MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 29 de septiembre de 2012

CLAUSTRO DE PIEDRA Y SOL


El sol de la tarde inunda el claustro. El tiempo que la piedra obstinada cifra en sus junturas se tiñe de oro intenso a fuer de retornable. El paseante, si no es mero turista, se siente sobrecogido por esta belleza pasajera, profunda y enigmática que resalta la propia transitoriedad del que la contempla. A cuántos no ha dejado atrás este prodigio tiránico e indiferente, a cuántos que se sabían ajenos a la consistencia más durable de la materia pétrea, y a su alianza diaria con el sol, que la dota de una belleza que sólo puede dejarnos transidos, ansiosos a la par que humillados por esta belleza que nos deja de lado, y sólo nos permite atisbarla en cuanto seres de paso que somos. Enigma visible, emblema del anhelo, soporte de una fe inefable que querríamos ver traducida en una sílaba, una sola, fonemas cifra de la existencia. Mientras tanto, queda esta piedra y este sol, quizás imprevisto por los lejanos constructores en su absoluto; y el claustro, vuelto museo de sí mismo, acumulando en sus rincones vestigios y ruinas, indescifrables para el profano que deambula, y no puede más que contemplarlos y desear que todo lo que representan fuera verdad, o, al menos, vivir como si lo fuera.







Imágenes: claustro de la catedral de Santander.

sábado, 22 de septiembre de 2012

EL BENEFICIO DE UNO ES DAÑO DE OTRO


Le profit de l'un est dommage de l'autre, es el título del capítulo 22 del libro I de los Essais de Michel de Montaigne, donde esboza este idea, tomando ejemplos de distintas profesiones y clases sociales; cualquier beneficio en la esfera de lo personal o de lo profesional se realiza a expensas de otro. La veracidad de esta afirmación resulta especialmente sangrante en el terreno de la política, que es la síntesis de todo.
Recibo, en este sentido, la noticia de que a los funcionarios nos costará dinero de nuestra nómina la llamada enfermedad de corte duración; los derechos laborales parecen retroceder rápidamente a la altura del s. XIX, aunque esto probablemente no será más que un juego de niños cuando advenga el segundo rescate. No oigo, sin embargo, que la clase política se vaya a aplicar la misma medida, cuando los diputados varios, y concejales no acudan a su puesto de trabajo, o que vayan a renunciar a sus pagas extraordinarias, extremo que se ha confirmado taxativamente en el gobierno de Murcia; ni tampoco regresan a su puesto de trabajo los liberados sindicales, aunque, por ejemplo, digan que en la Universidad no hay dinero para pagar a los alumnos acogidos al programa Erasmus: será que quieren tener comprado el silencio de aquéllos para futuros desmanes, y que sigan funcionando los sindicatos mayoritarios como la administración paralela y parasitaria que son. Es, en mi opinión, un ejemplo más de la distancia que separa a la casta política de la ciudadanía, y del fracaso que ha supuesto la partitocracia en todos los terrenos, democrático, institucional, económico, educativo, y social.
La democracia representativa no existe en nuestro país, ni tampoco la separación de poderes, limitada a una mera separación de funciones como bajo el franquismo, características necesarias para la constitución de una democracia formal. Nuestra Constitución del 78 consagra a los partidos como intermediadores entre la sociedad civil y el Estado, de un modo no muy diferente a como el fascismo y el comunismo concebían al Partido como un medio de integrar a las masas en su Estado totalitario. Se coarta así la pluralidad social, y la libertad de pensamiento con la mordaza añadida y falsamente panaceica del "consenso", o acuerdo entre las fuerzas políticas dominantes que se plantea poco más o menos que como nuevas Tablas de la Ley. Estos partidos resultan, además, de carácter estatal, son subvencionados por el Estado y a él se deben, y con él se identifican frente a la sociedad civil, que yace inerme y engañada. No es de extrañar, pues, que los sucesivos gobiernos, todos socialdemócratas -en el sentido de tener al Estado como Dios, aunque usen un diferente lenguaje político escorado tendenciosamente sea a la derecha, sea a la izquierda- aprieten y apretarán las tuercas a funcionarios, pensionistas y ciudadanos en general, antes de tocar un pelo a sus privilegios económicos, y a la estructura elefantiásica del Estado que asegura la extensión de su corrupta red clientelar de colocación de afines, como hacía el antiguo caciquismo, llamado ahora nacionalismo; el Estado aumenta, por consiguiente, su poder y omnipresencia recortando las libertades de los ciudadanos -en nuestro caso súbditos del máximo valedor de este sistema corrupto-, de un modo tan efectivo como reduciendo su renta real con las subidas abusivas de impuestos.
El sistema de listas hace que los diputados no se deban a sus electores sino al jefe del partido de turno que los pone a dedo en su puesto, y es al que deben obediencia. El elector, pues, carece de una libertad política efectiva, y no está representado por el diputado, a diferencia de otros sistemas como el francés de elección uninominal de diputado por pequeño distrito a doble vuelta, que asegura que éste represente convencionalmente a la totalidad del electorado. Frente a esta situación, se plantan movimientos como el del 15-M, que piden una democracia real, o deliberativa en la terminología de Habermas, de caracter asambleario, lo que resulta un imposible en las sociedades modernas, y que sólo era aplicable en pequeñas ciudades como la Atenas antigua. Esa es una de las razones de su fracaso, aparte de su inoperancia intelectual.
La abstención activa, y la reactivación de la sociedad civil parecen los únicos medios posibles, lo cual no significa que sean probables, de empezar a cambiar este estado de cosas tan negativo para todos.

sábado, 15 de septiembre de 2012

PINTURA EN SANTANDER


Eduardo Sanz, Hora solar

Durante mi estancia en Santander, visité dos exposiciones; la primera fue la de la Colección Sanz-Villar en el Centro de Arte Faro Cabo Mayor, y la otra la organizada por la Fundación Botín sobre el periodo cubista de la pintora santanderina María Blanchard.
El emplazamiento del faro es impresionante en el lugar más septentrional de Santander, ciudad natal del pintor Eduardo Sanz, que ha visto recogidos en el Centro de Arte que alberga este faro su colección de obras pictóricas (propias y ajenas), colecciones de objetos y documentos relacionados con el mar y los faros. Sanz es un pintor muy cotizado, y, de hecho, en la propia Santander vimos un cuadro suyo de tamaño mediano a la venta que no bajaba de los 6000 €.




Vistas de la entrada del Centro de Arte Faro Cabo Mayor, y pintado por Eduardo Sanz


Me impresionaron los cuadros de Sanz por la enigmática perfección de sus marinas y cuadros de faros, con una maravillosa gradación de tonos, y una riqueza cromática espectacular lograda en muchos casos con el acrílico. Es un mudo cerrado que aspira a la perfección, a través de la reproducción minuciosa que parte de una imagen fotográfica previa. Luz congelada al borde de una revelación huidiza.


Eduardo Sanz, El faro Cabo Mayor.

Y los faros como una obsesión infantil, que llevó al pintor a recorrer toda España, conociendo y pintando sus faros y fareros, añorados quizás como heraldos silenciosos de un mundo antiguo de héroes venidos del mar, de noches oscuras de la paciencia, de alboradas prístinas del paraíso... de la regularidad constante de la luz, del paradigma de lo geométrico encarnado en los perfiles cortantes de una naturaleza que enmarca una bella ciudad de formas reposadas, regulares, amables, pero, con todo, firmes.
Geometría y obstinación. Podrían quizás ser las divisas de la vida de María Blanchard, mujer marcada por su físico desgraciado y su obsesión por el arte, por esa transformación de la realidad entendida como formas geométricamente tortuosas que le ofrecía el cubismo, al que se consacró con pasión, manifestada también en un magistral uso de color.


Cuadro de María Blanchard de la exposición de Santander dedicada a su época cubista


viernes, 7 de septiembre de 2012

QUID EST VERITAS?



¿Qué es la verdad?, pregunta Pilato
a la figura humillada y distante,
distancia de siglos, inútil victoria:
la angustia crece pareja a las sombras.
Vivir de espaldas a la verdad,
¿qué verdad? ¿acaso opinión?
La verdad es la verdad,
mas ¿qué es la verdad?, preguntaba Pilato,
eximio representante de Roma,
la cosa real, el Estado de gracia,
la muerte y la conformidad a las leyes;
¿qué es la verdad?, pregunta Pilato;
el pragmatismo lo es para él,
y esa extraña figura, ¿qué era?,
¿acaso la propia verdad disfrazada,
vestida de hombre humillado y preso,
víctima de las verdades ajenas?
¿qué es la verdad?, pregunta la gente,
y nadie queda a quien acusar de nuestra ignorancia.

Imagen: Exposición Rodin en Cádiz