MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 19 de enero de 2013

LA ISLA DE LOS MUTILADOS


El negro barco aparece ya por el horizonte.
Como siempre, los marineros van a mirarnos
de soslayo nuestras muletas y patas de palo;
siempre alguna expresión incrédula se hace patente
por un instante, delante de las condecoraciones
que algunos de nosotros se empeñan aún en mostrarles
como bruñidos muñones desafiantes al orden,
en tanto que los navegantes dejan las provisiones
apiladas en cajas en el muelle nevado,
y se apresuran a tornar a la nave, soltando
amarras de regreso a su tierra de hombres enteros,
a los que la guerra no mordió igual que a nosotros,
vivo recuerdo de sus miserias, y sombra perpetua
sobre la victoria sin tacha de nuestra patria gloriosa:
cojos y mancos deslucen desfiles, y enfrían ardores
revolucionarios, a golpes de compasión sospechable.
Nuestro líder, pues, decidió enviarnos a esta
isla de barracones helados, donde formamos
una colonia penitenciaria, cuyos delitos
nadie osó pronunciar, y cuya silente sentencia
sólo se lee en las huellas impares sobre la nieve.
Nuestros honores son ahora nuestra vergüenza,
y ser falsos héroes supervivientes es nuestra lepra;
dulce pro patria mori es nuestro esquivo epitafio.




Ilustración: Die KriegsKrüppel (1920) de Otto Dix, cuadro destruido en 1937 por los nacionalsocialistas como muestra de "arte degenerado". Antony Beevor señala en su libro Berlín 1945: la caída que las autoridades soviéticas deportaron a muchos mutilados de guerra dotados de rudimentarias prótesis al extremo septentrional del país.

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