MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 16 de marzo de 2012

CUADROS PARA UN BLOG (II)

Esta semana he terminado una copia infiel al acrílico de un cuadro de Paul Cézanne, La mer à l'Estaque (Musée d'Orsay, París), en el que trabajaba desde hace unos meses, y que me aconsejó iniciar mi amigo el pintor Javier Molina. Si es cierto que cada pintor tiene su técnica, a mi me ha costado adaptarme al estilo pictórico de Cézanne, salvaje, pero, al mismo tiempo, lleno de poesía y sutileza. Éste anticipa, y contiene in nuce todo lo que serán las vanguardias posteriores, al poner en primer plano la subjetividad de la percepción sobre la mímesis plástica, a diferencia, por ejemplo, de los impresionistas. Sobre un fondo fantasmagórico e irreal de montañas y cielos de azules y violetas, diluidos con tonos más cálidos en un casi imperceptible gradación de una extrema delicadeza, al que el mar blanquiazualado aporta un paréntesis de realidad y de calma, el pintor nos sumerge en un agreste y colorido paisaje boscoso, compuesto a base de manchas y agresivas pinceladas en diagonal a las que no falta la adustez puntillista de tonos más fríos en una especie de caos cromático del que la vista sólo se reposa en la medida en que toma distancia. La pintura es bella a la par que inquietante, y refleja la obsesión del pintor por este paisaje primigenio de la Provenza que frecuentó a partir de 1864, y que abandonó en 1902 por la proliferación, decía, de bípedos y de luz eléctrica. Intuición e impulso poético, en definitiva, que el pintor intenta materializar a veces como si intentara, más que pintarlo, rayarlo o grabarlo sobre el lienzo. El arte es inseparable del sufrimiento, pues, quizás, lo que merece la pena nace con dolor.

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