MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 11 de julio de 2015

UN NUEVO PROYECTO LITERARIO: LA TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL DEL 'BALDO' DE TEÓFILO FOLENGO





Tras mucha reflexión y algunos intentos fallidos en el pasado, debido a lo extenso de la tarea, he decidido afrontar un proyecto definitivo como investigador y especialista en la poesía macarrónica: la traducción al español de la obra principal del mayor representante del género Teófilo Folengo, el Baldus, poema épico-caballeresco de unos 12000 hexámetros distribuidos en 25 libros. Una vez terminada la revisión de mi tesis doctoral, "La poesía macarrónica en España" en vistas a una posible próxima publicación, afronto este trabajo como una culminación de mis estudios folenguianos, y la oportunidad de sumar a la cultura en lengua española la obra mayor del considerado figura principal del Renacimiento literario italiano tras Ariosto, añadiéndola así a las ya existentes traducciones en francés e inglés.
Me sirvo para ello del Baldus de la redacción póstuma Vigaso Cocaio (01552) de las Macarroneas folenguianas, pues es la única que ha sido objeto de ediciones críticas y traducciones completas hasta la actualidad. Aparte de la nunca suficientemente ponderada labor de Massimo Zaggia, editor de todas las macarroneas folenguianas llamadas menores (Zanitonella, Moschaea, Epigrammata) en sus cuatro redacciones (Paganini, Toscolanense, Cipadense y Vigaso Cocaio), no existe edición moderna del Baldus en ninguna de las tres primeras redacciones. Podría haber optado por el Baldus de la redacción Toscolanense (01521), la más influyente y leída en España como demostré en mi tesis, pero su complejísima historia editorial, trazada por Zaggia, unida a la falta de tiempo y aliento (no puedo olvidar nunca en este punto las palabras del gran Giorgio Bernardi Perini, que en 01977 expresaba las enormes dificultades de ser folenguista y sus exigencias en conocimientos de filología clásica, románica, italiana y dialectología), me han hecho inclinarme por el Baldus de esta redacción, basándome en el texto fijado, traducido y anotado por Mario Chiesa en 01997, sin dejar de tener en cuenta la anterior edición de Emilio Faccioli (01989), que tengo también a mano.
Empleo para la traducción el modelo de hexámetro desarrollado por el añorado Agustín García Calvo en sus traducciones de Homero y Lucrecio, con la salvedad de que yo dejo la primera sílaba del verso en anacrusis facultativa (es decir, libre de acento rítmico), y renuncio a las tiradas asonantadas en que García Calvo organizaba sus versiones. De este molde métrico me serví en mi tesis doctoral para traducir las macarroneas españolas. Reniego de las traducciones de verso en prosa, y considero, por mi propia experiencia y lo que he comprobado en traductores infinitamente mejores que yo, que resultan más literales que las prosaicas, y más aptas para transmitir el trance creativo del autor por su necesidad de condensación expresiva.
El verso es, pues, de pies métricos con seis acentos rítmicos que, por supuesto, no tienen porqué coincidir con los prosódicos. Veáse un ejemplo en el inicio del mismo Baldus (Phántasía mihí plus quám fantástica vénit / hístoriám Baldí grassís cantáre Camoénis) que traduzco como

Lá fantasía a mí me víno más que fantástica
dé la história cantár de Báldo con Músas grasiéntas

Puede resultar, a priori, desasosegador afrontar la traducción monolingüe de un metalenguaje híbrido como es el macarroneo, un fin en sí mismo que no necesita de traducciones, como se afirma en el prefacio de la redacción Vigaso Cocaio. La riqueza literaria de la obra, empero, y su estudiada influencia y trazas en la literatura española (Lazarillo de Tormes, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo) justificarían por sí solo este improbus labor al que me consacro.
En unos días ofreceré una muestra de mi trabajo, con la traducción anotada de la introducción (protasis), del poema, y la descripción del país de las Musas macarrónicas. 


Ilustración: portada de la traducción francesa del Baldo con el texto editado por Mario Chiesa.

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