MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 6 de agosto de 2011

RETAZOS DE UN VERANO (III)


No sé si es lícito esperar de un verano más cosas de las que se puede esperar pedirle. Fantasear sí está permitido, en todo caso, con lo que este verano no será.

El verano pasado creo que escribí entradas más divertidas. Era mi primer verano de bloguero, y la vida no me había revelado aún la dureza de este medio (!!!).

He leído Mero cristianismo de C.S. Lewis. Ha sido como reencontrar un viejo amigo, al que quieres mucho, pero que te deja perplejo encontrarlo un tanto cambiado, como a tí mismo. Y es que la forma de la amistad cambia, como la del amor, y no me ha producido la misma impresión -o yo lo he leído con un espíritu distinto- que obras como Los cuatro amores, Cartas del diablo a su sobrino, Sorprendido por la alegría, y Los milagros -Ésta última obra me ayudó a romper muchos diques interiores contra el cristianismo-. Lewis siempre ha sido para mí el apologetista cristiano, no el autor de ficción, que confieso que como tal no he leído. En este último libro, Mero cristianismo, he seguido encontrando su razonamiento lógico implacable, y su capacidad para construir parábolas creíbles y de sentido común. Me he revelado interiormente contra alguno de sus planteamientos de moral sexual, pero he admirado su humildad y su honrada apelación a la responsabilidad que tenemos todos de tomar las riendas de nuestra existencia, y de buscarle un sentido, que para él -igual que sigue siéndolo para mí- está fuera de nosotros mismos.

¿Cuántas heridas sufre el amor del tiempo? Sólo la certeza de la vejez y la muerte son más terribles. El amor, sin embargo, es lo único digno de llevar en sí las semillas de lo eterno.

Cuando observo la frecuente pretenciosidad del mundo literario, es muy agradable retomar a un autor como Rabelais, de una cultísima ligereza y trazo grueso (escrito en un francés enrevesado, mucho más diferente del francés actual que el castellano del Siglo de Oro del español de hoy día), en una época en la que era mucho más difícil -y peligroso- publicar.

2 comentarios:

Joaquín dijo...

El amor a los libros, otra forma de amor. Un libro, ni engaña ni traiciona.

¡Feliz verano que nos queda, José Miguel!

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, Joaquín, feliz verano y que nos cunda entre buenos libros.
Un abrazo.