MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 30 de agosto de 2011

RETAZOS DE UN VERANO (IV)



Recibí esta mañana una llamada del instituto donde trabajo, que me ha hecho tomar conciencia del sueño intranquilo que sufro hace unos días: es la señal del fin de las vacaciones. Lo malo -bueno, algo de lo malo- de la vuelta al trabajo en una profesión como la mía es su efecto acumulativo e irreversible. El día 1 de septiembre cruzas un Rubicón físico y anímico que te llevará a un increscendo de trabajo e implicación personal en él que resulta difícil de imaginar desde fuera. Absorbe gran parte de tu vida, aunque no lo quieras, y los primeros días de julio te deja aturdido y desorientado, como el ex combatiente que regresa a casa, sin poder alejar ya de su mente el campo de batalla. 


Estos últimos días he sido rozado levemente por el manto de las Musas y he escrito unos poemas, un poco extraños y diversos de lo que he compuesto hasta ahora. Son hijos del lubricán veraniego, tocados de un leve surrealismo irónico, quizás producto de cierto estoicismo desenfadado ante las tormentas que se avecinan ineluctablemente.


Este verano no he salido de Cádiz, "gadita" por circunstancias no siempre ajenas a mi voluntad. He leído, escrito poesía, avanzado en la redacción definitiva de mi antigua tesis, hecho el boca a boca a mi blog, visitado otros... Y no he hablado de la actualidad. Asisto excéptico a estos momentos finales del zapaterismo. Han sido -son, y serán mientras sus hijos sean tutelados por el centenario partido- unos años broncos, desazonadores, sectarios -la calle siempre lo es-, de pérdida de referentes como si se hubiera querido mover el suelo bajo nuestros pies, y poner bajo sospecha a todos los que no encajamos con los dilectos de este régimen: los nacional-anti-católicos (en afortunada expresión de Gregorio Luri), los de memoria maniquea y guerracivilista, los etarras y proetarras reivindicados por la realpolitik salchichera y miserable de nuestro gobierno, los nacional-aldeanistas, la recauchutada secta pedagógica, l@s campeones del "género" totalizantes y censores, los carniceros del aborto al por mayor, los compasivos de la Solución Final, los de "el dínero público no es de nadie", los sindicalistas de partido y subvención, los jaleadores de Alianzas con Civilizaciones cortamanos, matagays y maltratamujeres, los Artistas de obediencia debida... todos aspirantes a subir al Olimpo "progre" (que no de izquierdas, que es algo mucho más profundo y complejo) con las botas bien forradas de subvenciones a cargo del contribuyente.

     

jueves, 25 de agosto de 2011

BALANCE CONTABLE


Perdimos, perdiste, perdieron.

Palinódicos esfuerzos.

Queda la justificación,

para hacer caja y cerrar balance.

Comiste del tiempo y bebiste

del cáliz inadvertido

de los afanes especulares.

Te conformaste con lo posible,

y ahora te angustia lo probable,

por haber descartado lo imposible.


Ilustración:  "Viejo rey" de Georges Rouault.

viernes, 19 de agosto de 2011

SITIO (II)



Los niños siguen creciendo y jugando, aprenden sus letras

y cuentas, ¿podrán los muertos contar, si ellos mismos perecen?,

ríen y juegan junto a un adulto de vista extraviada;

sabe como Casandra, mas calla su vaticinio

ante estas víctimas de su futuro, que, a veces, recuerdan,

cual viejos, tiempos mejores que son su presente.


Imagen: "Profesor y discípulo" de David Aronson (Museo Sefardí de Toledo)

miércoles, 17 de agosto de 2011

LAS PLAGAS DEL VERANO

La plaga de los veranos son las obras. En Cádiz se dice "que te veas en una obra", como maldición gitana de urgencia. Tengo un compañero que se lleva las manos a la cabeza cuando su mujer le dice que hay que hacer alguna obra en casa. Yo también me echo a temblar. No sé si hay muchos hombres no amantes de los cambios domésticos, lo cierto es que veo que suelen ser las mujeres las que llevan con más naturalidad -e incluso gusto- estos martirios veraniegos. Pues aunque encuentres unos albañiles diligentes, limpios y puntuales (suerte que he tenido esta vez, pero que no es, desdichadamente, lo habitual), te ves obligado a familiarizarte con el polvo, el ruido, la incomodidad, y un léxico que preferirías ignorar (rodapié, rotaflex, regola... con 'r' de ruina). Me veo desplazado en mi propia vivienda, de habitación en habitación, como si fuera un refugiado en mi propia casa, cargando con el portátil y mis libros, con cara de gilipollas y aprensivo frente a estos buenos señores que igual te derriban animosamente a martillazos un tabique que te descuadran una puerta y tapian el hueco en un santiamén. Mi mujer (que a veces me dedica una sonrisa sardónica) les da toda clase de instrucciones, y yo me siento como cuando era niño, en el patio del colegio, cuando contemplaba los juegos violentos de los mayores, que me fascinaban, pero a los que no me atrevía a acercarme.
Los remates suelen ser lo que lleva más tiempo, y en un par de días vendrá alguien a dar perlita (me fascinan estas metáforas albañilescas), y la semana que viene el pintor, y bueno, colorín colorado, que entre polvo y mezcla el verano se habrá acabado.
El próximo me escapo de Cádiz, fijo, y si alguno en la familia quiere hacer obras, le daré un cubo y una palita y que se vaya a la playa a hacer castillos de arena, o túneles, que ahora parece estar de moda.

viernes, 12 de agosto de 2011

SITIO (I)


Huye la muerte esta noche de nuestra ciudad asediada.

Ejércitos blancos son el objeto de nuestro delirio.

Tampoco los muertos parecen estar en paz esta noche,

aún temerosos del sino que aguarda a los vivos en cerco.

Ni tal consuelo de muerte nos queda a los habitantes

de este recinto de altas murallas, dolientes y recias,

que de techado tiene a estas estrellas silentes,

huidizo hogar de nuestra lenta desesperanza.

La noche y la muerte parecen ausentes; quizás desertaron

al campo enemigo, de la victoria y la vida ya dueño.


Imagen: torre del castillo de Loarre (Huesca).

martes, 9 de agosto de 2011

DESCONEXIÓN


Ya está. Ya me ha vuelto a ocurrir. El zumbido en los oídos era el anticipo inevitable. Miro a los comensales, pero ya no estoy con ellos: he desconectado. Esta curiosa sensación de verlos como si ya estuvieran muertos hacía tiempo que no me embargaba. Parece mentira, soy un hombre adulto y responsable, ¿por qué me pasan estas cosas? Hacía mucho que no me ocurría... pero ha vuelto, así como si nada. De joven me sucedía con mucha frecuencia -y eso me hacía sentir muy desdichado-, y de niño se me antoja que estaba en ese estado casi permanentemente. Esta circunstancia me ha provocado muchos sinsabores, traducidos en pérdida de amigos, de oportunidades amorosas y laborales, en timidez crónica y soledad. La vida, sin embargo, es una dura maestra, y he aprendido con el tiempo a contrarrestar sus efectos, manteniéndome alerta y fingiendo atención. He conseguido, pues, a pesar de todo, un trabajo que no era el que esperaba -en realidad debo decir que no esperaba ninguno, hundido como estaba en las brumas de la desconexión-, y enamorar, aunque tardíamente, a una buena mujer que soporta mis rarezas ocasionales. Ahora, para evitar el aislamiento absoluto em este estado peculiar, miro fija y alternativamente a la gente que me rodea cuando habla, y asiento ocasionalmente a sus palabras, y musito un "claro", "es así", y sonrío levemente, y río cuando los demás ríen de alguna ocurrencia, aunque no la haya oído para nada. Así consigo pasar desapercibido, y no llamar la atención. Tengo que confesar que empleo esta táctica incluso con mi mujer, que es una gran habladora, pero es que no me queda otro remedio, si no quiero perderla (ya me reprocha en ocasiones que hablo poco con la gente). He llegado a convencerme de que a la mayoría de las personas que conozco le gusta hablar mucho, y sobre todo de sí mismos, y que prefieren esto a escuchar; así que si se encuentran con alguien que simula escucharlos como yo, no dejan de sentirse halagados, y de hecho, hay gente que busca, desgraciadamente para mí, mi compañía. Tuve un cliente al que llamaba con cierta frecuencia, y que se ponía a perorar incansablemente por el teléfono, elevando incluso el tono de voz cuando yo intentaba meter cuña; de suerte que opté por poner el manos libres y hacer otras cosas mientras hablaba; pero esto es una falsa desconexión.
No es que este estado me resulte del todo desagradable: en algunas de esas tediosas reuniones de trabajo, monopolizadas por los discursos de los petardos y petardas de turno, ha resultado una verdadera bendición; además, cuando estoy en él, me asaltan pensamientos, recuerdos e imágenes que suelen llevarme a momentos de exaltación y plenitud difícilmente imaginables. Si yo fuera un escritor, podría tomar en esa ocasión papel y bolígrafo y escribir Dios sabe qué. Pero creo que esto resultaría muy extraño en medio de una cena, o de una reunión, o en la oficina, y, por otra parte, carezco de ese don que capacitara a las palabras, en su roma uniformidad, para dar cuenta de lo que experimento en horas así.
Hay movimiento; parece que la cena termina. Haré algún comentario insustancial e ingenioso, y me despediré, no sin cierta pena, de estas personas con las que no me es posible conectar, y que probablemente dirán mañana que soy un tío simpático.

Imagen: fotograma de Stalker de A. Tarkovski.
     

sábado, 6 de agosto de 2011

RETAZOS DE UN VERANO (III)


No sé si es lícito esperar de un verano más cosas de las que se puede esperar pedirle. Fantasear sí está permitido, en todo caso, con lo que este verano no será.

El verano pasado creo que escribí entradas más divertidas. Era mi primer verano de bloguero, y la vida no me había revelado aún la dureza de este medio (!!!).

He leído Mero cristianismo de C.S. Lewis. Ha sido como reencontrar un viejo amigo, al que quieres mucho, pero que te deja perplejo encontrarlo un tanto cambiado, como a tí mismo. Y es que la forma de la amistad cambia, como la del amor, y no me ha producido la misma impresión -o yo lo he leído con un espíritu distinto- que obras como Los cuatro amores, Cartas del diablo a su sobrino, Sorprendido por la alegría, y Los milagros -Ésta última obra me ayudó a romper muchos diques interiores contra el cristianismo-. Lewis siempre ha sido para mí el apologetista cristiano, no el autor de ficción, que confieso que como tal no he leído. En este último libro, Mero cristianismo, he seguido encontrando su razonamiento lógico implacable, y su capacidad para construir parábolas creíbles y de sentido común. Me he revelado interiormente contra alguno de sus planteamientos de moral sexual, pero he admirado su humildad y su honrada apelación a la responsabilidad que tenemos todos de tomar las riendas de nuestra existencia, y de buscarle un sentido, que para él -igual que sigue siéndolo para mí- está fuera de nosotros mismos.

¿Cuántas heridas sufre el amor del tiempo? Sólo la certeza de la vejez y la muerte son más terribles. El amor, sin embargo, es lo único digno de llevar en sí las semillas de lo eterno.

Cuando observo la frecuente pretenciosidad del mundo literario, es muy agradable retomar a un autor como Rabelais, de una cultísima ligereza y trazo grueso (escrito en un francés enrevesado, mucho más diferente del francés actual que el castellano del Siglo de Oro del español de hoy día), en una época en la que era mucho más difícil -y peligroso- publicar.

martes, 2 de agosto de 2011

RETAZOS DE UN VERANO (II)


Ha llegado agosto, el ecuador de mis vacaciones. A partir de ahora sólo queda ir contando los días de este interregno fugaz. No me importa, lo que verdaderamente molesta es el hecho de contar. Más he sentido a julio como mes veraniego. Por razones varias, no me moveré de Cádiz, aunque aprovecho el tiempo intensamente. El no ir al trabajo es ya bastante, y el curso que viene se presenta muy movido.
Atravieso el parque Genovés en mis caminatas vespertinas. Su ilusión de orden precario me conmueve, así como la luz majestuosa del atardecer sobre las copas de los árboles, que todo ennoblece. El mar ondulado parece seguir unas veces mis pasos, y otros días, se mueve calmoso en dirección contraria, en ondas que se antojan despreocupadas del horizonte huidizo.  Todo es tan hermoso... pero no puedo parar; si lo hago, ¿cómo retomar el camino?
Quisiera escribir, pero no me sale nada, y tampoco me importa demasiado. Todo llegará, o no. Queda el indefinible deseo de hacer algo que se me escapa. Quiero escribir sin importarme quiénes me lean, ni pensar en qué dirán.
"Lo bello queda oculto a los ojos de aquellos que no buscan la verdad", decía Tarkovski. Belleza y verdad, y la mirada como medida. Y la palabra detrás, como pobre instrumento.