MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 21 de agosto de 2016

FIRE ISLAND




He conocido dos referencias literarias en la literatura a  Fire Island, la famosa isla neoyorquina, conocida como bastión veraniego de la comunidad gay se dice que desde los años 60 del siglo XX. Sin embargo, en Tristes Tropiques de Claude Lévi-Strauss (01957), remontándose a sus recuerdos de finales de los años 30, ilustra ya este carácter. El sabio francés habla del "absurdo geográfico siniestro" que supone la isla, "flecha de arena desprovista de vegetación que se extiende a lo largo de Long Island", enfrentada a un violento mar, y a la que llama "Venecia al revés", dada la inestabilidad del terreno, que obligaba a sus habitantes a usar una red de pasarelas de madera formando una carretera sobre pilares. Señalaba, Lévi-Strauss que estaba habitada por parejas masculinas "atraídas quizás por la inversión general de todos los términos", cuyo única fuente de habituallamiento era el colmado situado al pie del embarcadero, en el que llenaban sus carritos de niño, único vehículo que podía superar la estrechez de las vías, llenos de las botellas de leche del fin de semana "que ningún bebé beberá".
50 años después, Fire Island se convierte en uno de los escenarios principales de The dancer from the dance, famosa novela de Andrew Holleran publicada en 01978, traducida espléndidamente al español tres años después por Antonio Samons con el título de "El danzarín y la danza" para Argos Vergara. Como se ha señalado en una reciente entrevista, fue la primera vez en que personajes gays interactúan dentro de una comunidad gay más amplia desde Jean Genet, en unos felices tiempos preSIDA. Al comienzo de dicha novela, uno de los personajes rememora en la isla en otoño, de la que una tormenta ha barrido su apariencia veraniega, las fiestas celebradas en bungalows y en mansiones con piscina, y el bosquecillo donde se ejercía el amor de media tarde, especie de paraíso barrido poco después por la terrible plaga. Para mi experiencia de lector adolescente, me resultaba inusitada tanto la temática homosexual como el vocabulario contemporáneo, pues no había leído hasta entonces novelas ambientadas en la actualidad. La modélica traducción de Samons proponía así traducciones como "programador de discos" para el término disc-jockey, que no ha prevalecido frente a otros como el castizo "pinchadiscos" o el ininteligente actual "dj" (diyi), que aparecía recurrentemente en las descripciones de las fiestas de los protagonistas, víctimas de "los pecados de ojos", a decir de uno de los personajes, lector de san Agustín.






Imagen 1: Andy Warhol, Fiesta en Fire Island, 01982, vía Art Blart.
Imagen 2: Tom Chianti, Fire Island Pines. Polaroids 1975-1983, via Feuilleton blog.

The Temptations, Law of the land; Barrabas, Woman; Patti Jo, Make me believe in you.

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