que Zapatero no conoce y frecuenta el mercado? En la pasada fiesta de Tosantos celebrada en el Mercado de Abastos de Cádiz podía verse, como es tradición, los puestos ornados con las fantasías elaborados por sus dueños con los propios productos que venden. Ahí estaban las acostumbradas cabezas de cerdo para representar a cualquier personaje, debidamente vestidas, cual pesadilla de un museo de cera. Este año pude ver en un puesto de charcutería a nuestro presidente tras el mostrador y enfundado en un traje. Su cabeza y cara estaban hechas con queso y chacinas, y estaba rodeado de leyendas alusivas a la crisis y el paro, poco lisonjeras para él. Esta tosca representación me hizo pensar en lo que ocurrirá con un político cuando en la mentalidad popular pasa a ser visto como un azote.
Zapatero es el ejemplo de la dosis de populismo que una sociedad moderna, pero deficitaria desde el punto de vista democrático como la española, puede soportar. Su relativismo moral, la capacidad de adaptación de su discurso a cualquier circunstancia, su veleidad, su bajo perfil intelectual, y la importancia de la propia imagen (marcada en los primeros tiempos por el "talante", la sonrisa y el "diálogo") hacen de Zapatero el perfecto político postmoderno. Todo el mundo lo da ahora por liquidado (es impresionante lo que dice al respecto Joaquín Leguina en su blog, al que llegué a través de un enlace del de Javier Sánchez), pero yo no lo veo tan claro. Alguien que carece de otro horizonte vital que el poder hará lo que esté en su mano por seguir en él, y puede incluso llegar a pensar que el tiempo corre a su favor. Sus proyectos parecen haber fracasado, pero dejarán una huella nociva y perdurable. Su proyecto era ideológico, basado en premisas intelectualmente simples, y el objetivo último era eliminar la posibilidad de la alternancia política, mediante la estigmatización de la derecha política y una insidiosa labor de ingeniería social.
 Desde el punto de vista político, el pacto del Tinell (2003) y el sucesivo pacto de Perpignan entre independentistas catalanes y ETA, para excluir a Cataluña de las actividades de la banda terrorista, son hitos previos, que señalarían el sesgo de su labor de gobierno posterior a la accidental victoria electoral de 2004. Con el modelo del tripartito catalán, Zapatero quería demostrar la capacidad del "nuevo socialismo" no sólo para ser más nacionalista que los propios nacionalistas (véase la radicalización de la política de exclusión lingüística de la Generalitat, y la promoción del nuevo Estatut), sino para derrotarlos electoralmente en su propio terreno; con esto lograba también Zapatero imposibilitar el discurso de una derecha nacional, aun dinamitando el régimen constitucional del 78 (aunque todo no es culpa de ZP, pues la misma Constitución consagra una desastrosa e insolidaria organización del llamado Estado de las Autonomías; ZP no ha hecho más que agravar las desigualdades). Parcialmente ha vencido, pues el PP del Sr. Rajoy asumió en parte el nuevo mapa estatutario, y en sus autonomías las políticas de inmersión lingüística obligatoria no difieren mucho de las catalanas y vascas (estas políticas, que pretenden ahondar en el llamado eufemísticamente "hecho diferencial", responden a la tradicional identificación nacional a través de la lengua, típicamente nazifascista). Una segunda pata de su proyecto era -es- la negociación política (y hay que subrayar lo de "política") con ETA, con la que pretendía extender el pacto de Perpignan de su socio independentista a toda España, quizás con vistas a crear un tripartito abertzale, que le permitiera, de paso, presentarse a ZP como un "príncipe de la paz". Pero una banda de fanáticos asesinos que lleva tantos años matando inocentes no se iba a tragar la mercancía averiada de un para ellos monigote sonriente, aunque inmoral y sin escrúpulos. Era el todo o nada. Y ahí le falló el cálculo a ZP, que tendrá suerte si consigue de la banda un anuncio de tregua permanente, que dudosamente podría salvarle de su sino a estas alturas. "Es la economía, estúpido", a la que no se dedicaron ni las famosas dos tardes -el trabajo ya lo había hecho Aznar, el amigo de Bush-, y es ésta la que ha terminado arramblando con todo, y demostrando la verdadera altura de nuestro actual presidente.

Imagen: Exposición de Rodin en Cádiz

martes, 30 de noviembre de 2010

LA ROSA ETERNA


Son las plantas su vertical heroica,

belleza que es toda un sentir callado,

curvada de su propia plenitud.

El peso es la promesa de lo eterno,

matriz germinal que a la tierra apunta,

paradoja del brote siempre idéntico.
 
(1992-1995)
 
Imagen: La joie de vivre de Max Ernst

viernes, 26 de noviembre de 2010

CONFERENCIANTE EN APUROS



Entre los títulos académicos y certificaciones varias que tengo colgadas en la pared de un cuarto de mi casa, conservo una de la única conferencia que he dado en mi vida. Ocurrió en Marchena (Sevilla) en marzo de 2001. Allí recabé durante 4 meses en el primer curso que hacía sustituciones, reemplazando la baja por maternidad de una profesora. Años antes ya había estado unos días en Marchena, en su Archivo Municipal, buscando información sobre uno de los autores que estudié en mi tesis doctoral, el doctor Diego Sánchez de Alcaudete. Allí me tiré horas y horas intentando descifrar la endiablada escritura diplomática de las Actas Capitulares del ayuntamiento de la villa, buscando referencias biográficas sobre este personaje, como la fecha de su llegada al lugar, lo que me permitió confirmar mi teoría de la falsedad de su título de Doctor en Medicina, pero eso es otra historia.
Mi segunda estancia en el pueblo, más larga y agridulce, me aportó valiosas experiencias. Allí recibí mi verdadero "bautismo de fuego" en la enseñanza secundaria. Llegué a uno de los institutos de la localidad, donde acababa de implantarse el primer ciclo de la ESO. Eran los años duros de implantación de la LOGSE, y era frecuente encontrar entre los compañeros una actitud vergonzante de mirar hacia otro lado, y un espíritu de sálvese quién pueda ante el caos circundante. "Aquí todavía no se han enterado de lo que va la ESO", decía una bella compañera de Dibujo, de la que me resistí a enamorarme, mientras intentaba convencer en su guardia a un alumno expulsado de clase de que no se moviera de dónde se le había dicho. (No es de extrañar, pues, que muchos de los que alababan entonces el sistema intentaran poner tierra de por medio, y refugiarse en algún cómodo despacho al calor de sus influencias, lo más lejos posible de las aulas). Había cursos en los que era casi imposible dar clase, pues había algunos alumnos que reventaban la clase constantemente, y te veías con que sus propios compañeros te pedían que los expulsaras del aula. Pero no se tomaban medidas contundentes contra ellos. Parecía un tabú criticar este sistema perverso. Te veías desbordado, no sólo por esta violencia latente y falta de respeto constante, sino por un ambiente generalizado de falta de perspectivas. Se había convertido en un objetivo que muchos alumnos salieran del instituto sabiendo ¡leer y escribir!, alumnos cuyo único interés era o trabajar con su padre o ingresar en la escuela taller del pueblo. Sólo esperaban que les dejaras en paz, y hacer lo que les viniera en gana: su sentimiento era de impunidad. He tenido clases de más de 25 alumnos en las que convivían niñas con síndrome de Down, inmigrantes en fase de alfabetización (pero que debían estar allí porque les correspondía por su "grupo de edad"), y adolescentes procedentes de Casas de Acogida (así que cuando escucho hablar desde arriba de "atención a la diversidad" en el aula, me revuelvo en el asiento y me muerdo el labio). Recuerdo a uno de estos chicos: tenía a casi toda su familia en la cárcel, y en clase solía estar callado, mudo ante un cuaderno cerrado. Pero era una olla a presión sin espita. Una vez, cogió su mesa, y sin decir más la levantó por encima de su cabeza, y empezó a pasearse con ella por la clase; me planté delante de él instintivamente, y con buenas palabras intenté convencerle de que dejara la mesa en su sitio (me hizo caso, pero podía muy bien haberme estampado la mesa en la frente). Otra vez, tuve un altercado con uno de los "líderes" estudiantiles, y lo expulsé de clase. Eso no debió de gustarle, pues un día que salí más tarde del centro, vi una piedra que rebotaba a escasos metros a la derecha delante de mí, miré a la acera de enfrente y allí estaba el alumno acompañado de varios adultos (entre ellos una anciana de pelo blanco); me quedé paralizado: el alumno tenía otra piedra y la arrojó a escasa distancia a mi izquierda. Lo miré fijamente, y me quedé inmóvil. La piedra rebotó, y los adultos que acompañaban al chico se rieron mientras se daban la vuelta y se marchaban de allí. Al día siguiente denuncié el hecho en el centro, y "conseguí" que lo expulsaran el tiempo máximo que permitía la ley... que son 30 días. Fue como un duro despertar. En esta profesión o te endureces, o te hundes, y poca gente vendría en tu ayuda. Afortunadamente, empero, compruebo que el gremio se está volviendo cada vez más contestatario ante este sistema que ningunea tanto al profesor, y lo expone a tanta indefensión.
Pero no todo fue malo en Marchena. Es un bonito pueblo, lo llaman "el pequeño Vaticano" por su abundancia de iglesias, y allí pude dar mi primera, y única conferencia. Le comenté a mi compañero de francés en el instituto que había escrito una tesis sobre la poesía macarrónica, y me dijo que existía una tertulia en el pueblo, de la que él formaba parte, llamada "Los luneros", en la que invitaban periódicamente a personas a dar conferencias sobre un tema concreto. Me invitó a dar una conferencia sobre el asunto, y acepté. Fui a su local, y allí, ante una veintena de personas, estuve hablando como una hora de la historia del género, de su carácter cómico, y de las andanzas y vida picarescas del autor, marchenero de adopción, que había ido a estudiar años antes al pueblo. Pocas veces he tenido un auditorio más atento y solícito. Al finalizar el acto, me entregaron un diploma, y me invitaron en la barra del local a tomar lo que quisiera (era la manera de agasajar al conferenciante). Así que me tomé dos cubatas (o tres), que falta me hacían.
Veis así, amigos, lo que algunos somos capaces de largar por un par de cubatas.
Feliz fin de semana.

   

martes, 23 de noviembre de 2010

EL SÍNDROME NOVEMBRINO


"Novembrino" es un adjetivo que no aparece en el diccionario de la RAE, pero sí en un poema de Miguel Labordeta, momento novembrino (lástima que lo de "momento" siga recordando a Boris Izaguirre, usurpador). Me hallo en un estado de espíritu similar al que deja traslucir Labordeta en su poema, atado a su "zaragozana gusanera". En noviembre descubro una clase especial de melancolía, difusa en la tierra de nadie del calendario. No tan lejos de las delicias estivales, que se te antojan el reino de la infancia en su breve ilimitud, el ritmo de trabajo se acrecienta y rutinaliza, sin que haya llegado el alborozado diciembre a introducirte en la Epifanía, calurosa de luces, recuerdos y ensoñaciones compartidas, que te induce a aceptar de buena gana el invierno prolongado, encarnado en frío y trabajo vasodilatador.
Sientes, pues, que puede haber aún una marcha atrás, una posibilidad de retroceder a terrenos vírgenes de la memoria, que te aseguren al menos una existencia a la que poder sustraerse cuando se quiera. La melancolía te sorprende entonces en cualquier parte; en el trabajo, donde descubres tus propios límites, por honrosos que parezcan, y lo importante que ha sido la fuerza de voluntad en tu vida para salir adelante, y seguir teniendo hambre de aprender; en casa, cuando piensas cuántos años podrás continuar con este ritmo vital, del que te quedan, al menos, veinte años por delante, y la evidencia de cómo las rutinas y las fruslerías cotidianas llenan tu vida hasta casi el borde, de las que procuras huir buscando "agujeros en el tiempo", hechos de lectura, reflexión y, en ocasiones contadas, de poesía.
En fin, un asco noviembre, cuando deja de ser octiembre, y aún no es otra promesa perdida en el recuerdo.
  
Imagen: fotografía de Paco Gómez

sábado, 20 de noviembre de 2010

AGUSTÍN GARCÍA CALVO


En mi condición de esclavo del latín (realmente servil y digno de disciplina inglesa) quiero hablar hoy de uno de mis amos predilectos: Agustín García Calvo. Aparte bromas, García Calvo es un eximio representante, junto a Antonio Fontán, Rodríguez Adrados, Lasso de la Vega, Luis y Juan Gil, Bassols de Climent, Mariner, Fernández-Galiano, Lisardo Rubio, Ruiz de Elvira, Holgado Redondo y otros, de una Edad de Oro de la Filología Clásica española, que la hizo equiparable a la de cualquier país europeo, incluida Alemania. De la variada obra de García Calvo me ha interesado más su faceta de filólogo, poeta y traductor. Yo escuchaba un programa que tenía a finales de los años ochenta en Radio 3, donde combinaba exposiciones sobre la realidad circundante con lecturas de sus poemas. Me atraía de él su carácter de outsider voluntario de los medios de comunicación (su negativa a aparecer en televisión), y del mundillo cultural y literario (en una apasionada y hermosa antología de poesía española de postguerra, Miguel García-Posada, 40 años de poesía española, le hacía un lugar fuera de tendencias y generaciones). Compartía algunos de sus planteamientos anárquicos y rechazaba otros. Y sobre todo, lo admiraba por sus traducciones rítmicas de la poesía greco-romana, que buscaban restituir los ritmos originales y naturalizarlos en español (entendido como lengua viva, ajena a lo que él llamaba espofcon, "español oficial contemporáneo", lo que le ha llevado a un uso desinhibido de metaplasmos), empleándolos él mismo en su poesía. En este sentido, son señeras sus traducciones de la Ilíada de Homero y del De rerum natura de Lucrecio. Por influencia suya, hice traducciones rítmicas de los poemas estudiados en mi tesis doctoral, y de los presentes en mi tesina publicada. Pasé a usar esos moldes para mi propia poesía, y en la actualidad combino estos esquemas, sobre todo el tetrámetro dactílico (con posibilidad de primera sílaba en anacrusis), con el endecasílabo tradicional.
Recientemente, García Calvo ha publicado en su editorial Lucina una traducción rítmica de Los Persas de Ésquilo, redactada en dos meses. A sus 83 años, el gran filólogo y poeta nos sitúa ante la peculiaridad única de la primitiva tragedia griega, con las danzas y cantos coordinados de los coros, que servían de contraparte a los dos o tres, en algunos casos, actores de la tragedia esquilea, que, con sus máscaras (personae) representaban los distintos personajes en un escenario de increíble sobriedad. García Calvo transmuta al español la variedad de ritmos de los anapestos, trímetros yámbicos y las partes cantadas, que al leerlas en voz alta, creo que transmiten parte de esa magia y pathos irrepetible del teatro antiguo. Larga vida al maestro, con el que me gustaría trabar conocimiento algún día.
Reproduzco a continuación un vídeo donde se escucha a García Calvo recitar, en español y en griego, el comienzo de la tragedia susodicha en una versión publicada en 1984. La transcripción de ambos textos puede leerse en el blog Canzoniere, cuyo autor es quien ha colgado además el vídeo en Youtube. La imagen de García Calvo la he tomado del blog Enquiridión.


  

martes, 16 de noviembre de 2010

POESÍA EN CUARENTENA


Escribo poesía pero no sé qué es realmente ser poeta. Podría pensarse que si hay un género literario que se ajusta a los nuevos soportes de lectura como el blog e internet en general es la poesía. Sin embargo, es la novela la medida de la valoración del escritor, como hacía Andrés Ibáñez en el ABC cultural del último sábado donde hacía un decálogo de la literatura, donde afirma entre otras cosas que un artista debe tener éxito y tener en cuenta al receptor, y que sin éxito el artista no puede desarrollarse ni madurar. Quizás sea así porque si hay un artista ligado a la imagen tradicional de la literatura ése es el poeta. Coronado de laurel y poseído del furor o inspiración divina, se convertía en puente entre el mundo visible y el invisible. El poeta épico representa la quintaesencia de la función ciudadana de la poesía. Con el ritmo poético conseguía el poeta lírico esculpir en el tiempo, empleando una expresión tarkovskyana, e ir burlando a la muerte con una ilusión de perennidad. La modernidad romántica trajo la desacralización de la figura del poeta. Éste deja de ser una figura de ambiciones universales, revelador e intérprete de misterios y encarnación del presunto espíritu de un pueblo o época, y se centra en sí mismo, en su pequeño mundo de sentimientos inseparables de su yo. Cuanto más se desarrolla el carácter individual y "personal" de la poesía, tanto más va perdiendo ésta su entidad rítmica. Surge, así el verso libre, o verso tipográfico, como lo llamaba A. García Calvo, con lo que los lindes con la prosa se desdibujan. Pienso que esto puede contribuir a la banalización de la poesía, convertida en pura voz "individual", vehículo de ideología que se expresa en una prosa que ya no está hecha para ser leída en voz alta sino para ser leída en silencio, como un periódico.  De ahí los apuros que se ve pasar a algunos poetas en las lecturas públicas de sus obras, cuando intentan suplir la falta de ritmo auténtico de sus poemas con rotundidad o melosidad de la voz, pudiendo incluso cambiar palabras de sus composiciones, pues en el fondo poco importa.
Esta poesía está destinada a no sobrevivir al tomito en que se publica, y se alimenta para su existencia del prestigio cultural todavía inherente al género, repartido al capricho -a veces, atrabiliario- de jurados y editores.
Estimo que si no hay ritmo -y digo ritmo, no rima-, no hay poesía, y que un poeta que no busque trascenderse olvidándose de sí mismo, y que se encarne en una voz que sólo le pertenezca fugazmente, transportado por ese ritmo que no deja de tener algo de ritual, no será más que otro poeta de Cultura, y por tanto en ella clasificable.
Dicho esto, insisto en que no sé realmente en qué consiste ser poeta, y la importancia que tenga.

Imagen: "Los poetas" de Carlo Carrá.

viernes, 12 de noviembre de 2010

ROMA DELENDA EST


Esta mañana al coger el autobús me encontré con un conocido de los remotos tiempos en que practicaba aikido. Llevaba a sus dos hijos pequeños al colegio. Ya he coincidido con él en otras ocasiones, porque vivimos relativamente cerca. En una de ellas me sorprendió bastante por su sensatez. Me dijo que sus hijos verían la reforma de la educación en España, y que yo lo comprobaría cuando éstos llegaran a mis manos, pues en el colegio en el que estudiaban actualmente estaban muy concienciados padres y maestros en la necesidad de mejora de la situación existente en un sentido de exigencia, laico y progresista. Yo le expresé un suave escepticismo respecto a su planteamiento, y le hablé de la presión ideológica existe en el entramado educativo, y de cómo mucha gente considera elitista, segregador y reaccionario plantearse una elevación de los niveles de exigencia académica, y da un valor primordial a la ideologización -unidireccional- de la enseñanza. Pero ese planteamiento es propio de fachas de izquierdas (fueron sus palabras, no las mías), y algo que está terminando, ya verás. Su optimismo en ese momento me resultó contagioso, y rogué internamente por que haya más padres empeñados en mejorar la educación de sus hijos.
Pues bien, esta mañana empezó a hablarme en el autobús de historia, que a él, médico, le interesa mucho. Compartió brevemente conmigo sus inquietudes de cómo habría sido el mundo si en vez de Roma hubiera vencido Cartago. Los romanos eran unos imperialistas -me dijo-, y tras la batalla de Cannas lo que deseaba Aníbal era la paz, pero Roma era una máquina de producir soldados, y las autoridades cartaginesas abandonaron a su suerte a Aníbal. El ejército cartaginés era mercenario, lo que le parecía preferible. Se preguntaba si el mundo no hubiera sido mejor con los cartagineses. Sólo le objeté entonces que Cartago también construía un imperio, y él me aludió a los orígenes fenicios de Cádiz, y de cómo quizás Cartago habría forjado un mediterraneo más habitable.
No tuvimos más tiempo para hablar en el breve trayecto del autobús, pero le vengo dando vueltas a su idea desde esta mañana. Ciertamente, la historia-ficción me parece un género sólo apto para ociosos, pero no deja de tener su atractivo, y subyugó a personalidades como la de G. K. Chesterton, quien en su libro El hombre eterno trató de las Guerras Púnicas:

"[...] Todos los hombres se mueven por su religión y su concepción del universo, y aquellos que no creen más que en el miedo, no pueden creer más que en el mal. Siendo la muerte, según ellos más fuerte que la vida, las cosas inertes serían más fuertes que las criaturas humanas. El oro, el acero, las máquinas, las montañas, los ríos y las fuerzas ciegas de la Naturaleza pueden imponer sus leyes al espíritu [...] Así ocurrió con los príncipes comerciales de Cartago y su culto de la desesperación, en la hora en que todas las esperanzas parecían serles favorables. ¿Quién les hubiera dicho que los romanos esperaban contra toda esperanza? Su religión era la religión de la fuerza y del miedo; ¿cómo podían comprender que hubieran hombres que despreciaran el miedo y no se sometieran a la fuerza?  [...] En una palabra: ellos, que durante tanto tiempo se habían prosternado ante cosas sin significado, ante el dinero y la fuerza bruta, y ante los dioses de corazón de fiera, ¿cómo podían saber lo que había en el corazón de los hombres? [...] Cartago cayó por ser fiel a su propia filosofía. Moloch devoró a sus propios hijos. [...] Es indudable que la lucha que estableció el Cristianismo hubiera sido muy diferente si el imperio [sic] hubiera sido vencido por Cartago. Gracias al triunfo de Roma, la claridad divina, en la hora escogida por ella, se elevó sobre una humanidad humana, a pesar de todo. Cualquiera que fuese su corrupción o su miseria, Europa se había librado de peores destinos. Pues hay gran diferencia entre el ídolo que es sólo un muñeco de madera, al que los niños ofrecen migas de pan, y el ídolo gigante que devora a los niños*".
Cf. G. K. Chesterton, Ortodoxia. El hombre eterno, Ed. Porrúa, México 1986, pp. 192-193.

*Alusión a la diferencia entre el culto familiar a los Penates en Roma, y los sacrificios de niños al dios Moloch en Cartago.

Se comparta o no la visión teleológica de la Historia que proyecta Chesterton, se puede coincidir con su idea de la derrota del pragmatismo relativista frente a la fuerza de la obstinación que hunde sus raíces en un sentido de la dignidad que se hace fuerte en el crisol de la tradición o de la religión. A mí también me parece preferible la victoria de Roma, y no puedo concebir un mundo distinto al surgido de la conjunción del greco-latino y el judeo-cristiano.
Resulta, empero, inquietante el paralelismo con nuestra cotidianeidad, donde los bárbaros no dudan en sacrificar a sus hijos en la lucha contra un enemigo que no quiere o no puede calibrar la fuerza del odio.

Imagen: Exposición de A. Rodin en Cádiz.
   

martes, 9 de noviembre de 2010

OTOÑO EN MADRID

Estuve con mi mujer el pasado puente en Madrid, en compañía de nuestra querida amiga Aurora, quien nos descubrió algunos rincones insospechados. El otoño llenaba el aire de Madrid. Una sinfonía de colores adornaba la decadencia otoñal.


El paisaje urbano se me antojaba majestuoso en la sobriedad de la luz que lo iluminaba, y la lluvia dispersa me instalaba en cierto recogimiento interior. La ciudad parecía ser más ella misma bajo el cielo encapotado y los contrastes de color. Interiores. Disfrutamos de la visita a varios lugares, como los conventos de la Encarnación, Descalzas Reales, la casa-museo de Sorolla, y el museo de la Fundación Lázaro Galdiano, que contienen verdaderos tesoros artísticos, y no están tan masificados como otros espacios culturales.
Me impresionó el enorme taller de Sorolla, núcleo de una antigua casa, que debió de estar llena de amor y plenitud de vida.



El taller es el santuario del pintor, y estaba primorosamente conservado.
La Fundación Lázaro Galdiano reúne en el antiguo palacio de Parque Florido, residencia del insigne coleccionista y editor homónimo, parte de su vastísima colección. Fue remodelado en los años 50 del siglo pasado para convertirlo en museo. En las salas pueden verse fotos de época de cómo eran las antiguas habitaciones, decoradas con estas obras de arte. Lázaro Galdiano disfrutaba de estas maravillas en su propia casa, como debe hacer un verdadero coleccionista. La violación de esta antigua intimidad resultó ciertamente gozosa.
Seguimos apreciando esa intimidad en la visita a la bonita casa de nuestra amiga, en la que los muebles clásicos, los cuadros y los libros hablaban de un amor familial reposado y concentrado en capas invisibles pero inalienables.
A mí Madrid nunca me ha gustado demasiado, pero en esta breve visita he sentido una gran querencia por el viejo Madrid, y me han entrado deseos de volver a visitarlo, y profundizar en las hermosas intimidades de esta ciudad recóndita.
(Por cierto, el mejor bacalao que he probado nunca ha sido en Madrid, en el restaurante La huerta de Madrid, cerca del Bernabeu).
Muchas gracias por todo, Aurora.



viernes, 5 de noviembre de 2010

LA AGONÍA DE FRANCIA



"Las democracias, privadas de la asistencia de las masas, en cuyo nombre actúan y gobiernan, están perdidas. El totalitarismo, la nueva barbarie, lo único que ha conseguido ha sido sustraer a la democracia las masas populares que eran su razón de ser, pero no porque represente una superación filosófica, ni siquiera política, social o económica, sino por el desequilibrio tremendo que se ha producido entre el progreso material y el progreso espiritual, por el hecho puro y simple de que hoy día un adolescente semianalfabeto, pero que tenga buenos movimientos, reflejos y pulmones resistentes puede aterrorizar a una ciudad de millones de habitantes planeando sobre ella con una tonelada de mortíferos explosivos, gracias a un motor cuyo funcionamiento ni siquiera conoce y que conduce a ciegas con sólo mover unos resortes.
Se ha conseguido reducir al mínimum los valores humanos que entran en juego en la lucha y con ese mínimum de humanidad, mejor dicho, con esa animalidad amaestrada que basta para las grandes acciones gracias al progreso mecánico, los nuevos bárbaros pretenden dominar y esclavizar a una civilización que ni intelectual ni espiritualmente han podido superar.
En el fondo de esta espantosa lucha de nuestro tiempo y a pesar de las fuerzas demoníacas que se ponen en juego, no hay más que una verdad. Hasta ahora no se ha descubierto una fórmula de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia. Es decir, el liberalismo, la democracia".

Cf. Manuel Chaves Nogales, La agonía de Francia, Libros del Asteroide, Barcelona 2010, p. 63.

El periodista y escritor Chaves Nogales, que había sido partidario de Azaña, se marchó de España en 1937, falto de deseos de ver -como decía- de cuál de las dos trincheras salía el próximo dictador de España. Permaneció en Francia hasta la debacle de 1940, trasladándose luego a Inglaterra donde murió en 1944. Férreo defensor de la democracia y el liberalismo, analiza en la obra citada con un vibrante estilo periodístico las circunstancias que confluyeron en la rápida derrota francesa de la primavera de 1940. Chaves considera que las fuerzas combinadas de los dos totalitarismos en aparente liza, el comunismo y el nazismo, habían minado el espíritu de identidad y resistencia democráticas de las masas francesas. La obra concluye con la descripción del éxodo masivo y no exento de frivolidad de los parisinos, que llenaban ufanos los cafés y restaurantes de Biarritz y San Juan de Luz. (Es aquí precisamente donde comienza la excepcional Suite française de Irène Némirovsky, novela de la que hablaré en otra ocasión).
El texto que cito de Chaves podría referirse casi exactamente a acontecimientos recientes como el 11-S, y puede ilustrarnos sobre esa peligrosa tendencia del Occidente democrático actual a plegarse a la fascinación del Terror. La servidumbre voluntaria, el miedo a la libertad que, en época de la Guerra Fría se revestía del nombre de "distensión", revive con particular y desgraciada virulencia en un país como España. Tras convivir durante décadas con un terrorismo integrado políticamente en el sistema y subvencionado por los contribuyentes -abyecta aberración-, parece que ciertas fuerzas oscuras creyeron que el pueblo español estaba maduro para sucumbir a un acto de terror supremo como el 11-M, y acatar la voluntad de dichas fuerzas de cambiar el gobierno de la nación. Nunca había obtenido el terrorismo una victoria tan evidente sobre la Democracia, y demostraba así su debilidad, de modo similar a lo ocurrido en la Francia de 1940, donde un aislado bombardeo sobre París provocó el pánico y consiguiente éxodo masivo de la población. También fue entonces en nombre de la Paz que se consumó la manipulación de las conciencias (que no nos metan en guerras de otros; allá Inglaterra y su Imperio con los nazis, etc.). Pero un hombre libre sabe que la paz no es un fin en sí mismo, sino un estado desgraciadamente inestable, y los mismos revolucionarios franceses exigían la liberté ou la mort, excluyendo, evidentemente, de este dilema, la paz del sometimiento y la esclavitud. Consecuentemente, los que predicaban la claudicación fueron ensalzados, y entraron en una inaudita negociación política con el terrorismo patrio en nombre de la "paz". Sin embargo, lo que hacían -lo que hacen de nuevo según parece- es legitimar el asesinato como arma de acción política, es decir, el fascismo y el totalitarismo bajo la especie de extrema izquierda nacionalista. Sólo espero que las urnas pongan en su sitio algún día a esta banda de miserables, y de momento, quiero expresar desde aquí toda mi solidaridad con las personas que se manifestarán mañana en Madrid en contra de esta indigna claudicación ante el terror y la barbarie totalitaria.
Feliz fin de semana, amigos.

martes, 2 de noviembre de 2010

SILENCIOS



Theo Van Gogh no estaba en su casa,
si no tal vez se hubiera salvado;
habría cogido el teléfono, visto
la tele, soñado con nuevos proyectos;
sí, habría escapado al terror islamista,
y una escultura anodina y anónima
no enmarcaría el silencio acordado
de resultar una víctima incómoda.
 
 
Imagen: Monumento a Theo Van Gogh en Amsterdam, erigido cerca del lugar donde fue asesinado hace justamente seis años.

jueves, 28 de octubre de 2010

ESCUELA Z (2)


El que el Director hablara de una campaña de concienciación estatal me hizo reflexionar en algo que me estaba chocando mucho últimamente de unos dos años para acá, y que consistía en cierto cambio casi imperceptible pero constante en el tratamiento de los Z y su imagen por parte de los medios de comunicación más afines al Gobierno (que eran casi todos). Así, por ejemplo, los programas tipo reporteros en la calle combinaban reportajes sobre la marginalidad y mendicidad en las grandes ciudades, con otros sobre los guetos donde se hallaban recluidos los Z supervivientes de la Guerra de las Zahúrdas (llamadas así por el tipo de lugares donde se habían refugiado), y los escasos que aún surgían de modo espontáneo y misterioso, sitios que eran denominados eufemísticamente Zonas Libres. Solían ser barriadas ruinosas y desalojadas, o viejas zonas francas llenas de herrumbrosas naves industriales. Rodeados de alambradas, los Z no hacían otra cosa que deambular día y noche con su hipnotizante caminar, hasta que sentían llegar los camiones que les traían a diario los despojos del matadero local, momento en que se apiñaban bajo la entrada principal de la alambrada, desde la que unos operarios siempre aprensivos les volcaban encima sus carretillas. Pues bien, estos reportajes, rodados en penumbra y carentes de primeros planos de estas horripilantes criaturas, solían incidir en la antigua humanidad perdida de estos seres, en su soledad y confinamiento presente, y en la necesidad de encontrarles un hueco en nuestra sociedad multicultural. E incluso en algunos de esos programas de debate en los que todo el mundo grita y nadie escucha, algunos "expertos", tras abominar del exterminio de estos entes solicitado por la Oposición tras la captura y confinamiento de éstos, comparándolo a un nuevo Holocausto, solían expresar su confianza en que la Ciencia encontraría una "cura" para los infectados del mal Z. Se rodaban películas y series, se escribían novelas y canciones sobre los Z, e incluso los humoristas mediáticos le sacaban partido al asunto. De tal suerte, que no me sorprendió mucho ver un día a un Z simulado en un anuncio televisivo.

Alguna vez había conversado sobre esto con Félix, que era profesor de Física. Me recordaba que los militares y los científicos del Consejo Superior del Estado se habían hecho cargo de los Z en un primer momento, recluyéndolos en campos de concentración bajo férula militar, y que habían llegado a sus oídos rumores de que allí se habían realizado diversos experimentos con los Z. Con el tiempo, parecía que se había mitigado en cierta medida su compulsivo instinto asesino y antropófago. Esto era algo que no se había hecho público, pero se sabía que algunos Z habían sido vistos en instalaciones militares. Al mismo tiempo, se había organizado de un modo casi secreto la red de Zonas Libres por todo el país, en parajes rurales aislados, o en la periferia industrial abandonada o marginal de grandes ciudades.

El Gobierno anunció entonces que éstas eran zonas de seguridad provisionales, a la espera de lo que propusieran los Organismos Internacionales dependientes de la ONU. Ésta, como era de esperar, no tomó una decisión universal, sino que en los países donde los Z no habían sido ya aniquilados por completo, se tomaron decisiones similares a las de nuestro Gobierno.

-"No existirá peligro para ningún miembro de la Comunidad Educativa". Esta frase del Director me sacó de mi ensimismamiento. "El alumnado A y el alumnado Z compartirán las mismas aulas, aunque eso conllevará realizar ciertas obras en ellas, que serán sufragadas por la muy importante dotación económica con que cuenta el Programa. Dicha dotación contribuirá notablemente a mejorar las instalaciones del centro. El Programa conlleva, asimismo, la reducción de la ratio de clase, lo que constituye dos de nuestras más antiguas reivindicaciones como centro educativo. Por otra parte, el Programa contempla la creación de un sistema de becas especificas para el alumnado A presente en el centro, al que se sumará la implementación de un Grupo de Alumnos y Alumnas Colaboradores que también será becado".

¿Alumnado A?¿alumnado Z?, ¿de dónde salía esta jerga? -pensé-, pero, ¿qué esperaban que les enseñáramos a los Z, a usar cuchillo y tenedor cuando se zamparan a algún humano 'A'? Nadie osaba, empero, abrir la boca, aturdidos y confusos, como hipnotizados por la jerga ampulosa y burocrática del Director.

-"No sé si debo añadir -dijo el Director con su media sonrisa- que todos los profesores y profesoras del centro recibirán en sus nóminas un complemento específico mensual de 20€, que subirá a 80€ para el profesorado que se comprometa por escrito a participar activamente en el desarrollo del Programa. La adscripción a dicho Programa, sea de modo directo o indirecto, se plasmará en méritos que serán evaluables en los Concursos de Traslado. Sea como fuere, la totalidad del profesorado participará en los Cursos de Formación en Centros sobre el susodicho Programa, que constarán de dos fases: una inicial, de asistencia obligatoria para todos los miembros del Claustro, y otra, avanzada, sólo preceptiva para los profesores y profesoras comprometidos por escrito con el Programa".

El Orientador preguntó, entonces, por los contenidos de los Cursos, y por las implicaciones del compromiso que se solicitaba a los miembros del Claustro. Dijo que creía hacerse portavoz de las inquietudes de éste, y exigía de la Administración planteamientos claros y contundentes, dada la novedad del Programa y sus consecuencias educativas y pedagógicas.

-"Bueno, quisiera precisar como preámbulo -dijo el Director mientras las comisuras de sus labios se estiraban un poco más a modo de rictus-, que vamos a contar con un alumnado que ya posee cierto currículum. Dicho alumnado procede de Centros de Convivencia, hasta ahora dependientes de los Ministerios de Defensa y del de Interior, donde han desarrollado ciertas habilidades sociales básicas de la mano de psicólogos, educadores sociales y pedagogos expertos. Algunos de ellos actuarán como monitores y monitoras de dichos Cursos, y nos acompañarán como asesores y asesoras externos durante el primer trimestre del próximo curso. El alumnado Z con que contaremos es competente para comprender y cumplimentar indicaciones motrices sencillas y precisas, como ir a izquierda y derecha, sentarse en determinado sitio y permanecer quieto".

Las afirmaciones del Director provocaron algunas risitas nerviosas en el Claustro. El tema de los llamados niños Z era un sujeto de actualidad, pero a nadie parecía habérsele pasado por la imaginación que tuviera ningún tipo de repercusión en los centros educativos.

-"La realización de dichos Cursos de Formación del Profesorado -continuó el Director- nos habilitará como docentes para la consecución de los objetivos del Programa, que, son, básicamente, el desarrollo de competencias básicas lingüístico-matemáticas, socio-culturales, y de relación con el medio físico y autonomía personal, que permitan al alumnado Z la progresiva integración en un entorno escolar plural y diversificado, fomentado la no discriminación y la tolerancia hacia dicho alumnado. Todo ello precisará de la implementación de nuevas dinámicas pedagógicas, y de un esfuerzo de reelaboración y adaptación de nuestras programaciones didácticas a nuestra nueva realidad educativa. Tales serán los puntos esenciales de la Formación en Centros para el presente curso".

El Director acalló con un ademán los murmullos, y continuó su discurso: "La realidad del alumnado Z es ya insoslayable. La decisión gubernamental de agrupar al colectivo Z en unidades familiares, todo lo ficticias que se quiera, no ha dejado de tener efectos claramente mensurables, como es la aparición de actitudes de sociabilidad entre los individuos Z, y la atenuación de sus comportamientos disruptivos y reacciones incontroladas hacia el resto de colectivos sociales. De tal manera, la escolarización de algunos de sus miembros era sólo cuestión de tiempo, y es sin duda un desafío para todos y todas que contribuirá probablemente al advenimiento de una sociedad más justa e igualitaria, si ésta consigue integrar, en la medida de lo posible, a este nuevo colectivo social".

Estas últimas palabras del Director resonaban aún en mis oídos cuando salía por la puerta del instituto, momento en el que sentí que alguien me cogía por el codo. "Acompáñame un poco, vamos", dijo Félix en un tono bajo pero resoluto. Nos habíamos alejado un poco calle abajo, como si fuera un día cualquiera en nuestro barrio pobre de sufrida ciudad mesetaria, cuando mi compañero empezó a hablar: "No me creo ni una palabra de lo que dice este tío. Nos van a poner a trabajar como burros, para que los gerifaltes puedan ponerse medallas, y, encima, esta vez jugándonos el pellejo con esos monstruos. Nos obligarán a tener en clase a esas cosas.... no, no puedo ni imaginarlo, ¿cómo vamos a dar clases a los alumnos normales, teniendo enfrente a esos...? no, no puede ser, es imposible, es absurdo, es criminal... no lo permitirán, la gente se echará a la calle, ya lo verás, no tiene sentido..."

Félix parecía ya estar hablando consigo mismo, y no conmigo. Realmente no tenía sentido como decía él en sus divagaciones, algo oculto debía haber, algún propósito perverso que justificara el convertir a nuestro centro en siniestro conejillo de Indias.

-"Intentan conseguir algo de esos Z, estoy seguro -proseguía Félix-. Intentan desarrollar alguna facultad latente en ellos, que sólo sea posible en contacto con humanos. No tiene sentido de otro modo el escolarizarlos. ¡Escolarizarlos!, no son personas, ¿qué esperan sacar de ellos? Esto me huele muy mal, amigo, creo que si hay un momento adecuado para participar en el Concurso de Traslado es éste".
Nos despedimos en la esquina de mi casa. Era, ciertamente, otro día para olvidar.


Con este relato os felicito el Halloween, amigos, y si pasáis de él como yo, acordémonos de los difuntos, y de todo lo que les debemos. Paz a ellos.
Imagen: Charles Ensor.

martes, 26 de octubre de 2010

HOMENAJE INDOCENTE A MIGUEL HERNÁNDEZ

El grupo literario "Indocencias" presentará el próximo sábado 30 a las 12:00 en la Biblioteca Provincial de Cádiz su antología Escritos con tiza. En dicho acto se celebrará asimismo el centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández, y el tercer aniversario del nacimiento de dicho joven grupo literario. Lamento no poder asistir finalmente al evento, pues no estaré en Cádiz. Quisiera, empero, hacer una muy modesta e indirecta contribución a este homenaje al gran poeta de Orihuela, reproduciendo un poemita que me inspiró recientemente una imagen de archivo de ABC de una escuela de Orihuela en 1938. En ella se veía a un grupo de alumnas que rodeaba a una maestra que manejaba frente a una pizarra uno de esos grandes compases de madera, que forman parte también de los recuerdos de mi infancia. Mucha suerte, amigos indocentes, y muchas felicidades. Va por vosotros.

ESCUELA EN ORIHUELA 1938 


La niña de ojos de garza, y pasada

uniformada, observa los círculos

que su maestra de pelo gemelo

traza con el compás de madera

y punta de tiza sobre la pizarra,

harto curtida de mil rayaduras.

Heroica geómetra de los conjuntos,

bastión contumaz de las bisectrices,

sostiene las llaves de un mundo futuro,

superviviente de guerras y cursos

que las niñas apenas vislumbran

en las fugaces figuras de tiza.


viernes, 22 de octubre de 2010

HOMO PATIENS


"Frente a las voluntades de placer y de poder, propias de la visiones freudiana y adleriana, respectivamente, la visión logoterapéutica es distinta. La primera fuerza que motiva la conducta humana es el anhelo por encontrar el sentido de la vida; este deseo es denominado por Frankl voluntad de sentido. La voluntad de sentido no es una racionalización sobrevenida a los impulsos instintivos, sino una fuerza primaria irreductible a éstos, aunque, como todo lo humano, sea susceptible de ser pensada y expresada racionalmente. Esta necesidad de sentido tampoco es una cuestión de fe, sino que es previa a que una persona concrete el sentido de su vida en una fe determinada. [...] Esta voluntad de sentido apunta a algo que le falta al hombre y a lo que necesita llegar.
Esta distancia con el sentido, que se le presenta al hombre como algo por encontrar y realizar, supone que el hombre sea inteligente para conocerlo y libre para realizarlo. "Nuestra autocomprensión nos dice que somos libres". [...] "La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre". Ahora bien, la libertad deja al hombre libre frente a la misma libertad y, así como la fe lleva al hombre a autotrascenderse, a conocer más allá de lo que el entendimiento natural es capaz, así el hombre puede también, desde una óptica reduccionista, enmascarar la libertad y negarla.
Gracias a su libertad, el hombre toma postura ante todo. No está movido por la situación, sino que desde él decide, y lo hace frente a todo, incluso frente a Dios. Y lo que decide es su postura de forma vectorial, pues es una postura con un sentido.
El logos, en su acepción de sentido, significado o propósito, es ciertamente algo que el hombre ha de buscar y encontrar en su existencia, pero es algo que hace frente a la existencia. Es decir, el hombre se encuentra con que, en cada circunstancia concreta de su vida, la realización de su para qué, del sentido personal de su vida, requiere una determinada actualización que, de modo ineludible, tiene que llevar a cabo. Esa materialización del sentido de la vida en cada circunstancia concreta es algo que el hombre tiene que descubrir personalmente para poderlo llevar a término. Este sentido lo halla en el mundo –no simplemente dentro de su psique, como si fuera un mundo cerrado– en tres ámbitos distintos: en la realización de una tarea; en la vivencia de algo, como puede ser el amor hacia una persona; por último, en el sufrimiento.
El sufrimiento es una acción positiva que conlleva crecimiento madurativo. Cuando la libertad exterior queda negada, se le abre al hombre la posibilidad de alcanzar el máximo con su libertad interior.
El sufrimiento es una obra humana, es crecimiento, maduración y también enriquecimiento. El sufrimiento pone al hombre ante la verdad; a él lo hace lúcido y a la realidad la presenta, ante el sufriente, diáfanamente: "Lo que se le revela es que el ser humano es, en el fondo y en definitiva, pasión; que la esencia del hombre es ser doliente: homo patiens". Los animales solamente sienten dolor; únicamente el hombre tiene la capacidad de sufrir, de asumir el sufrimiento, de vivirlo activamente en el presente.
El sufrimiento tiene un primer momento de renuncia, pero no se queda ahí, porque no es un fin en sí mismo, sino que es espacio para el sentido. El sufrimiento tiene un momento positivo, consistente en trascenderlo, en ir más allá de él. Y trascendiéndolo, el hombre se autotrasciende, va más allá de sí mismo: "El hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana".
El sufrimiento lo es para algo o para alguien. El sentido no se identifica con el sufrimiento, pero éste tampoco es un impedimento para aquél, es más, es a través de él, esto es, trascendiéndolo, como llegamos a la realización del sentido. Este sufrimiento en función del sentido y, por ello, pleno de él es lo que propiamente es el sacrificio para Frankl: "El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de sí mismo. El sufrimiento dotado de sentido remite a una causa por la que padecemos. En suma: el sufrimiento con plenitud de sentido es el sacrificio". El sufrimiento así vivido engloba toda la vida y le da significación hasta el punto de que la misma muerte cobra sentido.
Mientras que el sufrimiento no ha sido transformado en sacrificio, es una interrogación pendiente de una respuesta, por tanto, un sufrimiento pendiente de sentido, es decir, un sufrimiento que puede quedar frustrado como lugar de realización del sentido, o bien un sufrimiento mediante el cual se realice el sentido y que pase a ser sacrificio.
Así pues, el sufrimiento como sacrificio tiene el requisito previo de la renuncia voluntaria a la realización del sentido mediante los valores creativos y vivenciales. Pero el sufrimiento no tiene que ser un fin en sí mismo, como lo es para el masoquista, sino que es un medio para trascender más allá de uno mismo, con independencia de que la necesidad de dicho sufrimiento para el sentido sea inexorablemente sobrevenida o voluntaria. En el caso del autista, el sufrimiento es medio, pero que no trasciende (trans-scande) y lleva al hombre más allá de sí mismo, sino que desciende (de-scande), deshace la subida hacia el otro lado y queda el hombre encerrado centrípetamente en sí mismo".

Cf. A. García Nuño, "Desde la libertad, hacia el sentido. La 'logos-terapia' de Viktor E. Frankl", La Ilustración Liberal, nº43 (2010), pp. 24-46. Realizo una cita extractada, sin reproducir  ni las notas ni las llamadas a pie de página a obras de Frankl. El artículo puede consultarse en línea en www.libertaddigital.com.


Obvia decir que me impresionó la lectura de este artículo. Creo que la visión de Frankl se ajusta más a la naturaleza humana que las citadas visiones de Freud y Adler. Quizás esto explique el fracaso recurrente de los que buscan sólo placer y/o poder. Acabo de terminarme Voyage au bout de la nuit de Céline, que me parece un buen ejemplo de estas zozobras. El protagonista, de un cinismo errático y cobarde, busca satisfacer sus instintos justificándose en cierto modo en una visión animalizada o cosificada de sus semejantes, en el marco de una naturaleza y un entorno exuberantes en su descomposición. Así, abundan hasta la obsesión en el libros palabras como vadrouiller "vagabundear", que ilustra el carácter poco comprometido al mismo tiempo que servil y acomodaticio del protagonista, y su confesado desapego hacia sus semejantes -más chirriante aún en un médico, que no duda en abandonar a un paciente, o en hacerse cómplice por omisión de un crimen, actitudes siempre justificadas como obra de la debilidad o de la fatalidad-; y otras palabras como suinter "supurar" y dégouliner "chorrear", que adornan su visión brutalmente materialista del mundo que le rodea, que considera al borde de la corrupción, y, por tanto apto para ejercer sobre él su egoísmo sensual. Ni el más mínimo indicio de voluntad de sacrificio. El sufrimiento es algo incómodo, sin sentido en un mundo de larvas, de lo que se huye a toda costa.
Ciertamente, hay en Céline mucho de impostura y pose. En esta pseudobiografía oculta las condecoraciones al valor recibidas en la guerra, o el hecho de que, tan incapaz de amar a los demás como se confiesa, dedicara el libro a una americana a la que siguió a su país para intentar convencerla de que volviera con él. Queda básicamente un reconocible poso de rencor. Rencor que se disfraza de viaje al final de la noche, entendida como fondo de nuestras miserias, y que nace de una renuncia a la búsqueda de sentido, disfrazada de cinismo y de desapego intelectual, adobado de cierta autocompasión.

Imagen: Exposición Rodin en Cádiz


miércoles, 20 de octubre de 2010

HAIKU DE PIE QUEBRADO


En el pasado escribí algunos haikus, aunque más bien como divertimento. Yo, que estaba buscando entonces nuevos moldes métricos para mis composiciones, no me sentía cómodo con lo que se me antojaba una estructura demasiado sintética y rígida, más apta quizás para una lengua aglutinante como la japonesa que para una romance -aunque admiro sinceramente al que los escribe con arte-. Compuse, así, esta especie de haiku sui generis:

HAIKU DE PIE QUEBRADO


El fracaso que sientes

definitivo

es enemigo

de la costumbre.



La idea del fracaso me obsesionaba por aquel entonces, pues lo consideraba inherente a mi existencia. Por otro lado, era cada vez más consciente de la inutilidad y caducidad de los gestos pretendidamente definitivos en la vida, ese río inmisericorde y liberador, donde desgracias y dichas se solapan y sobrenadan. El fracaso y el éxito son relativos, pero yo entonces sufría enormemente por ello. Estaba en paro, o haciendo trabajos de escaso futuro y ganancia, y en mis ratos libres estudiaba francés, y redactaba mi tesis. Barruntaba que lo que estaba haciendo tenía cierta importancia, mas lo consideraba un logro casi póstumo, el cierre más o menos honroso de una vida fracasada. Puedo decir que fue esa perseverancia desesperada, que se nutría de una modestia pesarosa, la que me sacó de ese estado de cosas, y la que ha hecho que estos últimos 10 años de mi vida hayan estado infinitamente más llenos de vivencias que los 10 anteriores. ¿Algo que lamentar o de lo que arrepentirse? Sin duda, pero ya es inútil, el tiempo pasó, y confío en que Dios me guíe en todo lo bueno y malo que me ha de llegar.

domingo, 17 de octubre de 2010

UN AÑO DE BLOG


Hace exactamente un año que, con más dudas que otra cosa, abrí este blog. El Escritor sigue acercándose al Cuarto de los Deseos en la película stalker de A. Tarkovski, y yo sigo sin saber muy bien lo que tengo entre manos. Mi amigo J.M. Benítez llevaba tiempo  aconsejándome que lo creara, pero me resistía a ello. Inseguridad y desconfianza hacia las nuevas tecnologías, y miedo de no estar a la altura. Lo cierto es que hacía tiempo que estaba deseando dar a conocer lo que hacía. En 2007 volvía a escribir poesía después de varios años de silencio, y recobraba mis viejos y ajados cuadernos que recogían mis composiciones dispersas a lo largo de 20 años. Me había presentado entretanto a algunos concursos literarios, pero ya no quería esperar más. Así que creé el blog, y mis primeras entradas las constituyen básicamente poemas. Vigilaba ansiosamente las visitas, y esperaba comentarios, que, afortunadamente, no tardaron mucho en llegar.
En este año me han ocurrido varias cosas, la mayoría buenas. He conseguido trabajar donde deseaba, mi vida familiar está estabilizada, y me han publicado un poema en una revista literaria, lo que para salvar la honrilla no está mal (mi mayor agradecimiento por ello a Antonio García de Dioinisio, director de la revista Calicanto). Siento que he empezado tarde en estas lides, y mis objetivos son limitados y modestos (aunque si alguien se empeña en publicarme, podríamos hablarlo).
Por otra parte, estoy contento con el blog, cada vez recibo más visitas, y he hecho algunas amistades virtuales muy gratificantes. He tenido recientemente la oportunidad de saludar a un importante bloguero y editor, y pronto parece que voy a conocer en persona a un bloguero y una bloguera por los que siento una gran empatía. Debo decir, empero, que me gustaría darle al blog algún derrotero del que ni yo mismo soy aún muy consciente. Entretanto, voy diversificando contenidos, y espero seguir contando con vuestras visitas, queridos amigos y amigas.