MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

domingo, 2 de noviembre de 2014

EL PLACER DE LA RELECTURA




Mucho se ha escrito sobre la relectura, y sus placeres. En mi caso personal, es un placer que practico con medida fruición. Hay, ciertamente, libros que no me atrevo a releer pues, asociados como los tengo a una apasionada juventud lectora, temo que me produjeran cierta desilusión, nacida probablemente de la cansina sabiduría de la madurez; así, no me atrevo a leer de nuevo a autores como Rulfo, Capote, Lewis, Miguel Ángel Asturias, Dostoievsky, Cortázar, Mishima, Faulkner, Heminghway, García Márquez, Hesse, Sábato, y otros. Otros autores, por otra parte, estoy seguro que no los volveré a leer como Joyce en su Ulises, que leí entero sobre los 15 años, y que me dejó una sensación de pedantería desasosegada, o de desasosiego pedante como Juan Goytisolo.
Objeto predilecto de mis relecturas son los poetas, pozos a veces turbios, a veces claros, de los que uno no se cansa nunca de beber. He descubierto, así, matices nuevos e insospechados en Cirlot, en Rilke, en Blake, en Eliot, en Baudelaire (realzados por el dominio de la lengua original), así como en los poetas antiguos como Ovidio, Lucrecio, Marcial, y Horacio, cuyos versos de bronce siempre estremece recorrer.
Soy menos dado, pues, a releer novelas a medida que pasan los años, aunque, sin duda, releería a Kafka, a Galdós, a Orwell, Potocki, Zweig, Flaubert, y otros tantos, en la medida en que esos señores inmisericordes que son el Tiempo y el Sueño no me impusieran tan crudamente su férrea ley.





Ilustración: Gerard Dubois

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