MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 7 de diciembre de 2012

JOHN FOXX


Gracias a Youtube he podido recuperar una música que me encandiló en mi adolescencia. En 1983 en el programa La Edad de Oro actuó John Foxx, fundador de Ultravox, que había iniciado una carrera en solitario tres años atras, con los discos Metamatic, The Garden y The Golden Section. A mis 17 años la actuación me pareció memorable; luego, le perdí la pista al músico, al tiempo que desaparecían para siempre de la televisión programas como el citado, y la mediocridad se iba volviendo asfixiante, aunque nunca pudiera creer que se llegara a los niveles de lo que pasa ahora.
Gracias a dicho sitio, he vuelto a escuchar esas maravillosas canciones.



John Foxx, hombre de angulosa e inquietante belleza, encajaba perfectamente en los moldes estético-musicales de la época. Desengañado de la escena musical de finales de los 80 y de su pop estereotipado se retiró del mundillo musical, volcándose en su primera faceta de artista gráfico (realizó, entre otras cosas, portadas para obras de autores como Salman Rushdie o Anthony Burgess bajo su nombre auténtico, Dennis Leigh), y como dice él en alguna de sus entrevistas posteriores, "vagando por Londres como un fantasma",  en busca de realinearse como artista en el silencio y el anonimato.
Es este aspecto de su biografía posterior el que me ha interesado más en este artista polivalente, pues demuestra su verdadera y arraigada naturaleza artística, frente a otros muchos músicos de aquella época que, o bien han desaparecido, o reaparecen patéticamente como una sombra envejecida y satisfecha de sí mismos. Ciertamente, la alegría que sobreviene tras un periodo de este tipo, si tiene un desenlace feliz para el artista, no puede ser comprendida por los soberbios, que en su rigidez, la sienten como una amenaza para sus estereotipos. Foxx retomó su faceta de creador musical a finales de los 90, sea en colaboración con otros músicos, sea en solitario con proyectos de música instrumental como Cathedral Oceans, inspirado en su experiencia musical de niño como cantor en un coro de iglesia, donde percibió la unión entre música y arquitectura como espacio de reverberaciones únicas (en ese aspecto, Foxx señala la influencia que ha tenido en él La Sagrada Familia de Gaudí, y su integración de aparentemente imposibles armonías -el músico visitó España en 1966 a los 17 años [curiosamente, el año de mi nacimiento, y la edad de mi conocimiento de su música]), y en cuyo proyecto ha desplegado también su faceta de creador plástico.



Otras influencias señaladas por él mismo son el surrealismo de Ernst, De Chirico y Magritte, que le ayudaron a soñar en el gris y agobiante ambiente de su norte de Inglaterra, J. G. Ballard, Iain Sinclair, el Canto Gregoriano, Bach, Satie (ejemplo para él de minimalismo intimista, romántico e imperfecto), Stockhausen, y la música electrónica contemporánea. Asimismo, su interés por el cine no convencional se materializó en su disco Tiny colour movies, compuesto de una serie de piezas instrumentales inspiradas en una serie de breves cortometrajes de muy variada procedencia que tuvo oportunidad de contemplar en 2006.



En los últimos años, el artista combina su trabajo como profesor en el London College of Music and Media TVU, con su trabajo artístico y musical con su nuevo grupo The Maths, (integrado por músicos que desarrollan una propia carrera en solitario, como la encantadora Hannah Peel y Serafina Steer, multinstrumentistas, cantantes, y compositoras, así como por el músico y productor Benge) con el que parece haber vuelto a inspirarse en el pop electrónico analógico de su disco Metamatic, que considera como sus raíces musicales.










Un artista, pues de muy amplios intereses (en los que está incluida la escritura, como indica su libro The Quiet Man), y que demuestra que la modernidad y la vanguardia no están reñidas con la evolución personal, y física. Foxx habla, en este sentido, de su young self como algo ya que, en la distancia de la edad, puede ver como algo ajeno, en ese mundo gris de las ciudades, plagado de fantasmas eléctricos, que sirve de marco a las historias humanas que siempre le han interesado.


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