MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 18 de marzo de 2011

LUGAR DE LA POESÍA: "MÚSICA PARA SUEÑOS" DE JOSÉ CEREIJO


Visitaba hoy la librería más importante quizás de Cádiz, y comprobaba con sorpresa la desaparición de los libros de poesía. Pensé entonces que quizás los habían trasladado del lugar particularmente visible en que se encontraban a algún rincón menos lucido del local (tal como habían hecho hace algún tiempo con los tomos sobre religión y espiritualidad), y no me equivoqué: hallé los poemarios en una pequeña estantería detrás de una mesa de información (que actúa como una barrera psicológica, pues te obliga a situarte casi detrás de la encargada ahí sentada), junto a los libros de literatura greco-romana. Otro fósil literario -pensé- la poesía, mantenida por puro prestigio cultural (no deja de ser una libreria) junto a los carcamales primorosamente editados por Gredos, salvados del olvido para reposar en tumbas de tapa azul.
He vuelto a pensar en esto en casa mientras sopesaba en mi mano el último poemario que he leído, Música para sueños de José Cereijo. Un libro sobria y elegantemente editado, que guarda entre sus hojas una belleza singular. Extrañamiento de la poesía. Si ya no encuentra su espacio en las librerías, ¿dónde lo hallará? ¿entre los impulsos eléctricos de la Red? Me resulta imposible, empero, pensarla desligada del papel, sujeta al batir de tiempo, materializado en hongos, humedad y bordes ajados.
Del tiempo sutil habla el libro de Cereijo, que ha llegado a mis manos por la amabilidad de un amigo. Libro lleno de resonancias clásicas (Terencio, Virgilio, Horacio, Ovidio, Catulo), y escrito en una variada métrica, en él la naturaleza se muestra esquiva frente a lo abstracto, y se configura como signo o pretexto de la reflexión poética sobre el tiempo, y la melancolía (esa piedad del tiempo), que acompañan al poeta en su deambular por un paisaje preferentemente crepuscular bañado por una luz, la de marzo, retenida en la nostalgia futura de ésta (Tratemos de hacer nuestra la misteriosa hondura / que ya conoce el tiempo; / el íntimo fulgor, la plenitud que un día / tendrán en la nostalgia). La tarde es el espacio privilegiado (cf. La tarde aquella, Fin de la tarde -que cierra el poemario-), en el que día se demora en morir sustrayéndose al tiempo en su luz dorada de agonía (Qué silencio tan hermoso. / Qué plenitud, qué pureza. / Recoge y guarda -tan honda- / su lección de impermanencia), donde la tensión entre eternidad y belleza se consagra en la memoria del amor (que en Cereijo es un "tú" con vocación de ausencia y suave dolor de lo perdido), que compensa -siempre momentáneamente- de la pérdida que para el poeta supone toda vida: La eternidad que pide la hermosura, / puedes dársela tú. Por tu recuerdo / sigue la tarde aquella, / ardiendo todavía en la memoria / pura del corazón. Y tal vez la tristeza, / a cambio de ese don, es un precio pequeño.

Cf. José Cereijo, Música para sueños, Pre-Textos, Valencia, 2007.

6 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Los tiempos están cambiando, José Miguel. Y para peor. En fin, Dios dirá. Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Espero que al final no sea tan malo, amigo Paco.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Comparto tu opinión sobre este excelente libro. Me alegro de que te haya gustado.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Es un honor tenerte por aquí, José Manuel.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Por indicación de José Manuel Benítez Ariza, he leído tu comentario, tan detallado como generoso. Gracias. Anima ser tan bien leído. No sé lo que valdrá el libro (uno siempre está demasiado cerca para ser objetivo), pero menos sin duda que tu admirable lectura. Repito: gracias.

José Cereijo

José Miguel Domínguez Leal dijo...

No hay por qué dar las gracias, José: tu libro merece los mayores parabienes. Gracias a ti en todo caso por pasarte por este blog.
Saludos.