MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 19 de julio de 2011

ENTRE LA BONDAD Y LA DUDA



La "bondad" -la personalidad sana e integrada- es una cosa excelente. Debemos intentar por todos los medios educacionales, médicos, económicos y políticos que obren en nuestro poder, producir un mundo en el que tantas personas como sea posible se formen "buenas", del mismo modo que debemos intentar producir un mundo en el que todos tengan suficiente para comer. Pero no debemos suponer que incluso si consiguiéramos que todo el mundo se hiciera bueno habríamos salvado sus almas. Un mundo de buenas personas, satisfechas con su bondad, sin mirar más allá, dándole la espalda a Dios, estaría tan desesperadamente necesitado de salvación como un mundo miserable... e incluso podría ser aún más difícil de salvar.
El mero mejoramiento no es la redención, aunque la redención siempre mejora a la gente, incluso aquí y ahora, y la mejorará al final hasta un grado que aún no podemos imaginar. Dios se hizo hombre para convertir a las criaturas en hijos: no simplemente para producir hombres mejores de la antigua clase, sino para producir una nueva clase de hombre. No es como enseñarle a un caballo a saltar cada vez mejor, sino como transformar a un caballo en una criatura alada [...]
Pero tal vez hayamos dedicado demasiado tiempo a esta cuestión. Si lo que queréis es un argumento en contra del cristianismo (y recuerdo muy bien con qué ansiedad los buscaba yo cuando empecé a temer que éste fuera verdad), podéis fácilmente encontrar a algún cristianismo estúpido e insatisfactorio y decir: "¡Conque ahí está tu tan cacareado hombre nuevo! Me quedo con los de antes". Pero una vez que hayáis empezado a ver que el cristianismo es, en otros aspectos, posible, sabréis en vuestro corazón que esto es sólo evadir el tema. ¿Qué podéis acaso saber de las almas de los demás... de sus tentaciones, de sus oportunidades, de sus luchas? Sólo conocéis un alma en toda la Creación: y ésa es la única cuyo destino está en vuestras manos. Si existe un Dios estáis, en cierto modo, solos con Él. No podéis aplacarle con especulaciones acerca de vuestros vecinos o recuerdos de cosas que habéis leído en los libros. ¿De qué servirán todas las palabras y rumores (¿seréis siquiera capaces de recordarlos?) cuando la neblina anestésica que llamamos "naturaleza" o "el mundo real" se desvanezca y la Presencia ante la cual siempre habéis estado se vuelva palpable, inmediata, inevitable?

Cf. C. S. Lewis, Mero cristianismo, ed. Rialp, 2007, pp. 223-224.
Imagen: templo de san Juan el Real (Oviedo).

1 comentario:

El alegre "opinador" dijo...

Interesantísimo texto para la reflexión. Requiere más de una calmada lectura...
Un saludo.