MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 14 de julio de 2019

PASOS DE LA HUMANIDAD





Placa en la sonda Pioner 10, diseñada por Drake y Sagan, y dibujada por la hija de éste.



Los avances de la tecnología empujan al hombre a explorar el cielo en busca de formas de vida, igual que en el siglo XV la misma dinámica llevó a la Humanidad a descubrir un nuevo continente y a pueblos que no aparecían mencionados en la Biblia (curiosamente, hoy en día Colón volvería a entrar en conflicto con los terraplanistas). Dicho impulso, ahora como entonces, queda mediatizado por consideraciones morales, éticas, filosóficas o ideológicas.

En 01950, Enrico Fermi, implicado en el proyecto Manhattan, enunció su famosa paradoja, que afirma que si existen civilizaciones extraterrestres por qué no se han comunicado con nosotros. Primaba, sin duda, en el físico nuclear la visión pesimista procedente de la comprobación de los efectos de la bomba atómica que habia contribuido a desarrollar, concluyendo que una civilización tecnificada acaba desarrollando los medios de su propia destrucción.

Tal pesimismo determinista no influyó, empero, en astrónomos como Frank Drake y Carl Sagan que crearon el instituto SETI (search for extra terrestrial intelligence), dedicado a rastrear la presencia de vida extraterrestre en el universo. El mismo Drake enunció en 1961 la ecuación que lleva su nombre, y que calcula mediante numerosas variables el número de civilizaciones capaces de emitir señales de radio en nuestra galaxia. Su cálculo, que le llevaba a hablar de la posibilidad de detección de 10 civilizaciones por año, se ha reducido considerablemente por el cuestionamiento de sus variables, y en la actualidad se ha reducido a un cero coma seguido de varios ceros.

El aislamiento en que se encuentra la Tierra en los suburbios de la Vía Láctea, y la ausencia de detección de señales de radio exteriores, tuvo el efecto pendular de la aparición de la hipótesis de la Tierra especial o rara, donde la confluencia de tantos factores excepcionales y su precario equilibrio para la creación de vida, hacen dudar a muchos de que tales condiciones puedan volver a darse en la misma medida en otro lugar del Universo. Tal teoría provocó razonables críticas en el sentido de que pueden existir otras formas de vida no basadas, como la nuestra, en el carbono; de que esas formas de vida no tengan que ser necesariamente inteligentes y tecnológicas; o de que se encuentren en un grado de desarrollo similar o inferior al nuestro, y que, por lo tanto, sean incapaces de desarrollar un ideología de detección, o de que, simplemente, no hayan coincidido con nosotros en el abismo del tiempo intergaláctico.

Sea como fuere, esa vida extraterrestre tiende a imaginarse como inteligente, antropoide, y con un grado de desarrollo tecnológico muy superior al nuestro. Esta idea está sin duda en la elaboración teórica de la llamada Escala de Kardashov, método para medir el grado de desarrollo tecnológico de una civilización basado en su uso de los recursos energéticos, y de las que establece tres tipos, de los que el II y III lograrían el dominio de los recursos de su sistema planetario y su galaxia, respectivamente, en un lapso de tiempo de un millón de años aproximadamente. Tal optimista visión de la expansión de la Humanidad y de su progreso indefinido choca frontalmente con la visión milenarista de Fermi, y con la de quienes sostienen, malthusianamente, que la superpoblación y el agotamiento de los discursos colapsarán tal desarrollo humano, aunque, por otra parte, echa una mano a quienes creen en la existencia de civilizaciones superiores capaces de contactarnos a pesar de las abismáticas distancias siderales.

Llegado a este punto, siento que nos situamos ya en un campo metafísico de pura especulación, que bordea lo casi religioso, en el que esos extraterrestres avanzados jugarían el papel de nuevos Mesías científicos, dispuestos a redimirnos de nuestros errores, como los que aparecen en la película "Ultimátum a la Tierra" (01951). Otros, en cambio, desean tal contacto, pues afirman que sería la prueba definitiva contra las religiones antropocéntricas. Pero ya el sagaz C. S. Lewis decía en su libro "Los milagros" que tal descubrimiento sólo vendría a demostrar que Dios habría reservado otras formas de Redención para otros seres dotados de alma.

Sea como fuere, está claro que el futuro de la Humanidad está en la exploración del Espacio, y no hacerlo no sería más que una traición a nuestra propia naturaleza, pues ya decía T. S. Eliot en uno de sus versos que todo hombre viejo debería convertirse en explorador, y nuestra Humanidad ha hollado demasiado ya sus propias huellas sobre nuestra vieja tierra madre, como para no encaminarse sus pasos a otra parte.

domingo, 30 de junio de 2019

EL VIOLÍN DE INGRES




Ceri Richards



Este fin de junio termina en un día nublado y frío, mala antesala para el verano. La intensidad de trabajo se fue desprogramando ella sola, hasta reducirse al hábito de estar alerta, y el cerrar los oídos a los cantos de sirena de la burocracia compulsiva: todos los años la cosa finaliza con la amable amenaza de que se profundizará en la "evaluación por competencias" el curso siguiente, un engendro que evalúa procedimientos (como "aprender a aprender") en vez de conocimientos, y que si se queda como único sistema evaluación será el desastre definitivo para la escuela pública. Ha habido algunos encuentros con amigos y despedidas a las que se asiste con tristeza, y el aturdimiento de no sentirse más concernido, así como cuando ves correr una cucaracha en la cocina de un amigo, y no haces nada.

Reinaldo Arenas hablaba en su autobiografía de los poetas de Miami como un estrecho círculo local que se indignaba si no asistía a sus tertulias de mesa camilla, y que eran objeto del desprecio de escritores también exiliados de muchísimo más valor como Lydia Cabrera, que los llamaba "poetiesas". Este marco intelectual de casino decimonónico al estilo de La Regenta se da mucho en ciudades pequeñas, donde se jactan de tener a "su" pintor, a su poeta, a su artista. Incluso se riza el rizo de este adocenamiento si alguno de estos artistas, como el conocido pintor Ingres, desarrolla alguna segunda actividad artística, y se ve doblemente reconocido en su círculo a pesar de su carácter meramente amateur.

¿Qué traerás, verano? ¿me darás alguna tregua en mi angustia?, ¿relajarás ficticiamente mi percepción de la cotidianidad para lanzarme de nuevo en septiembre a una vorágine de actividad de olvido inmisericorde? Lapso iluso entre ciclo de repeticiones que no tienen más valor que el sobrevivirse a sí mismas.


domingo, 23 de junio de 2019

"ANTES QUE ANOCHEZCA" DE REINALDO ARENAS




José Santos Mingot


Descubrí la figura de Reinaldo Arenas a través de la película "Antes que anochezca", homónima de su autobiografía, finalizada poco antes de su muerte en 01990. La obra escrita comienza con una introducción llamada "El fin" y fechada en agosto de 01990, 4 meses antes de su muerte, y en ella Arenas habla de su experiencia como enfermo terminal de SIDA, desde que se le diagnosticó en 01987, y su deseo desesperado, expresado ante el retrato de Virgilio Piñera, otro escritor homosexual represaliado por el régimen castrista, de terminar la redacción de su obra.

En un lenguaje crudo a la par que poético, veteado de ternura, acidez y humor, el escritor narra su pobre infancia como guajiro, y el despertar temprano a una sexualidad desaforada, contagiada por una naturaleza exuberante.

Siendo sólo un adolescente, intenta hacerse guerrillero contra Batista, y vive con exaltación esos primeros momentos de la Revolución Cubana, como otros tantos, al tiempo que traba sus primeras relaciones en el mundo literario isleño, entre las que destaca a Virgilio Piñera y a José Lezama Lima, escritores homosexuales como él, quienes actuaron como sus padrinos literarios en sus inicios.

Una promiscua vida homosexual, cuya exaltación nostálgica ocupa parte de la obra, le sirve de acicate creativo, mientras, empero, el régimen, fuertemente homofóbico, estrecha el cerco sobre "antisociales" como él.

Esa intensa actividad homoerótica que se desarrolla, según él, en la isla a finales de los años 50, como desafío al régimen, se ve duramente reprimida posteriormente, y Arenas señala el encarcelamiento y la denuncia y autoinculpación de Heberto Padilla en 01971 como una paralela condena al ostracismo de los escritores opuestos a la dictadura castrista, a quienes la sexualidad homosexual suponía un delito añadido.

Prohibido de publicar en su país, y sin trabajo por su condición sexual -al artista parametrado como homosexual sólo le quedaba la salida de los trabajos forzados-, Arenas sobrevive como puede, viendo que parte de sus antiguos amigos se han convertido en confidentes de la policía, y ocultando sus manuscritos, que perdió en varias ocasiones y se vio obligado a rehacer, de los registros periódicos de la policía, aunque a través de ciertos amigos consigue hacer llegar algunos al extranjero donde sí se ven publicados, por más que él nunca tuviera acceso a un ejemplar.

Tal cosa provoca el furor del castrismo, que lo persigue, hasta detenerlo, en una huida por la isla que Arenas describe con tintes alucinantes, y da con sus huesos en la cárcel durante unos años, lugar que describe con los más tétricos tintes.

De vuelta en la calle, enfermo y sin sus manuscritos, Arenas se obsesiona con la idea de salir de la "ex paradisíaca isla antillana convertida en campo de concentración flotante" como escribía Juan Goytisolo en "Señas de identidad". Aprovechando los sucesos de la embajada de Perú -donde llegaron a refugiarse 10.800 personas-, consigue salir hacia Miami tras la apertura del puerto del Mariel en 01980, falsificando su apellido.

Ya en los EE.UU. vive con cierta angustia su condición de exiliado, que le lleva, según afirma, a intentar olvidarse de sí mismo; allí se encontrará, por un lado, con los que llama "comunistas de lujo", e "izquierda festiva y fascista", que encarna en figuras que llamará "testaferros de Castro" como García-Márquez, Juan Bosch, Julio Cortázar -aunque en otro parte de su libro recuerda que éste defendió a Lezama Lima de la condena que hizo el régimen de su novela Paradiso-, y Eduardo Galeano -la defensa de esta dictadura homofóbica era propia de gran parte de la izquierda anterior a la caída del muro de Berlín, la que ahora se envuelve en la bandera arcoiris para sobrevivir en nuestro paraíso socialdemócrata-; y, por otro lado, se encuentra con el mundo del exilio en Miami, que lo decepcionará profundamente por su mediocridad, su mercantilismo, y su desinterés por otros grandes escritores exiliados que languidecían allí como Lydia Cabrera, Enrique Labrador Ruiz y Carlos Montenegro.

Asqueado de tal ambiente y de sus pueblerinos círculos literarios, Arenas se traslada a Nueva York, donde reescribe sus obras perdidas, y produce otras nuevas, siempre por la obsesión del tiempo menguante tras conocer su enfermedad irreversible. Nunca acabó de adaptarse a la vida en los EE.UU:

Mi nuevo mundo no estaba dominado por el poder político, pero sí por ese otro poder también siniestro: el poder del dinero. Después de vivir en este país por algunos años he comprendido que es un país sin alma porque todo está condicionado al dinero. (op.cit., p. 332).

Reinaldo Arenas, antes de quitarse la vida, dejó una carta en la que justificaba su decisión ante el estado de postración en lo que lo había dejado su enfermedad en su fase final, y que es reproducida como apéndice de la edición de Tusquets.




domingo, 16 de junio de 2019

VIDA SOCIAL




David Steward



He vivido estas últimas semanas varias celebraciones y encuentros: el cumpleaños de un amigo y compañero, una cena con amantes de la cocina casera, una comida con mis estudiantes pasando el Rubicón de la Selectividad, una comida con compañeros de trabajo, etc. La publicación de mi libro de relatos, "El enfermo imaginable" me ha hecho estrechar lazos con antiguos y nuevos amigos, lo que me ha llevado, por otra parte, a recuperar costumbres como la de ir en grupo al cine, y comentar luego la película y lo que se tercie vaso en mano.

Estos eventos que uno agradece tanto, suelen ir acompañados, sobre todo si se suceden seguidos, de cierto dolor de cabeza por la mañana. La vida social intensa está bien, si a uno le gusta reír y sentirse acompañado de amigos. Luego el verano se hace largo en su morosidad contemplativa, pues hay cierta energía oscura que hace que la gente, como las galaxias, se aleje más entre sí en el estío.

No obstante, cierta tristeza se agarra a veces al borde de la túnica festiva, y hace volver la vista a lo absurdo, que más que en la vida en sí como decía Albert Camus, me parece residir en la repetición de gestos, cuya recurrencia acelera esta percepción.

Thomas Mann hablaba de la vida como enfermedad, como purulencia desordenada y caótica de lo orgánico, que puede devenir trágica cuando surge la conciencia -inútil- de sí. Nos cabe quizás hacer frente a la desesperanza, aceptarla o sublimarla, pero sin dejarnos engañar por la idea de que el placer, convertido en rutina, la ahogue, pues está en la sustancia de nuestra existencia, y siempre lo sobrenada.

domingo, 9 de junio de 2019

HORACIO QUIROGA, "CUENTOS DE LA SELVA"




Jiri Dokoupil




Horacio Quiroga es uno de mis escritores favoritos. Me he encontrado con sus obras en varias etapas de mi vida, y siempre me ha dejado una honda impresión. El último libro que leí fue sus "Cuentos de la selva", escrito para niños, aunque en ellos aflora la grandiosa zooépica que he encontrado en otros relatos suyos. En este volumen se dan batallas desaforadas como la de los yacarés (caimanes) contra un buque de guerra, y la de las rayas contra los tigres que intentan rematar a su amigo humano. Aquí los animales entran en diálogo y simbiosis con el hombre, con el que intentan convivir, e incluso aliarse contra un enemigo común que en varios cuentos resulta ser el tigre. 

En otras partes he leído otros cuentos de animales donde los zooagonistas quedan asimilados plenamente a héroes épicos como en el magnífico "Anaconda", en la que se dan incluso catálogos de serpientes con sus epítetos como los propios de guerreros en la Ilíada homérica, aliadas ante un nuevo enemigo, el Hombre, y prestas a duelos singulares.

Esta dignificación mítica del animal de la selva contrasta con el afán de vida civilizada de otros como el perro. Recuerdo así con cariño la historia de unos perros que intentan avisar en vano a su amo de la presencia de la muerte, para acabar, como temían, como chuchos de indios, pulgosos y famélicos.

La selva, ese mundo natural, promesa de dicha pero también de peligros, ayudó en periodos pasajeros de su vida a sobrellevar el horror de lo cotidiano social que asaltó con demasiada frecuencia a Quiroga, y que trasluce, por ejemplo, en alguno de los sombríos relatos de "Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte"

domingo, 2 de junio de 2019

REVOLUCIONARIOS




August Sander, "Intelectuales proletarios", ca. 01925



Comencé a leer "Los demonios" (Les possédés, en la traducción francesa que leo) de Dostoievsky para encontrar ahí claves del tumultuoso Moravagine de Blaise Cendrars, cuyo protagonista homónimo, asesino psicopático, acompañado de un médico del sanatorio mental del que huyó, recaba en Rusia en 01904, donde se adhiere con pasión al movimiento revolucionario, y a sus prácticas terroristas, llevándolas a un delirio de destrucción total. Precisamente, en un pasaje de la obra los neorevolucionarios se oponen a la "secta mística" de los "nihilistas de 1880" casi coetánea a aquella objeto  de la obra de Dostoievsky:

"Nosotros éramos hombres de acción, técnicos, especialistas, los pioneros de una generación moderna dedicada a la muerte, los anunciadores de la revolución mundial, los precursores de la destrucción universal, unos realistas, realistas. Y la realidad no existe. ¿Qué? ¿Destruir para reconstruir o destruir para destruir? Ni lo uno ni lo otro. ¿Ángeles o demonios? No, permítanme reír: autómatas, simplemente. Actuábamos como una máquina gira en el vacío, hasta el agotamiento, inútilmente, inútilmente, como la vida, como la muerte, como se sueña. No teníamos siquiera el regusto de la desdicha" (la traducción es mía).

Ciertamente, este impulso de aniquilación multitudinaria, no ajena a reminiscencias futuristas, en la evocación dinámica de los objetivos de destrucción (trenes, fábricas, ciudades, armadas, etc.) choca con el proceder sibilino de personajes como Piotr Stepánovich, conspirador revolucionario, que, al final de la primera parte de la obra de Dostoievsky quiere apelar al recurso de sicarios, y al compromiso de sangre de pequeñas secciones de mediocres seguidores.

En nuestros días, seguimos sufriendo la acción de los ilusorios revolucionarios de la igualdad, frente a los siempre por llegar de la libertad. Aquéllos van cambiando su discurso, pasando de reivindicar los derechos de una clase obrera ya diluida por completo en la moderna sociedad de consumo a la de "colectivos" victimizados, de cuyos derechos pretenden hacerse valedores por simple ambición de poder en el contexto de las partidocracias que se lo ofrecen a cambio del acatamiento al establecimiento oligárquico económico-político.

domingo, 26 de mayo de 2019

RETROFUTURO




Verner Panton




Verner Panton



Ronald Traeger 




"The silent planet", 01960 (fotograma)




Imagen de Titán y Encelado a través de los anillos de Saturno tomada desde la sonda Cassini




Felice Beato




Amédée Guillemin




Ryan McGinley



Ryan McGinley



La imaginación prospectiva que intenta acercarnos al abismático futuro a veces nos lanza de bruces a patrones míticos del pasado que no hacen entonces más que renovarse subrepticiamente por mor del valor inmanente de la tradición. Todo eso desde la decoración futuropsicodélica de Verner Panton, la precaria imagineria espacial de las películas de los años 50 y comienzos de los 60 del siglo XX hasta el retrofuturismo inquietante de las fotografías de Ryan McGinley, cuyas escenas cavernarias aparentemente ingenuas no parecen, ciertamente, de este mundo.

domingo, 19 de mayo de 2019

REVELACIÓN




Clarence H. White



En esta fotografía de interior realizada en 01904 en Ohio, Clarence H. White parece haber congelado en el tiempo un instante de revelación: Los pies de la cama en primer plano sobre el fondo de una habitación adornada con una clásica cómoda, aparador y mecedora, y el espejo que multiplica -¡ay, el terror de Borges!- la suave ondulación de la cortina sobre la ventana abierta a un día ignoto e irrecuperable. Es ese eco marino en el espejo lo que entra en contraste con la inmovilidad tranquilizadora y familiar del mobiliario de la habitación, y convierte a la instantánea -rara vez fue nombre más apropiado- en la fugaz promesa de una revelación, tal vez insensato intento de recuperar una intuición infantil en un ámbito similar.

Multiplicar gestos es algo que empiezo a considerar un despilfarro. Comienzo a calcular el tiempo que me llevará en terminar esto o aquello, y rijo mis lecturas y escuchas por un azar muy bien organizado. Me impresiona cuando veo a alguien que se arregla mucho antes de morir, y recuerdo últimamente una escena de una vieja serie sobre Shakespeare en la que unos amigos elegantes cenaban en un balcón y se mostraban sumamente ingeniosos hasta que la estructura se derrumbó matándolos a ambos. Siempre hay que estar preparado para morir... con dignidad.

Las personas que conozco y que han leído mi nuevo libro "El enfermo imaginable" me hacen comentarios muy elogiosos, no sólo por la calidad de lo escrito sino, sobre todo, porque se reconocen en algunas situaciones o se desconocen en algunos personajes. Debo decirles que en toda creación suele haber elementos autobiográficos junto a la mixtificación, con la que se busca potenciar ciertos efectos, entre los que no cabe descartar del todo el ajuste de cuentas o la piedad hacia uno mismo.

domingo, 12 de mayo de 2019

CARMONA




La semana pasada fui con un compañero y nuestros alumnos de latín (lo que enseño en mi instituto junto con el francés) al conjunto arqueológico de Carmona y al museo arqueológico de Sevilla. El día apuntaba a un calor sofocante con su luz deslumbrante. Llegamos temprano, no obstante, a Carmona, y visitamos la necrópolis, en la que destacan, como se sabe, la tumba de Servilia y la del Elefante, llamada así por la escultura cuyo original se encuentra en el pequeño museo del Conjunto. Es siempre difícil hacerse una idea del esplendor de las cosas a través de sus ruinas, que te hacen pensar a veces en un campo de trincheras. Es cierto, empero, que las reproducciones digitales y los medios audiovisuales, junto con las visitas guiadas y/o dramatizadas, ayudan al visitante a situar los dispersos y truncos restos del naufragio del tiempo que suponen los yacimientos arqueológicos.









Luego, fuimos a la capital par visitar el museo arqueológico. Recorrerlo me retrotrajo a mi época de estudiante hace décadas en Sevilla, pues tal fue la impresión de antiguo que sus instalaciones me dejaron. No cesan, sin embargo, de impresionar sus amplias y altas salas de exposición de esculturas y mosaicos, que se antojan ya inseparables de las piezas expuestas.