MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 28 de diciembre de 2012

SE VA 2012


Termina, sí, este año tan señalado por eventos fallidos, tanto a nivel local como nacional. La conmemoración del bicentenario de la promulgación de la primera Constitución de la nación, que se pretendía ocasión de realización de grandes obras públicas en la ciudad y su consiguiente relanzamiento económico, ha quedado arrasada por el maremoto de la crisis económica. Han acudido a la ciudad, ciertamente, el rey y altos políticos, que son responsables últimos, por otra parte, de la partitocracia corrupta que nos gobierna, y que nos está conduciendo a una crisis institucional inaudita, de la que la económica no es, en gran parte, que una consecuencia.
En cuanto a mi persona, no ha sido un mal año; en lo profesional he obtenido más bien satisfacciones por el trabajo realizado, y el hecho de buscar una profundización especializada en la propia formación en cierto modo es una manera de mantenerse joven, y no anquilosarse, aunque este decurso se ha visto también ensombrecido por la pérdida de poder adquisitivo que han conllevado los recortes de sueldos y pagas extras, tanto más irritantes cuanto más se tiene conciencia de que la casta política, atenta sobre todo a sus propios intereses y recelosa del cuerpo funcionarial y de su principio de mérito, se desentiende de la degradación de la enseñanza, y cuanto más se sabe que estos sacrificios no sirven para nada si no van acompañados de una reforma del estado que los partidos estatales, que viven a cuenta del erario público y del corrupto sistema proporcional que los alimenta en detrimento de un verdadero sistema representativo de los ciudadanos por pequeño distrito uninominal  y a doble vuelta, son los últimos interesados en afrontar. Es, asimismo, un amargo trance ver cómo el paro se extiende en redor, afectando incluso a la propia familia. Empresas que se han visto favorecidas por la Administración organizan EREs indiscriminados, sin que tengan que rendir cuenta de las ayudas recibidas. El problema no es tanto el despido, sino la extrema dificultad para estas personas de encontrar trabajo a corto, e incluso, a medio plazo, y que el pago de sus subsidios de desempleo acaba recayendo sobre el peso de los contribuyentes, Atlas ya agobiados por el coste del despilfarro de la corrupción y la incompetencia de la casta política. El empleo debería, pues, ser un bien público a proteger, al menos en el caso de cierto tipo de empresas.
En lo que toca a lo artístico, uno sigue considerándolo inseparable de los caminos y brezales donde nos interna la vida, que deben recorrerse con los ojos muy abiertos, atento a empaparse de todo lo que la existencia nos ofrece, valorando la amistad y la sinceridad desinteresada, y apartando de sí a los soberbios que, anquilosados, son como los árboles sangrantes del infierno dantesco.
Las cuestiones de la memoria me han acuciado con más fuerza si cabe en estos recientes meses. Se dice que las células de nuestro cuerpo se renuevan en su casi total integridad cada siete años, y entonces uno se obsesiona con el río heraclitiano y el es cansado de Quevedo, y piensa que la memoria es la única lasca de nuestra identidad evanescente y efímera, a la que nos aferramos con todo desesperadamente, y que constituye, pues, la verdadera esencia de la cultura y la civilización: la preservación de la memoria, hasta de la más nimia.
Este culto a la memoria lleva implícito la veneración a los que nos preceden. En mi caso particular, mis referentes intelectuales son ahora octogenarios, como mi querido Giorgio Bernardi Perini, con su pasión insobornable al poliédrico mundo folenguiano, el maestro Agustín Garcia Calvo, cuya reciente pérdida ha sido particularmente dolorosa, y el infatigable Antonio García-Trevijano, redescubierto este año por mi, y que ha supuesto para mi una verdadera conmoción intelectual. Como homenaje a este hombre de coherencia ajena a este tiempo, dejo una grabación de una conferencia-coloquio suyo, donde se tratan gran parte de sus inquietudes y núcleos argumentales: la Transición, la fallida ruptura con el franquismo, la partitocracia, y su corrupción que conlleva la de la monarquía, clave de bóveda del sistema, su propuesta de una República constitucional basada en una democracia formal que asegure una efectiva separación de poderes y un sistema político auténticamente representativo, la polémica guineana, etc.
Feliz y Próspero Año Nuevo, queridos amigos, aunque, al tenor de la expresión de una cabaretera alemana en una película bélica ("disfruten de la guerra mientras puedan, amigos, la paz será mucho peor"), me temo que lo peor siempre está por llegar.



sábado, 22 de diciembre de 2012

CIUDAD DE PIEDRAS Y SANTOS (II)

Ávila es una ciudad marcada por la huella de dos santos como Teresa de Ávila, y Juan de la Cruz.


El monasterio de La Encarnación fue residencia de la santa durante 27 años, y allí inició su reforma de la orden carmelita, y tuvo a san Juan de la Cruz como capellán.



El monasterio-museo en la actualidad, se abre a un patio que trae al recuerdo las siete moradas del Castillo interior de la santa.


La comunidad está formada por un pequeño grupo de monjas, en su mayoría abulense, que viven separadas de las dependencias del museo. En éste pueden contemplarse imágenes como la del Cristo de la columna, objeto de una de las visiones de la santa y realizada por deseo suyo, y representaciones suyas casi contemporáneas.




El museo reproduce también una de las celdas anteriores a la reforma teresiana; éstas, dotadas incluso de cocina, albergaba a las novicias, que llegaban al convento acompañadas incluso de sus criadas. Esto fue cambiado por la reformadora; de manera contigua, puede contemplarse, de manera aparentemente paradójica, una panoplia de instrumentos musicales, muy amados de la santa.




El "sólo Dios basta" de Teresa de Ávila parece sobrevolar la visita de estos restos de un pasado de piedra y madera impregnada de lo inexpresable. Choca mucho, pues, ver la sillita que usaba Juan de Yepes para confesar,  lo que da idea de la menudez y la fragilidad física de ese poeta extraordinario; no resulta menos sorprendente contemplar el sagrario decorado por el propio santo, esa figura ingenua del crucificado, pero al mismo tiempo magníficamente perfilada, como su poesía, que luce naturalmente frente al leño que usaba santa Teresa como almohada.





Con el corazón un tanto encogido por esos monumentos o testimonios en su sentido más etimológico de una fe y unas vidas que se rodearon de una materia sobria y desnuda, salí al exterior del monasterio, y ante la vista otoñal y rojiza de la Ávila belmurallada, bastión de lo inefable.



viernes, 14 de diciembre de 2012

"TERREDAD" DE EUGENIO MONTEJO


Nunca he querido creer que el leer libros de poesía sea igual que la lectura del resto de géneros literarios; leo, pues, poesía esperando encontrar un ritmo (valga la redundancia), y unas revelaciones distintos a los de la prosa en sus más variadas formas. Finalmente, me quedo siempre con el ansia de estructura, y coherencia en la construcción del libro como obra de arte, según lo definía Ortega y Gasset. Consecuentemente, esa unidad creativa y programática que aprecio tanto en los poemarios, y que los haga erigirse como bastiones irreductibles ante los inevitables envites antólogos, la he buscado en mi lectura de Terredad del poeta venezolano Eugenio Montejo (1938-2008).
Señala Rafael Cadenas en su prólogo para la edición de Terredad (originariamente publicado en 1978) de la Biblioteca Sibila de Poesía en Español, Fundación BBVA, 2008 (que puede considerarse como definitiva), que ya esta misma palabra otorga "un carácter definitorio" a toda su poesía, y que en este mismo feliz neologismo el poeta, según palabras del mismo, quería "nombrar la condición tan extraña del hombre en la tierra, de saberse aquí entre dos nadas, la que nos precede y la que nos sigue".
El poemario, pues, consta de 50 poemas sin divisiones ulteriores, por lo que parece que el concepto de terredad es un leit-motiv que atraviesa las composiciones; no obstante, el primer poema, En el bosque, tiene, en mi opinión, un carácter programático respecto a esta condición "extraña" y, por tanto, en gran medida, desvalida del "hombre en la tierra" (En el bosque, donde es pecado hablar, pasearse, / no poseer raíz, no tener ramas, / ¿qué puede hacer un hombre?): el pecado, asociado a la expulsión del Paraíso terrenal, es extendido aquí por el poeta al paraíso terrenal idealizado del ecologismo moderno, que hace del hombre un nuevo precito dantesco, y al que sólo le cabe la humildad para ser aceptado en el seno de esta naturaleza a la que ha conseguido hacerse ajena, según los postulados rousseaunianos que impregnan esta concepción de la natura (En el bosque, quien no ha logrado ser un árbol, / sólo puede llegar de parte del otoño / a pedir unas hojas; / mejor si lleva harapos de mendigo, / algún morral raído, un palo, un perro / y ninguna esperanza. Verá cómo lo trata el viento, / cómo su ofrenda le llenará las manos. [p.19]).
A pesar de todo, la tierra nos acoge (La tierra es el único planeta / que prefiere los hombres a los ángeles [p.21]), y nos guía en nuestro viaje con sus criaturas (no ha habido nunca sino pájaros, / el canto de los pájaros / que nos trae y nos lleva.[p.20]). Ese sentimiento abarcador de amor universal que el poeta atribuye a la tierra se evidencia en una especie de transmorfismo en las cosas, tanto las artificiales, a las que justifica en su fragilidad (La mesa, p. 32), como las naturales, caso de las montañas que "son trajes de bodas antiguos pero intactos / [...] / y hasta sonríen / [...] / serenísimas madres" (p. 33). A este poder de la naturaleza el poeta opone la inanidad artificiosa del transformismo cultural de raigambre ovidiana en su poema Cuando mi estatua despierte (No hablará, no dará ni el más leve respiro / mientras sigan en torno los cantos / y tal vez cuando callen se habrá vuelto a dormir, / sin darse cuenta, / debajo del musgo solitario [p.43]), asi como del arte en general en Madonas (Busco en la calle otras madonas vivas, / otras Italias / [...] / la belleza más pura es existir, / estar aquí en la tierra con el sol en las manos, / el sueño es un color más inmortal / pero no basta. [p.49]). La vida, que para el poeta es más importante que la vida, nos lleva, y nos hará renacer en alguna forma de materia, por lo cual todo epitafio debe ser provisorio (No me despido en una piedra / ilegible a la sombra del musgo, / voy a nacer en otra parte [p.58]), y bajo la forma de terredad justifica y da sentido a todo lo existente, como en La terredad de un pájaro (La terredad de un pájaro es su canto, / [...] / Desde que nace nada ya lo aparta / de su deber terrestre; / trabaja al sol, procrea, busca sus migas / y es sólo su voz lo que defiende, / porque en el tiempo no es un pájaro / sino un rayo en la noche de su especie, / una persecución sin tregua de la vida / para que el canto permanezca. [p.59]).


viernes, 7 de diciembre de 2012

JOHN FOXX


Gracias a Youtube he podido recuperar una música que me encandiló en mi adolescencia. En 1983 en el programa La Edad de Oro actuó John Foxx, fundador de Ultravox, que había iniciado una carrera en solitario tres años atras, con los discos Metamatic, The Garden y The Golden Section. A mis 17 años la actuación me pareció memorable; luego, le perdí la pista al músico, al tiempo que desaparecían para siempre de la televisión programas como el citado, y la mediocridad se iba volviendo asfixiante, aunque nunca pudiera creer que se llegara a los niveles de lo que pasa ahora.
Gracias a dicho sitio, he vuelto a escuchar esas maravillosas canciones.



John Foxx, hombre de angulosa e inquietante belleza, encajaba perfectamente en los moldes estético-musicales de la época. Desengañado de la escena musical de finales de los 80 y de su pop estereotipado se retiró del mundillo musical, volcándose en su primera faceta de artista gráfico (realizó, entre otras cosas, portadas para obras de autores como Salman Rushdie o Anthony Burgess bajo su nombre auténtico, Dennis Leigh), y como dice él en alguna de sus entrevistas posteriores, "vagando por Londres como un fantasma",  en busca de realinearse como artista en el silencio y el anonimato.
Es este aspecto de su biografía posterior el que me ha interesado más en este artista polivalente, pues demuestra su verdadera y arraigada naturaleza artística, frente a otros muchos músicos de aquella época que, o bien han desaparecido, o reaparecen patéticamente como una sombra envejecida y satisfecha de sí mismos. Ciertamente, la alegría que sobreviene tras un periodo de este tipo, si tiene un desenlace feliz para el artista, no puede ser comprendida por los soberbios, que en su rigidez, la sienten como una amenaza para sus estereotipos. Foxx retomó su faceta de creador musical a finales de los 90, sea en colaboración con otros músicos, sea en solitario con proyectos de música instrumental como Cathedral Oceans, inspirado en su experiencia musical de niño como cantor en un coro de iglesia, donde percibió la unión entre música y arquitectura como espacio de reverberaciones únicas (en ese aspecto, Foxx señala la influencia que ha tenido en él La Sagrada Familia de Gaudí, y su integración de aparentemente imposibles armonías -el músico visitó España en 1966 a los 17 años [curiosamente, el año de mi nacimiento, y la edad de mi conocimiento de su música]), y en cuyo proyecto ha desplegado también su faceta de creador plástico.



Otras influencias señaladas por él mismo son el surrealismo de Ernst, De Chirico y Magritte, que le ayudaron a soñar en el gris y agobiante ambiente de su norte de Inglaterra, J. G. Ballard, Iain Sinclair, el Canto Gregoriano, Bach, Satie (ejemplo para él de minimalismo intimista, romántico e imperfecto), Stockhausen, y la música electrónica contemporánea. Asimismo, su interés por el cine no convencional se materializó en su disco Tiny colour movies, compuesto de una serie de piezas instrumentales inspiradas en una serie de breves cortometrajes de muy variada procedencia que tuvo oportunidad de contemplar en 2006.



En los últimos años, el artista combina su trabajo como profesor en el London College of Music and Media TVU, con su trabajo artístico y musical con su nuevo grupo The Maths, (integrado por músicos que desarrollan una propia carrera en solitario, como la encantadora Hannah Peel y Serafina Steer, multinstrumentistas, cantantes, y compositoras, así como por el músico y productor Benge) con el que parece haber vuelto a inspirarse en el pop electrónico analógico de su disco Metamatic, que considera como sus raíces musicales.










Un artista, pues de muy amplios intereses (en los que está incluida la escritura, como indica su libro The Quiet Man), y que demuestra que la modernidad y la vanguardia no están reñidas con la evolución personal, y física. Foxx habla, en este sentido, de su young self como algo ya que, en la distancia de la edad, puede ver como algo ajeno, en ese mundo gris de las ciudades, plagado de fantasmas eléctricos, que sirve de marco a las historias humanas que siempre le han interesado.


sábado, 1 de diciembre de 2012

DE NOCHE TODOS LOS GATOS SON LITERARIOS



Anoche acudí en el musicafé El pelícano en Cádiz a la presentación del número 2 de la revista literaria y cultural El Ático de los Gatos, dirigida por Rosario Troncoso. Ella había invitado a antiguos y nuevos colaboradores (entre los que tendré el honor de contarme) a participar leyendo algún poema sobre gatos. El acto contó, además de con lecturas de poesía, con actuaciones musicales y monólogos teatrales. Se desarrolló una gran empatía entre público e intervinientes en el evento, que contó con momentos de arte bien medido, alborozo y risas. A mí no me gustan los gatos, como dije allí; yo prefiero la fidelidad inmediata e incondicional de los perros a la vidriosa complejidad de aquéllos; el perro es un animal que se presta más a la metáfora de lo humano, tal como expresaba Miguel de Unamuno en su Elegía en la muerte de un perro, que tiene esa ansia oscura de ser hombre, que desconoce el lobo. Escribí, no obstante, un poema de urgencia sobre un gato auténtico, que vivía hacía mucho tiempo en una parada de autobús del Campo del Sur, y que se murió hace poco ya de viejo. La gente le dejaba comida, a despecho de las ordenanzas municipales, y formaba parte de ese paisaje urbano, que sólo angustia cuando cambia. Pude fotografiarlo poco antes de su desaparición, y aquí está el poema que leí en su memoria:



                PARADA
Ese gato no espera en la parada,
esfinge mañanera que no aguarda respuestas.
Los viajeros casi lo rozan en su indiferencia correspondida.
Es un animal viejo, de pelo marchito, y ojos fruncidos.
Su pelambre está como quemada, a parches rojizos y grises,
mapa de oblicua lectura,
oráculo periclitado que obtiene ofrendas anónimas de agua y comida.
Y nada parece afectarle:
su marmórea presencia expide salvoconductos a las ampulosas palomas,
y oscuras diatribas a los autobuses atribulados.
Mañana no estará, pues habrá muerto.
En cambio, gatunísimo de mí,
emprendo aquí,
cada mañana,
mi viaje recurrente hacia la nada.