MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 17 de junio de 2018

ELECCIONES FRANCESAS EN CÁDIZ


Una mañana esperando el autobús para ir al trabajo me sorprendí mucho al ver colgado de una farola un cartel de propaganda electoral donde un candidato se postulaba para elecciones ... en Marsella.






Para mi sorpresa no era el único, y ya empecé a flipar cuando vi que se habían cambiado los paneles indicativos de lugares cercanos. Supe luego que se trataba del atrezo para una película llamada The Rythm Section que se iba a rodar en Cádiz, y que exigía la transformación de parte del centro histórico en la ciudad de Marsella.













Lamenté entonces el hecho de que esto no fuera más que una ficción, y que los gaditanos no puedan disfrutar, como los ciudadanos de Marsella, de la posibilidad de elegir directamente a su representante en elecciones de distrito uninominal a doble vuelta, donde cada candidato acude (como puede verse en el cartel de la última fotografía) con un suplente, que le sustituye en caso de imposibilidad de mantenerse en el cargo por cualesquiera razones.


Aquí en Cádiz, en cambio, como en el resto de España, no podemos elegir directamente ni siquiera a nuestro alcalde, sino que los súbditos pueden solamente refrendar listas de partido de obediencia debida de parte de los candidatos al jefecillo de partido que les ofrece un sueldo a cargo del Estado, donde pastan los partidos de este régimen que han secuestrado la representación popular.

domingo, 10 de junio de 2018

VIAJEROS DE LA INCERTIDUMBRE




Amigo lector:

La semana pasada me ha librado una experiencia totalmente inesperada. Me llamó el viernes una antigua compañera, colaboradora de la Cruz Roja, por si la podía sustituir en una emergencia producida por el desembarco masivo de pateras, en la que ella iba a actuar como intérprete de francés. Dado el aprecio que le tengo, acepté en el acto, y me presenté el sábado por la tarde en el edificio Elcano de Cádiz, donde el Ayuntamiento había cedido las instalaciones del club naútico para acoger al contingente de inmigrantes que allí era trasladado, pues la policía, con los calabozos de las comisarias desbordados, había empezado a poner en libertad a los inmigrantes ilegales, dejándolos a su suerte. La Cruz Roja, pues, iba en sus vehículos a buscarlos a las comisarias y los trasladaba a centros provisionales de acogida, desde donde se les asesoraba y la propia organización corría con los gastos de comprarles billetes de autobús para los destinos que indicaran dentro del territorio nacional, si contaban con familiares o contactos que los acogieran.

Y allí me ví el sábado por la tarde, y toda la mañana del domingo entrevistando a estas personas, recabando datos sobre ellas, y ayudando al personal de Cruz Roja. Fue un verdadero choque para mí, tratar con esos hombres, que esperaban pacientemente que se les diera comida, y un destino de viaje. Gambia, Guinea, Guinea Conacri, Mali eran las naciones que oía nombrar, y el rasgo común de un viaje azaroso, de no menos de un año y medio, jalonado de abusos, desprecio racista y maltrato por parte de las policías locales, a decir de ellos.

El personal de la Cruz Roja ya experto en estas lides no se mostraba muy optimista sobre aquellos que no tenían un contacto en España, y solicitaban Barcelona y Bilbao como destino, pues temían que cayeran en manos de mafias; extremo aún más peligroso en el caso de las mujeres. Tuvimos, de hecho, que verificar la identidad de un hombre que se negaba a salir de Cádiz, pues decía que lo habían separado de su mujer y bebé al ser rescatados en Barbate. Localizados la mujer y el niño en Algeciras, logramos comprobar que era efectivamente su marido, y no alguien que se dedicara a la trata, y viajara con su víctima, como a veces ocurría.

El domingo por la mañana se presentaron las televisiones, y me pidieron que hiciera de intérprete con uno de los jóvenes rescatados, Amadou, de 19 años, de Guinea Conakri, para ser entrevistado. Chico inteligente y estudioso -ya me gustaría a mí que muchos alumnos de aquí tuvieran el nivel de francés de estas personas-, me describió en detalle la dureza de su viaje de año y medio, huyendo de la corrupción y el paro en su país, el racismo, la explotación sufridos, sus fallidos intentos de paso por Ceuta, y la fría determinación de él y de sus compañeros de morir o pasar a Europa, incluso cuando -siempre según él- unos policías del país vecino pincharon la zodiac en la que viajaban, para que se hundieran antes de llegar a tierra. Espero que le vaya bien aquí, y pueda estudiar nuestro idioma como desea, para proseguir estudios. Ciertamente, el futuro de estas personas es incierto, pues son los últimos de los últimos de la lista, y ante estas tragedias uno suspende el juicio que le pueda merecer la inmigración ilegal.

Otra gran revelación, que me hace recuperar la esperanza en la sociedad civil, es la manera de trabajar de los voluntarios de la Cruz Roja, capaces de resolver las contingencias y problemas de última hora, sin escudarse en formalismos y plazos dilatorios como en la administración pública. Su ejemplo me ha galvanizado, y me he ofrecido a colaborar para labores similares cuando se dé la ocasión que parece que no va a tardar mucho, y no puedo más que animarte, amigo lector, a colaborar también con esta benemérita organización.

Vale.


domingo, 3 de junio de 2018

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": La burla de Cíngar y Berta contra Tognazzo (VII, 202-382)





Cíngar, conmilitón de Baldo, decide vengarse de uno de los responsables del encarcelamiento de éste, tío Tognazzo, sirviéndose de la mujer de Baldo, Berta, para hacer creer a Tognazzo que se ha enamorado de él, y atraerle a un baile donde le preparan una burla magistral. Véase la traducción aquí.

domingo, 27 de mayo de 2018

BELLEZAS





Amigo lector:

Llevo unos días haciendo examen de conciencia sobre mis apetencias, angustias e incongruencias varias. Los deseos y ambiciones se proyectan en una pantalla resplandeciente, que deslumbra sin dejar, en un primer momento, lugar a la reflexión. Me descubro luego considerando la incongruencia entre estos propósitos y lo que se supone que debo hacer ya a mi edad. Y entonces me siento triste, y culpable, por mí y los demás. ¿Y si pusiera más empeño, y se apretara el acelerador? pienso, y no dejo de darme cuenta, con cierto doloroso alivio, que la conciencia de las carencias y frustraciones del pasado no cesan de rondarme como aparecidos, y que para eso no hay remedio.

Así fotografiaba el artista alemán Raoul Hausmann en 01930 a su segunda mujer Hedwig Mankiewitz y a su amante de entonces Vera Broido. Una simetría provocadora, a pesar de la aparente placidez de la pose en la arena, no ajena a las primeras provocaciones dadaístas del autor. Cuando llegué esta mañana a la playa estaba prácticamente solo frente a una marea muy baja. Luego la orilla empezó a llenarse de acentos extranjeros, y de chicas que osaban bañarse, al tiempo que yo salía del agua, con el sol más en alto, solitario en la conciencia de mis miedos y desafíos. 

También la proximidad del verano anticipa despedidas, viajes, e inciertos retornos. Es cierto que hay experiencias de las que no se vuelve incólume. Y esto preocupa cuando te das cuenta, amigo lector, de que lo que eres ahora depende en gran medida de los que te rodean, y de que ese proceso no va a cambiar.

Vale.


Imagen: Raoul Hausmann

domingo, 20 de mayo de 2018

RENACIMIENTO




Amigo lector:

Creo que le estoy cogiendo gusto a contarte cosas a ti, mudo espejo de un renacido Narciso parlero. Hoy he ido a nadar a la playa tras tantos meses de zozobras y resacas (marinas). Me metí en el agua con el traje de neopreno tan poco usado, y sentí el frío del agua que atenazaba el material sintético a medida que me introducía en la sustancia líquida. Es necesario, como para sacarle verdaderamente gusto a todo, un ritual: introducir las manos en el agua, respirar hondo, apelar al padre Océano para que me deje salir con bien de sus dominios, dejar que algo de agua inevitablemente entre en el traje, hacer los ejercicios de calentamiento, ajustarse las gafas y perderse en la contemplación de ese fondo marino veteado de los fugaces brillos solares que reflejan la superficie del primordial elemento, y nadar cuando siento que todo esta bien, y olvidarme de esta falsa piel que me he puesto. Qué paz dejar de pensar, atento a contar las brazadas, y a observar el fondo marino que se pierde casi inmediatamente en esa niebla azulada que amenaza envolverte en un entorno salvaje, aunque ajeno a su etimología selvática. Salí del agua con ganas de reír, como renacido y libre de todas esas escamas invernales que se me habían pegado al alma, sabiendo que mi cuerpo resucitaba al placer de la morosidad veraniega, que, a pesar de todos los posible sinsabores, apunta en el horizonte.

Ha sido también una forma de renacimiento, en este caso a la vida social, el retomar la costumbre de asistir a presentaciones literarias. No hace mucho he asistido a la presentación de Trilogía de la Transición de J.M. Benítez Ariza, reedición conjunta de sus tres últimas novelas, y de El mundo sin libros de María Jesús Ruiz, libro ilustrado en su cubierta por Carmen Benítez Robles, hija de aquél. Gracias a estos encuentros de personas que hace tiempo que no veía, he encontrado un editor para mi libro de relatos Desconexión, y conocer a otras nuevas. Hablando con un viejo amigo, pintor a sus horas, me pude explicar a mí mismo, al fin, por qué dejé de pintar: de todas las artes, la pintura es la más obsesiva, la que requiere una dedicación artesana más completa, y un espacio más delimitado; el pintor que vive prácticamente recluido en su taller responde a una realidad necesaria, e inevitable. Crear es sufrir, y el pintor sufre especialmente; yo, cuando escribo un poema o un relato, vivo también esa exaltación que acompaña el proceso creativo, y la angustia dolorosa que precede el hallazgo de la forma adecuada, pero no creo que pudiera prolongarla tanto tiempo sobre un lienzo en mi casa, ansiedad preventiva del perfeccionista.

Vale.


Imagen: Giorgio De Chirico, L'ospite misterioso, 01934

domingo, 13 de mayo de 2018

14º ENCUENTRO DEL MCRC EN CÁDIZ





Ayer nos reunimos miembros del MCRC en un restaurante de Alcalá de los Gazules para tratar sobre la situación del MCRC tras los últimos acontecimientos precipitados tras la muerte del fundador, D. Antonio García-Trevijano, sobre las propuestas de nuestro grupo para la próxima Asamblea General, y sobre nuestras acciones en la provincia.

Se manifestó la decisión de continuar en el MCRC (sin haber recibido hasta la fecha ninguna baja) a pesar de la dimisión y marcha del vicepresidente y de algunos miembros de la Junta Directiva por haber querido saltarse los procedimientos establecidos en los estatutos para expulsar a un miembro de la Junta que había insultado al vicepresidente y a ésta en su conjunto, para lo que contaba con su apoyo mayoritario, y por no querer responder a la posterior petición de la mayoría de ésta para que se fijara definitivamente la fecha de la Asamblea General Ordinaria a la mayor brevedad posible tras la muerte de D. Antonio. En opinión de los presentes, la presente crisis se ha debido a un conflicto de egos y a la incapacidad de ejercer un liderazgo ponderado de parte del vicepresidente dimitido, que parece haberse sentido hiperlegitimado como sucesor in pectore para actuar de forma autoritaria en el seno de una asociación cuyos estatutos fueron aprobados en la primera Asamblea General. Se considera que esta situación ha provocado un gran perjuicio al MCRC, de la que esperamos salir bien librados, pues los que se han marchado no se han llevado los principios del movimiento creado por D. Antonio García-Trevijano, sino sólo sus propias opiniones, y el afán de exponerlas. Incidió así Fulgencio del Hierro en el carácter de refundación que habría de tener dicha asamblea.

Acto seguido, hablamos de la necesidad de elaborar un ponencia como grupo para llevarla a la próxima Asamblea General. Expuse, como coordinador, los procedimientos que preveen los estatutos para la convocatoria de la Asamblea, y manifesté mi intención de asistir junto con Fulgencio del Hierro, al tiempo que transmití la noticia que se me había dado de que la Junta estaba estableciendo los procedimientos para realizar las votaciones en el seno de la Asamblea, no previstos en los estatutos, así como de que en ésta se leerían las últimas voluntades de D. Antonio. Las aportaciones que hicimos tienen que ver, sobre todo, con la necesidad de cierta estructura administrativa y de profesionalización de los medios técnicos. Se habló, en este sentido, de la conveniencia de crear una comisión que realice la contratación de una empresa que se ocupe de la gestión técnica de los medios de comunicación del MCRC, y evitar así la deslealtad de quienes se llevaron claves de acceso teniéndolas por suyas al haber trabajado de forma aparentemente desinteresada. Juan Antonio Pérez, quien puede de nuevo producir "Los florilegios diarios de Trevijano", recordó otras crisis técnicas del pasado al haberse contado sólo con personal voluntario y discontinuo. Segundo Zamora señaló la importancia de que el MCRC cuente con una APP que englobe todas sus páginas y contenidos, ya que lo que se usa hoy en día mayoritariamente es el móvil, y aportó su experiencia profesional al respecto. Asimismo este repúblico reiteró su idea de que el MCRC cuente en propiedad con una furgoneta con el logo del movimiento, como un modo óptimo de hacer publicidad. Su coste sería reducido al adquirirla en subasta, y su seguro no muy elevado. Se desea también saber qué pasó con la película documental "Maverick" que se rodaba ya en 2016, cuya finalización es necesaria, así como la redacción de una biografía de D. Antonio que fuera publicada por ediciones MCRC. Se planteó también la cuestión de que si los asociados que pagan cuota deben tener más derecho de voto que los que no la pagan.

De acuerdo con la idea de Fulgencio del Hierro de decisión centralizada y ejecución descentralizada, acordamos organizar independientemente mesas informativas y posibles conferencias en el Campo de Gibraltar y la Bahía de Cádiz en las que colaboraríamos mutuamente.


Finalmente, nos hicimos una foto los que pudimos desplazarnos con la pancarta generosamente aportada por Segundo Zamora.

domingo, 29 de abril de 2018

MENSAJE DEL MAR




Amigo lector:

Este mes de abril concluye lluvioso y ventoso como si Iris y Eolo se resistieran a dejar un romance entretejido sobre esta bahía tornasolada. Me han pasado estos días algunas cosas, que ignoro si serán signo de lo porvenir o mero polvo en suspensión de lo olvidable, y de las que te quiero hacer acta. Así, he tenido un encuentro con mi viejo amigo y profesor de pintura y otro viejo alumno después de bastante tiempo, y, contra lo que yo creía, había bastante ganas de verse y hablar y beber hasta las tantas en el taller de aquél. La soledad, en verdad, no perdona a nadie, y hay cierta necesidad de puntos de referencia, a los que volver de vez en cuando para afrontar el miedo inevitable a la vejez.

Una lección en este sentido es la que me aporta estas últimas semanas mi perra, que ha desarrollado una cojera en una pata que tuvo que ser operada por rotura cuando era cachorro: la placa metálica le ha producido con los años -ahora tiene 14 años lo que la convierte en una perfecta anciana- un quiste, que espero, en todo caso, que sea benigno. Ella, no obstante, intenta moverse y hacer todo lo que ha hecho hasta ahora, saltar y correr, aunque sea encogiendo la pata afectada, sin que se note que se queje de ninguna manera. Dicen que los perros también sienten miedo cuando perciben que les abandonan las fuerzas en la vejez, pero es verdad asimismo que también parecen aferrarse a la vida con más dignidad que muchos humanos.

Veo así en algunos grupos de alumnos un comportamiento aberrante, que se manifiesta, entre otros fenómenos, en actuar en el aula como si estuviesen en una caseta de feria, actitud que no cambian cuando entra el profesor. Y uno tiene que armarse de toda su determinación y desafío para hacer frente a esta situación y hacerlos callar. Afirmarse. Y observar cómo les fastidia que se les llame la atención, como si el hiperegotismo infantiloide en que parecen vivir los convirtiera en autistas de la conciencia de sus obligaciones sociales -que lleva a algunos a reprochar a los que tienen mejores notas una falta de solidaridad con su aspiración a cigarras-, y los hiciera pudrirse en el caldo prebiótico de sus deseos impulsivos que tienen que convertirse porque sí en derechos.

Afirmarse, y plantar cara a la gente que en el trabajo, el bloque o en la calle no te perdona que quieras ser independiente, y que tengas orgullo de ser lo que eres, no aceptando ser el objeto sumiso de sus frustraciones, mediocridades o rencores. Nunca te lo van a perdonar, pues está en su naturaleza, así que lo único que cabe es disfrutar haciéndoles frente.

Espero, en fin, que el tiempo mejore, y pueda volver a la playa con mi traje de neopreno a nadar en esas aguas cuyo fondo debe haber sido removido a conciencia por tantos temporales y tormentas estos dos últimos meses, y que, esa sí, materia primigenia me envuelva y me haga exudar la basura de mi conciencia.





Imagen: Maruja Mallo, Mensaje del mar, 01937

domingo, 22 de abril de 2018

LOS ÚLTIMOS LIBERTINOS




Hacía tiempo que un libro de historia no me encandilaba y absorbía tanto como la última obra de Benedetta Craveri, especialista italiana en los siglos XVII y XVIII franceses, Gli ultimi libertini, que he leído en la edición francesa de Flammarion publicada en 02016 (existe una traducción española que acaba justamente de aparecer para quien no lea ni en francés ni en italiano). Supe de este magnífico libro por una emisión del programa Répliques de France Culture, y opté por comprarlo en la versión francesa, pues pensé que dicha versión, plagada de citas de obras y documentos de la época y revisada por la autora, me permitiría acercarme más al espíritu del tiempo y personajes descritos.

Efectivamente, como indica la autora en su prefacio, "este libro traza la historia de siete aristócratas cuya juventud coincidió con el último momento de gracia de la monarquía francesa. Una élite entera creyó posible conciliar un arte de vivir fundado en el espíritu de casta y los privilegios con la exigencia de cambio inscrita en los ideales de justicia, tolerancia y ciudadanía que vehiculaba la filosofía de la Ilustración. "Es siempre una cosa bella tener veinte años", escribió Saint-Beuve sobre ellos, pero era "cosa doblemente bella y feliz" tenerlos en 1774, cuando la llegada al trono de Luis XVI parecía ser preludio de una nueva época que permitía a estos "príncipes de la juventud", como los llamaba Fontanes, "encontrarse de la misma edad que [su] tiempo, crecer con él, sentir armonía y concordia" con lo que los rodeaba.

Estos hijos de la nobleza francesa consideraban natural acceder a los primeros puestos en el ejército y a los más altos cargos en la corte y los ministerios, y vivir de rentas, pero parecían haber olvidado las razones históricas de tal prerrogativa. En todo caso, no se preguntaban hasta qué punto estas ventajas eran compatibles con las reformas de las que se hacían heraldos. "Risueños ridiculizadores de las modas antiguas, del orgullo feudal de nuestros padres y de sus graves etiquetas, todo lo que era antiguo nos parecía aburrido y ridículo", escribirá a posteriori el conde de Ségur. "Libertad, realeza, aristocracia, democracia, prejuicios, razon, novedad, filosofía, todo se reunía para hacer nuestros días felices, y nunca un despertar más terrible fue precedido por un sueño más dulce y por ensoñaciones más seductoras" (op. cit. p. 9).

Todos ellos, el duque de Lauzun, el vizconde de Ségur, y su hermano uterino, el conde de Ségur, el conde de Narbonne, el caballero de Boufflers, el conde de Vaudreil, y el duque de Brissac, por otra parte, y eso explica el título del libro, se dieron al libertinaje que caracterizaba a una sociedad aristocrática donde el matrimonio de conveniencia era de rigor, y el adulterio era tolerado siempre que se atuviera a las reglas del galanteo elegante. Aunque ciertamente no del mismo modo; así podemos encontrarnos con el retrato de un auténtico don Juan sentimental y apasionado, como el duque de Lauzun, junto al de un frío y despiadado seductor como el vizconde de Ségur, que usaba de sus encantos para vengarse de sus rivales en sus esposas y amantes, y que fue modelo para el vizconde de Valmont de Chordelos de Laclos, pasando por otro señero seductor como el conde de Vaudreil, conocido como "el Encantador" que usó de los propios para medrar en el entorno de la reina, al lado de personajes que acabaron siendo modelos de fidelidad y entrega conyugal como el conde de Ségur y el caballero de Boufflers; sin olvidar al malhadado duque de Brissac: este miembro de la más rancia nobleza, al tiempo que francmasón y filántrofo, pensaba que el amor lo redime todo, y perdió el favor real por abandonar a su esposa y entregarse a su amor por la condesa du Barry, antigua prostituta y favorita del difunto Luis XV.

De hecho, las memorias de alguno de estos personajes, todos de pluma fácil salvo Brissac, no pudieron ser publicadas por su contenido libertino en la época de la Restauración, donde ya imperaba la nueva moral burguesa que no quería toparse con nada que cuestionase la imagen idealizada de la aristocracia víctima de la Revolución.

Tras trazar la semblanza de estos personajes y de su época crepuscular, la autora dedica un capítulo titulado "1789" al cambio radical que la Revolución -tan profusa y profundamente estudiada en España por D. Antonio García-Trevijano- supuso para estos aristócratas como inapelable punto final no sólo de una época histórica sino de un modo de vida. Unos como Lauzun, que había participado en la Guerra de Independencia norteamericana, se unieron a la revolución para acabar ingratamente guillotinado en el Terror, otros como Vaudreil y Boufflers, del bando realista, partieron rápidamente para el exilio, al que también marcharon para salvar la vida monárquicos constitucionalistas como Narbonne. Entre los que se quedaron, unos, como el conde de Ségur, lo hicieron por falta de recursos, su hermano el frívolo vizconde lo hizo porque pensaba que los acontecimientos políticos no le afectarían, aunque acabó compartiendo prisión con el posteriormente guillotinado André Chénier, y Brissac, por su parte, se sintió atado a su juramento de fidelidad al rey, convencido, asimismo, de que las reformas políticas necesarias conllevarían irremediablemente desórdenes. Este último, contra el carácter dócil a la vez que estoico con el que compañeros de casta afrontaban el cadalso, vendió cara su vida a la turba asesina que asaltó el carro en que iba preso. En este sentido, la posterior muerte patética de su amante, la condesa du Barry, que pidió piedad hasta el último momento -al fin y al cabo, como dice Craveri, una hija del pueblo humilde que se había visto obligada a prostituirse-, conmovió al público asistente, y contribuyó a cambiar la actitud popular ante las ejecuciones sumarias.

Nos hallamos, pues, ante un libro extraordinario, en el que la autora, nieta de Benedetto Croce, sabe aunar a la perfección el rigor del erudito con la perspicacia psicológica del literato que sabe dar la palabra justa a sus personajes. Es incomparable, en este aspecto, la descripción que hace de las razones de la amistad surgida hacia 01785 entre el intrigante cortesano conde de Vaudreil, al tiempo que generoso y sensible mecenas, y el moralista revolucionario Chamfort, hijo no reconocido de una alta dama criado por padres adoptivos humildes, y que no me resisto a traducir como ejemplo del tenor de toda una obra:

"Nacida de una fascinación recíproca, la amistad entre Chamfort y el Encantador fue el espejo donde cada uno intentó resolver sus propias contradicciones buscándose de manera narcisista en la imagen sublimada del otro. A pesar de sus divergencias de carácter, de ideas y de status social, los valores que compartían -orgullo, sentido del honor, espíritu de independencia, generosidad- los empujaron a una emulación constante que selló su entendimiento" [...] [A Vaudreil] Paris le permitía quitarse la máscara del cortesano, marcar distancias con las intrigas, las bajezas, los compromisos, e imponerse la admiración de un público exigente por sus solas cualidades: el gusto, la elegancia, el ingenio, el encanto de la palabra. El interés que tenía en la vida artística y la posibilidad de hacer al cabo un homenaje desinteresado al mérito lo reconciliaban con su amor propio. Para este Vaudreil hombre de bien la conquista de la estima de Chamfort constituía una confirmación de su propio valor [...] A ojos de Chamfort, Vaudreil encarnaba la quintaesencia del estilo aristocrático en su dimensión mítica, fuera del alcance del juicio de la historia. Bello a pesar de las marcas dejadas por la viruela, representaba por su elegancia, su brío, su desprecio del dinero y su reputación de libertino todo lo que Chamfort habría querido ser a los veinte años, cuando había ganado el sobrenombre de Hércules Adonis. Ahora que había llegado a los cuarenta, no podía dejar de admirar su mecenazgo ilustrado, su búsqueda de la perfección estética, y la cortesía exquisita de sus maneras. Concediéndole su amistad, Vaudreil realizó su encantamiento más poderoso. Ofreciéndole a Chamfort una imagen idealizada en la que reflejarse, permitió a su amigo exorcizar el abandono materno y levantar acta sin rencor de lo que podría haber sido, si el destino no hubiera decidido de otra manera" (op. cit. pp. 379-384).



Imagen: portada de la edición francesa.

domingo, 15 de abril de 2018

COMUNITARISMO Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA






En una de las últimas Cartas sobre temas de actualidad que publica Politique autrement, club de reflexión independiente sobre renovación de las democracias en los países desarrollados, dirigido por el sociólogo Jean-Pierre Le Goff, Céline Pina, concejal municipal francesa, denuncia la renuncia de los políticos y la alta administración a defender los ideales y principios de la República frente a la influencia creciente de los islamistas sobre los franceses de confesión musulmana.

La autora señala que del optimismo del fin de la historia anunciado por Fukuyama en 01992 se ha pasado a prestar crédito al vilipendiado Huntington que anunciaba que el mundo postcomunista estaría marcado por el conflicto y el cuestionamiento del modelo consumista liberal occidental por la exigencia identitaria, sobre todo de parte del islamismo entendido como nuevo totalitarismo.

Señala Pina que los políticos se han negado a ver esta realidad, y que, creyendo en el final de las ideologías, se han reconvertido en gestores y comerciantes, dividiendo el cuerpo electoral en clientelas para precisar mejor a qué intereses servir para ganar, conservar e incluso confiscar el poder.

Se remarca, empero, que lo peor de este clientelismo comunitarista es el vínculo que se establece entre el político y el que instrumentaliza su comunidad, como líder autoproclamado, que para autoafirmarse desarrolla una propaganda totalitaria sobre fondo del odio a Francia considerada como impía, del odio a los franceses tenidos por racistas, y sobre la base de reivindicaciones culturales pero sobre todo cultuales, que son contrarias al espiritu de las leyes, y del contrato social.

Así, la presión agobiante de salafistas y hermanos musulmanes ha creado los llamados "territorios perdidos de la república" donde, incluso a pocos kilómetros de Paris, parece cambiarse de espacio y de tiempo, en el que "la inhumación de las mujeres bajo velos que son la mortaja de su igualdad con los hombres y de sus libertades es el primer signo del dominio del islamismo sobre un territorio".

Indica Pina que este clientelismo sistemático con fines electoralistas, que deviene en cerrazón comunitarista y amenaza para la democracia, contó en 02012 con la fundamentación teórica del think-tank Terra Nova, próximo al Partido Socialista, que explicaba que había que abandonar el discurso orientado hacia las clases populares, y sustituirlo por otro dirigido a grupos descritos como minoritarios u oprimidos en razón de sus orígenes en la inmigración, de su sexo (mujeres), y de sus prácticas sexuales (homosexuales). Se termina, pues, por no dirigirse a ciudadanos sino a comunidades. Añade Pina que, para la formación de las listas regionales en vista de las elecciones de ese mismo 02012, y en lo tocante a los candidatos de la "diversidad", se prefirió no a personas provenientes de familias humildes y extranjeras que hubieran terminado fructuosamente sus estudios, sino a otras que hubieran fracasado en la escuela o cometido pequeños delitos, en nombre de una mayor "representación" de la gente de los barrios de la inmigración. "Difícil para este tipo de representante electo -afirma Pina- acceder a la noción misma de interés general o de superar la representación comunitarista en beneficio del interés general, porque eso supondría cortar la rama sobre la que está sentado".

Extrapolando el caso francés, puede comprobarse cuán nulamente representativo y pernicioso resulta el sistema electoral proporcional de listas cerradas y abiertas, que abre la puerta a un comunitarismo desestabilizador y totalitario. Apelar, en este sentido, a la homogeneidad del cuerpo electoral y del sujeto constituyente resulta ilusorio, inútil y susceptible de interpretaciones racistas, pues la constitución de las diversas mónadas electorales republicanas, representantes en microcosmos de la sociedad civil, regidas por un sistema electoral mayoritario uninominal y a doble vuelta, bloquearía esta amenaza comunitarista e identitaria, basada en el victimismo y el sometimiento de los intereses de la mayoría a una minoría insaciable, sostenida y alentada por la ideología socialdemócrata de los políticos de la partidocracia.






Imagen: René Maltête

domingo, 8 de abril de 2018

APÓSTROFES





Amigo lector:

En la literatura antigua era común el apóstrofe, la apelación directa al lector, de suerte que en la poesía épica latina, por ejemplo, eran comunes formas como uideas, uideres "verías, habrías visto, vieras" que servían para implicar lo emocionalmente de un modo más profuso en algún pasaje especialmente patético, curiosamente a través del órgano visual, de inmediatez perceptiva. Progresivamente, ese apóstrofe quedó relegado a partes externas al texto, como el prólogo, cual captatio benevolentia, al principio, y luego, principalmente, como declaración de intenciones. De tal manera es así que los traductores modernos se encuentran incómodos ante esos uideas, y tienden a trasladarlos de modo impersonal ("se vería"), traicionando -ahora sí- ese antiguo espíritu de complicidad entre autor y oyente devenido pronto lector, que ahora sólo se concibe como transacción anónima a través del objeto físico del libro.

Parecía, empero, que la escritura digital a través de instrumentos de comunicación como el blog o "libro de bitácora" aseguraría una instantánea interactividad a través de los llamados "comentarios", pero eso se ha ido reduciendo considerablemente con el tiempo, en la medida que el blog se ha convertido en vehículo de contenidos culturales especializados. Ya escribiendo esto me estaba olvidando de ti, lector, pues sé que existes por el flujo constante y no decayente de visitas, aunque no te manifiestes de ninguna manera. El vínculo anónimo por medio del libro se da por descontado, pero el digital parecía más apto a una comunicación que fuera enriquecedora para ambas partes, y, en cierta época, lo fue para mí, pues conocí a gentes que luego llegué a tratar personalmente.

Ahora, sin duda, acepto esta situación de comunicación anónima, pero no por ello quiero renunciar a dirigirme a ti personalmente, y a interpelarte en tu condición de furtivo visitante de páginas ajenas, de las que esperas enriquecerte, como hago yo también, llenando mi blog de enlaces que visito cada semana. No pretendo siquiera que des ningún signo de vida, solo decirte que para mí escribir cada semana es una manera de hacer una acta de existencia, y de aclarar mis ideas y mi manera de ver la vida a pesar de las anteojeras que  de una manera más o menos cobarde, acepto que me impongan en ocasiones la rutina, el conformismo, o la autocompasión. Escribo sobre literatura, y arte, sobre la vida, y la política, tras el terremoto que supuso en mi devenir el estudio de la obra de Antonio García-Trevijano. Escribo acumulando poemas y relatos que espero publicar algún día (de hecho tengo preparado un libro de relatos, cuya salida a la luz trato de ultimar), y amarrarlos al blog es una esperanza de que algún día partirán a alta mar. Esta rutina que me impongo es también una fuente de conocimiento, inseparable a veces de la amargura. Pero vale ya por hoy.

Vale.


Imagen: Georges Le Brun, The man who passes (01900)