MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 23 de febrero de 2013

TOCADISCOS


El tocadiscos es un objeto de inevitable nostalgia. Hace poco vi uno en casa de un familiar, quien lo había comprado en una tienda de lance. Durante décadas este tipo de reproductor de música mantuvo su modus operandi de brazo manejado a mano y aguja, unido al inseparable vinilo de 45 o 33 revoluciones. No es la ocasión de cantar la loa de dicho ingenio, frente al aséptico CD. Es cierto, no obstante, que las nuevas tecnologías llaman como trompetas de Jericó a las puertas de las antiguas, en un acoso y derribo implacable. Así, me encuentro a veces mirando con cierta preocupación al viejo radiocasette con reproductor CD incorporado, y me pregunto cuánto tiempo me permitirá seguir escuchando las viejas cintas de casette que amontono en un cajón como enigmas forzosos de la mudez. Incluso el CD parecería en peligro ante el empuje digamos metafísico de Internet, vía descargas y el ilimitado Youtube. Aunque alguna discográfica especializada en la llamada música clásica comienza a vender en forma de pen-drive, como un último intento voluntarioso de mantener la música, la más abstracta de las artes, atada a la fisicidad de un soporte.
El tocadiscos, pues, aparece ligado a una época de certidumbres y ritos mecánicos, en los que uno debía tener una mínima pericia para manejarse con los discos y la aguja, y escuchar con cierta ansiedad y a veces ternura los chasquidos de los viejos vinilos, y, en ocasiones, se enfurecía ante los discos rayados, tornillo de Arquímedes de lo irreparable.

2 comentarios:

RETABLO dijo...

El miedo a romper la aguja era, verdaderamente, tremendo. Debían de ser muy caras.

Saludos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

A mi me resultaba particularmente temible la rayadura en los discos.
Cordiales saludos.