MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 21 de junio de 2011

DESFASE HORARIO

Hace unos días, cuando bajaba del autobús para dirigirme al trabajo, vi algo que me dejó descolocado. En la playa, había un tipo sentado cómodamente en la orilla, con su caña de pescar plantada a pocos metros de él. Eran las ocho de la mañana, y fue como una bofetada indolora: mientras yo me disponía a sostener la Realidad, que diría García Calvo, ahí estaba aquel hombre negando todo lo que yo representaba: frente al mar, que con su eterno reflujo parece invitar al gaditano a la molicie (a la que faltaría un punto para ser sabia), de espaldas a la parte industriosa de la ciudad, y con la caña como pretexto de laxa actividad, se entregaba a un rito que de tan obvio a muchos nos parece ya vedado; ese mar que tiene un efecto hipnotizante sobre tantos gaditanos, y los hace estar parados horas y horas ante una caña de pescar en la playa o en la Alameda Apodaca, rebeldes sin saberlo a la férrea medida del tiempo. Ante gente así, ¡cómo puedo osar a partir de ahora llamarme poeta!

2 comentarios:

Alejandro dijo...

Qué gustazo verlo así. Aunque yo cambiaría la caña por un libro... a no ser que te refieras a una de cerveza, que ésa es sagrada.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Por eso digo que a esa molicia le falta un punto para ser sabia, amigo Alejandro. La caña es de pescar, lamento que no se vea bien.
Un abrazo.