MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

lunes, 8 de febrero de 2010

TERRORES (II): STEPHEN KING O EL APOCALIPSIS BANAL


El verano pasado, en casa de un amigo en Bilbao, estuve hojeando algunas obras de Stephen King. Las novelas no eran de mi amigo, sino de su mujer. Le pregunté a ella cuál era su favorita y me dijo que Cell. Empecé a leerla, y la verdad es que me enganchó. Al volver a Cádiz, me saqué el carnet de la biblioteca provincial para tomar en préstamo dicha novela y terminarla. Nunca había leído nada de King, sólo había visto sus adaptaciones televisivas o fílmicas (Carrie).
La obra está dedicada a George A. Romero, lo cual tiene su explicación. La humanidad es víctima de una epidemia de locura asesina que se propaga a través de los móviles, y convierte a los afectados, los "chiflados telefónicos" en una especie de zombis que matan a todos los normales que encuentran a su paso. Los supervivientes intentan huir a zonas sin cobertura donde no hallarán a esos mutantes. La trama se complica, pues estos seres se agrupan en "rebaños" que duermen de día, y se vuelven menos violentos. A cambio, desarrollan un poder telepático que atrae a los humanos normales con fines que se irán desvelando poco a poco.
Es innegable el arte de King. En una entrevista que leí hace unos años, se le pedía si podía improvisar una historia de miedo. Comenzó a hablar del hueco de una escalera, y aquello realmente impresionaba. Sólo he leído una novela suya, y quizás mi juicio sea precipitado, pero tengo la impresión de que hay algo que definitivamente "falta" en su obra, ese "no sé qué" que echaban en falta en la poesía neoclásica.
Cell se lee a un ritmo trepidante, y cautivador. Y sí, ciertamente da miedo. Lo que no hay lugar es a la imaginación y la reflexión por parte del lector. No se le ocurre a uno dejar un momento la lectura, y enfrascarse en pensamientos relacionados con lo que ha leído, o en paralelos con la propia vida. El artificio está muy bien construido, demasiado quizás. Se tiene la impresión de estar leyendo un guión cinematográfico donde se ha eliminado todo tipo de carga estilística, pensando en la acción pura y en la imagen impactante. Se hacen toda clase de guiños a la actual cultura tecnológica (moviles, ordenadores, virus, gusanos, incluso no falta el típico niño experto en informática que encuentra la clave de lo ocurrido en el cerebro de los "telefónicos"), y a la de los tebeos (el protagonista principal es un dibujante de cómics que recrea lo ocurrido a través de imágenes), lo cual no estaría mal si se combinara con otras referencias culturales. Es una carrera sin aliento, que deja una cierta sensación de vacío al final, cuando se superan las emociones de susto y angustia. Un apocalipsis banal, tras el que no hay nada de la complejidad de la vida transmutada o resuelta en literatura. Nada es lo que se otea a ambos lados de las carreteras surcadas por zombis y refugiados, nada lo que se adivina tras los desolados decorados urbanos que atraviesan los protagonistas, demasiado ocupados en ocultarnos su propia convencionalidad tras la tiranía del miedo.

1 comentario:

Paco Gómez Escribano dijo...

Yo sí he leído a King bastante, sobre todo cuando era más joven. Y me gustó mucho, es como dices, trepidante, la trama te cautiva y no puedes dejar de leer.
Un abrazo.