MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 11 de abril de 2015

LEONARDO PADURA EN TOULOUSE





El pasado 20 de marzo, en el marco de la vigesimo séptima edición del Festival CINÉLATINO, el escritor cubano Leonardo Padura ofreció una conferencia en la librería Terra Nova de Toulouse para presentar la traducción francesa de su última novela, Hérétiques (2014), en la que aparece su alter ego, el ex detective Mario Conde, convertido ahora en marchante de libros antiguos, y que se sitúa tras la pista de un cuadro de Rembrandt, desaparecido en la Habana en 1939, lo que le permite ofrecer un fresco verista de la Amsterdam del siglo XVII.
He de confesar que Leonardo Padura me resultaba una figura literaria desconocida, hasta que gracias a una profesora francesa de español que trabajó un año en mi instituto, me pidió ayuda para corregir ciertas expresiones del texto que redactaba para preparar su oposición de Agrégé, y que versaba sobre Padura. El retrato paduresco de Cuba resulta, ciertamente, atrayente y cautivador sobremanera, y esta compañera me regaló un libro del autor cubano, Adiós, Hemingway, donde reconstruye, quizás como un exorcismo de la memoria, la huella del escritor norteamericano en la Habana.
En esta ocasión, instigado por las compañeras francesas del colegio con el que realizaba un intercambio lingüístico de alumnos, asistimos a la conferencia de Padura. La sala estaba llena de un público entregado y, sin duda, conocedor de la obra del autor. Éste dio un tono distendido a su discurso, plagado, aunque no exclusivamente, de anécdotas personales sobre su vida, que intentaba constantemente relacionar con la peripecia vital de Mario Conde, protagonista mayor de su obra literaria. Hizo, asimismo, referencia a su primera visita a España, a los 40 dólares de los que disponía para costear toda su estancia, y a la frustración por no poder comprar libros en los mercadillos de libros de segunda mano, subsanada en parte por un amigo que le regaló una obra de Manuel Vázquez Montalban, por quien confesó su admiración.
Su tono era pausado y reflexivo, propio de un hombre acostumbrado a buscar la palabra justa y a orillar la polémica, incluso ante las preguntas sobre el no estreno en Cuba de la película Retour à Ithaque, de la que es coguionista. Así, sus referencias a la realidad cubana, sin eludir la amargura, carecían de cualquier alusión política. Con todo, su reflexión sobre la condena de Spinoza por la sinagoga de Amsterdam le llevó a concluir que en Cuba se había llegado al refinamiento en el cultivo de la envidia, pecado típicamente español.

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