MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

jueves, 7 de enero de 2010

NEW ARABIAN NIGHTS




Este fin de semana pasado estuve en Toledo, y en el tren estuve leyendo el primer volumen de las New Arabian Nights de Stevenson (cf. R. L. Stevenson, El club de los suicidas. El diamante del rajá, Alianza Editorial, trad. de Luis Loayza). Resulta muy agradable encontrarse con historias de una arquitectura tan perfecta, y me fascinó de nuevo esos cambios de perspectiva y los puntos de vista oblicuos que nos ofrece el autor para hacernos seguir la trama de la mano de personajes secundarios que se convierten en meros instrumentos de las verdaderas voluntades ocultas que mueven los hilos de la intriga. Stevenson en un par de líneas describe magistralmente el escenario físico de los sucesos, y hace aparecer y desaparecer personajes en un juego de espejos que tiene mucho que ver con el de la vida. Esta maestría se manifiesta, asimismo, en el retrato de los personajes y en la agradable retórica de sus parlamentos, que forman un delicado y perfectamente trabado castillo de naipes, que el propio autor derriba de un generoso manotazo al final del libro, mandando a dar vueltas por el aire tanto al presunto autor árabe de los cuentos como al protagonista que atraviesa todas las historias como trasunto de la providencia, el príncipe Florizel de Bohemia, convertido, a la postre, en "el estanquero más apuesto de Londres".
En la estela de Stevenson, como decía Borges, hay que situar otro libro admirable que he releído con deleite en el pasado, Los tres impostores, de Arthur Machen. Es una obra de una arquitectura narrativa admirable, ejemplo perfecto de novela dentro de la novela, donde tres sádicos e imaginativos asesinos estrechan el círculo en torno a su víctima, el llamado joven de anteojos, que aparece recurrentemente en las historias que cuentan a los personajes que creen que pueden serles de ayuda en la búsqueda de su perseguido por un Londres amorosamente descrito por Machen como escenario ideal de misterios e intrigas, frente al anodino y previsible París.

6 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias por las recomendaciones, tocayo. Me haré con el de Stevenson.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Gracias a ti, tocayo. Seguro que te gustará. Un abrazo desde Cádiz.

Máster en Nubes dijo...

Me encanta Stevenson, pero éste,mejor dicho, estos dos relatos no los conocía. A ver si me hago con ellos. Y qué nombres, por Dios.... Florizel de Bohemia... Uf, dan ganas de leer pero ya. Un abrazo JM, y gracias por la recomendación
Aurora

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Espero que te guste, Aurora. Es el tipo de lectura que uno suele postergar en busca de cosas más "serias", pero es un error. Un abrazo, y hasta pronto.

ferabt dijo...

me uno a la serie de beneficiados por tus recomendaciones. ¡lástima de tiempo! Si puedo leeré antes esa novela de Machen. Me ha gustado mucho tu crítica,¿sabes que se te da muy bien la recensión de libros?
Parece que la vida de esas dos ciudades es un reflejo de sus jardines. En la geometría impoluta de un versallesco jardín no te sorprende ni la vida de sus flores. En cambio un parque londinense es un sabio abigarramiento de jardines y urbanas selvas donde se oye el canto de un petirrojo o se te sube una ardilla a la chepa.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, Fernando. Espero que te guste, y que te traiga nostalgia de ese Londres que conoces bien. Un abrazo.