sábado 21 de noviembre de 2009

EL CONCIERTO DEL FIN DEL TIEMPO

Es conocida, creo, la génesis del Quatuor pour la fin du temps ("cuarteto para el fin del tiempo") del músico francés Olivier Messiaen (1908-1992), una de las cumbres de la música de cámara de todos los tiempos. Prisionero de guerra en 1940 en el campo de concentración Stalag VIII A en Silesia, compone y estrena, gracias a la ayuda de un guardia melómano, su cuarteto en un barracón del mismo campo en enero de 1941 con otros músicos prisioneros y con instrumentos de fortuna, entre ellos, un desvencijado piano vertical en el que ejecutó Messiaen como solista. La obra estaba inspirada en el Apocalipsis, cap. X, y en ella resuena el canto de los pájaros, que Messiaen amaba con pasión como a una especie de avanzadilla celeste.




EL CONCIERTO DEL FIN DEL TIEMPO


o Visión alucinatoria del estreno mundial del Cuarteto para el fin del tiempo de Olivier Messiaen en Stalag VIII A en enero de 1941

Tempus erit non amplius (Apoc. 10, 6)


Hace frío y nieva con fuerza esta noche incipiente

fuera del barracón que nos hace la vez de teatro.

Los prisioneros ocupan las sillas. Puedo sentarme

no lejos de la primera fila, repleta de guardias.

Algunos ladridos lejanos protestan por el bullicio.

Veo el piano recto, de aspecto desvencijado,

como su fin esperando entre improvisados atriles.

Ya aparecen los músicos con uniformes de campo.

Destacan los fuertes aplausos, en pie, del guardia melómano

que al autor ha proporcionado lo necesario

para escribir su obra y llevarla esta noche a su estreno.

Contrastan la siempre afable expresión del violonchelista

con el huidizo perfil taciturno del violinista.

La viva mirada del clarinetista judío, que listo

parece a salir corriendo con su instrumento debajo

del brazo en cualquier instante, escolta al piano los pasos

del compositor. Recuerdo haberlo visto este otoño,

junto a la doble alambrada, atento al canto de pájaros,

exploradores audaces, que el alambre de espino

pulsaban apenas durante su vuelo vertiginoso.

Cierro los ojos. Escucho de nuevo su canto, que anuncia

un amanecer del dulzor del cristal. Sobrepujan los trinos.

Con la luz y el calor enrojecen por dentro mis párpados.

Nunca creí que así fuera a ser el día del ángel,

y del torreado arcoiris que el fin del tiempo señalan.

Desde la hondura abisal de los siglos el canto de un mirlo

se expande y modula en un dolor prolongado y rebelde:

Éste vive el secreto de un verano sin límite,

y trae sus primicias sobre el campo y sus presos.

El clarinete me hunde en la angustia de ese inconcebible

final, de esa liberación que sólo esperar no es dado.

Truenan las trompetas, y los arcoiris se comban.

“Ya más tiempo no habrá. -dice el ángel al coro de pájaros-

Nada será su abismo de muerte y pasión desolada”.

Abro los ojos. Percibo el frío de nuevo. La fiebre

tienta mis huesos. La eternidad, una pobre metáfora.

Siento que las estrellas se van apagando una a una,

al tiempo que este violín que por mi esperanza perdura.

miércoles 18 de noviembre de 2009

UTIEMBRE




En el ABCD de la semana pasada leo un poema del escritor italiano Daniele Gorret llamado Utembre, "Utiembre" que no me resisto a reproducir en parte (traducción de María José Calvo Montoso): "[...] Recuperarse es certeza, costumbre antigua. / Pero para los poetas hay un tiempo intermedio. / Ya que a los poetas les toca la dilación, ese placer moroso. / Hay una hornacina de hechos en el tiempo / guardados para quien del tiempo es amigo sensible. / A ese cubil hace tiempo que lo llamo utiembre. / [...] Así lo he querido escuchando a los poetas; / así desde hace años lo espero y lo cultivo".
Es como si Gorret hubiera encontrado una palabra exacta -privilegio de poeta- para definir ese tiempo más oblongo y misericorde al que me refiero en la entrada MAÑANA DE DOMINGO, y de cuya escasez y estado de sitio me quejo en TARDE DE VIERNES. Sí, somos amigos sensibles (sensibili amici) del tiempo; intentamos exprimir de él algo que a muchos está vedado, una vislumbre, una sospecha, una "raja entre los mundos" que decía el don Juan de Castaneda; alguna cosa que nos eleve, aunque sea un pobre instante, sobre la corriente de lo que fluye en tiempo, y en tiempo nos mide. Tenemos hambre del no-tiempo, y esta búsqueda a veces inconfesada me parece en sí una forma de redención.

lunes 16 de noviembre de 2009

LOS EMBOSCADOS




Una humedad frondosa recubre

la noche muy anticipada de otoño.

Bustos de próceres en muchedumbre

jalonan mi paso de inútiles logros

en esta alameda donde se recluyen,

pues entre las ramas quedaron absortos.




sábado 14 de noviembre de 2009

NOTICIAS DE ITALIA




He recibido un correo de Patrizia de Corso, una de las mejores especialistas en el autor renacentista Teófilo Folengo, de quien ha editado La Palermitana y cuya bibliografía mantiene actualizada en las sucesivas y meritorias ediciones de su Schedario Folenghiano. Mantengo correspondencia con ella hace varios años. Patrizia tiene la amabilidad de hacer reseñas en su Schedario de mis artículos, y le envié, cuando salió a la luz en 2007, un ejemplar de mi edición de la descripción de Verona de Torello Saraina, tema de mi lejana tesina. Ahora me anuncia que ha publicado una reseña sobre ella en el Giornale Storico della Letteratura Italiana. Estas recompensas no dejan de tener algo de pírrico. Siento mi actividad de investigador, a la que no puedo ciertamente dedicar mucho tiempo ni energías aunque quisiera, como eflorescencia de una vida paralela que otro yo estuviera viviendo por mí en una existencia quizás más cómoda e inane. ¡Tan alejada está de mi vida cotidiana como funcionario de la Educación Pública, tan complaciente con el mínimo común intelectual! Deviene, así, una especie de deuda inmotivada con algo que no fue, y que no deja de producirme cierta melancolía y encogimiento de hombros, junto a la conciencia de una ciega generosidad, como la del deportista que sigue dando al máximo a pesar de saber que ya tiene en sus manos la victoria o... la derrota.


POETA MINOR



Salió mi primer libro, bella edición de Torello Saraina,

sorpresa retrospectiva, y orgullo de un duro trabajo.

De mis poemas habría querido que fuera ese libro,

tercos supervivientes en cuadernos ajados

a olvidos, desprecios, crisis de baja estima, y mudanzas.

Quise ser poeta de joven. Adolescente,

llenaba cuartillas con poemas y cuentos. No había

necesidad de justificación para tales versitos.

Luego, sufriente, me volví hacia mí mismo. Cada

verso del afán de conocimiento nacía,

y del dolor de vivir. Perdí la confianza en mi suerte:

Ya no eran los versos destino sino más bien circunstancia.

La poesía volvióse diario, y largo silencio,

hambriento de amor y de normalidad. Zarpazos y besos

me han dado. Pero renace la vieja ansiedad y el deseo

de dejarse llevar y de ser instrumento de voces

que inédito parto son sólo en parte de éste que escribe.



viernes 13 de noviembre de 2009

TARDE DE VIERNES



A veces uno siente la tarde de viernes como un espacio perdido, un tiempo desaprovechado. Terminas muy contento sobre las 3 de la tarde el trabajo, pero el cansancio te vence en la siesta, y te levantas sobre las 6, muchas veces desorientado. ¿Qué hacer? Es el vértigo de la libertad, que a tantos seres humanos disgusta. Casi sin darte cuenta son las 9 de la noche, y cae sobre ti el cansancio acumulado de una semana. Esa especie de "nuevo comienzo", como decía el protagonista de Apocalypto, se ve así frustrado. Lo mejor son las mañanas del sábado y el domingo, donde me dedico a lo que no hago durante la semana, y donde el tiempo parece darte un poco de tregua y se vuelve dulce la rutina (véase mi entrada MAÑANA DE DOMINGO). La tarde de domingo vuelve a ser un poco como la del viernes: aunque intentes apurarla al minuto, siempre subyace la melancolía del lunes recurrente. Ocurre, así, que nuestras rutinas se alían con la aceleración del tiempo vivido para crearte la sensación de que te están robando algo, de que estás haciendo el tonto no ocupándote de algo, de algo que no sabes muy bien qué es porque no encuentras tiempo para pensar en ello, y no te queda otra defensa que reticularte aún más ese tiempo, sobre todo si quieres leer libros todos los días... Aun así, la vida se escapa, supura por las rendijas de esta vida rutinaria, atada a un trabajo, a sus circunstancias, y a las servidumbres de nuestra condición de seres en espacio-tiempo... y quizás por eso sentimos la poesía como una mano abierta en el vacío...

domingo 8 de noviembre de 2009

LA ROMA DE LOS POETAS

En el ABCD encuentro una entrevista de Antonio García Berrio a Guillermo Carnero sobre su libro "Noches romanas". Éste explicita su relación con la ciudad: "He venido a Roma muchas veces, y me ha hecho sentir siempre la misma emoción. Es una ciudad en la que se camina con angustia sobre la evidencia del tiempo; una ciudad que se ha destruido y devorado a sí misma muchas veces, cuyos restos han sido digeridos interminablemente a lo largo de los siglos [...]". Ante esta declaración, Berrio estima necesario expresar sus "diferencias emotivas" con Carnero: "Para mí, de entre todas las ciudades fundamentales de Europa, Roma es la que me inspira, curiosamente, más serena reacción ante el tránsito y el final de los tiempos absolutos [...] las piedras, la esencia espiritual construida de Roma, permanecen como testigos intactos de las vidas individuales". En mis visitas a la ciudad he rozado ambos sentimientos al mismo tiempo. Se es allí, ciertamente, más consciente de la entraña y, por así decirlo, de la "materialidad" del tiempo, que, para mí, en contra de Carnero, no se manifiesta en forma de destrucción y depredación, a imagen de Cronos, sino en la superposición de capas, que en muchos lugares crea una atmósfera muy peculiar; y ese sereno espíritu de piedra amasado en tiempo moroso (imposible de hallar, por ejemplo, en la bella -pero fría- parafernalia laica de París, que no deja de estar anclada en lo decimonónico) me parece lo más cerca que puede sentirse uno de la eternidad, entendida como añoranza de un tiempo absoluto concebido a la manera humana.



ROMA



Sorda marea de rocas constantes,

rúbrica inversa de sórdida siembra,

donde el futuro es pasado creciente;

por entre capas de tiempo solemne

respiras un aire que piedra se sueña.




HÉRCULES CAPITOLINO



Recorro el museo y su vocación de almacén del pasado,

que obvia la angustia que causa el espacio

menguante. El bronce dorado del Hércules capitolino

brilla en sus ojos de viejo demonio desenterrado.

Mudo testigo de grises atardeceres, de sombras

fugaces, ajenas quizás al tiempo que las alargaba,

me ignora sin ironía sobre este altar impostado.





viernes 6 de noviembre de 2009

OBRAS COMPLETAS




A A. Monterroso y P. A. Cuadra


Cuando te sientes desnudo,

camino de Babilonia,

vislumbras destellos perversos

que deja atrás la memoria.

Perdiste tantas batallas,

cieno de tibia discordia,

que la esperanza larvada

se queda sin escapatoria.