MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

sábado, 1 de diciembre de 2012

DE NOCHE TODOS LOS GATOS SON LITERARIOS



Anoche acudí en el musicafé El pelícano en Cádiz a la presentación del número 2 de la revista literaria y cultural El Ático de los Gatos, dirigida por Rosario Troncoso. Ella había invitado a antiguos y nuevos colaboradores (entre los que tendré el honor de contarme) a participar leyendo algún poema sobre gatos. El acto contó, además de con lecturas de poesía, con actuaciones musicales y monólogos teatrales. Se desarrolló una gran empatía entre público e intervinientes en el evento, que contó con momentos de arte bien medido, alborozo y risas. A mí no me gustan los gatos, como dije allí; yo prefiero la fidelidad inmediata e incondicional de los perros a la vidriosa complejidad de aquéllos; el perro es un animal que se presta más a la metáfora de lo humano, tal como expresaba Miguel de Unamuno en su Elegía en la muerte de un perro, que tiene esa ansia oscura de ser hombre, que desconoce el lobo. Escribí, no obstante, un poema de urgencia sobre un gato auténtico, que vivía hacía mucho tiempo en una parada de autobús del Campo del Sur, y que se murió hace poco ya de viejo. La gente le dejaba comida, a despecho de las ordenanzas municipales, y formaba parte de ese paisaje urbano, que sólo angustia cuando cambia. Pude fotografiarlo poco antes de su desaparición, y aquí está el poema que leí en su memoria:



                PARADA
Ese gato no espera en la parada,
esfinge mañanera que no aguarda respuestas.
Los viajeros casi lo rozan en su indiferencia correspondida.
Es un animal viejo, de pelo marchito, y ojos fruncidos.
Su pelambre está como quemada, a parches rojizos y grises,
mapa de oblicua lectura,
oráculo periclitado que obtiene ofrendas anónimas de agua y comida.
Y nada parece afectarle:
su marmórea presencia expide salvoconductos a las ampulosas palomas,
y oscuras diatribas a los autobuses atribulados.
Mañana no estará, pues habrá muerto.
En cambio, gatunísimo de mí,
emprendo aquí,
cada mañana,
mi viaje recurrente hacia la nada.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso, para no gustarte los gatos no se te ha notado nada.

Besos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchas gracias, anónimo.