MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 25 de octubre de 2011

ESTAMPAS SEVILLANAS (III)

Maravillosa ciudad cerrada, así llamaba Octavio Paz a París. Sevilla tampoco libera fácilmente sus secretos; lo cerrado de Sevilla se traduce en espesas persianas que parecen estar esperando siempre la primavera de lo concreto, para entreabrirse sin mostrar más que penumbra. Lo oculto de la ciudad está, al tiempo, paradójicamente abierto, pero impenetrable, como el fulgor momentáneo de un espejismo.

Ése fue el decorado de mis años de estudiante, período en el que me ahogaban los sentimientos depresivos, y los problemas sentimentales. En aquella época la estupidez llamaba constantemente a mi puerta (y no es que ahora haya dejado de hacerlo), y no levantaba cabeza. Escribía alguna poesía (muy mala), y me aferraba cual galeote en mi cuarto a volcarme sobre el estudio, aunque me resultaba muy difícil concentrarme (bajaron mis calificaciones). Me acompañaba la música de Wim Mertens, Bauhaus, Marc Almond... no precisamente la alegría de la huerta. Es curiosa la memoria (que estoy cada vez más convencido que es la esencia del hombre), que asume incluso con nostalgia los malos recuerdos; quizás ellos también tuvieron sentido, y superar aquel abismo, aunque me costara años, me ha llevado a lo que soy ahora (que no es lo ideal -aunque ni siquiera sé especificar esto; la insatisfacción es inseparable de lo humano-, pero que podría haber sido peor, si hubiera tomado más decisiones equivocadas). Sevilla, pues, será siempre para mí un anhelo, algo inalcanzable, un enigma impenetrable en el que flotan sin respuesta mis desgarros y dilemas de juventud, todavía deseosos de obtener la paz en el fallido intento de que la belleza esquiva y dura de aquella ciudad los absorbiera compasivamente; anhelos muertos, sí, pero que me llaman aún desde las cicatrices sinuosas de la memoria.






2 comentarios:

la rubia de la bici dijo...

Que pena leerte ésto... tendrás que volver y buscar tu otra cara en la misma Sevilla, descubrirás que hay más luz que penumbra de persianas y que, en cualquier lado que te pares a escuchar, oirás risas.
Besos de una sevillana.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tienes razón sin duda en lo que dices, y me encanta ir a Sevilla, es una ciudad que amo profundamente. En mi entrada hago referencia a mis sentimientos de veiteañero un tanto descolocado, sentimientos que reencuentro cada vez que visito esos bellos rincones que para mí aún conservan su misterio y su encanto.
Besos también para ti.