MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 9 de noviembre de 2010

OTOÑO EN MADRID

Estuve con mi mujer el pasado puente en Madrid, en compañía de nuestra querida amiga Aurora, quien nos descubrió algunos rincones insospechados. El otoño llenaba el aire de Madrid. Una sinfonía de colores adornaba la decadencia otoñal.


El paisaje urbano se me antojaba majestuoso en la sobriedad de la luz que lo iluminaba, y la lluvia dispersa me instalaba en cierto recogimiento interior. La ciudad parecía ser más ella misma bajo el cielo encapotado y los contrastes de color. Interiores. Disfrutamos de la visita a varios lugares, como los conventos de la Encarnación, Descalzas Reales, la casa-museo de Sorolla, y el museo de la Fundación Lázaro Galdiano, que contienen verdaderos tesoros artísticos, y no están tan masificados como otros espacios culturales.
Me impresionó el enorme taller de Sorolla, núcleo de una antigua casa, que debió de estar llena de amor y plenitud de vida.



El taller es el santuario del pintor, y estaba primorosamente conservado.
La Fundación Lázaro Galdiano reúne en el antiguo palacio de Parque Florido, residencia del insigne coleccionista y editor homónimo, parte de su vastísima colección. Fue remodelado en los años 50 del siglo pasado para convertirlo en museo. En las salas pueden verse fotos de época de cómo eran las antiguas habitaciones, decoradas con estas obras de arte. Lázaro Galdiano disfrutaba de estas maravillas en su propia casa, como debe hacer un verdadero coleccionista. La violación de esta antigua intimidad resultó ciertamente gozosa.
Seguimos apreciando esa intimidad en la visita a la bonita casa de nuestra amiga, en la que los muebles clásicos, los cuadros y los libros hablaban de un amor familial reposado y concentrado en capas invisibles pero inalienables.
A mí Madrid nunca me ha gustado demasiado, pero en esta breve visita he sentido una gran querencia por el viejo Madrid, y me han entrado deseos de volver a visitarlo, y profundizar en las hermosas intimidades de esta ciudad recóndita.
(Por cierto, el mejor bacalao que he probado nunca ha sido en Madrid, en el restaurante La huerta de Madrid, cerca del Bernabeu).
Muchas gracias por todo, Aurora.



4 comentarios:

Aurora Pimentel dijo...

Qué crónica tan bonita, JM, ya sabéis que aquí tenéis vuestra casa (y la Quequi su seguidora, segura servidora, Olimpia). Qué bien lo pasamos.

El alegre "opinador" dijo...

Un viaje al año a Madrid debería ser obligatorio. La Fundación Lázaro Galdiano me encanta... A mí me gustaría ir a ver la exposición del Prado... Ya veremos.
Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Un placer tenerte por aquí, Aurora. Te tomo la palabra. A ver si te animas a bajar por aquí.
Un beso.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tienes razón, amigo Opinador.
Un abrazo.