MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 18 de junio de 2010

LA ÚLTIMA CIMA


Ayer fui a ver el documental La última cima, centrado en la vida del sacerdote Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, muerto recientemente a los 42 años mientras practicaba la escalada. A través, básicamente, del testimonio de personas que lo conocieron, se traza el retrato de un hombre relativamente joven, un cura con carisma y alegría -algo en lo que se insiste a lo largo de la película-, intelectual y al mismo tiempo sencillo, entregado a los demás, hijo de su tiempo, y dotado de un poder de convicción arrollador, que desplegaba en una actividad frenética.
El contenido, evidentemente hagiográfico (el joven cura había despertado las esperanzas de los obispos españoles, y parecía llamado para altos designios), es presentado por el propio director del documental, que aparece varias ocasiones en pantalla, en un marco de desafío hacia el entorno mediático dominante, que sólo ofrece una visión negativa del sacerdocio. Ese tono "contestario" se traduce en un ritmo trepidante y un montaje caleidoscópico, que a veces me parece abusar de la aceleración de imágenes y de una música inadecuada. Quizás el mayor defecto, en mi opinión, del documental es que no se deje tomar más la palabra al propio protagonista, quien lo hace fragmentariamente, aunque, claro está, esto iría en contra de un montaje más vistoso.
Digo esto último, porque es cuando se puede ver hablar o escuchar al cura Pablo que la película te sacude con más autenticidad. En El acercamiento a Almotásim, Borges trazaba la historia de un joven que busca al sabio Almotásim, y va encontrado en su camino a hombres que lo conocieron, y en los que ha quedado una huella de la grandeza y la luz del sabio. A mí no ha dejado de estremecerme por dentro la voz de este cura, que decía con una intensidad nueva cosas tan antiguas, y que deberían ser tan evidentes. La fuerza del amor, la necesidad de buscar sentido a la vida en su cotidianeidad, la conciencia de lo pasajero, y el afán de alegría ante esa puerta que se llama muerte.
Yo, que soy de una fe tibia, me puse a pensar en la inmensa suerte de las personas que pudieron tratar con este hombre, y compartir su gracia, aunque también entendí que este camino no puede iniciarse sino desde uno mismo, y, que, como los niños pequeños, hay que atreverse a caer para empezar a andar.
Gracias, Pablo.

10 comentarios:

danicurri dijo...

no he visto la peli, pero el cura fallecido parece el típico cura afable, bondadoso y sincero que tanta rabia y sarpullidos les produce a los anticatólicos, esos que se creen poseedores únicos de esas cualidades.

Aurora Pimentel dijo...

Quiero ir a verla, JM, voy a acercarme un día de estos, gracias por la crítica, me hago ya una buena idea.

Paco Gómez Escribano dijo...

Una vez más, se demuestra que la vida es cruel. Y que debemos dar gracias por cada día que vivimos, aunque a veces nos cueste transitar por la existencia. Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios, amigos. Recomiendo la película, a pesar de sus posibles defectos, pues nos sitúa ante una personalidad avasalladora, alguien que se sentía más cerca de Dios.
Un abrazo.

Grandolina dijo...

Hola José Miguel!

Muy completa la crítica que has hecho sobre la película. Estoy esperando ansiosa que la proyecten en mi ciudad. Me he pasado por la web para hacer una petición.

Los católicos necesitamos muchos testimonios como este.

Un beso.

Alejandro dijo...

No conocía esta historia.
A mí me parece magnífico que alguien cuente su vida en una película... que ya está bien de hablar sólo de los casos contados de sacerdotes que descarriaron sus pasos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, amiga Grandolina, por tus palabras, y muchas gracias también por lo de S. Pedro de Cardeña.
Eres muy buena.
Un beso.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Como dices, Alejandro, la iniciativa no deja de ser interesante y atrevida en este páramo en que vivimos.
Un abrazo.

ferabt dijo...

Gracias por la crítica Josemiguel. Todavía no la he visto a pesar de haber tenido la suerte de ver a su director, aquí en Bilbao, en las últimas jornadas de la ACdP.

La verdad es que el director posee una capacidda bárbara para transmitir frente a la cámara y, por lo que veo, tras ella. Sorprende la manera en que relata cómo le pusieron en contacto con el cura y la renuencia que mostraba al acercamiento. Una vez producido el encuentro el resto de los acontecimientos se suceden en tromba y con una frescura muy poco habitual.

Estoy deseando ir a verla. Un abrazo

Juan Pablo López dijo...

No puedo estar más de acuerdo con tu artículo estimado José Miguel.

Un abrazo,
JPLT