MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 19 de mayo de 2017

ENVIDIAS





Descubrir la envidia en los otros, y el frecuentemente subsiguiente deseo de causarte daño gratuitamente deviene estupefaciente. La hipocresía no resulta, en este caso, "el homenaje que el vicio rinde a la virtud" (La Rochefoucauld) sino la otra cara de la moneda del descrédito hacia ti que el envidioso intenta hacer circular entre el resto de conocidos comunes, sea vecinos, amigos, o compañeros de trabajo. El resentimiento provocado por una ahogada conciencia de fracaso existencial se vuelve en una alivio venenoso, convirtiéndose en objetivo de la existencia, al marcar un enemigo a batir, fetiche cuya caída sería la ilusoria solución a los propios males, como el sueño huidizo descrito en la Ilíada.
De la estupefacción se pasa a la ira, y, luego, al asco ante ese lamentable espectáculo de indignidad humana, en la certeza de que no es cierto que se vaya con la verdad a todas partes. Esto no empece, sin embargo, la necesidad de defenderse atacando por mero interés de supervivencia y sentido de justicia natural.
Si no eres capaz de guardar una inquina parecida, sigues sintiéndote vulnerable en la medida de que sientes que la fuerza del odio, como decía André Glucksmann, es superior a la del amor.



Imagen: Victor Tkachenko

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