MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 30 de diciembre de 2011

DE ODIOS, TRENES Y GRATITUDES


Contemplar explosiones de odio y de rencor suelen dejarte desarmado; las buenas palabras y lo razonamientos quedan ahogados por ese vendaval irrefutable del encono, y la más mínima empatía es ignorada por esa pasión destructora; la fuerza de la destrucción, que el Calígula de Camus señalaba más fuerte que la de la creación, y que André Glucksmann ha tan bien definido en sus libros, cómo las personas bien intencionadas se ven impotentes ante la fuerza cósmica del odio, que son incapaces de concebir. Debe de ser triste vivir con tanto odio, pues obliga a servirse de la hipocresía para mostrarse mínimamente humano.

No hay odio en Les faux-monnayeurs de Gide, que acabo de concluir, sino ironía distante. Estira hasta tal extremo las posibilidades y las convenciones de la ficción literaria (hace leer a uno de sus personajes el párrafo de la novela en ciernes que le dedica) que deja ver demasiado sus costuras, aunque no con tanta elegancia como Borges, y alguna de los finales propuestos para sus personajes resultan muy precipitados, él mismo, Gide, sometido a las exigencias del discurso narrativo. Parece Gide, como el Céline de Voyage au bout de la nuit -ambos aquejados de un taedium vitae que trasladan a sus obras-necesitado de animar el final de su anodino relato con un crimen, y, en su caso además, con un deus ex machina en forma de aparición de un ángel a un personaje, que tiene mucho más de convención literaria de lo que el mismo autor quizás esperaba.

Cierta complicidad me hace recaer en la lectura de novelas, como ahora en que empiezo justamente la Ronda de Madrid de J. M. Benítez Ariza, pues narra una época que es también la de mi juventud. Es un gran acierto, en mi opinión, la morosa descripción que hace del viaje a Madrid en tren del protagonista, por la excelente evocación que hace de ese romanticismo difuso e inefable que va a asociado indefectiblemente al ferrocarril (más acentuado si cabe en épocas como aquélla, en la que no había llegado al tren esa asepsia, y minimalismo de espacios y decoración que impera actualmente en la mayoría de trenes). Ha sido un placer revivir con el protagonista las sensaciones asociadas a estos viajes, el ambiente de los antiguos vagones (que redescubrí curiosamente hace unos años en Polonia, y en la red periférica francesa), los pasillos llenos de gente, el frío de la madrugada, la incomodidad asumida con el desapego de lo juvenil que se antojaba cuasi heroico, y ese encogerse del corazón ante el metal y la madera a la que, a pesar de todo, se quería prestar cierto halo de magia. Es inevitable, pues, recordar a A. García Calvo, o algún largo poema de Jose Ángel Valente.

Llego a cerrar otro año de blog, a pesar de ciertos periodos de desánimo, y soy consciente de su valor para mí. Lo he llenado de gadgets, he aprendido a enlazar (algo que me da cierta vergüenza confesar), y he incorporado recientemente un blog específico para mis divagaciones eruditas, pero sobre todo, quiero recordar a algunas personas excelentes que he conocido virtual o personalmente, como Aurora Pimentel, Grandolina, el autor (guardo su anonimato) del Retablo de la Vida Antigua, Luis Valdesueiro, y los miembros de la tertulia Los Mercuriales.

Gracias a todos, amigos, y que el nuevo año (aunque no creo en él) nos permita, si no ser más felices, ser más conscientes, como decía C. S. Lewis, y sabios.

martes, 27 de diciembre de 2011

NIEBLA NAVIDEÑA


Los primeros días de las vacaciones de Navidad han estado marcados en Cádiz por una intensa niebla. La niebla, heraldo de la humedad que cala hasta lo hondo, y de la ceguera de lo cercano, ha cubierto unas navidades muy desangeladas: no se percibe en las calles ni en las gentes los signos de bullicio de otros años, como si se prefiriera ignorar las fechas que vivimos. La crisis, o su conciencia, parece haber socavado los aspectos más consumistas de estas celebraciones, y se ha manifestado en un mutismo que se confundiría con cierto estoicismo, si no mediara como explicación la escasez creciente de recursos, y la necesidad imperiosa de reducir gastos. En casa también estamos sintiendo, por diversas circunstancias, la necesidad de ahorrar: el año próximo aumentarán nuestros gastos, y se reducirán nuestros sueldos. Por doquiera, la falsa alegría inducida de las navidades de espejuelo se volatiliza, y la auténtica, la del nacimiento de Cristo, produce estupor en nuestro mundo. Sólo consuela, en general, pensar en las puras vacaciones, y en su cuenta atrás hacia el retorno al trabajo absorbente.

Desconectar no es fácil, o es, simplemente, ilusorio, como esperar que algo cambie porque llegue el uno de enero. Procuro llenar mi tiempo de lecturas, de placer o sobre el tema de mis investigaciones filológicas. Me inclino cada vez más por la poesía, el teatro y el ensayo, y evito cada vez más la novela, más que nada por el escaso tiempo de que dispongo. Aunque siempre hay excepciones, por más que me inquiete ver los libros acumulados ya sin leer en mi pequeña biblioteca.

viernes, 23 de diciembre de 2011

BUENOS DESEOS


Han llegado por fin las vacaciones, con cansancio, sin alegría pero con una indefinida esperanza. La vida emite signos, que sé que me llegan, pero que no soy capaz de interpretar. La solidez, el deseo, alguna lágrima furtiva de emoción inducida enhebran mis días. Si fuera más joven, construiría un altar al desengaño; no hay, empero, justificación posible. Me siento feliz a ratos, eufórico incluso, con una alegría anárquica e impulsiva, que me inunda por sorpresa. Todo fluye. Soy como un actor cegado por los focos, e inseguro de su papel: algo no termina de encajar, pero eso es la vida.
Vuelvo recurrentemente a repensar mi poesía, juguete íntimo, y mayormente doliente. La palabra se envolverá algún día de nuevo en ritmo, y las pausas sagradas que exorcizan el tiempo que nos desmenuza marcarán el paso de la huidiza Belleza inmisericorde.

Como el sol que no da tregua a las copas, y las convierte en deslumbrantes balizas de lo perecedero transparente, quiero dar lo mejor de mi mismo, pues si no se da -lo que sea-, no se es nada.

Feliz Navidad, queridos amigos y amigas.

martes, 20 de diciembre de 2011

SANTIDAD


La santa ignota o Magdalena roza apenas las manos huesudas suplicantes que se tienden a su paso aleve; su mirada está en otra parte, elevada sobre el fondo fantasmagórico y oblongo del cuadro, entreverado de El Greco y Dalí. Se aleja de su ascética cabaña, al pie del kafkiano castillo, se aleja de todas esas influencias culturales con su mirada vidriosa; se aparta de lo remoto, de lo primigenio piadoso, de la impostura, y lo mixtificado de la extraña pintura; aspira a la sencillez y a lo obvio, a la claridad del santo, al fulgor de su mirada, y parece desear salir de la tabla intrusa, y fundirse en la piedra románica, mudo eco de una fe muy lejana.

Imagen: Colegiata de San Bartolomé (Lieja).

viernes, 16 de diciembre de 2011

DESCANSOS


La semana llega a su fin, y la pienso antes de que su recuerdo se vuelva humo de pajas entre lo indistinguible de la rutina. Ha sido agotadora, con sesiones de evaluación cuatro días por las tardes, de prolongadas sentadas extenuantes. La proximidad de las vacaciones no me ilusiona, es como si estuviera ya descontada, como dicen de las decisiones políticas sobre la bolsa. La promesa de descanso no basta, y te inquieta como una tarde de domingo. Cosas del agotamiento, el duro banco de la galera turquesca, que no te permite ver más allá de la espalda de tu congénere de enfrente.

He esperado a unos amigos tras el trabajo, y, mientras llegaban, he dado una vuelta por la Plaza de España; su calmosa circularidad y su decadencia asequible me han abstraído unos minutos del martilleo de lo cotidiano, y me han hecho consciente de mis pasos. Entré en un estado parejo al que me suele embargar cuando escribo poesía, que para mí nace de una necesidad interior de expresión, nada que ver con un traje a medida, una bandera o una peana para la soberbia; algo que puede buscarse, pero que sólo se muestra verdaderamente a sí misma, si empuja desde dentro de tí. Quizás una gota en un océano de inconsecuencias.

Mientras deambulaba por la plaza, ansiaba encontrar un marco literario, un principio programático desde el que construir nuevos poemas; tal vez me sea tan esquivo como el espíritu navideño.

¿Qué hacer con la propia vida? Es cómodo dejarse llevar, pensar que las circunstancias te irán moldeando, pero eso sólo te volverá un Sísifo de lo prescindible. ¿El arte lo hará? ¿no es otra forma de la desesperación? Tal vez, mas también lo es de fulgurante intuición.


Ilustración: "Descanso a mediodía" de Millet.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EXTENSO


La piedra se estira, elástica, en arabescos disformes; mi retina no abarca la complejidad de sus imbricaciones, y se aferra al tiempo estricto que borró todas huella de los hacedores, resbalada para siempre de la piedra sibilina y totalizante. La muda perfección del bosque pétreo es el peor de los enigmas, que se insinúa, helador, desde el inextricable pasado.

Imagen: Monasterio de Las Huelgas

lunes, 12 de diciembre de 2011

EXTRAÑOS COMPAÑEROS


Las bibliotecas hacen extraños compañeros de estante, igual que la política, según se dice, hace extraños compañeros de cama. En la biblioteca de mi instituto se puso en la sección de novedades mi edición de 2007 de Torello Saraina (que había donado al centro hacía algún tiempo), junto a la famosa obra de Stéphane Hessel. Ahora cada una de ellas seguirá su camino sobre las estanterías de la biblioteca, condenadas al limbo amable del olvido intermitente, la mía más que la otra quizás, panfleto político de pasajera vigencia (tanta al parecer como el movimiento que inspiró).

Tras un difícil fin de semana, lleno de trabajo y agobiante melancolía, el contacto con la realidad me ha vivificado, a pesar del cansancio acumulado. Me espera una larga semana de trabajo matutino y vespertino. Me siento tranquilo, liberado, en cierto modo, de desengaños y cuitas. La fortaleza está en sobrevolar las pobres palabras.

viernes, 9 de diciembre de 2011

SEÑALES DE VIDA


Noviembre suele ser para mí un mes difícil y complicado, marcado por problemas de salud y las exigencias laborales de mi, a veces, desabrida profesión. Este comienzo de diciembre sólo ha dado una pequeña tregua, pero eso ya supone mucho. Por otra parte, las próximas vacaciones conllevan una vaga promesa de perennidad, desmentida luego por las presiones de los encuentros familiares, y el atareamiento de la compra de regalos, para desembocar en la vacuidad estúpida de la celebración del fin de año.

No obstante, la Navidad es también promesa y exaltación de la nueva vida, que nace indefensa, y pequeña, mas guardando en sí todo el misterio del macrocosmos. Mi hermano menor va a ser padre próximamente, y me envia regularmente las ecografías del niño. Una vida que crece, un proceso que no puede ser "interrumpido" (de acuerdo con esa perversión del lenguaje que justifica todos los desmanes), irreversible en su esperanza. El nacido, "blanca muerte de los dos", que decía A. García Calvo en uno de sus inolvidables versos radiados; un punto cardinal que nos recuerda lo que somos, y que la esencia de nuestra vida debería ser el sacrificio.

Avanzo con lentitud y paralela desgana en la lectura de Les faux-monnayeurs de Gide. El juego con la metaliteratura, y los variados puntos de vista narrativos, que no dejan de estar muy logrados en Gide, no pueden evitarme el pensar en "el no sé qué" que le falta a la novela.

Decía Platón que filosofar es prepararse para morir; tal vez escribir menos sea prepararse para dejar de hacerlo.

viernes, 2 de diciembre de 2011

PRESENTACIÓN DE "RONDA DE MADRID" DE JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA


El miércoles pasado acudí a la presentación de la novela Ronda de Madrid de José Manuel Benítez Ariza. El acto estuvo presentado por Rafael Marín, quien protagonizó un simpático alimón de preguntas y respuestas con el autor de la obra. La novela, cierre de una trilogía, está ambientada en el Madrid de 1986, y pinta personajes y lugares (como los trenes llenos de marineros, y los pisos infectados de insectos) con parte del ambiente musical de la época. Una de las cosas sobre las que reflexionaban ambos artistas era sobre la diferencia de gustos musicales que podían darse a pocos años de distancia, como son los que separa a Benítez de Marín. Ciertamente, en ese gozne de los años ochenta se produjo un gran y radical cambio de gustos en todos los aspectos, como si fuera uno de esos cambios de paradigmas científicos que uno estudió en la universidad. Benítez Ariza expresó finalmente su deseo de darle un respiro a su producción novelesca, y retomar su creación poética, tras dos años de silencio.

La rica y animada palabra de ambos escritores contrasta en mi memoria con el abusivo uso que hacen otros de instrumentos como el power-point. He asistido a cursos donde el conferenciante se limitaba a explicar un -eso sí- vistoso power-point, con información que ya conocíamos previamente, o que habríamos podido localizar fácilmente en internet. La cosa empeoraba cuando el señor en cuestión, para hacerse el simpático, confesaba que había preparado el power la noche antes, o se ponía muy negra cuando intentaba dejarnos claro que era un privilegio para nosotros participar en el curso de marras, de lo que debíamos sentirnos contentos nosotros, "aprendientes" como nos llamaba con chirriante neologismo. Tal afán de jerga es muy propio de la pedagogía light dominante, que llevaba al buen señor a pedirnos, por ejemplo, que buscáramos en un análisis de texto no una estructura, sino una "sensación de estructura" (el Diablo sabrá lo que eso es). En otra ocasión que había un conferenciante que venía a pecho descubierto, sin ordenador, le hice unas objecciones a su exposición, y, entonces, en vez de contestarme, lamentó no haber podido traer un power-point para explicarme sus argumentos (claro, defendía que no debía insistirse tanto en la transmisión de conocimientos en la escuela, pues todo está en internet). En fin, sin comentarios (a falta de power-point).