MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 23 de marzo de 2010

'El BARÓN RAMPANTE' DE ITALO CALVINO


Acabo de terminar este libro (del que existe una magnífica traducción en Siruela), que me compré en Roma hace 2 años junto con las otras dos obras integrantes de la trilogía i nostri antenati: Il visconte dimezzato y Il cavaliere inesistente, en una librería de saldo. Los estoy utilizando para los exámenes orales de la E.O.I., que este año me están costando Dios y ayuda. Sé que es una obra muy alabada, aunque a mí me ha dejado un tanto indiferente. Calvino crea un argumento fantástico (un hombre partido en dos, cuyas mitades tienen vida independiente) o increíble (otro que decide a los 12 años subirse a vivir en los árboles y no bajar nunca más) y lo desarrolla hasta sus últimas consecuencias lógicas. Esta decisión del barón arbóreo tiene la contumacia de los obsesivos juegos a los que a veces se entregan los niños, y envuelve al personaje en una sombra de irrealidad añadida y de forzada criatura literaria, víctima de su propia rigidez. Esclavo de una promesa o desafío absurdo, el barón quiere construir su propia grandeza a través de este rasgo fanático de su personalidad, y ahí radica la fuerza y la debilidad de este personaje literario. Este estilita laico e ilustrado (la obra está ambientada en el paso del siglo XVIII al XIX), que tiene también mucho de prototarzán rousseauniano, puede ser un modelo del hombre moderno, no en su aspecto de distanciamiento objetivo (mirando el mundo desde lo alto de los árboles), independencia y racionalidad, como quizás pretendiera Calvino, sino en el sentido de falta de referentes, y de contacto con la tierra, y a lo que ella obliga: la conciencia de la esencia humana y de las obligaciones y necesidad de colaboración con el prójimo y entrega a él. La criatura de Calvino acaba, pues, desapareciendo en el aire alejándose agarrada al anca de un globo, y el mismo libro termina agotado en una reflexión metaliteraria sobre el hilo de tinta que, como un ovillo, lo desarrolla y concluye.

5 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Qué buena crítica. Leí la trilogía hace tiempo y me la has recordado. Me ha interesado mucho esa visión del barón rampante no desde el distanciamento, sino desde la pérdida de referencias. Creo que ahí está la clave, la originalidad y la brillantez de la idea de Calvino.

Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, tocayo. Quizás todo estuviera mezclado en el hacer literario de Calvino, que construye un personaje, que, intencionadamente o no, refleja las contradicciones humanas. Un abrazo. Sigues siendo el más rápido del 'saloon'.

Paco Gómez Escribano dijo...

He disfrutado leyendo, como siempre, no obstante..., no sé, demasiado culto para mí quizás, que soy un poco bruto y hago otras lecturas. No obstante, quedo agradecodo por la información, José Miguel. Un abrazo.

Máster en Nubes dijo...

Me gustó la trilogía en su día (pleistoceno superior, en la universidad, un profe me la recomendó). Leerlo en italiano tiene que ser una gozada, JM, y con tu crítica veo cosas ahora que no me di ni cuenta en su tiempo, muchas gracias. Dan ganas de volver a leerlo (el vizconde demediado era también interesante, del caballero inexistente no me acuerdo nada en cambio)

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Hola, Paco. Me parece que eres injusto contigo mismo. El libro de Calvino se lee muy bien como novela, y no hay rastro de erudición (no como en mis entradas). Un abrazo.

Hola, Aurora. Ahí estoy, a ver si apruebo 4º de Italiano. Voy a empezar ahora "El caballero inexistente" para el último trimestre. Ya os contaré. Un abrazo.