MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 6 de mayo de 2011

PINTURA DEL ALMA

En el local del bar La parra del Veedor, sito en Cádiz, calle Veedor, se ha organizado una muestra de cuadros del pintor y grabador gaditano Javier Molina, que durará hasta finales del presente mes. La selección de cuadros expuestos cubre un período de 19 años en la producción del artista. Molina es un pintor de sentimientos, de intensidad irrenunciable; las aguas de su alma fluyen profundas y tumultuosas, y se transmutan en un azul cargado de ensoñaciones y matices. Este predominio de tonos puede ya verse en la obra más antigua de las expuestas,


"Paseantes" (1992), donde la fugaz realidad humana representada parece diluirse en una cuesta, en la que se superpone, duplicada cual esfuerzo de Sísifo condenado a la nada,  a la tristeza levemente difuminada en el cuadro.
Esta leve presencia de lo humano está ausente por completo en obras posteriores como

"Jueves", perteneciente a una serie consagrada a los días de la semana, en la que el pintor refleja principalmente interiores, privilegiados por el sueño y la recreación poética que se expresa en pinceladas hondas y un sutil cromatismo, que dan a las obras una intensidad inefable, casi dolorosa en esa poesía amalgamada en los espacios cerrados de la predilección del artista. O bien, esa presencia humana es un elemento onírico, como puede verse en

el cuadro "Domingo", en el que constituye una ensoñación casi fantasmal, anecdótica y preterible, que se esfuma sobre el azul de la barra del bar, reflejo del azul intenso del exterior, paisaje del sueño. En la obra más reciente


de las expuestas, "Tarde lluviosa", el pintor saca a pasear su mundo interior afuera, bajo la lluvia, en un evocador y profundo juego cromático, en el que el azul omnipresente, plasmado en meticulosas pinceladas, parece llevar casi al límite las posibilidades poéticas y evocadoras de un alma que se desagua en visajes de pura belleza.

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