MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 14 de diciembre de 2013

DE LA GRAVEDAD ESPAÑOLA




"Nous devînmes véritablement amis sans que ce sentiment prît chez le duc aucun caractère de protection ni chez moi quelque teinte d'infériorité. L'on reproche aux Espagnols une certaine gravité qu'ils mettent dans leurs manières, mais c'est pourtant en évitant la familiarité que nous savons être fiers sans orgueil et respectueux avec noblesse" J. POTOCKI, Manuscrit trouvé à Saragosse (version de 1804), ed. de F. Rosset et D. Triaire, p. 464.

"Nos volvimos realmente amigos, sin que ese sentimiento adquiriera en el duque ningún carácter de protección ni en mí ningún viso de inferioridad. Se reprocha a los españoles una cierta gravedad que introducen en sus maneras, pero, justamente al evitar la familiaridad, sabemos ser orgullosos sin soberbia, y respetuosos con nobleza".

Esta imagen tradicional de la gravedad española que da el conde Potocki, del que es sabido que sitúa su obra en una mágica Sierra Morena del siglo XVII, y que él mismo viajó por España, fue estudiada por la crítica alemana del s. XIX interesada por Calderón de la Barca y el Siglo de Oro.
No obstante, esta gravedad tópica es revisada desde un punto de vista negativa en una obra fundamental de la literatura alemana del s. XX, La montaña mágica de T. Mann (1922), que retrata la sociedad centroeuropea de vísperas de la primera guerra mundial:

"En fin... España estaba igual de lejos que el Cáucaso del centro humanista... ¡pero en la dirección opuesta! No hacia el extremo más laxo, sino hacia el más rígido; España no era ausencia de forma, sino exceso de forma; la muerte considerada como forma, por así decirlo... Allí la muerte no era sinónimo de liberación, sino de rigor absoluto... Negro riguroso, honor y sangre, la Inquisición, la gola almidonada, Ignacio de Loyola, El Escorial..." (ibidem, trad. de Isabel García Adánez).

Este tópico literario ha sucumbido casi totalmente al tópico popular septentrional actual que ve en los españoles un pueblo festivo, juerguista e indolente, imagen asociada a lo "latino". Estimo que ha contribuido a esta perspectiva la cultura socialdemócrata impuesta desde la llamada Transición. Así, si se vuelve al texto inicial de Potocki, se observa que esa reserva de trato tiene su sentido en la vida social, al asegurar, por ejemplo, a una persona en desventaja concreta frente al superior jerárquico en el trabajo, que la distancia respetuosa que marca el "Usted" le permite, de modo aparentemente paradójico desde los parámetros actuales, exigir con naturalidad y energía sus derechos y reclamar respeto, frente a la exigencia del tuteo que le suelen hacer esos mismos superiores, y que actúa como paralizante moral, e instrumento de manipulación del jefe, que con esa falsa familiaridad realiza un chantaje moral sobre el subordinado, al que, si vuelve a tratar de usted al superior, se le acusará de pérdida de confianza.
El tuteo, pues, que se ha extendido por todas las capas sociales, esa falsa familiaridad que busca una complicidad indefinida e incondicional, es inconcebible en una sociedad de tradición democrática cimentada como la francesa. Esa campechanería despreocupada que pretende inundar el trato social español basado en el tuteo -que se presenta incluso como rasgo del carácter del Jefe del Estado- es también propia de la corrupción político-económica y moral que se siente impune en nuestra partitocracia, y que se ofrece como modelo al conjunto de la sociedad -cuius regio, eius religio-. Así, el camarero te tutea, el tendero te tutea, los alumnos te tutean, tu jefe te tutea, es decir, todos lo que quieren conseguir algo de tí. Esperan que "te enrolles", que no protestes, porque "eres colega, enrollao", que los apruebes sin exigirles que trabajen y estudien, que sean responsables, de acuerdo con esa pedagogía de la frivolidad y del igualitarismo ramplón de la que habla G. Luri, impuesta por decreto.



Ilustración: OPS

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