MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 13 de marzo de 2011

SIN TÍTULO

Volvía el viernes andando a casa desde el trabajo por el paseo marítimo, recreándome en los matices de azul del mar sobre la playa (cuando se pinta -sea a un nivel muy modesto como el mío- se empieza a apreciar más y más las virtudes mudables del color, imagino que del mismo modo que el músico percibe timbres ignotos a los profanos en las obras que escucha), cuando algo desvió mi atención: había un grupo numeroso de personas bebiendo cerveza en el exterior de un bar (toleradas transgresiones del Carnaval). Eso me trajo recuerdo de hace muchos años, pasado en el que la gente se agrupaba con sus cervezas u otras bebidas en algunas zonas de dicho Paseo, para disfrutar del sol y de la conversación. Todo eso ha desaparecido ante la presión de tantas normativas. La era de los reglamentos, parece un nombre adecuado, creada quizás para irnos acostumbrando ovinamente a otros futuros recortes de libertades en otros terrenos menos anecdóticos. Los bares sobre todo por la noche, se han convertido en una especie de guetos, acosados por las preceptivas municipales, a las que el Gobierno ha incorporado recientemente una salida de humos. No digo que esto esté mal y que no evite molestias y abusos, aunque tiene como objetivo gente más bien mayor (los jóvenes no se pagan cubatas en los pubs, tienen sus botellones), y me hace tener cada vez más nostalgia de aquellos años 80 de mi juventud, donde se respiraba un ambiente de libertad y espontaneidad (no sólo en horarios y libertad de movimientos, sino también en la entonces escasa presión del estúpido lenguaje políticamente correcto tan "progre") que ha ido, poco a poco, desapareciendo. 

2 comentarios:

Aurora Pimentel Igea dijo...

Pues sí, JM, es una mezcla extraña la que tenemos de prohibiciones peregrinas, reglamentos y leyecitas por doquier y, a la vez, poquísimo respeto y educación. Yo creo que es un tema de principios y virtudes (cívicas, vamos a llamarlas). Eliminada la posibilidad de que haya algo objetivo y racional -esto es bueno, es un bien-y que más allá de lo nominativo corresponda a cada cual practicarlo "según vea" y pueda, quién es, etc... solo queda la carcasa formal de las leyes: no puedes beber a menos de 50 metros de un colegio. O sea, anglo, corrección política, recetilla o ley mosaica, un espanto. Perdón por el rollo: me han puesto una multa por aparacar 5 minutos más fuera del pago ;-)

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Amiga Aurora, el relativismo moral trae consigo de un modo aparentemente paradójico el aumento de prohibiciones y reglamentos, pues implica dicho relativismo una desconfianza hacia la libertad ajena inseparable de la pérdida de la idea de la dignidad y racionalidad intrínseca al individuo que se manifiesta en la búsqueda y la defensa de la verdad, como sostén ineludible de la existencia.
Lamento lo de tu coche, que te da tantos problemas últimamente.
Un abrazo.