MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

jueves, 28 de octubre de 2010

ESCUELA Z (2)


El que el Director hablara de una campaña de concienciación estatal me hizo reflexionar en algo que me estaba chocando mucho últimamente de unos dos años para acá, y que consistía en cierto cambio casi imperceptible pero constante en el tratamiento de los Z y su imagen por parte de los medios de comunicación más afines al Gobierno (que eran casi todos). Así, por ejemplo, los programas tipo reporteros en la calle combinaban reportajes sobre la marginalidad y mendicidad en las grandes ciudades, con otros sobre los guetos donde se hallaban recluidos los Z supervivientes de la Guerra de las Zahúrdas (llamadas así por el tipo de lugares donde se habían refugiado), y los escasos que aún surgían de modo espontáneo y misterioso, sitios que eran denominados eufemísticamente Zonas Libres. Solían ser barriadas ruinosas y desalojadas, o viejas zonas francas llenas de herrumbrosas naves industriales. Rodeados de alambradas, los Z no hacían otra cosa que deambular día y noche con su hipnotizante caminar, hasta que sentían llegar los camiones que les traían a diario los despojos del matadero local, momento en que se apiñaban bajo la entrada principal de la alambrada, desde la que unos operarios siempre aprensivos les volcaban encima sus carretillas. Pues bien, estos reportajes, rodados en penumbra y carentes de primeros planos de estas horripilantes criaturas, solían incidir en la antigua humanidad perdida de estos seres, en su soledad y confinamiento presente, y en la necesidad de encontrarles un hueco en nuestra sociedad multicultural. E incluso en algunos de esos programas de debate en los que todo el mundo grita y nadie escucha, algunos "expertos", tras abominar del exterminio de estos entes solicitado por la Oposición tras la captura y confinamiento de éstos, comparándolo a un nuevo Holocausto, solían expresar su confianza en que la Ciencia encontraría una "cura" para los infectados del mal Z. Se rodaban películas y series, se escribían novelas y canciones sobre los Z, e incluso los humoristas mediáticos le sacaban partido al asunto. De tal suerte, que no me sorprendió mucho ver un día a un Z simulado en un anuncio televisivo.

Alguna vez había conversado sobre esto con Félix, que era profesor de Física. Me recordaba que los militares y los científicos del Consejo Superior del Estado se habían hecho cargo de los Z en un primer momento, recluyéndolos en campos de concentración bajo férula militar, y que habían llegado a sus oídos rumores de que allí se habían realizado diversos experimentos con los Z. Con el tiempo, parecía que se había mitigado en cierta medida su compulsivo instinto asesino y antropófago. Esto era algo que no se había hecho público, pero se sabía que algunos Z habían sido vistos en instalaciones militares. Al mismo tiempo, se había organizado de un modo casi secreto la red de Zonas Libres por todo el país, en parajes rurales aislados, o en la periferia industrial abandonada o marginal de grandes ciudades.

El Gobierno anunció entonces que éstas eran zonas de seguridad provisionales, a la espera de lo que propusieran los Organismos Internacionales dependientes de la ONU. Ésta, como era de esperar, no tomó una decisión universal, sino que en los países donde los Z no habían sido ya aniquilados por completo, se tomaron decisiones similares a las de nuestro Gobierno.

-"No existirá peligro para ningún miembro de la Comunidad Educativa". Esta frase del Director me sacó de mi ensimismamiento. "El alumnado A y el alumnado Z compartirán las mismas aulas, aunque eso conllevará realizar ciertas obras en ellas, que serán sufragadas por la muy importante dotación económica con que cuenta el Programa. Dicha dotación contribuirá notablemente a mejorar las instalaciones del centro. El Programa conlleva, asimismo, la reducción de la ratio de clase, lo que constituye dos de nuestras más antiguas reivindicaciones como centro educativo. Por otra parte, el Programa contempla la creación de un sistema de becas especificas para el alumnado A presente en el centro, al que se sumará la implementación de un Grupo de Alumnos y Alumnas Colaboradores que también será becado".

¿Alumnado A?¿alumnado Z?, ¿de dónde salía esta jerga? -pensé-, pero, ¿qué esperaban que les enseñáramos a los Z, a usar cuchillo y tenedor cuando se zamparan a algún humano 'A'? Nadie osaba, empero, abrir la boca, aturdidos y confusos, como hipnotizados por la jerga ampulosa y burocrática del Director.

-"No sé si debo añadir -dijo el Director con su media sonrisa- que todos los profesores y profesoras del centro recibirán en sus nóminas un complemento específico mensual de 20€, que subirá a 80€ para el profesorado que se comprometa por escrito a participar activamente en el desarrollo del Programa. La adscripción a dicho Programa, sea de modo directo o indirecto, se plasmará en méritos que serán evaluables en los Concursos de Traslado. Sea como fuere, la totalidad del profesorado participará en los Cursos de Formación en Centros sobre el susodicho Programa, que constarán de dos fases: una inicial, de asistencia obligatoria para todos los miembros del Claustro, y otra, avanzada, sólo preceptiva para los profesores y profesoras comprometidos por escrito con el Programa".

El Orientador preguntó, entonces, por los contenidos de los Cursos, y por las implicaciones del compromiso que se solicitaba a los miembros del Claustro. Dijo que creía hacerse portavoz de las inquietudes de éste, y exigía de la Administración planteamientos claros y contundentes, dada la novedad del Programa y sus consecuencias educativas y pedagógicas.

-"Bueno, quisiera precisar como preámbulo -dijo el Director mientras las comisuras de sus labios se estiraban un poco más a modo de rictus-, que vamos a contar con un alumnado que ya posee cierto currículum. Dicho alumnado procede de Centros de Convivencia, hasta ahora dependientes de los Ministerios de Defensa y del de Interior, donde han desarrollado ciertas habilidades sociales básicas de la mano de psicólogos, educadores sociales y pedagogos expertos. Algunos de ellos actuarán como monitores y monitoras de dichos Cursos, y nos acompañarán como asesores y asesoras externos durante el primer trimestre del próximo curso. El alumnado Z con que contaremos es competente para comprender y cumplimentar indicaciones motrices sencillas y precisas, como ir a izquierda y derecha, sentarse en determinado sitio y permanecer quieto".

Las afirmaciones del Director provocaron algunas risitas nerviosas en el Claustro. El tema de los llamados niños Z era un sujeto de actualidad, pero a nadie parecía habérsele pasado por la imaginación que tuviera ningún tipo de repercusión en los centros educativos.

-"La realización de dichos Cursos de Formación del Profesorado -continuó el Director- nos habilitará como docentes para la consecución de los objetivos del Programa, que, son, básicamente, el desarrollo de competencias básicas lingüístico-matemáticas, socio-culturales, y de relación con el medio físico y autonomía personal, que permitan al alumnado Z la progresiva integración en un entorno escolar plural y diversificado, fomentado la no discriminación y la tolerancia hacia dicho alumnado. Todo ello precisará de la implementación de nuevas dinámicas pedagógicas, y de un esfuerzo de reelaboración y adaptación de nuestras programaciones didácticas a nuestra nueva realidad educativa. Tales serán los puntos esenciales de la Formación en Centros para el presente curso".

El Director acalló con un ademán los murmullos, y continuó su discurso: "La realidad del alumnado Z es ya insoslayable. La decisión gubernamental de agrupar al colectivo Z en unidades familiares, todo lo ficticias que se quiera, no ha dejado de tener efectos claramente mensurables, como es la aparición de actitudes de sociabilidad entre los individuos Z, y la atenuación de sus comportamientos disruptivos y reacciones incontroladas hacia el resto de colectivos sociales. De tal manera, la escolarización de algunos de sus miembros era sólo cuestión de tiempo, y es sin duda un desafío para todos y todas que contribuirá probablemente al advenimiento de una sociedad más justa e igualitaria, si ésta consigue integrar, en la medida de lo posible, a este nuevo colectivo social".

Estas últimas palabras del Director resonaban aún en mis oídos cuando salía por la puerta del instituto, momento en el que sentí que alguien me cogía por el codo. "Acompáñame un poco, vamos", dijo Félix en un tono bajo pero resoluto. Nos habíamos alejado un poco calle abajo, como si fuera un día cualquiera en nuestro barrio pobre de sufrida ciudad mesetaria, cuando mi compañero empezó a hablar: "No me creo ni una palabra de lo que dice este tío. Nos van a poner a trabajar como burros, para que los gerifaltes puedan ponerse medallas, y, encima, esta vez jugándonos el pellejo con esos monstruos. Nos obligarán a tener en clase a esas cosas.... no, no puedo ni imaginarlo, ¿cómo vamos a dar clases a los alumnos normales, teniendo enfrente a esos...? no, no puede ser, es imposible, es absurdo, es criminal... no lo permitirán, la gente se echará a la calle, ya lo verás, no tiene sentido..."

Félix parecía ya estar hablando consigo mismo, y no conmigo. Realmente no tenía sentido como decía él en sus divagaciones, algo oculto debía haber, algún propósito perverso que justificara el convertir a nuestro centro en siniestro conejillo de Indias.

-"Intentan conseguir algo de esos Z, estoy seguro -proseguía Félix-. Intentan desarrollar alguna facultad latente en ellos, que sólo sea posible en contacto con humanos. No tiene sentido de otro modo el escolarizarlos. ¡Escolarizarlos!, no son personas, ¿qué esperan sacar de ellos? Esto me huele muy mal, amigo, creo que si hay un momento adecuado para participar en el Concurso de Traslado es éste".
Nos despedimos en la esquina de mi casa. Era, ciertamente, otro día para olvidar.


Con este relato os felicito el Halloween, amigos, y si pasáis de él como yo, acordémonos de los difuntos, y de todo lo que les debemos. Paz a ellos.
Imagen: Charles Ensor.

martes, 26 de octubre de 2010

HOMENAJE INDOCENTE A MIGUEL HERNÁNDEZ

El grupo literario "Indocencias" presentará el próximo sábado 30 a las 12:00 en la Biblioteca Provincial de Cádiz su antología Escritos con tiza. En dicho acto se celebrará asimismo el centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández, y el tercer aniversario del nacimiento de dicho joven grupo literario. Lamento no poder asistir finalmente al evento, pues no estaré en Cádiz. Quisiera, empero, hacer una muy modesta e indirecta contribución a este homenaje al gran poeta de Orihuela, reproduciendo un poemita que me inspiró recientemente una imagen de archivo de ABC de una escuela de Orihuela en 1938. En ella se veía a un grupo de alumnas que rodeaba a una maestra que manejaba frente a una pizarra uno de esos grandes compases de madera, que forman parte también de los recuerdos de mi infancia. Mucha suerte, amigos indocentes, y muchas felicidades. Va por vosotros.

ESCUELA EN ORIHUELA 1938 


La niña de ojos de garza, y pasada

uniformada, observa los círculos

que su maestra de pelo gemelo

traza con el compás de madera

y punta de tiza sobre la pizarra,

harto curtida de mil rayaduras.

Heroica geómetra de los conjuntos,

bastión contumaz de las bisectrices,

sostiene las llaves de un mundo futuro,

superviviente de guerras y cursos

que las niñas apenas vislumbran

en las fugaces figuras de tiza.


viernes, 22 de octubre de 2010

HOMO PATIENS


"Frente a las voluntades de placer y de poder, propias de la visiones freudiana y adleriana, respectivamente, la visión logoterapéutica es distinta. La primera fuerza que motiva la conducta humana es el anhelo por encontrar el sentido de la vida; este deseo es denominado por Frankl voluntad de sentido. La voluntad de sentido no es una racionalización sobrevenida a los impulsos instintivos, sino una fuerza primaria irreductible a éstos, aunque, como todo lo humano, sea susceptible de ser pensada y expresada racionalmente. Esta necesidad de sentido tampoco es una cuestión de fe, sino que es previa a que una persona concrete el sentido de su vida en una fe determinada. [...] Esta voluntad de sentido apunta a algo que le falta al hombre y a lo que necesita llegar.
Esta distancia con el sentido, que se le presenta al hombre como algo por encontrar y realizar, supone que el hombre sea inteligente para conocerlo y libre para realizarlo. "Nuestra autocomprensión nos dice que somos libres". [...] "La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre". Ahora bien, la libertad deja al hombre libre frente a la misma libertad y, así como la fe lleva al hombre a autotrascenderse, a conocer más allá de lo que el entendimiento natural es capaz, así el hombre puede también, desde una óptica reduccionista, enmascarar la libertad y negarla.
Gracias a su libertad, el hombre toma postura ante todo. No está movido por la situación, sino que desde él decide, y lo hace frente a todo, incluso frente a Dios. Y lo que decide es su postura de forma vectorial, pues es una postura con un sentido.
El logos, en su acepción de sentido, significado o propósito, es ciertamente algo que el hombre ha de buscar y encontrar en su existencia, pero es algo que hace frente a la existencia. Es decir, el hombre se encuentra con que, en cada circunstancia concreta de su vida, la realización de su para qué, del sentido personal de su vida, requiere una determinada actualización que, de modo ineludible, tiene que llevar a cabo. Esa materialización del sentido de la vida en cada circunstancia concreta es algo que el hombre tiene que descubrir personalmente para poderlo llevar a término. Este sentido lo halla en el mundo –no simplemente dentro de su psique, como si fuera un mundo cerrado– en tres ámbitos distintos: en la realización de una tarea; en la vivencia de algo, como puede ser el amor hacia una persona; por último, en el sufrimiento.
El sufrimiento es una acción positiva que conlleva crecimiento madurativo. Cuando la libertad exterior queda negada, se le abre al hombre la posibilidad de alcanzar el máximo con su libertad interior.
El sufrimiento es una obra humana, es crecimiento, maduración y también enriquecimiento. El sufrimiento pone al hombre ante la verdad; a él lo hace lúcido y a la realidad la presenta, ante el sufriente, diáfanamente: "Lo que se le revela es que el ser humano es, en el fondo y en definitiva, pasión; que la esencia del hombre es ser doliente: homo patiens". Los animales solamente sienten dolor; únicamente el hombre tiene la capacidad de sufrir, de asumir el sufrimiento, de vivirlo activamente en el presente.
El sufrimiento tiene un primer momento de renuncia, pero no se queda ahí, porque no es un fin en sí mismo, sino que es espacio para el sentido. El sufrimiento tiene un momento positivo, consistente en trascenderlo, en ir más allá de él. Y trascendiéndolo, el hombre se autotrasciende, va más allá de sí mismo: "El hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana".
El sufrimiento lo es para algo o para alguien. El sentido no se identifica con el sufrimiento, pero éste tampoco es un impedimento para aquél, es más, es a través de él, esto es, trascendiéndolo, como llegamos a la realización del sentido. Este sufrimiento en función del sentido y, por ello, pleno de él es lo que propiamente es el sacrificio para Frankl: "El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de sí mismo. El sufrimiento dotado de sentido remite a una causa por la que padecemos. En suma: el sufrimiento con plenitud de sentido es el sacrificio". El sufrimiento así vivido engloba toda la vida y le da significación hasta el punto de que la misma muerte cobra sentido.
Mientras que el sufrimiento no ha sido transformado en sacrificio, es una interrogación pendiente de una respuesta, por tanto, un sufrimiento pendiente de sentido, es decir, un sufrimiento que puede quedar frustrado como lugar de realización del sentido, o bien un sufrimiento mediante el cual se realice el sentido y que pase a ser sacrificio.
Así pues, el sufrimiento como sacrificio tiene el requisito previo de la renuncia voluntaria a la realización del sentido mediante los valores creativos y vivenciales. Pero el sufrimiento no tiene que ser un fin en sí mismo, como lo es para el masoquista, sino que es un medio para trascender más allá de uno mismo, con independencia de que la necesidad de dicho sufrimiento para el sentido sea inexorablemente sobrevenida o voluntaria. En el caso del autista, el sufrimiento es medio, pero que no trasciende (trans-scande) y lleva al hombre más allá de sí mismo, sino que desciende (de-scande), deshace la subida hacia el otro lado y queda el hombre encerrado centrípetamente en sí mismo".

Cf. A. García Nuño, "Desde la libertad, hacia el sentido. La 'logos-terapia' de Viktor E. Frankl", La Ilustración Liberal, nº43 (2010), pp. 24-46. Realizo una cita extractada, sin reproducir  ni las notas ni las llamadas a pie de página a obras de Frankl. El artículo puede consultarse en línea en www.libertaddigital.com.


Obvia decir que me impresionó la lectura de este artículo. Creo que la visión de Frankl se ajusta más a la naturaleza humana que las citadas visiones de Freud y Adler. Quizás esto explique el fracaso recurrente de los que buscan sólo placer y/o poder. Acabo de terminarme Voyage au bout de la nuit de Céline, que me parece un buen ejemplo de estas zozobras. El protagonista, de un cinismo errático y cobarde, busca satisfacer sus instintos justificándose en cierto modo en una visión animalizada o cosificada de sus semejantes, en el marco de una naturaleza y un entorno exuberantes en su descomposición. Así, abundan hasta la obsesión en el libros palabras como vadrouiller "vagabundear", que ilustra el carácter poco comprometido al mismo tiempo que servil y acomodaticio del protagonista, y su confesado desapego hacia sus semejantes -más chirriante aún en un médico, que no duda en abandonar a un paciente, o en hacerse cómplice por omisión de un crimen, actitudes siempre justificadas como obra de la debilidad o de la fatalidad-; y otras palabras como suinter "supurar" y dégouliner "chorrear", que adornan su visión brutalmente materialista del mundo que le rodea, que considera al borde de la corrupción, y, por tanto apto para ejercer sobre él su egoísmo sensual. Ni el más mínimo indicio de voluntad de sacrificio. El sufrimiento es algo incómodo, sin sentido en un mundo de larvas, de lo que se huye a toda costa.
Ciertamente, hay en Céline mucho de impostura y pose. En esta pseudobiografía oculta las condecoraciones al valor recibidas en la guerra, o el hecho de que, tan incapaz de amar a los demás como se confiesa, dedicara el libro a una americana a la que siguió a su país para intentar convencerla de que volviera con él. Queda básicamente un reconocible poso de rencor. Rencor que se disfraza de viaje al final de la noche, entendida como fondo de nuestras miserias, y que nace de una renuncia a la búsqueda de sentido, disfrazada de cinismo y de desapego intelectual, adobado de cierta autocompasión.

Imagen: Exposición Rodin en Cádiz


miércoles, 20 de octubre de 2010

HAIKU DE PIE QUEBRADO


En el pasado escribí algunos haikus, aunque más bien como divertimento. Yo, que estaba buscando entonces nuevos moldes métricos para mis composiciones, no me sentía cómodo con lo que se me antojaba una estructura demasiado sintética y rígida, más apta quizás para una lengua aglutinante como la japonesa que para una romance -aunque admiro sinceramente al que los escribe con arte-. Compuse, así, esta especie de haiku sui generis:

HAIKU DE PIE QUEBRADO


El fracaso que sientes

definitivo

es enemigo

de la costumbre.



La idea del fracaso me obsesionaba por aquel entonces, pues lo consideraba inherente a mi existencia. Por otro lado, era cada vez más consciente de la inutilidad y caducidad de los gestos pretendidamente definitivos en la vida, ese río inmisericorde y liberador, donde desgracias y dichas se solapan y sobrenadan. El fracaso y el éxito son relativos, pero yo entonces sufría enormemente por ello. Estaba en paro, o haciendo trabajos de escaso futuro y ganancia, y en mis ratos libres estudiaba francés, y redactaba mi tesis. Barruntaba que lo que estaba haciendo tenía cierta importancia, mas lo consideraba un logro casi póstumo, el cierre más o menos honroso de una vida fracasada. Puedo decir que fue esa perseverancia desesperada, que se nutría de una modestia pesarosa, la que me sacó de ese estado de cosas, y la que ha hecho que estos últimos 10 años de mi vida hayan estado infinitamente más llenos de vivencias que los 10 anteriores. ¿Algo que lamentar o de lo que arrepentirse? Sin duda, pero ya es inútil, el tiempo pasó, y confío en que Dios me guíe en todo lo bueno y malo que me ha de llegar.

domingo, 17 de octubre de 2010

UN AÑO DE BLOG


Hace exactamente un año que, con más dudas que otra cosa, abrí este blog. El Escritor sigue acercándose al Cuarto de los Deseos en la película stalker de A. Tarkovski, y yo sigo sin saber muy bien lo que tengo entre manos. Mi amigo J.M. Benítez llevaba tiempo  aconsejándome que lo creara, pero me resistía a ello. Inseguridad y desconfianza hacia las nuevas tecnologías, y miedo de no estar a la altura. Lo cierto es que hacía tiempo que estaba deseando dar a conocer lo que hacía. En 2007 volvía a escribir poesía después de varios años de silencio, y recobraba mis viejos y ajados cuadernos que recogían mis composiciones dispersas a lo largo de 20 años. Me había presentado entretanto a algunos concursos literarios, pero ya no quería esperar más. Así que creé el blog, y mis primeras entradas las constituyen básicamente poemas. Vigilaba ansiosamente las visitas, y esperaba comentarios, que, afortunadamente, no tardaron mucho en llegar.
En este año me han ocurrido varias cosas, la mayoría buenas. He conseguido trabajar donde deseaba, mi vida familiar está estabilizada, y me han publicado un poema en una revista literaria, lo que para salvar la honrilla no está mal (mi mayor agradecimiento por ello a Antonio García de Dioinisio, director de la revista Calicanto). Siento que he empezado tarde en estas lides, y mis objetivos son limitados y modestos (aunque si alguien se empeña en publicarme, podríamos hablarlo).
Por otra parte, estoy contento con el blog, cada vez recibo más visitas, y he hecho algunas amistades virtuales muy gratificantes. He tenido recientemente la oportunidad de saludar a un importante bloguero y editor, y pronto parece que voy a conocer en persona a un bloguero y una bloguera por los que siento una gran empatía. Debo decir, empero, que me gustaría darle al blog algún derrotero del que ni yo mismo soy aún muy consciente. Entretanto, voy diversificando contenidos, y espero seguir contando con vuestras visitas, queridos amigos y amigas.

viernes, 15 de octubre de 2010

PROFESOR DE LATÍN


Después de 10 años en la enseñanza pública es éste el primer curso en que puedo dar clases de latín. Soy doctor en Filología Clásica pero aprobé las oposiciones de secundaria de francés. De latín llevaban años sin convocarse, y opté por presentarme a esas otras. La fuerza de la desesperación, creo, y mis conocimientos del idioma me permitieron ganar una plaza. En mi nuevo centro, al enterarse de mi titulación, me propusieron desde Jefatura de Estudios dar 4 horas de latín de primero de Bachillerato para completar mi horario de francés. Acepté encantado. En muchas ocasiones mi condición de doctor ha resultado anecdótica, superflua o incluso directamente molesta; algo de lo que a uno mismo no le gustaba hablar, ante la depauperación de la enseñanza que a duras penas podía transmitir y la incomprensión hacia ésta. Enseñar una lengua moderna no deja de tener cierto barniz "práctico" y utilitarista, el único que parece consagrado en nuestro sistema educativo. Estoy muy agradecido, pues, de la oportunidad que me han dado.
La sorpresa surgió al ver que el método de enseñanza seguido en el centro es el inductivo-contextual de Hans H. Orberg, la lingua latina per se illustrata, del que tenía sólo parciales referencias. El libro, formado por capítulos que desarrollan una historia novelada, está redactado enteramente en latín (texto, notas marginales, léxico, notas gramáticales, índices), como cualquier manual tipo de aprendizaje de una lengua moderna, aunque su fin no es que los alumnos aprendan a hablar en latín, sino a leer textos latinos complejos en el menor tiempo posible. Eso me supuso una inicial violencia hacia lo que esperaba o deseaba hacer. Espero verificar que lo que pretende el método sea cierto. El libro en sí exige la lectura de los capítulos y su comprensión en latín, aunque no veo modo de no recurrir a la traducción puntual para comprobar la comprensión de los alumnos. En la idea de que no existe un libro de texto perfecto, procuro seguirlo en la medida de lo posible, y complementarlo con explicaciones específicas de cultura y civilización romana, para que la mera lectura comprensiva y realización de ejercicios no acabe resultando cansina. Para ello utilizo recursos didácticos visuales como los contenidos en culturaclasica.com, y en otras páginas francesas, que me sirven de ilustración para mis explicaciones, que suelo basar en la obra de Sebastián Segura Munguía Cultura clásica y mundo actual ("El maestro de escuela [...] era generalmente de condición humilde, de escasos ingresos y no gozaba de consideración social alguna [...] La sociedad suele abusar de quienes han consagrado su vocación y desvelos al noble arte de enseñar a los demás" [op.cit. p. 97]. Palabras dignas de reflexión hoy día. Sí, no deja de ser un arte, a pesar de los esfuerzos de muchos por cuadricularlo y terapeutizarlo hasta la exasperación).
Algún alumno me ha comentado ya que le gustan mis clases, y noto que prestan atención a mis explicaciones. Espero poder seguir diciendo lo mismo al final de curso.
Me emociona un poco recordar esos tiempos de juventud en que el mundo romano me parecía un ejemplo de humanidad heroica y perversa al mismo tiempo, y espejo del género humano. Si consigo transmitir algo de eso a mis alumnos me daría por satisfecho.

Feliz fin de semana, amigos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Escuela Z (1)



Ahora que me paro a pensarlo, me resulta difícil recordar el momento en que llegó al instituto el primer Z. La presión de esta horrenda cotidianeidad me está haciendo olvidar los tiempos de auténtica normalidad. Sí, digo normalidad, aunque nos repitan machaconamente lo contrario. Estaban tiempo ha preparándonos en el instituto para el nuevo Programa. Habíamos sido elegidos como centro experimental de acogida y escolarización de los Z que habitaban en la cercana Zona Libre 262. Esto no fue una casualidad, pues nuestro Director llevaba unos meses haciendo gestiones a espaldas de los profesores para conseguir este "honor". Un día convocó un Claustro Extraordinario para informarnos de la propuesta del Ministerio Central, y del protocolo del nuevo Programa, llamado "Escuela de A a Z". Nos quedamos estupefactos; creímos en un primer momento en una broma pesada, aunque el Director no se caracterizaba precisamente por su sentido del humor y simpatía. Entonces el Orientador pidió la palabra (o más bien se la tomó él, como hacía habitualmente), y dijo que se alegraba de saberlo (como si no lo supiera ya), y que el centro contaría por primera vez con un Programa, y que podría servir de ejemplo para otros; un ejemplo de integración y avance social en nuestro entorno desfavorecido. Fue él también el que insistiría hasta la saciedad en usar la sigla Z en lugar del horrísono apelativo completo de estos seres (Este era ya el uso de la Administración, que hablaba siempre de Zs en sus documentos y circulares -siempre he creído que pensando en el anagrama de nuestro longevo Presidente, en la idea quizás de hacerlos más simpáticos-). Se dirigió, asimismo, a los profesores para pedirnos entusiasmo, más compromiso con el centro, y mayor capacidad de autocrítica ante nuestros hábitos conservadores de gestión del aula. Sería, pues, -concluyó- un desafío del que todos los miembros de la Comunidad Educativa saldríamos enriquecidos.



Nos miramos los unos a los otros sin saber qué decir, mudos de espanto: el Programa no precisaba de la aprobación del Claustro, solamente debía ser oído. Sólo un compañero -al que llamaré Félix-, se levantó para preguntar si es que se creía el Equipo Directivo que los padres iban a aceptar que hubiera Z por el centro, y que se pusiera en peligro la vida de sus hijos. Aún estaba muy reciente el recuerdo de la Noche de la Zozobra, y aquello era lo que le faltaba por oír. Estalló entonces un murmullo entre confuso y airado que llenó la sala. Se levantó de seguido el Orientador, indignado, diciendo que le parecía vergonzosa la actitud del claustro, y que si no podía hablar se iría. Fue el momento en que el Director retiró la palabra a los presentes, y pidió un poco de calma. Un viejo profesor levantó la mano, y con una voz conciliadora aunque insegura en su sumisión, solicitó saber cuáles eran las medidas que la Administración había arbitrado para evitar los incidentes y contratiempos a los que se había hecho alusión tal vez de un modo demasiado alarmista. Félix se revolvía en su asiento, y me dirigió una mirada de inteligencia. Le sostuve la mirada, y supe entonces que nos tocaría correr la misma suerte. El Director, por su parte, agradeció la intervención del docente, y pasó a exponer los puntos del programa, lo que se convirtió en ocasión de otro de sus discursos habituales y desesperantes: No debíamos alarmarnos, pues todo había sido previsto, y sería un proceso progresivo y escalonado en el tiempo, que constaba de una fase previa de preparación y concienciación a nivel estatal, y que, en lo tocante al centro, se desarrollaría en el presente curso, mediante entrevistas con la Asociación de Padres, el Ayuntamiento, la Asociación de Vecinos del barrio, y, por supuesto, la Acción Tutorial con los alumnos coordinada por el Departamento de Orientación. Anunció la creación de un Grupo de Trabajo específico para el que solicitó voluntarios, que podrían apuntarse en un formulario habilitado al efecto.


Ilustración: El Roto

lunes, 11 de octubre de 2010

CONTRASTE


Vieja y niña en un banco del paseo.

Contraste acurrucado contra el tiempo.

La piel rozada, ¿qué les dice ahora?

Quizá se aprietan para no dejar

hueco entre sus abismos indudables:

La vieja un poco niña te parece,

la niña, en cambio, anuncia, ardua, la hembra.

viernes, 8 de octubre de 2010

DE LIBROS Y MÁS LIBROS


Decía un profesor que tuve en la Universidad que los cds de música eran tiempo almacenado. Pienso que los libros por leer lo son también, aunque de otra manera. Tengo una pila entera en casa. Me prometí a mí mismo no comprar tantos, para ir dándoles salida, y que no se me fueran atrasando. Así, he renunciado, en lo posible, a los libros sobre temas de actualidad, buscando lo "eterno literario", que pueda esperar varios años a ser leído. Estoy leyendo ahora el Voyage au bout de la nuit de Céline, que se me está atragantando, pero del que quiero dar cumplida cuenta. En el intervalo de su lectura no me he podido resistir y he comprado tres libros: Andrei Tarkovski de Carlos Tejeda, La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales, y La escuela contra el mundo de Gregorio Luri. Los tres tienen formatos atractivos y prometedores, y quizás respondan, inconscientemente, a algunas de mis obsesiones: el arte inabarcable y escurridizo, encarnado en el cine de Tarkovski y su idea del tiempo esculpido, Francia y la crisis de nuestra cultura Occidental frente a las diversas barbaries y totalitarismos, y la enseñanza.
Otro profesor me contaba de un amigo que tenía la costumbre, cuando compraba un libro, de abrirlo y oler sus páginas. Más allá del fetichismo, esta anécdota puede ilustrarnos sobre la insustituible entidad del libro como materia, como cosa entre las cosas, y, por tanto, objeto de creación artística -tal como le escuché a Javier Sánchez en su reciente presentación del poemario de Juan Carlos Aragón-, válido en sí mismo.
Sí, es tiempo almacenado también, pero tiempo elástico, que se adapta al de nuestra existencia. Recuerdo uno de los primeros libros que leí, La defensa de V. Nabokov, que me atrapó de tal manera que no pude hacer otra cosa hasta acabarlo. Cosa ya imposible ¡ay! para un adulto como yo, jalado por mil y una inquietudes.
Esta mañana José Manuel Benítez me mostraba un ejemplar de la bonita edición que han hecho de su novísima novela, Vida nueva, publicada por Paréntesis. Es curiosa también la relación entre autor y obra, que en cierto modo debe sentirse como independiente de uno y ya con vida propia cuando cuaja en libro. Habrá que buscar tiempo para leerla.

Tempus fugit, sed ars aeternitatis nuntia est.

miércoles, 6 de octubre de 2010

OTRAS VIDAS


Esta mañana cogí el autobús para ir al trabajo como de costumbre. Suelo mirar siempre a la parte del mar, pero esta vez miré al otro lado, a la gente que caminaba o se afanaba en la acera. Me esperaba una larga jornada laboral, y me sentí aliviado -e incluso reconfortado- imaginando poder adoptar el modo de vida de algunas de esas personas. Estaba el señor que pintaba la barandilla de la Casa de Baños del Ayuntamiento; un trabajo sin muchas complicaciones, que debe permitirte pensar en otras cosas. Había otro hombre subiendo la baraja de su bar. Lo del bar ya no me gusta tanto. Cuando trabajaba en una academia privada, un compañero me decía que el negocio más fácil de montar en Cádiz es un bar, pues sólo tienes que alquilar el grupo de cerveza, y vámonos que nos vamos. Ciertamente es un empleo muy diferente al mío: como profesor debo estar pendiente de muchas personas a la vez, procesando, reinterpretando actitudes y situaciones inesperadas, e incluso improvisando en función de ello. Por ello nunca he dejado de admirar la capacidad que parecen tener muchos camareros para no verte cuando quieres llamar su atención. Había también otro señor en la puerta de su mercería. Debe de ser un negocio tranquilo, con un género casi inalterable al paso del tiempo, que quizá permita organizar la vida y los recuerdos en la contumacia de los anaqueles, y embeberte de cierta sabiduría sedentaria.
Fueron unos momentos de gran paz en su inutilidad completa, pues ya uno es lo que es, y eso, aunque no sea precisamente bueno, te mantiene ajeno a otras miserias quizás peores. No obstante, tal vez no lo sean del todo, si te permiten un mínimo sueño camino de la rutina.


Ilustración: Viktor Brauner.

lunes, 4 de octubre de 2010

A VUELTAS




Cuatro palabras desgranan la vida:


Sospecha, horror, desengaño, vigilia.


A salvo del viento entre cuatro paredes,


la vida que llevo no me convence.


La rutina te salva de elucubraciones,


pero no impide que, por la noche,


despiertes soñando las mismas preguntas.

viernes, 1 de octubre de 2010

DE HUELGAS Y MALDICIONES BÍBLICAS


Decía Ignacio Ruiz Quintano que la Constitución de 1931 había consagrado a España como una maldición bíblica: una república de trabajadores. Trabajarás con el sudor de tu frente, dijo Yahve. Lo malo es que no precisó cuánto tiempo. Y eso es lo que más temer. Me venían estas reflexiones a cuenta de la huelga general del pasado miércoles. Tuve que hacer el trayecto a pie desde mi casa a mi trabajo, pues no había autobuses (ni contaba con ellos). Pero no estaba dispuesto a hacer el juego a esta huelga paripé entre sindicatos subvencionados y gobierno colega para salvarse mutuamente la cara. Se percibía que era el miedo a los piquetes lo que mantenía muchas barajas de comercios semicerradas. Comercios que necesitan estar abiertos para ganar dinero y no tener que cerrar en este tremendo otoño que se avecina. Los "pobrecitos" sindicatos no me dan pena, emplean la violencia y la coacción contra la libertad ajena, de trabajar o de no trabajar. Recuerdo la huelga general de 1988 en Sevilla, donde era estudiante de Filología Clásica. Vivía en Puerta Osario y quise ir a ver a unos compañeros que tenían alquilado un apartamento por Alameda de Hércules. En Alfalfa vi a un piquete que se inclinaba sobre una baraja medio echada y decía: "Pepe, como abras, verás". En Plaza del Duque era digno de ver lo del Corte Inglés. La plaza estaba rodeada de piquetes, y en las puertas de los grandes almacenes estaban los empleados mirándolos. Parecía como el saloon del Oeste donde se espera que salte la chispa para sacar los revólveres. Obviamente, nadie parecía dispuesto a entrar. Yo estoy afiliado a un sindicato, que no se ha sumado a la huelga, pues dice -creo que con razón- que estos sindicatos mayoritarios son parte del problema.
El ciudadano corriente se encuentra indefenso frente a estos poderes. Piensas que tendrás que trabajar más años, y ganar comparativamente cada vez menos, como bien recuerda Paco Gómez Escribano en su blog. Ves también que, al menos en mi gremio, vas perdiendo derechos laborales, unido a las nulas posibilidades de promoción (el cuerpo de catedráticos irritaba -e irrita- profundamente al neomaoísmo educativo, incruento pero insidioso), al mismo tiempo que se enroca la inoperante legislación educativa, apuntalada por puros prejuicios ideológicos entre otros, por los dos grandes sindicatos tan injustamente criticados.
Que un profesor aguante hasta los 67 o 70 en las tan malas condiciones de trabajo actuales me parece bastante difícil (afortunadamente, con todo, hay centros en los que se puede trabajar en mucho mejores condiciones que en otros). Ya hay signos de que la administración educativa se ha arrepentido de la reducción horaria de 2 horas a los mayores de 55 años, que se convertían en realidad en trabajo administrativo. Si se piensa fríamente, te quedarían entre 10 y 15 años de vida laboral. Otro motivo más para que la Administración te señale demagógicamente ante la sociedad con el dedo.
Comentaba recientemente Gregorio Luri en su blog que existen unos 750.000 jóvenes de los llamados NI NI, que ni estudian ni buscan trabajo, regurgitados y escupidos a la cruda realidad por nuestro sistema educativo. Es sobre nuestros hombros, los de aquellos que pudimos recibir una formación más coherente y completa, sobre los que pesará una muy prolongada vida laboral para sostener este sistema que ha creado un hiato vital, una generación pérdida poco "cotizante". Formaremos una gerontocracia sin poder, unos proletarios avejentados, víctimas ya de una futura Guerra del Cerdo laboral (lástima de argumento desaprovechado por Bioy Casares).

Feliz fin de semana, amigos.