MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 20 de mayo de 2011

ESTUDIANTES MÉDICOS EN SALAMANCA

Comenté en una entrada anterior, la abundancia de poemas macarrónicos escritos en Salamanca, obra algunos de estudiantes médicos. Estos autores, como Diego Sánchez de Alcaudete y Juan Méndez Nieto, que escriben sus macarroneas en 1533 y en torno a 1552 respectivamente, pertenecen a la tradición de los llamados médicos “chocarreros”, deseosos de entretener y divertir con sus chanzas y alusiones satíricas y veladas a personas y hechos concretos; tradición en la que hay que colocar  a un más lejano sucesor, como es el médico Francisco López de Úbeda con sus “versos heroicos macarrónicos” incluidos en su Libro de entretenimiento de la pícara Justina (1605).

Quien deseara y tuviera posibilidades económicas, hacia el primer tercio del siglo XVI, para graduarse en medicina debía pasar una serie de pruebas y requisitos académicos. Era preciso, en primer lugar, superar una enseñanza secundaria que se llevaba a cabo en el "colegio" o "escuela de gramática", radicada en casi todos los municipios de más de 500 habitantes o en las facultades de gramática ligadas a las universidades. En tales escuelas la asignatura clave era la gramática latina, impartiéndose casi siempre por el texto escrito por Antonio de Nebrija a finales del siglo anterior. Tal formación latina no comenzaba normalmente antes de los ocho o nueve años, o al menos no antes de que el niño dominara los rudimentos básicos de la lectura y la escritura en la lengua materna, y su duración era de cuatro a seis años. La formación clerical, militar o vocacional llevaba, en numerosas ocasiones, a que el estudio del latín se iniciara en la adolescencia e incluso en la edad adulta. Esta larga, difícil y rigurosa educación, como señala Kagan, era obligatoria para los estudiantes que deseaban entrar en la Iglesia y proseguir estudios universitarios en una de las disciplinas superiores de abogacía, medicina, filosofía o teología.



Una vez cumplidos estos estudios de Gramática y Latinidad, el aspirante a iniciar estudios universitarios debía realizar un examen previo acreditativo de haber superado los estudios elementales. Si lo superaba, podía acceder a las Facultades de Cánones, Leyes y Artes, pues para poder cursar Medicina o Teología, se exigía ser antes bachiller en la Facultad de Artes. Para obtener tal grado eran necesarios tres cursos en Súmulas, Lógica Magna y Filosofía en dicha Facultad. En Salamanca se exigía tener probados los cursos de Artes para poder cursar medicina, y tener el grado de bachiller en Artes para poder obtener el grado de bachiller en Medicina, estando terminantemente prohibido simultanear los estudios de Artes y Medicina.


La constitución XVI de Martín V (1422) señalaba que para obtener el grado de bachiller en Medicina en Salamanca era preciso, como ya se ha dicho, ser bachiller en Artes, haber oído Medicina durante cuatro años o la mayor parte de ellos, y haber leído públicamente diez lecciones. El escolar, con dos testigos idóneos, tenía que acreditar ante el Rector sus cursos y lecciones. Hecha la probanza, el grado de bachiller lo confería un doctor o maestro, elegido por el escolar. La recepción del grado de bachiller tenía lugar en el General de la Facultad, después de responder públicamente sobre una determinada cuestión. Este grado era el exigido para curar por el Tribunal del Protomedicato y bastaba para acceder a las cátedras.


La misma Constitución establecía que entre el grado de bachiller y la licenciatura en el Estudio salmantino tenían que mediar cuatro cursos de lectura y en cualquiera de dichos años realizar prácticas de Medicina durante cuatro meses. El bachiller aspirante a licenciado tenía que sustentar además públicamente varios actos, llamados repeticiones, presididos por el padrino. El grado de licenciado significaba tener licencia para hacerse doctor "quando quisiere e por bien tubiere". El grado de doctor era, pues, de pura ceremonia, y suponía gastos muy cuantiosos para el doctorando, que tenía que sufragar un costoso ceremonial, al alcance de muy pocos bolsillos, en el que figuraban banquetes, regalos y corridas de toros.
En una próxima entrada hablaré de la vida estudiantil, vivamente retratada en su poema por el Dr. Sánchez y de su peculiar cursus académico.

Cf. RICHARD L. KAGAN, Universidad y sociedad en la España moderna, Tecnos, 1981
Cf. ANA Mª CARABIAS TORRES, Colegios Mayores, centros de poder: Los colegios mayores de Salamanca durante el siglo XVI, Universidad, Salamanca 1986
Cf. TERESA SANTANDER RODRÍGUEZ, Escolares médicos en Salamanca (siglo XVI), Salamanca 1984

Imagen: placa dedicada a la medicina seruatrix en la Universidad de Salamanca.

2 comentarios:

Retablo de la Vida Antigua dijo...

Su artículo me ha parecido interesantísimo. Las escuelas de gramática las regentaban frecuentemente los jesuitas, también se llamaban escuelas de latinidad, término que a usted le debe de parecer estupendo.

Las obras de RL Kagan son excelentes y, sobre la vida de los estudiantes en Salamanca entre los siglos XVI y XVIII, es muy interesante: Estudiantes, sopistas y pícaros, de García Mercadal, que se publicó en Austral y que, imagino, que estará agotada.

Saludos.

Saludos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, amigo del Retablo, por su visita (honor que Vd. me hace), su comentario elogioso y su referencia bibliográfica (que desconocía). Espero que le guste también la próxima entrada que dedique al asunto.
Cordiales saludos.