MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 24 de abril de 2010

25 AÑOS DESPUÉS


Con un poco de retraso se han celebrado hoy los 25 años (bueno, 26) de la promoción 1980-1984 del instituto La Salle-Viña de Cádiz. Allí nos dimos cita unas 40 personas con 26 años más a nuestras espaldas después de terminar nuestro (para mí añorado visto lo de hoy en día) C.O.U. En el vestíbulo del centro habían colocado la orla original, ya amarillenta por el tiempo, y fue una sorpresa encontrar en persona a gente que no veía hacía tantos años, y que reconocí en el acto. No se puede decir que no hayan cambiado (los años no pasan en balde), pero ahí estaban los viejos gestos y miradas, perennes a pesar de las arrugas o de las pérdidas de cabello. Fue emotivo reunirse con gente que se alegraba sinceramente de volver a verte, cuando uno tiene que lidiar en el trabajo con gente que te mira mal por sectarismo o pura estupidez.
Hubo una misa en la que tuve oportunidad de cantar algunas de esas viejas canciones que hacía décadas que no entonaba, y se recordó a un compañero malogrado, Francisco José Pérez Amaya. El instituto estaba abierto sólo para nosotros, y nos dimos una vuelta por él reconociendo nuestras antiguas aulas, y cómo muchas cosas habían cambiado poco (es un centro concertado donde sólo se ha dado bachillerato; si tuvieran E.S.O. el deterioro habría sido mucho más acelerado). Nos acompañó el hermano Sabino, que parece no haber apenas cambiado. Acto seguido, se procedió a una imposición de insignias y a un buffet que se prolongó en el patio. 
Creo que había un sentimiento de sincera alegría, y un ansia de reconocerse a sí mismos en los condiscípulos; somos gente de 43-44 años, se puede decir que en la plenitud de sus facultades, con familias y vidas organizadas (había hasta una compañera embarazada), y se disfrutaba plenamente recordando viejas anécdotas de nuestra vida estudiantil (es curiosa la memoria, que de tan subjetiva y personal, despertaba recuerdos que otros no compartían). No había cuentas pendientes: todos manifestaban sus virtudes y defectos con naturalidad, pero sobre todo con ansia de camaradería.
Allí volví a ver a alguna compañera que me cautivaba entonces por su belleza opulenta, luciendo ahora su figura aún curvilínea con alguna gloriosa -y hermosa a mis ojos- celulitis. Había alguna que te alegraba el día sólo con verla sonreír, y no me sorprendió, para mi asombro, experimentar la misma sensación hoy. Eché de menos a alguna otra compañera de la que estaba perdidamente enamorado, y a la que no me atrevía a decir nada en la época por mi tremenda timidez. Reunidos todos charlando en el instituto abierto para nosotros, constaté sin pesar la inexorabilidad del paso del tiempo, y cómo de buenos compañeros hemos pasado la mayoría a ser buenas personas, padres, madres y compañeros.
Nos prometimos no esperar a las bodas de oro para volver a vernos, y me ofrecí para crear un blog, una vez que me mandaran fotos y datos.
Espero que así sea. Un fuerte abrazo a todos, compañeros.

4 comentarios:

Aurora Pimentel dijo...

Con permiso, caballero, su comentario sobre sus ex compañeras me hace pensar que es Vd. un caballero y un poeta. Me ha gustado lo que cuentas, el contenido y el tno, pero lo de las mujeres, la hermosa celulitis y el resto... en fin... ¡de 10! ole.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Me abrumas, Aurora, muchas gracias. Viví un torbellino de sentimientos, y creo que sólo he acertado a expresar algunos.
Un fuerte abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Preciosa y emotiva entrada, tocayo. Yo celebré el año pasado la de los Maristas de Sevilla, también con hermanos, y los sentimientos fueron exactamente los que tú describes tan bien, con la salvedad de las niñas, que por desgracia no había.

Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, tocayo; el recuerdo de tu entrada me animó a escribir la mía.
Un abrazo.