MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 7 de diciembre de 2014

NECRÓPOLIS


El cementerio monumental de Milán es una verdadera ciudad tumultuosa en el falso silencio entreverado de los rumores de la ciudad de los vivos que la circunda y acosa. Guardan su entrada los hijos de la patria caídos en las dos guerras mundiales, eternizados en desvaídos retratos de bigotes desafiantes e uniformes fantasiosos. Un homenaje aséptico a los judíos víctimas de las persecuciones nazis abre el camino a varios senderos que se extienden en ordenadas cuadrículas habitadas por tumbas y mausoleos en los que asoman bustos, y figuras retorcidas en un patetismo no exento de esperanza. Encuentro por azar la tumba de la carismática poeta Alda Merini, y la de Marinetti, el creador del futurismo, no precisamente señalado entre las tumbas destacadas a visitar por los folletos. Surge, dorado, un cristo de Lucio Fontana, creador del espacialismo pictórico, inaudita obra de juventud, disimulada entre tantas figuras grises. Un Cristo resucitado aparece en acrobática pose sobre una tumba, no lejos de otra donde la figura de un aviador se curva de espaldas a una Medusa que lo arrastra a su naturaleza pétrea. Bosque de cruces, paraíso de gatos morosos, que deja un pequeño espacio al cementerio judío, de aspecto ajado y humilde, apto al cabo para la paz y el olvido.




























































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