MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 15 de septiembre de 2012

PINTURA EN SANTANDER


Eduardo Sanz, Hora solar

Durante mi estancia en Santander, visité dos exposiciones; la primera fue la de la Colección Sanz-Villar en el Centro de Arte Faro Cabo Mayor, y la otra la organizada por la Fundación Botín sobre el periodo cubista de la pintora santanderina María Blanchard.
El emplazamiento del faro es impresionante en el lugar más septentrional de Santander, ciudad natal del pintor Eduardo Sanz, que ha visto recogidos en el Centro de Arte que alberga este faro su colección de obras pictóricas (propias y ajenas), colecciones de objetos y documentos relacionados con el mar y los faros. Sanz es un pintor muy cotizado, y, de hecho, en la propia Santander vimos un cuadro suyo de tamaño mediano a la venta que no bajaba de los 6000 €.




Vistas de la entrada del Centro de Arte Faro Cabo Mayor, y pintado por Eduardo Sanz


Me impresionaron los cuadros de Sanz por la enigmática perfección de sus marinas y cuadros de faros, con una maravillosa gradación de tonos, y una riqueza cromática espectacular lograda en muchos casos con el acrílico. Es un mudo cerrado que aspira a la perfección, a través de la reproducción minuciosa que parte de una imagen fotográfica previa. Luz congelada al borde de una revelación huidiza.


Eduardo Sanz, El faro Cabo Mayor.

Y los faros como una obsesión infantil, que llevó al pintor a recorrer toda España, conociendo y pintando sus faros y fareros, añorados quizás como heraldos silenciosos de un mundo antiguo de héroes venidos del mar, de noches oscuras de la paciencia, de alboradas prístinas del paraíso... de la regularidad constante de la luz, del paradigma de lo geométrico encarnado en los perfiles cortantes de una naturaleza que enmarca una bella ciudad de formas reposadas, regulares, amables, pero, con todo, firmes.
Geometría y obstinación. Podrían quizás ser las divisas de la vida de María Blanchard, mujer marcada por su físico desgraciado y su obsesión por el arte, por esa transformación de la realidad entendida como formas geométricamente tortuosas que le ofrecía el cubismo, al que se consacró con pasión, manifestada también en un magistral uso de color.


Cuadro de María Blanchard de la exposición de Santander dedicada a su época cubista


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