MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 8 de marzo de 2014

ISOONTOLOGÍA BORGIANA (I)




Hay, en mi opinión, un leit-motiv de carácter ontológico que atraviesa (o "fatiga", si estuviéramos escribiendo al modo borgiano) sus libros de cuentos desde Ficciones, y que constituye la clave de no pocos de sus argumentos. Este postulado tiene su primer enunciado claro al final de Pierre Menard, autor del Quijote: "Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será." (p. 117) Esta especie de comunismo ontológico utopizante está en la base de la extravagante idea de que un modernista francés reescriba, palabra por palabra, el Quijote, y que, incluso, lo supere.
Esta presunción existencial se plasma de manera feliz en el terreno de lo metafórico por la imagen del espejo, que había hecho una primera aparición en el primer relato del libro, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, como inquietante y monstruoso amplificador del número de los hombres (p. 91).
El que esta, digamos, isoontología determine los argumentos de los relatos borgianos puede comprobarse ya en Las ruinas circulares, donde el propósito -"no imposible, aunque sí sobrenatural" (p. 119) del anónimo soñador es soñar un hombre íntegro, e imponerlo a la realidad, como la imagen incesante y generosamente producida por los espejos. El espejo, así, "que fielmente duplica las apariencias" (p. 137) forma parte de la descripción que traza Borges del universo-biblioteca en La Biblioteca de Babel, donde estas "superficies bruñidas figuran y prometen el infinito" (ib.) -a partir de este cuento surge también como vehículo metafórico secundario de fuente de lo infinito el objeto material del libro (v. El jardín de senderos que se bifurcan: "yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito" [p. 153]), que tendrá su más proficua plasmación postrera en el Libro de Arena-. Pero es, sobre todo, en El inmortal que la tesis formulada en Pierre Menard es desarrollada. Antes, empero, había reaparecido en Funes el memorioso: "tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo" (p. 168), y en La formde la espada: "Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres" (p. 174), que permite entender, asimismo, la transmutabilidad en ambas direcciones del traidor y del héroe, revelando también una inspiración schopenhaueriana (citado, por otra parte, en tres ocasiones en los cuentos, pp. 134, 174 y 407): "Acaso Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres, Shakespeare es de algún modo el miserable John Vincent Moon" (ib.) -es curioso como el dramaturgo inglés es nuevamente utilizado en La secta del Fénix para ilustrar esta idea: "lo innegable es que se parecen, como el infinito Shakespeare de Hazlitt, a todos los hombres del mundo" (p. 211), y más lo será comprobar que es la memoria de Shakespeare el elemento desintegrador de los postulados isooontológicos en la producción final borgiana-.
En El inmortal juega Borges con la idea de la eternidad, ya utilizada en El milagro secreto, para sustentar su planteamiento filosófico. Ésta, en su infinita inexorabilidad, será la que permitirá que cualquier hombre haga cualquier cosa siendo todos los hombres: "Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy" (p. 234); "Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve seré todos: estaré muerto" (p. 237).

Todas las citas proceden de la edición de Debolsillo, 2013.

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