MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 10 de marzo de 2017

PREMIOS LITERARIOS





Por consejo del editor de mi primer libro, me presenté a un certamen literario, que contaba con un premio en metálico y la publicación del original por una prestigiosa editorial. En las bases se anunciaba que el plazo de presentación terminaba el 30 de diciembre, y que el fallo del jurado se haría público sobre marzo del año en curso. A fines de febrero se hace público que el jurado ha elegido 5 finalistas, cuyas fotos aparecen en la página web de la editorial, pues se tratan todos de autores ya reconocidos. En dicha web, además, se resalta el hecho de que se han presentado más de ochocientos originales de cerca de 40 países. En ese momento comencé a hacer unos cálculos: suponiendo que cada finalista haya sido propuesto por un miembro del jurado, sobre cuya composición y número la opacidad es absoluta, resulta que en 50 días cada miembro del jurado debería haber leído 169 originales, lo que equivale a leer una media de 3,38 obras diarias de 100 páginas mínimo cada una según las bases, lo que vienen a redundar en 338 páginas diarias, lo cual resultaría muy arduo, a pesar de que la dedicación fuera absoluta. Tal fatiga podría justificar el hecho de que el jurado se va a dar casi el mismo tiempo para decidir entre esas cinco obras, que entre las ochocientas y pico anteriores.
Uno podría reflexionar, asimismo, sobre el hecho de que entre casi un millar de obras no haya un solo autor o autora novel mejicano, colombiano, chileno, o incluso español cuya calidad mereciera compararse a la de dichos finalistas con obra ya consagrada. Ya es mala suerte, o índice de decadencia cultural.
Alguien, empero, quizás poco escrupuloso, podría tal vez preguntarse si lo que se estaba buscando era una operación de imagen para conseguir ventas, anunciando previamente al fallo final a unos finalistas ya conocidos en el medio literario, cuya identidad era en todo momento evidente para el -eso sí- ignoto jurado, ya que no se podía usar pseudónimo.
Como a todos nos han enseñado, en fin, que hay que evitar los malos pensamientos, y que no hay que tener mal perder, concluyo que no merece la pena presentarse a premios literarios que exigen que se mantenga la propia obra inédita de modo indefinido, mientras que los ganadores son autores ya publicados. Es una manera poco digna de construir la historia de la literatura.




Imagen: Selcuk Demirel

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