MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA AGONÍA DE FRANCIA



"Las democracias, privadas de la asistencia de las masas, en cuyo nombre actúan y gobiernan, están perdidas. El totalitarismo, la nueva barbarie, lo único que ha conseguido ha sido sustraer a la democracia las masas populares que eran su razón de ser, pero no porque represente una superación filosófica, ni siquiera política, social o económica, sino por el desequilibrio tremendo que se ha producido entre el progreso material y el progreso espiritual, por el hecho puro y simple de que hoy día un adolescente semianalfabeto, pero que tenga buenos movimientos, reflejos y pulmones resistentes puede aterrorizar a una ciudad de millones de habitantes planeando sobre ella con una tonelada de mortíferos explosivos, gracias a un motor cuyo funcionamiento ni siquiera conoce y que conduce a ciegas con sólo mover unos resortes.
Se ha conseguido reducir al mínimum los valores humanos que entran en juego en la lucha y con ese mínimum de humanidad, mejor dicho, con esa animalidad amaestrada que basta para las grandes acciones gracias al progreso mecánico, los nuevos bárbaros pretenden dominar y esclavizar a una civilización que ni intelectual ni espiritualmente han podido superar.
En el fondo de esta espantosa lucha de nuestro tiempo y a pesar de las fuerzas demoníacas que se ponen en juego, no hay más que una verdad. Hasta ahora no se ha descubierto una fórmula de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia. Es decir, el liberalismo, la democracia".

Cf. Manuel Chaves Nogales, La agonía de Francia, Libros del Asteroide, Barcelona 2010, p. 63.

El periodista y escritor Chaves Nogales, que había sido partidario de Azaña, se marchó de España en 1937, falto de deseos de ver -como decía- de cuál de las dos trincheras salía el próximo dictador de España. Permaneció en Francia hasta la debacle de 1940, trasladándose luego a Inglaterra donde murió en 1944. Férreo defensor de la democracia y el liberalismo, analiza en la obra citada con un vibrante estilo periodístico las circunstancias que confluyeron en la rápida derrota francesa de la primavera de 1940. Chaves considera que las fuerzas combinadas de los dos totalitarismos en aparente liza, el comunismo y el nazismo, habían minado el espíritu de identidad y resistencia democráticas de las masas francesas. La obra concluye con la descripción del éxodo masivo y no exento de frivolidad de los parisinos, que llenaban ufanos los cafés y restaurantes de Biarritz y San Juan de Luz. (Es aquí precisamente donde comienza la excepcional Suite française de Irène Némirovsky, novela de la que hablaré en otra ocasión).
El texto que cito de Chaves podría referirse casi exactamente a acontecimientos recientes como el 11-S, y puede ilustrarnos sobre esa peligrosa tendencia del Occidente democrático actual a plegarse a la fascinación del Terror. La servidumbre voluntaria, el miedo a la libertad que, en época de la Guerra Fría se revestía del nombre de "distensión", revive con particular y desgraciada virulencia en un país como España. Tras convivir durante décadas con un terrorismo integrado políticamente en el sistema y subvencionado por los contribuyentes -abyecta aberración-, parece que ciertas fuerzas oscuras creyeron que el pueblo español estaba maduro para sucumbir a un acto de terror supremo como el 11-M, y acatar la voluntad de dichas fuerzas de cambiar el gobierno de la nación. Nunca había obtenido el terrorismo una victoria tan evidente sobre la Democracia, y demostraba así su debilidad, de modo similar a lo ocurrido en la Francia de 1940, donde un aislado bombardeo sobre París provocó el pánico y consiguiente éxodo masivo de la población. También fue entonces en nombre de la Paz que se consumó la manipulación de las conciencias (que no nos metan en guerras de otros; allá Inglaterra y su Imperio con los nazis, etc.). Pero un hombre libre sabe que la paz no es un fin en sí mismo, sino un estado desgraciadamente inestable, y los mismos revolucionarios franceses exigían la liberté ou la mort, excluyendo, evidentemente, de este dilema, la paz del sometimiento y la esclavitud. Consecuentemente, los que predicaban la claudicación fueron ensalzados, y entraron en una inaudita negociación política con el terrorismo patrio en nombre de la "paz". Sin embargo, lo que hacían -lo que hacen de nuevo según parece- es legitimar el asesinato como arma de acción política, es decir, el fascismo y el totalitarismo bajo la especie de extrema izquierda nacionalista. Sólo espero que las urnas pongan en su sitio algún día a esta banda de miserables, y de momento, quiero expresar desde aquí toda mi solidaridad con las personas que se manifestarán mañana en Madrid en contra de esta indigna claudicación ante el terror y la barbarie totalitaria.
Feliz fin de semana, amigos.

7 comentarios:

Natalia Pastor dijo...

El miedo a la libertad que padece la sociedad occidental lo reflejó perfectamente Orian Fallacci en sus últimos libros tras el 11-S: "Occidente ha abdicado en la defensa de sus raices, de la democracia y de la libertad en aras de no "molestar" al Islam.

La izquierda se ha aliado con aquellos que no pretenden otra cosa que acabar con nuestro modo de vida, nuestra cultura, nuestras raices judeocristianas".
Nada más cierto.

Saludos.

madison dijo...

Muy buena reseña José Miguel, he estado a punto de comprar este libro, pero al final me decidi por El infierno de los jemeres rojos.
Pero después de leerte creo que lo cogeré.
Buen fin de semana

Paco Gómez Escribano dijo...

Muy buena reseña y buenas reflexiones, José Miguel. Lo cierto es que vivimos momentos que no me gustan nada. Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, Natalia, Madison y Paco.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tu cita es muy oportuna, Natalia.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Espero que te guste el libro, Madison. Se lee de un tirón, y parece que estás allí viviendo lo que cuenta Chaves.
Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Los tiempos son duros, Paco, y de difícil solución.
Un abrazo.